0

Prioridad pareja o hijos

Tabla de contenidos

1. ¿Hay que llamar papá/mamá al nuevo cónyuge?

Aquí hay que diferenciar dos situaciones:

  • Si hay un padre/madre, la psicóloga es rotunda en este aspecto: “No es una buena idea, ya que realmente no es ni su padre ni su madre y no es bueno que los niños confundan los roles. Lo mejor es llamar a la pareja del progenitor por el nombre de pila, porque pretender que los hijos incorporen tan a la ligera ese término tan cargado emocionalmente de significado suele provocar rechazo y conflictos, más importantes cuanto mayor es el niño”.
  • Si el pequeño no tiene padre o madre, dependerá del niño y su circunstancia (edad, intensidad del recuerdo que tiene del padre/madre que no está …). En cualquier caso, aunque la nueva pareja ejerza plenamente las funciones de papá o mamá, es algo que nunca se debe imponer al niño. Debe ser éste quien de la forma más natural posible, opte por llamar así a la nueva pareja de su madre.

2. Surgen roces porque cada uno trata a sus hijos de forma distinta

Antes de iniciar la convivencia, la pareja debería llegar a un acuerdo sobre cómo va a actuar cada uno con los hijos propios y ajenos para que no haya lugar a la improvisación, malos entendidos o equivocaciones en el trato que puedan provocar conflictos innecesarios.

3. Su ex nos lo está poniendo difícil

  • No todo el mundo encaja bien que su ex pareja rehaga su vida y mucho menos que otra persona conviva con sus hijos y esté implicada en su educación. “Y a su vez –explica Hayman en su libro-, es posible que el padrastro o madrastra sienta celos o resentimiento hacia el niño porque le recuerda al ex de su pareja”.
  • Hay que aprender a manejar estos sentimientos y dejar de lado rencillas en la medida de lo posible, por el bienestar y el equilibrio de los hijos, porque los niños necesitan mantener contacto con ambos padres para construir su identidad y su autoestima.
  • Para las situaciones en las que la ex pareja no pueda, literalmente, ni verse, una opción al alza son los puntos de encuentro familiares (PEF), un lugar donde los hijos de los padres separados puedan pasar tiempo con el progenitor con el que no viven habitualmente y otros miembros de la familia. Estos puntos de encuentro dependen de las Consejerías de Justicia, Ayuntamientos u otros organismos de las distintas comunidades autónomas.

4. ¿Qué es mejor: ir de padre/madre o de amigo/a de los hijos de mi pareja?

Lo mejor es mantener una distancia emocional, sobre todo al principio. No son hijos ni colegas, ni tampoco enemigos. Es importante hablar con los niños y explicarles que no se va a asumir el papel del padre/madre puesto que él ya tiene uno/a o lo/a ha tenido. Eso sí: la experta aclara que esto no implica dejar que el niño se porte mal o se salga siempre con la suya. A los niños hay que marcarle ciertos límites y, sobre todo, enseñarles a respetar y obedecer a los adultos en general. “Cuando hay que regañar al hijo de la pareja, la clave está en ser firme con el comportamiento, pero flexible con las causas del mismo. Y, sobre todo, estar siempre dispuesto a oír, a escuchar y a negociar”, explica la psicóloga.

5. ¿Debo ser permisivo para ganarme a los hijos de mi pareja?

Es una actitud contraproducente y, sin embargo, muy habitual. De hecho, en la encuesta de la Universidad de Valencia, los progenitores de este tipo de familias fueron los que se mostraron más de acuerdo con la afirmación “les doy todo lo que quieren”, y justificaron esta respuesta con el argumento de que para ellos lo más importante es proporcionar apoyo afectivo a los hijos.

6. “Este no es mi hermano”… y otros conflictos entre los niños

  • Según la psicóloga, para que los hermanos impuestos consigan llevarse bien lo mejor es dejarlos a su aire y en la medida de lo posible crear un espacio propio para cada uno. Los que ya vivían en el hogar que ahora se va a compartir pueden sentirse invadidos, mientras que los que se trasladan a la nueva casa, ya sea de forma permanente o temporal, necesitan sentir este nuevo espacio como ‘suyo’.
  • Aunque el niño solo pase en el hogar común los fines de semana, hay que permitirle que decore el cuarto donde duerme como si fuera propio y que deje sus objetos personales. Si tienen que compartir habitación, habrá que negociar una nueva distribución. Hay que dejar claro que ninguno de ellos podrá coger ropa o juguetes del otro sin pedir permiso, ya que, como en cualquier familia, es muy importante respetar la privacidad y la propiedad privada.

Asesora Laura García Agustín, psicóloga clínica y directora del centro Clavesalud, de Madrid.

La llegada de una nueva figura a la familia, tras una separación, puede crear trastornos en los niños.

En la actualidad hay muchas familias reconstituidas, matrimonios que traen consigo hijos de anteriores relaciones. Esto a veces es complicado y presenta muchos desafíos que debemos abordar.

Los hijos pueden acoger al recién llegado al hogar de diferentes maneras. Unos lo aceptan, otros se rebelan, no lo consideran padre o madre auténtico, biológico, no lo dotan de autoridad… Es normal que los hijos de anteriores relaciones se sientan mal, puesto que ya no albergan esperanza de que algún día sus progenitores vuelvan a estar juntos. Tenemos que darles tiempo y apoyo para que entiendan la situación.

¿Cómo puedo actuar para que mi hijo acepte a mi nueva pareja?

  1. La incorporación de la nueva persona a la vida de nuestros hijos ha de ser progresiva, y más aún si está muy reciente la separación o pérdida de la anterior pareja.
  2. Lo primero que tienes que hacer es hablarles, poco a poco, de esa persona. Debes ir introduciendo su figura en tu vida cotidiana comentándoles qué tipo de cosas hacéis juntos, cómo es o cómo piensa.
  3. No presentar de forma automática al novio porque puede producir rechazo si lo hacemos de forma brusca. Tomar un café, dar un paseo, ir al cine o al parque y presentar a la nueva pareja como amigo es lo más adecuado. Los niños no son tontos, así que en breve se darán cuenta de que se trata de alguien especial para ti.
    Si detectas ya un rechazo antes de que lo conozcan, procura tratar el tema con ellos, haciéndoles entender que esa persona te hace feliz; debes tener paciencia y no imponer nada ya que sería contraproducente. Intenta adaptarte a los tiempos de tus hijos.
  4. Tras ese primer encuentro, sería estupendo llegar a casa y hablar con el niño para preguntarle qué le ha parecido la salida y qué le parece la otra persona. ¿Lo has pasado bien?, ¿quieres que otro día repitamos?, ¿qué te ha parecido X?
  5. Dejar muy claro que la nueva relación no sustituye a su padre o madre. Es muy importante que el niño lo sepa. Cada persona tiene su papel. A veces, con la mejor de las intenciones, se pretende tomar un rol paternal que lo único que hace es generar rechazo en el niño.
    Otra cosa es que, después de años de convivencia, el niño aprenda a querer y aceptar a esa persona y la vea como un segundo padre o madre pero será algo que el niño escogerá, no algo que los adultos le impondrán.
  6. Una vez introducimos a la pareja en casa, es inevitable que existan conflictos y no hay que sermonear a los hijos de la pareja, hay que tener en cuenta que el respeto y la autoridad son aspectos que hay que ganarse. Los castigos y las riñas es mejor que los efectúes tú. Intenta evitar que tu nueva pareja adquiera ese rol ya que para ellos es muy probable que no tenga ningún tipo de autoridad, sobre todo al principio.
    Es mejor que la parte “fea” de la educación de tus hijos la realices tú y dejes para tu nueva pareja la parte más lúdica y divertida. Eso no significa que no fomentes el respeto que deben sentir tus hijos por esa persona y, por supuesto, lo normal es que si los niños se portan mal o no le hacen caso cuando se encuentren bajo su cuidado este demuestre su autoridad como adulto y persona que se preocupa por ellos.
  7. Las familias reconstituidas deben dejar claro desde un principio cómo quieren que sea la educación de los hijos de anteriores relaciones y respetarlo. La pareja deberá saber cuál es el rol que va a desempeñar cada uno en la nueva familia, así como el estilo de crianza con el que quieren educar a sus hijos.
  8. No intentemos imponer disciplina sin crear previamente un buen vínculo puesto que esto hará que nos vean como un rival al que no quieren tener en casa. Es recomendable que los hagáis primero mostrando un afecto verbal y luego, más adelante, cuando veáis que los niños están preparados ya, pasar al contacto físico como besos o abrazos.
  9. Para no caer en el error de tratar las normas de forma distinta o bien que los niños sientan que puedan aprovecharse de la situación, se puede preparar, entre todos los miembros de la nueva familia, una lista de normas que habrá en el hogar y que todos, independientemente de quien sea su padre o su madre, deberán cumplir. Más adelante, ya no se requerirá el uso de listas de normas porque cada uno habrá establecido su rol en la familia y se habrán definido todos los límites.
    Aunque pueda parecer muy complicado, con el tiempo y mucho cariño los niños acabarán aceptando la situación. Recuerda siempre que ellos son lo más importante y debes cuidar y proteger sus sentimientos para que crezcan sanos y seguros psicológicamente.

Irene del Moral Grau, Psicóloga en Red Cenit

SI NECESITAS ORIENTACIÓN O AYUDA PARA TU CASO PERSONAL, PUEDES CONSULTARNOS VÍA ONLINE ([email protected]); TELEFÓNICA (96 360 16 16 – 609 759 016); O PRESENCIAL (C/ GUARDIA CIVIL, 23 – VALENCIA).
POSIBILIDAD DE CONSULTA A TRAVÉS DE SKYPE (SOLICÍTANOS INFORMACIÓN SOBRE PRECIOS)

¿Quién debe ser la prioridad en tu vida? ¿Tu pareja, o tus hijos?

Uno se casa con un desconocido. A los hijos los conoces desde antes de que nazcan; fueron parte de ti; vivieron en tu interior. Entonces, ¿Quién debe ser la prioridad en tu vida?

Myrna del Carmen Flores

Hace tiempo leí un artículo acerca de por qué es importante que la prioridad en tu vida sea tu cónyuge, aun antes que tus hijos. En un párrafo menciona que al principio la pareja son dos y al final cuando los hijos se van, vuelven a ser dos. Me conmovió a idea de los esposos juntos al final de su vida. Ese debería ser el propósito de cada una de las parejas que se casan. Y sería posible lograrlo siempre, si la vida fuera simple. Salvo que la vida puede ser muchas cosas, pero jamás será simple. La gama de situaciones que atraviesan las personas que conozco, me indica que no es sencillo llegar al «de nuevo solos». He aquí algunos ejemplos de vida diferentes unos de los otros:

1. Unidos hasta el final

Floys y Violeta Hartwig, quienes, tras 67 años de matrimonio murieron con tan solo cinco horas de diferencia el uno el otro. Tomados de la mano de cama a cama, se fueron apagando al lado de sus tres hijos, quienes fueron testigos de su vida y su romántico adiós. Se conocieron en la escuela primaria y desde entonces fueron inseparables. A sus 90 años Floys sufría cáncer de colón y ella de 89, demencia senil, pero ni la enfermedad pudo alejarlos porque es probable que la prioridad en sus vidas siempre fuera el uno para el otro.

2. Los hijos como prioridad

Para Aranza y Rogelio su prioridad siempre fueron sus dos hijos, después de todo, según ella considera, nunca sabes si la pareja te va a ser leal siempre, y el vínculo entre padres e hijos nunca se rompe. Al final tuvo razón, después de más de veinte años de matrimonio, descubrió la infidelidad de su esposo. Según él, al casarse sus hijos, no encontró algo que los uniera, que pudiera sostener el matrimonio. Ahora él vive con su nueva esposa, nuevos hijos y ella buscando un objetivo.

3. La satisfacción personal, una prioridad en estos días

Cuando el padre de su hijo se enteró que Ofelia estaba embarazada, desapareció por arte de magia. Ella tuvo todo el apoyo de sus padres. Aún no había terminado la carrera de medicina, entre las clases, las prácticas y preparación de exámenes, eran pocos los momentos de convivencia con su hijo. Al terminar su carrera, obtuvo una beca para ir al extranjero a continuar sus estudios de posgrado. Después de unos años, ella obtuvo un puesto en uno de los mejores hospitales. Entonces conoció a su actual esposo y, con la vida resuelta, regresó por su hijo. Pero el niño tuvo muchos problemas para adaptarse, por lo que después de un tiempo de tenerlo a su lado, se decidió que el niño regresara con sus abuelos.

Los ejemplos anteriores nos muestran diferentes situaciones en las cuales las prioridades son distintas. No se puede juzgar cual es la correcta porque como lo dijo Harper Lee en su novela Matar A Un Ruiseñor, «nunca llegarás a comprender a una persona hasta que no veas las cosas desde su punto de vista». Cada historia de vida es diferente; las mismas situaciones van cambiando, lo que hace que nuestras prioridades sean variables. Todo depende del momento.

Advertisement

Diferentes Escenarios

Imagina que hoy es un día significativo para tu cónyuge, recibirá un importante premio y la ceremonia de entrega es esta noche. En el momento que se disponen a salir de la casa, tu hijo de solo siete años muestra signos de estar enfermo. ¿A dónde irás? ¿A la ceremonia o al hospital?

Ahora imagina la misma situación, pero esta vez, no es una ceremonia a la que tu pareja debe asistir, sino al funeral de su madre. Por supuesto llevas al niño al hospital, donde tiene la atención necesaria, ¿pero, en dónde te quedarás? ¿Dejarás al niño al cuidado de alguien de confianza para acompañar a tu esposo en un momento tan difícil, o te quedarás cumpliendo tu deber de madre al lado de tu pequeño? No hay una respuesta correcta, la respuesta sólo la tienes tú y depende de tu historia.

Lo que debe ser tu prioridad

No se puede hacer una aseveración simple acerca de quién o quiénes deben ser nuestra prioridad. Hay momentos en los que nuestros hijos nos necesitan más que a nadie, otros en los que tus padres necesitan tu presencia, otros tantos, en los que debes concentrarte en tu pareja, e incluso otros en los que tus necesidades deben estar en primer lugar.

Cada amor, cada relación es diferente, no se puede comparar el amor que sientes como hijo, como padre o como pareja. Son cariños distintos, por lo tanto, la prioridad en nuestra vida, desde mi punto de vista, debe ser el equilibrio. Darle tu tiempo, tu ayuda, tu atención a los demás, e incluso a ti misma, según las necesidades de cada persona de una forma equilibrada, te ayudará a sentirte satisfecha con cada una de las relaciones en tu vida.

Por ello, te invito a leer este artículo: Ordena tus prioridades, y dale más tiempo a tu familia

Advertisement Toma un momento para compartir …

¿Quieres historias edificantes y brillantes en tu correo electrónico?

Periódicamente también recibirás ofertas especiales de nuestros socios

“No hay amor más grande que el de una madre por sus hijos”, es una frase que resume perfectamente este sentimiento imperecedero.

Pero ¿dónde queda el amor por la pareja? ¿Se debe priorizar uno sobre el otro?

Descubre quién debe ser prioridad en tu vida, tus hijos o tu marido
“No hay amor más grande que el de una madre por sus hijos”, es una frase que resume perfectamente este sentimiento imperecedero.
Pero ¿dónde queda el amor por la pareja? ¿Se debe priorizar uno sobre el otro?

Si la vida nos pone en la difícil circunstancia de tener que optar ¿qué debes hacer?

Sueños

La gran mayoría de las personas sueña con una pareja perfecta, unos hijos maravillosos, que todos sean felices, hagan una vida independiente y plena y finalmente envejecer junto a la persona amada.

Lamentablemente la vida es diferente… a veces muy diferente a eso. Las parejas no son ideales y pocas veces eternas, los hijos tienen sus problemas y nosotros mismo vamos cambiando. Lo que a veces pensamos que vendría todo junto y de una sola vez, se presenta a cuentagotas y en distintos momentos.
La vida nos pone en la balanza diversas opciones y la elección no resulta tan clara. Nuestra existencia no es un cuento de hadas, por lo cual es importante que atendamos siempre a nuestros sentimientos y los de nuestros seres queridos.

Elecciones

¿Pareja o hijos? Muchas mujeres debieron pasar por esta experiencia de tener que elegir.

Las circunstancias de cada uno son diferentes a las de los demás y por ello, en este punto es necesario no juzgar en el momento de evaluar las decisiones de cada uno.
A veces, las elecciones son cosas importantes, pero no vitales o trascendentales. Por ejemplo: tu esposo recibirá una importante distinción en su trabajo, pero tu hijo presenta una obra escolar. ¿Dónde vas? ¿Quién queda relegado en ese momento?
Descubre quién debe ser prioridad en tu vida, tus hijos o tu marido
A veces, las elecciones son cosas importantes, pero no vitales o trascendentales. Por ejemplo: tu esposo recibirá una importante distinción en su trabajo, pero tu hijo presenta una obra escolar. ¿Dónde vas? ¿Quién queda relegado en ese momento?

Lo fundamental es tener en cuenta que todos son importantes: tus hijos, tu pareja y también tú misma. En el devenir de las cosas, debes ir balanceando las prioridades, de acuerdo a la importancia de cada cosa que vaya aconteciendo.
La clave es reconocer que la prioridad puede cambiar: en un momento puede ser una, pero en otro momento puede ser otra, de acuerdo a lo que se está viviendo.

Por ejemplo, todos queremos estar el mayor tiempo posible con nuestros hijos, pero también es necesario tener tiempo a solas con nuestra pareja. El bienestar y la armonía en la pareja son fundamentales para dar un hogar estable y feliz a nuestros niños. No es la idea descuidar a los pequeños, sino entender que de esa manera tendrán un ámbito donde desarrollarse. Si tú estás bien con tu pareja, estarás mejor contigo misma y te sentirás mejor para estar con tus hijos.

El “nuevo” papá
Otra situación que puede resultar difícil de manejar es cuando hubo una separación, tú tienes tus hijos y una nueva persona llega a tu vida.

Los pequeños (o no tan pequeños): ponerse del lado de su padre, atacar al recién llegado, sentir incluso que no son lo suficiente para ti.
En estos casos, el diálogo claro y sincero con ellos es fundamental, atendiendo siempre a su nivel de desarrollo. Entender las cosas y comprender los sentimientos de cada uno permitirán sortear las circunstancias a medida que vayan surgiendo.
Descubre quién debe ser prioridad en tu vida, tus hijos o tu marido
De parte del hombre, implica que debe conocer y aceptar la situación, para poder manejarla adecuadamente, integrándose a una rutina familiar que ya está establecida.
Es muy importante, en estos casos, no pretender imponer a la nueva pareja el rol de papá, especialmente si el biológico está presente. Si bien su papel puede tener puntos en común, no es el mismo y no debe imponerse. Los niños no aceptarán a esa persona si quiere “usurpar” el espacio de su padre. No debemos olvidar que en la fantasía de los hijos está presente normalmente que papá y mamá vuelvan a estar juntos.

Espacios

Valorar y dar el lugar a nuestra pareja, amar a nuestros hijos, encontrar la forma de equilibrar todo: esa es la clave de una relación saludable y de una familia feliz. Para construir algo sólido, necesitamos una buena base y eso se logra con el tiempo compartido.

No es posible establecer una fórmula: “elige siempre a tus hijos” o “privilegia a tu pareja”, simplemente porque cada situación es diferente. Hay momentos en los que somos imprescindibles para nuestros hijos y debemos estar sí o sí, pero en otros será tu pareja la que merece tu tiempo. En otras ocasiones inclusive tendrás que dar tu máxima atención y tu tiempo a tus padres o a un hermano o hermana que esté atravesando un momento especial. A veces, necesitarás tiempo para ti sola y en el que te preocuparás únicamente por tu bienestar.

En ocasiones entre nuestros propios hijos hacemos una diferencia: como uno tiene un problema determinado, le damos más atención, tanta que el otro siente que no es querido. Estas son las situaciones que debemos evitar en todo momento.
Es necesario reconocer que en la semilla original de una familia está la pareja. Luego llegarán los hijos, pero primero estuvieron dos personas que se amaron y decidieron tener una vida en común. Si eso se resiente, todo puede verse afectado, por ello es importante darle tiempo para que esa relación se mantenga firme y saludable.
La palabra que debe guiarnos en esto es “equilibrio”: que nadie sienta que recibe “menos” y que todos aprecien el amor y el tiempo brindado.

¿Qué importa más: los hijos o la pareja?

Carlos Cuauhtémoc Sánchez opina…

Ésta es la pregunta esencial de mi libro La última oportunidad. Se la formulé a un centenar de adultos y en la mayoría de los casos la respuesta fue inmediata, casi axiomática: “Los hijos necesitan todo; educación, amor, ejemplo, disciplina, entrenamiento… No podemos dejarlos en orfandad; ellos son lo más importante de la familia”.

Vivimos con la creencia de que los hijos son lo más importante de la familia, pero es una verdad a medias. Aunque en efecto los hijos tienen muchas necesidades y es inhumano traerlos al mundo y no darles todo lo que merecen, también es un hecho que la familia se fundamenta en la pareja. No en los hijos…

A veces mimamos tanto a los pequeños que al darles todo descuidamos nuestra relación conyugal y les robamos su mayor derecho: crecer en un hogar donde hay dos padres: un hombre y una mujer que se aman.

Además, ¿qué sucede cuando la pareja no tiene hijos, o cuando los hijos se van? ¿Se acaba la familia?

Hace unos meses recibí el correo de un amigo lector. Estaba desesperado. Es una historia conmovedora.

Él y su esposa pasaban por una terrible crisis. Acababan de sufrir la muerte de un bebé durante su gestación. Era el segundo que perdían. Por desgracia, en la intervención quirúrgica de emergencia los médicos tuvieron que extirparle el útero a la mujer. No podría volver a embarazarse. Estaba devastada.

Había sustentado su proyecto familiar en la perspectiva de tener hijos. Así que, suprimiendo esa posibilidad, ya no le quedaban razones para seguir casada. Le pidió a su esposo el divorcio. Lo hizo también en un acto de sacrificio afectuoso, para que él pudiera buscar a otra mujer capaz de hacerlo padre y “formar una familia”.

Le sugerí un ejercicio básico para conocer sus prioridades.

Cuando a una persona se le pide dibujar un árbol que represente a su familia, el resultado suelen ser troncos con distintas ramas que simbolizan a los integrantes del hogar (mamá, papá e hijos).

¿Cuál es el tronco que sostiene el hogar? ¿El esposo? ¿La mujer? ¿Los niños? No me refiero al apoyo económico, sino a la esencia que mantiene a la familia en pleno funcionamiento emocional y social.

Los hijos son un regalo (mejor dicho, un préstamo) otorgado a la pareja; un fruto que deberán nutrir y que (como cualquier fruto) en algún momento será separado de las ramas (aunque mantenga la conexión genética y emocional) y tendrá una vida independiente.

Sin duda es un error cimentar la vida familiar en los hijos, pues con el paso del tiempo emprenden su propio camino.

La familia comienza con el amor de una pareja. Es el tronco. La esencia. Pueden faltar los frutos, pero el árbol seguirá de pie.

La pareja debe cultivar su propia comunicación, su intimidad y su complicidad.

Amigo lector: convierte tu matrimonio en un motor que bombee energía a cada rama, hoja y fruto de tu hogar. La relación de pareja influye más que ninguna otra cosa en el desarrollo de los niños. ¿Quieres brindar felicidad a tus hijos? ¡Haz feliz a tu esposa o esposo! ¿Deseas luchar por tu familia? Comienza por dar vida al matrimonio. Ese amor será destilado por cada rincón de la casa y tus hijos serán los primeros beneficiados.

Después del ejercicio, mi amigo comprendió mejor sus retos y sus circunstancias. Poco después me escribió: “Ella me pidió que busque otra mujer para que pueda formar una familia, pero yo ya tengo familia. Quizá no tenemos hijos y nunca los tendremos; sin embargo, ella y yo nos amamos. Nos tenemos el uno al otro, igual que al principio. Quiero envejecer a su lado. Nuestros apellidos se han fusionado al igual que nuestro corazón. Tenemos una historia propia. Disfrutamos nuestra íntima complicidad. Compartimos un proyecto de vida. No nos hace falta nada. No tengo que buscar en otro lugar lo que ya he hallado con ella. No me cansaré de decirlo: mi esposa es mi familia”.

Los problemas de pareja asociados a la relación con los hijos no comunes son una causa bastante habitual de crisis y de rupturas. Si bien es posible que el vínculo con los hijos de la pareja se desarrolle de forma cómoda, con frecuencia se trata de un proceso lento dificultado por el reto emocional que supone para los niños acostumbrarse a la nueva situación, y puede afectar a la relación de pareja de diferentes maneras.

Es muy probable que alcanzar la armonía en el nuevo entorno familiar suponga un esfuerzo, o al menos que surjan conflictos puntuales con los hijos de la pareja o con esta misma relacionados con los hijos no comunes. En todo caso, para desarrollar un entorno saludable para la pareja y los hijos no comunes se recomienda respeto, paciencia, honestidad y una actitud empática, como en cualquier otro tipo de relación entre personas.

Causas de los problemas de pareja por hijos no comunes

Aunque hace unas pocas décadas no era así, en la actualidad el divorcio está muy normalizado en gran parte del mundo. Cada vez más parejas optan por separarse cuando la relación resulta insatisfactoria, dado que la presión social por mantener el matrimonio en estos casos se ha reducido considerablemente. Esto ha llevado también a un aumento del número de familias compuestas por parejas de reciente formación y los hijos nacidos de sus relaciones anteriores.

El proceso de ajuste a un nuevo núcleo familiar puede ser problemático para la pareja y para los hijos no comunes, y con frecuencia supone tensiones entre los integrantes de la familia, incluyendo a las anteriores parejas. La gran diversidad de estructuras familiares que existen en la actualidad hace que las características de las relaciones de familia puedan ser muy variadas y que por tanto resulte difícil establecer generalidades.

Un motivo de disputa habitual con la pareja en relación a los hijos no comunes son las desavenencias en cuanto al estilo parental. Así, es bastante frecuente que uno de los miembros de la pareja prefiera un tipo de educación más laxo y el otro uno más autoritario, por ejemplo, lo cual puede generar tensiones entre los dos adultos. De modo similar, también puede haber desacuerdos educativos entre los dos padres biológicos que lleguen a afectar a los hijos en común.

Esta clase de problemas son todavía más habituales cuando los dos miembros de la pareja tienen hijos de relaciones anteriores. En estos casos pueden surgir conflictos debidos al choque entre estilos educativos y a la interferencia mutua. Por ello se recomienda debatir y negociar conjuntamente de qué manera se va a educar a los hijos de manera temprana, a poder ser antes de empezar a convivir.

Estrategias para cuidar la relación de pareja

Cuidar la relación de pareja y pasar tiempo juntos se vuelve especialmente importante cuando se tiene que cuidar de niños, y especialmente cuando la situación con los hijos no comunes es conflictiva. Priorizar el bienestar de los pequeños es relevante, pero una situación de tensión familiar puede afectar al vínculo de pareja, que requiere sus propios cuidados y no puede ser dejado de lado.

La terapia de pareja es una buena opción cuando existen problemas en una relación que las dos personas desean mantener, tengan estos que ver o no con hijos no comunes. De este modo podremos obtener ayuda profesional adaptada a nuestro caso concreto y teniendo en cuenta el papel de todos los integrantes del núcleo familiar.

Es conveniente asumir que es imposible controlar completamente cómo se va a desarrollar la relación con los hijos de la pareja, y a veces es inevitable cierto rechazo por parte de los hijos no comunes hacia las nuevas parejas de sus progenitores. Esto se une al hecho de que la separación de los padres muchas veces comporta estrés psicológico a los hijos, lo cual puede hacer que tengan comportamientos impulsivos y problemáticos de manera puntual.

Un motivo típico es que muchos niños de padres separados tengan la fantasía de que estos retomen su relación y las cosas vuelvan a ser como antes, y algunos incluso llegan a sabotear la nueva relación con la esperanza de que esto suceda. La comunicación y la comprensión son fundamentales en estos casos.

¿Cómo manejar la relación con los hijos de la pareja?

Un aspecto importante a tener en cuenta sobre la relación con los hijos de la pareja es que no vamos a reemplazar al otro progenitor ni a cumplir sus roles: se trata de desarrollar de forma natural un vínculo nuevo con sus propias características, no de actuar como “nueva madre” o “nuevo padre”. Intentar forzar la relación para que sea más paternofilial tiende a ser innecesario y contraproducente.

De manera similar, ver al otro progenitor como una figura antagónica es muy problemático y puede llevar, por ejemplo, a hablar mal de ellos delante de sus hijos. La crianza de los pequeños debe ser un trabajo en común entre adultos aliados con el objetivo de proporcionar un entorno lo más satisfactorio posible a los niños. También hay que asumir el hecho de que por lo general en estos casos el rol de los progenitores tiene prioridad sobre el del padrastro o la madrastra.

Aprender a perdonar es muy importante cuando nos relacionamos con niños, puesto que aún no son personas psicológicamente maduras y a veces pueden ser poco respetuosos o incluso crueles. Guardarles rencor o recriminarles en exceso ciertos comportamientos no tiene mucho sentido si nuestro objetivo es cultivar un vínculo agradable.

Aunque la relación con los hijos de la pareja puede ser mala en ocasiones, no hay que olvidar que son niños y necesitan un entorno de apoyo y comprensión para crecer felices. Si contribuimos a ello será más probable que el vínculo se vuelva cada vez más fuerte y que todas las partes lleguen a sentirse satisfechas con el ambiente familiar.

Por supuesto, esto no significa que poner límites a los niños no sea importante para evitar problemas de comportamiento a largo plazo. En todo caso, si empezamos a convivir con los hijos no comunes de nuestra pareja por lo general es preferible dejar que sea ella quien dirija en mayor medida el aspecto disciplinario y educativo, sobre todo al principio. Por otro lado, el exceso de permisividad con los hijos no comunes puede hacer que la pareja se sienta poco priorizada o “en un segundo plano”.

Establecer una comunicación honesta y respetuosa con los hijos propios o de la pareja es muy útil para que puedan expresar sus emociones de una manera saludable y para que podamos ayudarles a manejarlas, así como a modificar aspectos del entorno familiar que les provoquen malestar, cuando sea conveniente. La comunicación y el cuidado mutuo entre los miembros de la pareja es igualmente importante para que la relación siga siendo satisfactoria a largo plazo, incluso si los hijos pueden requerir más atención.

Cómo hacer que las familias reconstituidas funcionen

La denominada «familia reconstituida» ya no es una aberración en la sociedad de Estados Unidos: es una norma.

Cómo planificar un nuevo matrimonio

Un matrimonio que trae consigo los niños de un matrimonio anterior representa muchos desafíos. Dichas familias deben considerar tres cuestiones clave cuando planifican un nuevo matrimonio:

Acuerdos financieros y de vivienda

Los adultos deben acordar dónde vivirán y cómo compartirán su dinero. Las parejas que se embarcan en un segundo matrimonio señalan con más frecuencia que mudarse a una nueva casa, en lugar de establecerse en una de las residencias anteriores de su pareja, tiene sus ventajas porque el nuevo entorno se convierte en «su hogar.» Las parejas también deben decidir si desean conservar su dinero por separado o compartirlo. Las parejas que usaron el método de un pozo común, por lo general, indicaron mayor satisfacción familiar que aquellas que guardaron su dinero por separado.

Cómo resolver sentimientos y preocupaciones sobre el matrimonio anterior

El nuevo matrimonio puede hacer aflorar enojos y heridas antiguas y no resueltas del matrimonio anterior, para los adultos y los niños. Por ejemplo, al enterarse de que su padre va a volverse a casar, un niño se ve forzado a abandonar la esperanza de que sus padres se reconcilien. O una mujer puede empeorar una relación tormentosa con su ex marido, después de enterarse de sus planes de volverse a casar, porque se siente herida o enojada.

Cómo anticipar los cambios y decisiones de los padres

Las parejas deben analizar el rol que desempeñará cada uno en la crianza de los hijos del nuevo cónyuge, así como los cambios en las reglas del hogar que pudieran ser necesarios. Incluso si la pareja convivió antes de casarse, es probable que los niños respondan al padrastro o madrastra en forma diferente después del nuevo casamiento porque ahora ya asume el rol de padre o madre oficial.

Calidad del matrimonio

Si bien las parejas recién casadas y sin hijos suelen usar los primeros meses del matrimonio para afianzar su relación, las parejas con hijos suelen estar más absortas en las exigencias de los niños.

Por ejemplo, los niños más pequeños pueden sentir una sensación de abandono o competencia cuando su padre o madre dedica más tiempo y energía a su nuevo cónyuge. Los adolescentes están en una etapa de desarrollo en la que son más sensibles a las expresiones de afecto y sexualidad y pueden sentirse afectados por un romance activo en la familia.

Las parejas deben establecer un tiempo de prioridad para sí, haciendo salidas regulares o viajes sin los niños.

La crianza de los hijos en las familias reconstituidas

El aspecto más difícil de la vida de la familia reconstituida es la crianza de los hijos. Formar una familia reconstituida con niños pequeños puede ser más fácil que formarla con adolescentes debido a las diferentes etapas de desarrollo.

Sin embargo, los adolescentes se separarán de la familia a medida que forman sus propias identidades.

Las investigaciones recientes sugieren que los más jóvenes (de 10 a 14 años) pueden experimentar el momento más difícil al adaptarse a una familia reconstituida. Los adolescentes mayores (de 15 años o más) necesitan menos dedicación a su crianza y pueden tener menos inversión en la vida de la familia reconstituida, mientras que los niños más pequeños (de menos de 10 años) suelen aceptar más a un nuevo adulto en la familia, sobre todo cuando el adulto es una influencia positiva. Los adolescentes jóvenes, que están formando sus propias identidades tienden a ser un poco más difíciles de tratar.

Los padrastros o madrastras deben establecer primero una relación con los niños que se parezca más a la un amigo o «consejero de campamento,» en lugar de parecer alguien que impone la disciplina. Las parejas también pueden acordar que el padre que tiene la custodia es el principal responsable del control y disciplina de los niños hasta que el padrastro o madrastra y los niños establezcan un vínculo sólido.

Hasta que los padrastros o madrastras puedan asumir más responsabilidades de crianza, simplemente pueden controlar la conducta y las actividades de los niños y mantener informados a sus cónyuges.

Las familias pueden preparar una lista de normas del hogar. Estas pueden incluir, por ejemplo, «acordamos respetar a cada miembro de la familia» o «cada miembro de la familia acuerda limpiar lo que ensucia.»

Relaciones entre padrastro o madrastra y los hijos

Si bien los nuevos padrastros o madrastras pueden desear integrarse de inmediato y establecer una relación cercana con los hijastros, deben considerar el estado emocional y el sexo del niño primero.

Los niños y las niñas en familias reconstituidas indicaron que prefieren las muestras de afecto verbal, como elogios o cumplidos, en lugar de la cercanía física, como abrazos y besos. Las niñas, en especial, dicen que se sienten incómodas con las demostraciones físicas de afecto de su padrastro. En general, los niños parecen aceptar a un padrastro con mayor rapidez que las niñas.

Problemas de padres que no viven con los hijos

Después de un divorcio, los niños suelen adaptarse mejor a sus nuevas vidas cuando el padre que se ha mudado lo visita constantemente y mantiene una buena relación con ellos.

No obstante, una vez que los padres vuelven a casarse, a menudo reducen o mantienen niveles inferiores de contacto con sus hijos. Los varones parecen ser quienes más errores cometen en este aspecto: En promedio, los padres reducen sus visitas a los niños a la mitad dentro del primer año posterior al nuevo casamiento.

Mientras menos un padre visite a su hijo, es más probable que su hijo se sienta abandonado. Los padres deben volver a relacionarse desarrollando actividades especiales en las que solamente participen el niño y el padre.

Los padres no deben hablar en contra de sus ex cónyuges frente a los niños porque esto debilita la autoestima del niño e incluso puede ponerlo en una posición de defender a su madre.

En las mejores condiciones, puede tomar entre dos a cuatro años que una nueva familia reconstituida se adapte a convivir. La consulta con un psicólogo puede ayudar a que el proceso avance sin complicaciones.

Agradecemos a James Bray, PhD, un investigador y médico clínico del departamento de medicina familiar de la Facultad de Medicina Baylor.

¿Cómo afrontar la convivencia en las familias reconstruidas?

En la actualidad son habituales las familias reconstruidas. Hay divorcios y separaciones en parejas que tienen hijos en común. Después, es normal que estos padres y estas madres acaben teniendo nuevas relaciones con otras personas. Y estas a su vez puede que también tengan niños de parejas anteriores.

Así, las familias se reformulan. En un mismo hogar se juntan hijos de padres distintos y, en ocasiones, se torna complicado que la convivencia sea agradable y pacífica. La situación no es sencilla, pero son los adultos los que pueden poner en marcha algunas estrategias para tratar de manejar todo lo mejor posible… ¡Descubre cuáles!

«En la vida familiar, el amor es el aceite que alivia la fricción, el cemento que une, y la música que trae armonía».

-Eva Burrows-

¿Cuáles son las dificultades que presentan las familias reconstruidas?

Está claro que cada familia es un mundo, pero en este tipo de familias reconstruidas pueden aparecer una serie de dificultades comunes. Por ejemplo, es frecuente que se instauren el desconocimiento y la incertidumbre. Esto puede pasar porque ni la pareja ni los hijos sepan cómo comportarse los unos con los otros ni qué esperar de los demás.

También el padrastro o la madrastra pueden tratar de agradar por todos los medios posibles a sus hijastros, con el fin de hacerles ver que no son «malvados» como establecen algunos cuentos y mitos sociales. Por otro lado, se pueden encontrar con que los niños les rechacen, no hagan caso de lo que les digan y carezcan de autoridad para ellos.

Además, tiene que asumir que las relaciones padre-hijo biológico van a ser en ocasiones prioritarias para su pareja, por lo que se puede ver relegado a un segundo plano. Otro hecho que puede ser conflictivo en la relación son las dificultades económicas que se pueden dar debido a la manutención de los hijos y las exparejas.

«Yo sé porqué las familias han sido creadas con imperfecciones. Te humanizan. Están hechas para que te olvides de ti mismo de vez en cuando, para que el hermoso equilibrio de la vida no se destruya».

-Anais Nin-

Como los niños suelen vivir en distintas casas bajo custodia conjunta, se torna complejo tomar decisiones cotidianas en la organización familiar.Algo que puede derivar en problemas tanto en la relación de pareja, como con los excónyuges y con los propios hijos. Por último, estos se pueden sentir desleales hacia uno de sus padres si tienen una buena relación con su padrastro o madrastra.

¿Qué pueden hacer los padres y madres para mejorar la convivencia?

Estas situaciones son comunes y normales en este tipo de familias reconstruidas, debido a la novedad y el desconocimiento sobre cómo afrontarlas. Pero pueden generar malestar y conflictos, por lo que es importante que haya reglas pactadas y respetadas por todos. En primer lugar,es recomendable que les expliques con tiempo a tu hijos que tu pareja se muda con vosotros. Aquí debes hacer hincapié en los cambios que le afectarán, en los que no y en que tu amor hacia él no va a variar.

Es relevante que le demuestres esto a tu hijo y que, efectivamente, sigues estando ahí para él aunque tengas una nueva pareja que conviva con vosotros. Tiene que percibir que es un miembro más de la familia aunque solo pase temporadas en vuestro hogar. Aquí también es relevante que no descuides la relación con tu pareja, y que la comunicación sea fluida, tanto entre vosotros como con tus hijos. Su bienestar es la prioridad.

Por otro lado, trata de guardar tiempo para estar con tu hijo a solas: piensa que la confianza que tiene contigo no es la que tiene con tu nueva pareja. Poco a poco, puedes ir introduciendo a tu pareja de forma progresiva. Además, no es bueno que te centres solo en divertirte con tu hijo en recompensarle comprándole cosas. Es importante que sigas comportándote como un padre o una madre que pone límites y educa.

En cuanto a las reglas y a las tareas a realizar en casa, es adecuado que las pactes con tu nueva pareja antes de que esta se incorpore a la convivencia familiar. Si esta toma la iniciativa en el cumplimiento de alguna de las normas, apóyale, ya que si tú le otorgas autoridad facilitarás que tu hijo lo haga.

Aún así, debes recordar que tu pareja no sustituye al otro progenitor del niñoy que no puedes imponerla como una figura de autoridad que tenga el mismo peso que tú, especialmente cuando tus hijos ya son mayores.

«La vida familiar está llena de crisis mayores y menores, subidas y bajadas de salud, éxito y fracaso en la carrera, el matrimonio y el divorcio. Y todo tipo de personajes, unidos por lugares y eventos e historias. Con todos estos detalles, la vida se graba en la memoria y la personalidad. Es difícil imaginar algo más nutritivo para el alma».

-Thomas Moore-

¿Qué pueden hacer los padrastros y las madrastras para mejorar la convivencia?

Pero no sólo el proceso es complejo para los padres y los hijos. Las nuevas parejas, los padrastros y las madrastras, también pasan por dificultades y situaciones novedosas que no saben cómo afrontar. Es normal que, si es tu caso, quieras agradar y complacer a tu hijastro, pero no te excedas en esto, ya que el que os cojáis cariño mutuamente va a requerir su tiempo.

Es importante que, junto con tu pareja, analicéis el tiempo que vas a pasar con tu hijastro, y el grado de implicación y responsabilidad que vas a adoptar. Suele ser eficaz intentar tener una relación cordial y amistosa al principio manteniéndote al margen de las cuestiones de disciplina del niño. Puedes ir implicándote en ello de forma progresiva si lo deseas, pero también es válido si quieres mantenerte al margen de esto.

En este sentido, debes hablar con tu hijastro y explicarle que tú no vas a sustituir a su otro progenitor, pero que en casa todos tenéis que cumplir unas normas para que la convivencia sea adecuada. Si al principio el niño te rechaza, no te lo tomes como nada personal, está pasando por muchos cambios y le va a costar habituarse. Por último, dialoga sobre todo esto con tu pareja, de forma que entendáis el punto de vista del otro y lleguéis a términos comunes.

En resumidas cuentas, cuando una pareja se junta en un hogar con hijos de relaciones anteriores, pueden darse conflictos y problemas en la convivencia. Esto es habitual en la mayoría de las familias reconstruidas, ya que se da un número considerable de cambios que, en muchas ocasiones, no sabemos afrontar.

Por ello, es imprescindible hacer un esfuerzo por parte de todos para mantener los canales de comunicación abiertosy llegar a pactos de convivencia obligatorias; frente a los sentimientos, que siempre surgirán o no de manera espontánea en las familias reconstruidas.

Imágenes cortesía de I’m Priscilla, Caroline Hernandez y Andre Hunter.

Hijos de mi pareja que no son mis hijos

Es muy habitual que en una pareja convivan hijos menores que no son comunes, sino sólo de uno de los miembros de dicha pareja; siendo que el legislador se desentiende completamente de esta compleja relación, y se abstiene de regular los derechos y deberes que tanto el convivente no progenitor tiene respecto de dichos hijos, como los derechos y deberes de esos menores en relación al convivente no progenitor.

La postura legislativa es la del avestruz que esconde su cabeza bajo tierra y desconoce del problema, cuando dicho problema está ahí, y muchísimo más si los hijos están en esa complicada etapa de la vida que supone la adolescencia.

Lo cierto es que tradicionalmente el problema sólo se planteaba cuando uno de los cónyuges quedaba viudo con hijos del matrimonio, y rehacía su vida contrayendo nuevas nupcias (el fenómeno de madres solteras que rehacían su vida con otro hombre era poco habitual, pues socialmente no estaba bien visto).

Los tiempos cambian , pero el derecho lamentablemente no.

Actualmente no es que el que una madre soltera contraiga nupcias es algo completamente irrelevante; sino que tras la ley del divorcio, se cuentan por miles las parejas que disuelven el vínculo matrimonial y rehacen sus vidas, teniendo hijos de la anterior relación (quiero omitir la palabra matrimonio, pues el fenómeno se da tanto en el matrimonio como en las parejas de hecho).

Convivir con una persona genera conflictos siempre, y jurídicamente genera una serie de derechos y de obligaciones, pero el legislador sólo se centra en la patria potestad, y respecto de dichos hijos (y máxime cuando son menores de edad) parece desconocer el fenómeno del que hablamos, y sobre el que hay un interesante trabajo de Margarida Garrida Gorina.

En esta situación aparece por mi despacho intentando hacer testamento una pareja que se había formado tras sendas rupturas matrimoniales.

El drama del divorcio fue para ambos tan tremendo que habían decidido no volver a casarse, y querían que su nueva relación estuviera formada por un día a día de cariño más que por un compromiso formal.

  • Ella tenía una hija adolescente, se había casado jovencísima, pero con un auténtico gaznápiro que no sólo le pegaba y le dejaba sola una noche si y otra también, sino que el único defecto que no tenía era el de las mujeres y el alcohol, pero que tomaba todo tipo de sustancias.
  • El era mayor que ella y tenía tres hijos, se había casado más mayor y con un brillante futuro profesional, pero su anterior esposa era de ese tipo de rubias (por supuesto de bote) con tan poca cabeza que cualquier pensamiento hacía eco, y una tendencia al uso de la tarjeta de crédito fuera de lo común (me contaba que en una ocasión le pidió que moderara el gasto y al día siguiente ella compró ropa por valor de 6.000 euros).

Ambos matrimonios habían fracasado y estaban rehaciendo una vida en común con la hija de ella (los hijos de él aparecían de vez en cuando, pues hacer cumplir el régimen de visitas era una odisea).

Los problemas jurídicos que me plantearon eran de toda índole y por supuesto poco más que oírles pude hacer, aunque si darles algunas soluciones parciales, alguna recomendación jurídica, y muchísimo cariño.

Venían ellos muy confiados intentando hacer lo que se conoce como el “testamento del uno para los otros y después para los niños”, cuando tuve que explicarles que el tema era muchísimo más complejo.

El primer problema son las legítimas.

Ya he hablado en diversas ocasiones en este blog de la materia, pero en el caso concreto que abordé las respuestas que recibía de la pareja eran aterradoras.

El convivía día si, día también con la hija de ella, era consciente que no era el padre, pero afectivamente la quería como hija, se preocupaba por sus notas, se preocupaba por sus amistades, y hasta me reconoció que intentaba ejercer con la que sabía que no era su hija, una patria potestad que le negaban de hecho con sus hijos.

Quería a los cuatro por igual; a los suyos porque llevaban su sangre, y a la de su pareja, por ese afecto que hace el roce diario.

Afortunadamente la figura conocida como “cautela socini” vino en mi ayuda, pues fijamos en el testamento que los cuatro niños heredarían por partes iguales, dando opción a los hijos de verdad por percibir la legítima estricta y beneficiando a los que estuvieran conformes, y fijando en caso de ser disconformes los tres hijos naturales que estos recibirían por legado la legítima larga (2/3 de la herencia a repartir entre tres) y la hija de la pareja en ese caso sería heredera.

Ella lo tenía más complicado, pues quería igualar a los cuatro también (me confesó que al no tener su pareja roce con los hijos naturales ella tampoco, pero que lo consideraba justo, y que además era consciente que los niños en el fondo eran víctimas inocentes del comportamiento de la madre).

La única solución que encontramos fue la de instituir herederos por partes iguales a los cuatro, reconociendo el derecho de la hija a pedir el suplemento de su legítima y rogando que dicha hija fuera fiel a la memoria y voluntad de la madre (en el fondo no se que sucederá el día de mañana, y mucho miedo me da el tratamiento que hacienda de a la materia).

El segundo problema es la patria potestad y la guarda y custodia

Afortunadamente mi intervención en esta materia, como Notario, es limitadísima aunque me plantearon cuestiones interesantísimas.

La administración de los bienes dejados a los hijos

Evidentemente ninguno de los dos miembros de la pareja quería que el progenitor de sus hijos administrara o gestionara los bienes que recibieran por herencia de ellos, para lo que usamos el cauce que permite el ar 164 del Código Civil:

Los padres administrarán los bienes de los hijos con la misma diligencia que los suyos propios, cumpliendo las obligaciones generales de todo administrador y las especiales establecidas en la Ley Hipotecaria.

Se exceptúan de la administración paterna:

1.º Los bienes adquiridos por título gratuito cuando el disponente lo hubiere ordenado de manera expresa. Se cumplirá estrictamente la voluntad de éste sobre la administración de estos bienes y destino de sus frutos.

2.º Los adquiridos por sucesión en que uno o ambos de los que ejerzan la patria potestad hubieran sido justamente desheredados o no hubieran podido heredar por causa de indignidad, que serán administrados por la persona designada por el causante y, en su defecto y sucesivamente, por el otro progenitor o por un administrador judicial especialmente nombrado.

3.º Los que el hijo mayor de dieciséis años hubiera adquirido con su trabajo o industria. Los actos de administración ordinaria serán realizados por el hijo, que necesitará el consentimiento de los padres para los que excedan de ella.

El nombramiento de tutor

Mientras viva el otro progenitor la patria potestad siempre corresponderá a este, así como la guarda y custodia de los hijos menores si fallecemos.

Lo que si se puede es anticipar en el testamento la posibilidad de fallecimiento de ese otro progenitor, mientras los hijos sean menores, y nombrar tutor a los hijos conforme a los artículos 223 y 224 del Código Civil

Artículo 223.- Los padres podrán en testamento o documento público notarial nombrar tutor, establecer órganos de fiscalización de la tutela, así como designar las personas que hayan de integrarlos u ordenar cualquier disposición sobre la persona o bienes de sus hijos menores o incapacitados.

Asimismo, cualquier persona con la capacidad de obrar suficiente, en previsión de ser incapacitada judicialmente en el futuro, podrá en documento público notarial adoptar cualquier disposición relativa a su propia persona o bienes, incluida la designación de tutor.

Los documentos públicos a los que se refiere el presente artículo se comunicarán de oficio por el notario autorizante al Registro Civil, para su indicación en la inscripción de nacimiento del interesado.

En los procedimientos de incapacitación, el juez recabará certificación del Registro Civil y, en su caso, del registro de actos de última voluntad, a efectos de comprobar la existencia de las disposiciones a las que se refiere este artículo.

Artículo 224.- Las disposiciones aludidas en el artículo anterior vincularán al Juez, al constituir la tutela, salvo que el beneficio del menor o incapacitado exija otra cosa, en cuyo caso lo hará mediante decisión motivada.

Los problemas de la convivencia diaria

Pero en el fondo lo que más me preocupó fue como la pareja decidió compartir su experiencia conmigo, y como ambos me confesaron que su mayor angustia no era qué pasaría el día de mañana cuando ambos faltaran, sino lo que les pasaba en el día a día.

Efectivamente, los niños (que son niños pero no tontos) eran perfectamente conscientes de quienes eran sus padres reales y cual era la delicada situación en la que se encontraba cada uno de los miembros de la pareja respecto de los hijos del otro.

Aprovechaban para acudir al padre que más les conviniera para salirse con la suya, y así conseguir una educación más laxa, sin perjuicio de algún que otro “contestón” que habían tenido que escuchar.

Eran personas responsables, y les preocupaba mucho el futuro de esos hijos educados en la filosofía de acudir al sol que más calienta, y acostumbrados a poder decir lo que no se debe de decir.

En el fondo sólo hay dos grupos de artículos en el Código Civil que aborden el tema.

  1. El artículo 68 y el artículo 1362, aunque ambas normas sólo son de aplicación cuando la pareja con hijos de anteriores relaciones contrae nuevas nupcias.
  2. Pero sobre todo las normas reguladoras de la guarda de hecho contenidas en los artículos 303, 304 y 306 (siendo completamente lamentable la cantidad de artículos que quedaron vacíos de contenido tras la reforma de la ley de 24 de Octubre de 1983 -obsérvese que es muy próxima en el tiempo a la reforma de 1981 que permitió el divorcio, y sobre todo que es una reforma encaminada a una nueva regulación de la incapacidad y la tutela, pero no a la situación que describimos).

¿Y que sucede en esta guarda de hecho de los hijos de la pareja?

Se podría decir que nada es igual que lo mismo, las normas del Código son parcas, escuetas y altamente insultantes para el miembro de la pareja que cuida como propios a los hijos ajenos.

a) El art 303 se limita a permitir que la autoridad judicial recabe información sobre la actuación de este guardador, así como que imponga las medidas de vigilancia y control que estime oportunas.

No me parece mal la norma, pero podría también haber permitido que la autoridad judicial fije los derechos y deberes del convivente no progenitor y del menor.

b) El artículo 304 declara válidos los actos realizados por el convivente no progenitor en relación al menor, si redundan en la utilidad de este.

También me parece adecuada esta norma, si no fuera porque la validez del acto realizado no se produce al tiempo en el que el acto se ejecuta, sino con posterioridad, y me pregunto como alguien en su sano juicio se atreverá (salvo urgencia extrema) a realizar un acto que cree adecuado, pero que puede ser ineficaz en función de lo que opine un tercero con posterioridad y cuando el análisis de las circunstancias (por el propio transcurso del tiempo) resulte distorsionado.

Sea como fuere, no deja de sorprender que si el acto lo realiza el progenitor la validez no se cuestiona, pero si es realizado por el convivente del progenitor (incluso son el consentimiento expreso o tácito de esta) la validez depende de la utilidad del acto para el menor

c) El artículo 306 se limita a remitirse al artículo 220 que da al progenitor el derecho a ser indemnizado por los daños y perjuicios que sufra como consecuencia del ejercicio de esa guarda de hecho (incluso con cargo al patrimonio del hijo).

No nos engañemos, la normativa, si ya es insuficiente en relación a la patria potestad, muchísimo más lo es en relación al miembro de la pareja no progenitor, y en ese sentido me plantearon diversos problemas que tenían y frente a los cuales cabe muy poco margen de reacción jurídica.

  1. ¿Hasta donde podía corregir el convivente no progenitor al hijo del otro por un mal rendimiento académico?.
  2. ¿Hasta donde podía corregir el convivente no progenitor al hijo del otro por un mal comportamiento en el colegio?.
  3. ¿Hasta donde podía intervenir el convivente no progenitor al hijo del otro en relación a amigos perniciosos que tuviera el menor?.
  4. ¿Hasta donde podía corregir el convivente no progenitor al hijo del otro por el horario de llegada los fines de semana, o las condiciones en las que llegara el menor tras una “botellona”?.
  5. ¿Hasta donde podía corregir el convivente no progenitor al hijo del otro en la actividad que en internet y redes sociales estuviera desarrollando ese menor?.
  6. ¿Hasta donde podía intervenir el convivente si el menor que no fuera su hijo quedara ingresado en un hospital?.

Comparte esto:

Me gusta Cargando…

¿Soy responsable de mi hijo después de que cumpla los 18 años?

La siguiente pregunta se le hizo a John Roska, un abogado y escritor, cuya columna semanal «TheLaw Q&A» se publica en el periódico Champaign News Gazette.

Pregunta

¿Qué puede hacer un padre con un hijo que tiene más de 18 años y ha terminado la escuela, pero no está trabajando y que es un problema constante dentro y fuera de la casa? He oído que es posible desalojarlos. ¿Es cierto eso? ¿Puedo ser responsable de lo que mi hijo hace si es mayor de 18 años?

Respuesta

En general, los padres sólo tienen obligaciones con respecto a los hijos menores de edad. Esas obligaciones terminan cuando los hijos cumplen 18 años. Usted puede desalojar a un hijo adulto de su casa y parar de mantenerlos.

Bajo la Ley de Responsabilidad Parental del estado de Illinois, conocida en inglés como “Illinois Parental Responsibility Law», usted puede ser responsable por los daños personales o materiales causados por los “actos deliberados o malintencionados” de un niño «que todavía no tiene 19 años de edad» y si el niño vive con usted actualmente. No es fácil responsabilizar a los padres bajo esa ley, pero sí extiende su posible responsabilidad un año más; hasta los 19 años.

De lo contrario, las leyes de protección de menores sólo protegen a menores “de los 18 años de edad.” Al cumplir los 18 años, ya no son menores de edad y es entonces cuando la ley estatal dice que son “mayores de edad en todos los procesos legales.”

Un niño puede dejar de ser un menor de edad a los 18 años, pero no deja de ser su hijo. Y usted no deja de ser su padre. Sin embargo, sus responsabilidades legales llegan a su fin en ese entonces. Otras personas pueden considerarlo como un mal padre, pero es perfectamente legal abandonar a los hijos adultos.

Un deber paterno que no termina de forma automática a los 18 años es la manutención infantil ordenada por la corte. La ley que requiere la manutención infantil define a un “niño” como “cualquier persona menor de 19 años de edad que todavía asiste a la escuela secundaria o high school.” Su deber de pagar la manutención infantil no concluye cuando el hijo cumple los 18 años, al menos de que ya se hayan graduado de escuela secundaria.

Es posible que las órdenes de manutención infantil se prolonguen aún más, sobre todo para los hijos adultos con discapacidades.

Un hijo adulto que no quiere irse del hogar puede ser desalojado. Si no hay un contrato de renta y no hay un acuerdo para pagar renta, usted puede simplemente darle una notificación de desalojo, “Notice to Quit» en inglés, que diga: “Por esta carta solicito posesión inmediata de las instalaciones en (su dirección)”.

Si después de darles la carta no se van de la casa, entonces usted debe llevar a cabo una demanda con la corte, que también es el segundo paso de cualquier caso de desalojo. Después de presentar la demanda, se le ofrecerá al hijo e inquilino una copia de la orden de desalojo y un citación, que es “summons» en inglés.

El hijo puede ir a la corte y solicitar un juicio para evitar el desalojo. El hijo tendría que demostrar algún derecho para vivir en su casa en el juicio o algún defecto en la forma en la que usted, el padre, siguió los pasos para desalojarlo.

Con una orden de desalojo, usted puede hacer que el sheriff de la policía saque a su hijo y sus cosas. Si su hijo intenta regresar después de eso, usted podría pedirle a la policía que lo arreste por intrusión.

Familias ensambladas: los padres tienen una obligación alimentaria sobre los hijos de su pareja

La visibilizacion de las nuevos “paradigmas familiares”, trae aparejado la diversificación de nuevos modelos de familia. El sistema tradicional del Código de Vélez Sarsfield, reconocía como único modelo al matrimonio, desconociendo otras formas de constituir una familia.

Esta tendencia durante el S. XX, se ha revertido, y se han operado múltiples cambios socioculturales que nos permiten avizorar la construcción de nuevos modelos de familias, que vienen a ser reconocidos en la sanción del nuevo Código Civil y Comercial unificado, promulgado como Ley 26.994, con el fin de cubrir vacíos legales del antiguo Código Civil, superar dificultades, normas inconstitucionales, adecuar el derecho a la realidad actual, entre otros objetivos.

De este modo, se alude a las situaciones de segundas nupcias de viudos/as y divorciados/as, parejas que conforman uniones convivenciales y aquellas otras en las cuales uno de los cónyuges es soltero y el otro viudo o divorciado, que cohabitan con hijos comunes y/o con los hijos de anteriores nupcias o uniones convivenciales.

En el contenido normativo de estas nuevas instituciones, y en el marco objeto de la presente publicación, se realza el Principio del Interés Superior del Niño, como pilar protector de los sujetos vulnerables, en este caso el hijo menor de edad. El CCyC receptó profundas modificaciones principalmente en el Derecho de Familia, en la línea de la armonía normativa de los Tratados Internacionales de Derechos Humanos signados por nuestro país conforme al Art 75 inc. 22, CN.

Así, el cuerpo legal –que entró en vigencia el 1° de enero de 2016, estableció derechos y obligaciones del “progenitor afín”, es decir quien convive con su pareja y los hijos de estas. Pesará sobre este adulto, por ejemplo, la obligación alimentaria.

Esta figura responde a la realidad de las nuevas formas familiares; el padre y la madre afines que conviven con los niños asumen roles diariamente.

Básicamente, el nuevo Código Civil establece algunos derechos y deberes del “progenitor afín”, es decir, “el cónyuge o conviviente que vive con quien tiene a su cargo el cuidado personal del niño o adolescente”, según la definición del artículo 672, dispone que el “cónyuge o conviviente de un progenitor debe cooperar en la crianza y educación de los hijos del otro, realizar actos cotidianos relativos a su formación en el ámbito doméstico y adoptar decisiones ante situaciones de urgencia”. Se refiere, así, a tareas como firmar la libreta del colegio o autorizar al niño a salidas extracurriculares.

Los padres y madres biológicos no serán desplazados: el nuevo cuerpo legal aclara que esos deberes no pueden afectar los derechos de los titulares de la “responsabilidad parental” (nueva denominación para la “patria potestad”). Además, en caso de viaje, enfermedad o incapacidad transitoria, el progenitor (biológico o adoptivo) a cargo del niño o adolescente puede delegar el ejercicio de la responsabilidad parental al progenitor afín.-
En tanto, el Código dice que en caso de muerte, ausencia o incapacidad del progenitor, el otro progenitor puede asumir el ejercicio de la responsabilidad parental juntamente con su cónyuge o conviviente.

Este ejercicio se extingue con la ruptura del matrimonio o de la unión convivencial y en caso de la recuperación de la capacidad plena del progenitor que no estaba en ejercicio de la responsabilidad parental.

Otra novedad es que el Código establece la obligación alimentaria del cónyuge o conviviente respecto de los hijos del otro. Una aclaración: la obligación es “subsidiaria”. Lo de “subsidiaria” significa que sólo podrá requerirse cuando los progenitores no cumplan, o lo hagan de manera insuficiente, con la obligación que pesa sobre ellos de brindar alimentos a sus hijos. “No supone una ‘desobligación’ de los padres biológicos, estos se tienen que hacer cargo”.

La regla es que sólo se pueda exigir alimentos al progenitor afín mientras dure la convivencia. Pero hay una excepción , también estará obligado subsidiariamente a prestar alimentos si la ruptura de la convivencia “ocasiona un grave daño al niño o adolescente y el cónyuge o conviviente asumió durante la vida en común el sustento del hijo del otro”. En estos casos, se puede fijar una “cuota asistencial”, la cual será transitoria. La duración la definirá el juez, según la situación económica del obligado, las necesidades del niño o adolescente y el tiempo de la convivencia.

De esta manera la incorporación de la prestación alimentaria que deriva del progenitor afín en el CCyC, amplía el vínculo de parentesco. La cual aparece, como una nueva fuente obligacional con características propias; cuya procedencia, extensión, duración y contenido son distintos al resto de las fuentes de obligación alimentaria hasta aquí conocidas.

Colaboración: Vanesa Débora Mestre / Abogada (Matrícula Provincial 3278- Matrícula Mendoza 6118 – Federal T. 78- F. 316) / Teléf. 2644189975

admin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *