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Pueden mis hermanos obligarme a cuidar de mi madre

El Cuidado de Sus Padres Junto con Sus Hermanos (Caregiving with Your Siblings)

Introducción

Cuidar a sus padres puede ser complicado, y si sus hermanos y hermanas también participan, el asunto se puede volver aún más complejo. Si bien sus hermanos pueden ser una ayuda enorme y su mejor apoyo, también pueden ser una fuente de estrés.

En esta ficha descriptiva aprenderá cómo identificar la dinámica familiar que puede afectar el cuidado de sus padres, las maneras en que sus hermanos pueden ayudar, cómo aumentar las posibilidades de obtener dicha ayuda y cómo controlar las emociones que surgen.

Por qué los conflictos entre hermanos pueden estallar durante el cuidado de sus padres

En la actualidad, los hijos adultos y sus padres están viviendo una nueva clase de transición familiar. Como los padres ahora viven más tiempo, pero con enfermedades crónicas, sus hijos adultos se encargan de ellos durante mucho tiempo, hasta una década o más. Es posible que los hermanos, o en algunos casoshermanastros, no tengan un modelo de cómo trabajar juntos para ocuparse del cuidado de sus padres y de los muchos asuntos prácticos, emocionales y económicos relacionados. No existe un panorama claro que indique las responsabilidades de cada hermano, ni una guía de cómo deben relacionarse como adultos maduros. Mientras que algunas familias son capaces de resolver las diferencias, muchas otras entran en conflicto.

Los hermanos también deben enfrentarse a una transición emocional importante que despierta sentimientos de la infancia. Ver cómo nuestros padres envejecen y mueren es una de las cosas más difíciles de la vida, y cada miembro de la familia reacciona de distinta manera.

Es normal tener muchos sentimientos encontrados. Tal vez sienta la necesidad de que le demuestren cariño, aprobación o que lo consideren importante y capaz como hermano. Incluso, puede que no sea consciente de estos sentimientos que afectan la manera de relacionarse con sus padres y los demás miembros de la familia. Así que, sin darse cuenta, puede que todos estén compitiendo entre sí como cuando eran niños. Sin embargo, ahora las peleas tienen que ver con el cuidado de sus padres; por ejemplo, quiénes cumplen con sus responsabilidades y quiénes no, cuánto aporta cada uno y quién está a cargo.

Este es un momento difícil, así que tenga compasión por usted mismo y trate de hacer lo mismo con sus hermanos. No tiene por qué tolerar comportamientos negativos, pero trate de imaginar el miedo, el dolor o el estado de ansiedad que despertaría en sus hermanos si reaccionara como ellos. Ese tipo de comprensión puede calmar mucho el conflicto familiar.

Como familia, consideren o reconsideren muy bien las responsabilidades como cuidadores

A menudo, las familias no planean detenidamente quién se convertirá en el cuidador principal y qué papeles de apoyo desempeñarán los demás miembros de la familia. Posiblemente, el cuidado comienza cuando el hermano que vive cerca de sus padres o que tiene una relación estrecha con ellos empieza a ayudarlos con cosas pequeñas. Al principio, puede que ni siquiera se identifique como cuidador, pero luego se sentirá abrumado y molesto con sus hermanos a medida que sus padres necesiten más ayuda. Es muy común que las familias caigan en trampas corrientes; por ejemplo, suponer que el hijo manejará las finanzas mientras que la hija se encargará de las necesidades emocionales o físicas.

Otra trampa común se da cuando uno de los hermanos se convierte en el cuidador materno porque no tiene un trabajo o porque necesita un lugar donde quedarse, y los miembros de la familia creen que este arreglo resolverá muchísimos inconvenientes. Sin embargo, eso puede ser la fórmula de los problemas. La familia debe explicar claramente lo que se espera que esa persona haga, si habrá una compensación económica y cómo funcionará eso. Además, los hermanos deben aclarar qué tareas de apoyo realizará cada uno.

Como familia, tienen que reexaminar todas estas asunciones. La mejor forma de hacerlo es llamar a una reunión familiar tan pronto (y luego, tan a menudo) como sea posible. Una reunión familiar puede brindar el espacio para discutir las necesidades de los padres y determinar cuál será el aporte de cada persona en tiempo o dinero. Si es necesario, una persona de confianza que esté fuera del círculo familiar puede intermediar. Para obtener más información, consulte «Holding a Family Meeting» (Reuniones familiares) en la sección Fichas descriptivas de la Family Caregiver Alliance de esta ficha descriptiva.

Piense en los roles familiares de su infancia y cómo los puede modificar para desempeñarse como cuidador

A pesar de que nos comportamos de manera diferente cuando estamos con otras personas, cada vez que nos reunimos con la familia, la mayoría de nosotros tendemos a caer en nuestros viejos roles. Sin embargo, es posible que dichos roles ya no funcionen. Tal vez los padres no puedan desempeñar las actividades de años atrás, como tomar las decisiones, brindar apoyo emocional o aliviar las tensiones entre los miembros de la familia.

Tal vez se pretendía que usted fuera el miembro responsable de la familia; tal vez se consideraba a su hermano como alguien que necesitaba hacerse cargo de la situación. Quizá a su otra hermana se le dio la oportunidad de marcharse y alcanzar sus metas personales mientras que a los demás se les asignaron las tareas familiares. Tal vez usted era identificado como el «solidario» de la familia, mientras que su hermana era catalogada como «egoísta» o «distante». Así que pregúntese a usted mismo: ¿pretenden que siga siendo la hermana mayor o el niñito indefenso a pesar de que ahora somos todos adultos?

Además, es de gran ayuda que hoy en día mire a sus hermanos desde una nueva perspectiva. Los padres crean etiquetas y roles para cada hijo, y ellos los adoptan y asumen que son ciertos. Es posible que dichos roles se basen en comportamientos reales, pero también puede que los padres los asignen por diferentes motivos; por ejemplo, quién fue el primero o el último en nacer, cuál de los hijos hace que la madre recuerde a su hermana mayor (a quien le tenia celos), cuál de los hijos es el más parecido al padre en cuanto a personalidad, y cómo es la relación entre la madre y el padre, lo cual es muy importante.

Sean cuales sean las razones de estos roles, es necesario reexaminarlos en la actualidad. Si usted era el miembro «responsable» de la familia, eso no significa que ahora deba aceptar encargarse de todo porque siempre lo hizo, aunque sus hermanos esperen que adopte ese rol. Quizá deba hacerles entender que todos pueden adaptar sus roles a los tiempos que corren y a quiénes son hoy en día. Además, si usted supone que su hermano o hermana son menos capaces o útiles porque así los recuerda cuando eran niños, tiene menos probabilidades de recibir su ayuda. Si se dirige a ellos de manera diferente, puede que demuestren ser más útiles de lo que usted creía.

Los hermanos pueden tener distintas ideas sobre las necesidades de sus padres

La idea de que pronto podría perder a su madre o su padre o la idea de que necesitan más atención puede ser realmente aterradora. Algunos hijos necesitan la figura materna aunque sean adultos. Algunos se preocupan demasiado y piensan que los padres tienen un problema más grande que el real; otros simplemente no pueden aceptar que los padres necesitan tanta ayuda como ellos. Estas diferencias son comunes. Puede enfrentarlas de las siguientes maneras:

  • Si no es una situación de emergencia, tómense un tiempo para ponerse de acuerdo. Es natural que los hermanos aborden la situación en diferentes momentos y de distintas formas. Esto puede ocurrir sin importar si se encuentran cerca o lejos.
  • Comparta información. Obtenga una evaluación profesional del estado de salud de sus padres por parte de un médico, trabajador social o administrador de atención geriátrica y envíe el informe a todos sus hermanos. Intente utilizar el correo electrónico y herramientas en línea para compartir las novedades sobre la atención y/u organice reuniones familiares en persona para ayudar a mantener a todos al tanto de las noticias y los temas de atención.
  • Tenga en cuenta que los padres a menudo les dicen diferentes cosas a sus hijos sobre su estado de salud. Esta es una buena razón para mantener las vías de comunicación abiertas con los demás y tratar de reunir toda la información posible sobre la salud de sus padres.

Trate de separar las necesidades de sus padres de las suyas y los conflictos del pasado de las decisiones del presente

Es natural sentirse orgulloso de poder ayudar a sus padres o sentir la satisfacción de estar haciendo algo importante y valioso. Cuando se satisfacen estas necesidades básicas, los cuidadores se sienten a gusto con lo que hacen y el agobio es menor.

Sin embargo, es posible que usted también tenga otras necesidades emocionales menos conscientes que puedan dificultarle las cosas. Por ejemplo, si siente que debe hacer feliz a su madre y ella nunca ha sido una persona feliz o ha sufrido pérdidas dolorosas, tal vez se esté planteando una meta imposible de alcanzar. Usted puede asegurarse de que sus padres estén bien cuidados, pero no es su trabajo (ni tampoco es siempre posible) hacerlos felices.

Así que trate de concentrarse en las cosas esenciales que sus padres necesitan para ser bien atendidos. Por ejemplo, si insiste en hacerle todas las compras a su madre porque solo usted sabe sus gustos, es posible que termine agotado. Y no es ninguna tragedia que su hermana le compre otra marca de atún.

Cuando las viejas necesidades de ser apreciado y aprobado salen a flote, se puede encender la rivalidad entre hermanos. Después de todo, usted no es el único hijo que necesita sentirse importante ante los ojos de sus padres. Así que cuando discutan si su padre necesita una silla de ruedas más costosa o si su madre aún está segura en casa, traten de concentrarse en ese tema de discusión en particular y no en quién es más responsable o quién sabe lo que es mejor.

Señales de que usted está exteriorizando sus necesidades emocionales o discutiendo por conflictos pasados

  • Su nivel emocional está desproporcionado con respecto al tema específico que se está tratando en el momento. Por ejemplo, cuando se entra en una discusión subida de tono sobre quién debe llevar al padre al médico la próxima semana.
  • Usted o sus hermanos critican, desde su punto de vista, la forma de ser de otra persona; por ejemplo, egoísta, autoritario, insensible, irresponsable o algo peor.
  • Siente que ninguno de sus hermanos entiende como usted lo que su madre necesita y que es el único que puede hacer determinadas cosas.
  • Usted o sus hermanos generalizan una discusión diciendo, por ejemplo: «?Siempre haces lo mismo!».
  • Usted o sus hermanos critican la manera de actuar de los demás diciendo, por ejemplo: «No te importa nada de lo que le pasa a mamá».

Si uno de sus hermanos lo hace enfurecer o lo hiere profundamente durante una discusión, trate de tomar distancia, cálmese y concéntrese solamente en el tema del momento; por ejemplo, llevar a su padre al médico.

Consejos para obtener más apoyo de sus hermanos

  1. Trate de aceptar a sus hermanos y a sus padres tal como son, no como quisiera que fueran. Las familias son complicadas y nunca son perfectas; tampoco hay una regla que diga cómo deben ser los demás. Ellos no son malas personas o malos hijos por no sentir lo mismo que usted. Si puede aceptar esto, es más probable que obtenga apoyo de su parte, o al menos no entrarán tanto en conflicto.
  2. No simplifique las cosas por demás. Es fácil suponer que usted tiene toda la razón y que sus hermanos están equivocados (o que son perezosos, irresponsables, insensibles, etc.). Cada persona tiene una relación diferente con sus padres, y eso hace que la perspectiva de cada uno de ellos sea distinta.
  3. Pregúntese qué es lo que realmente quiere de sus hermanos. Pero antes de hacerse esa pregunta, debe plantearse otra cosa que no siempre es tan simple como parece. En primer lugar, pregúntese con una mano en el corazón si realmente quiere que lo ayuden. Muchos cuidadores dicen que sí, pero en realidad rechazan la ayuda. Así que piénselo bien: ¿Desea que sus hermanos realicen determinadas tareas con frecuencia? ¿Desea que le den un descanso de vez en cuando? ¿O siente que tiene todo bajo control pero le gustaría que ellos aporten dinero para los servicios o la atención de relevo?¿O (y esta es una pregunta difícil para muchos cuidadores) realmente no quiere que sus hermanos hagan nada, pero le gustaría que le brinden más apoyo emocional? Muchos cuidadores se sienten solos, aislados y poco valorados. Si quiere que sus hermanos den señales de vida, pídales que llamen una vez a la semana y hágales saber que sería de mucha ayuda que le dijeran «gracias» o que está haciendo un buen trabajo. Hay más probabilidades de que hagan esto si no los critica por lo que no están haciendo.
  4. Pida ayuda de manera clara y eficaz.
    • Preguntar es el primer paso. Podría pedir ayuda preguntando: «¿Te puedes quedar con mamá los jueves? Ese día tengo que hacer las compras de la semana y eso me lleva bastante tiempo». No caiga en la trampa habitual de pensar: «No debería haber preguntado». Tal vez sus hermanos suponen que usted tiene todo bajo control, por lo tanto, no se dan cuenta de las responsabilidades adicionales ni del «agobio» que eso produce. Ellos están sumergidos en sus propias vidas y problemas y no están tan en sintonía con usted como para leerle la mente. Además, si no sabe exactamente lo que quiere de ellos, puede que los confunda con sus mensajes.
    • Pregunte de forma directa y sea específico. Muchos cuidadores insinúan o se quejan, o envían artículos de revistas sobre las dificultades del cuidado de ancianos, pero estas estrategias no funcionan bien.
    • Cuando pida algo, sea realista; la gente obtiene más cosas cuando no pide lo imposible. Así que tenga en cuenta la relación que su hermano tiene con su madre o padre y pida algo que esa persona realmente pueda brindar. Si su hermana no puede pasar más de diez minutos con su madre sin gritarle, no le pida que pase tiempo con ella; pídale algo que le sea más sencillo, como hacer trámites o comprar provisiones.
  5. Fíjese de qué manera pide ayuda y manténgase alejado del ciclo de la culpa y el enojo.

    Cuando pida algo, tenga cuidado con su tono de voz y su lenguaje. No siempre es fácil escucharnos cuando les hablamos a los demás. Usted podría pensar que está pidiendo ayuda de buena manera, pero si está enojado, ese es el tono de voz que sus hermanos escucharán. Entonces, es probable que reaccionen mal y no se dispongan a ayudar.

    • No haga que sus hermanos se sientan culpables. Sí, así es. La culpa hace que las personas no se sientan cómodas y se pongan a la defensiva. Podrían enojarse, minimizar o criticar su trabajo como cuidador o evitarlo. Probablemente, esto lo haga enojar a usted; entonces, tratará con más énfasis de hacerlos sentir culpables. Ellos se defenderán o se distanciarán aún más, y así sucesivamente.
    • A veces sus hermanos lo critican porque están verdaderamente preocupados por sus padres. Trate de escucharlos sin juzgarlos y fíjese si es una crítica constructiva que puede ayudar. Al mismo tiempo, sea audaz y exija que le reconozcan todo lo que hace; también recuerde agradecer cuando alguien lo está ayudando.
  6. Obtenga ayuda de un profesional que esté fuera del círculo familiar. Las familias tienen historias largas y complicadas, y durante estas travesías emocionales, muchas veces es difícil comunicarse con los demás sin reaccionar de forma exagerada, sin malinterpretar las cosas y sin que salgan a flote viejos enfrentamientos. A veces, hasta las familias con menos problemas pueden acudir a la ayuda de un profesional objetivo. Terapeutas familiares, trabajadores sociales, administradores de atención geriátrica, médicos o miembros del clero pueden ayudar a los hermanos a establecer qué es lo correcto acerca de la salud y las necesidades de los padres con el fin de ayudar a distribuir las responsabilidades de manera más equitativa. Y durante las reuniones familiares, pueden ayudar a los hermanos a mantenerse concentrados en el tema que se está tratando y evitar que salgan a relucir viejas discusiones.
  7. Manténgase alejado de los conflictos relacionados con la transferencia de los poderes legales de sus padres. Puede que le hayan otorgado o no los poderes legales de sus padres para administrar las finanzas y la salud; cualquiera sea el caso, debe recordar que los que han tomado esas decisiones son sus padres. Si le han otorgado la carta poder de su madre o padre, asegúrese de llevar registros detallados y envíeles a sus hermanos informes sobre la administración del dinero de su madre. Tal vez esto sea mucho trabajo adicional, pero la ley exige llevar un registro al respecto; además, mantener las cosas claras reducirá la desconfianza, la tergiversación de los hechos y los juicios. Si a uno de sus hermanos le han otorgado los poderes legales, trate de aceptar la decisión de sus padres y no lo tome como algo personal contra usted. Haga todo lo posible para colaborar con el hermano que tenga la autoridad legal presentando sus gastos y facturas por escrito. Si el hermano que controla las finanzas se niega a cooperar, acuda a un profesional para tratar las necesidades de sus padres y para que medie en el asunto. Si le preocupa una posible manipulación, un cambio de voluntad o una influencia indebida, comuníquese con el Adult Protective Services (Servicio de Protección de Adultos) de su localidad.
  8. No deje que las disputas por herencias dividan a su familia. Si siente que sus padres han repartido el dinero y las propiedades de manera injusta, es natural que esté disgustado, en especial durante un momento de duelo. Tal vez sienta que merece más por haberse ocupado de sus padres. Si eso es lo que piensa, debe discutirlo con ellos en vida para que se puedan tomar decisiones a tiempo. Si sospecha que uno de sus hermanos ha cometido un acto delictivo, entonces es hora de consultar a un abogado o al Servicio de Protección de Adultos.

Sin embargo, las investigaciones muestran que la mayoría de los padres sienten la necesidad de dividir sus patrimonios de manera igualitaria como muestra del amor sin distinciones hacia sus hijos. Cuando no dividen sus pertenencias por igual, a menudo es porque temen que uno de sus hijos en particular tenga más necesidades que los demás. Sean cuales sean sus razones, recuerde que fueron sus padres y no sus hermanos los que tomaron las decisiones. Piense bien antes de volcar su ira o su decepción sobre sus hermanos. Ellos siguen siendo parte de su familia original, y para la mayoría de las personas, los vínculos se vuelven más fuertes después de la muerte de los padres.

Resumen: Tratar el cuidado de sus padres con sus hermanos puede ser difícil, complejo y emocional. Es importante ser consciente de sus propias emociones en este difícil momento y además, tratar de simpatizar con los sentimientos de sus hermanos aunque no esté de acuerdo con ellos. Pídales lo que necesite de forma directa y específica, sin culpa ni enojo. Si no puede hacerlo o surge algún conflicto, consulte a un profesional objetivo para que ayude a resolver los problemas familiares. La dinámica familiar estaba presente antes de que comenzara el cuidado de sus padres, y posiblemente ahora no pueda resolver los conflictos existentes a su gusto. Lo más importante es asegurarse de obtener apoyo a fin de que pueda hallar la paz durante el proceso de cuidado y una vez que este finalice.

Bibliografía recomendada

Brody, E., Women In the Middle: Their Parent Care Years (2004), New York: Springer Publishing.

Zarit, S., «Caregiving Revisited: Old and New Perspectives on Families Assisting Elders», Conferencia, Gerontological Society of America (2005).

Suitor, J. y Pillmer, K., «Mothers’ Favoritism in Later Life Families: The Role of Children’s Birth Order», Research on Aging (2007).

Russo, Francine, They’re Your Parents, Too! How Siblings Can Survive Their Parents’ Aging Without Driving Each Other Crazy (2010), New York: Bantam.

Centros de asesoramiento

Family Caregiver Alliance
National Center on Caregiving
(415) 434-3388
(800) 445-8106
Sitio web: www.caregiver.org
Correo electrónico:
El objetivo de la Family Caregiver Alliance (FCA) es mejorar la calidad de vida de los cuidadores ofreciendo información, servicios, investigación y asesoramiento legal.

A través de su National Center on Caregiving (Centro Nacional de Cuidados), la FCA ofrece información sobre las actuales políticas sociales y públicas, y sobre los asuntos relacionados con el cuidado de individuos. Además, brinda asistencia para el desarrollo de programas públicos y privados para cuidadores.

En el caso de los residentes del área de la Bahía de San Francisco, la FCA brinda servicios de apoyo directo para los cuidadores de las personas con mal de Alzheimer, derrame cerebral, lesión cerebral traumática, enfermedad de Parkinson y otros trastornos que afectan a las personas mayores.

Eldercare Locator
(800) 677-1116

Servicio público de la U.S. Administration on Aging (Administración para la Vejez de los Estados Unidos) que puede conectarlo con el Servicio de Protección de Adultos de su localidad y/o la Area Agency on Aging (Agencia Zonal para la Vejez).

Lotsa Helping Hands https://lotsahelpinghands.com/ Sitio web que lo ayudará a crear, organizar y mantenerse en contacto con su familia, sus amigos y la comunidad de cuidadores.

Esta ficha descriptiva fue confeccionada por la Family Caregiver Alliance y financiada por la Palo Alto Medical Foundation y el California Department of Mental Health. Escrito por Francine Russo y basado en su libro, They’re Your Parents, Too! How Siblings Can Survive Their Parents’ Aging Without Driving Each Other Crazy (2010), New York: Bantam. © 2011 Family Caregiver Alliance. Todos los derechos reservados.

Tener hermanos es algo maravilloso y que puede ser muy positivo para los niños, pues con ellos pueden aprender y compartir muchas cosas, así como ayudar a mantener alejados sentimientos negativos. Y claro, el trato que den los padres influirá en la relación que tendrán los hermanos.

Cuando nace un hermano menor, el mayor tiende a crecer de golpe, y después de unos años, en algunas familias -de manera inconsciente o deliberada- adquiere ciertas responsabilidades relacionadas con su hermano menor. Pero, ¿deben los hermanos mayores cuidar de los más pequeños?

Cada familia es diferente

Desde luego que con un tema así no podemos simplemente generalizar y ya, pues existen muchos factores que debemos considerar antes de responder esta pregunta. Cada familia es diferente y por lo tanto sus necesidades o su manera de funcionar y organizarse será distinta a las demás.

Por ejemplo, si ambos padres trabajan fuera de casa y los hermanos se llevan entre ellos una cantidad suficiente de años para que se note la diferencia, llegada cierta edad es posible que el hermano mayor se haga cargo de algunas cosas si los dejan en casa después del cole para volver a su oficina.

En otras familias quizás, por la poca diferencia de edad entre cada hermano, el que uno de ellos sea responsable o ayude a cuidar al otro, simplemente no es una opción y ni siquiera es algo para considerar.

La ‘presión’ de ser el hermano mayor

Como mencionaba al inicio de este artículo, cuando nace un bebé, el hermano mayor parece mucho más grande de lo que es, pues ahora que hay otro niño más pequeño en casa, se comienza a ver la diferencia entre uno otro, pareciendo uno muy pequeñito y otro más mayor de lo que en realidad es.

Ahora que el más pequeño de la casa requiere también cuidado y atención de los padres, es posible que cambie el trato hacia el hermano mayor, ya que ahora el menor los necesita para muchísimas cosas que el más grande ya sabe hacer. De alguna manera, esto hace que los padres se creen ciertas expectativas del hermano mayor, que no existían antes de la llegada de un nuevo bebé a casa.

En mi experiencia como hermana mayor, no recuerdo que alguna vez mis padres me hayan dicho el famoso «debes dar el ejemplo», pero sí recuerdo sentir que ellos esperaban mucho o más de mí. De alguna manera me daba la impresión de que debía hacer mejor las cosas o que conmigo eran más exigentes que con mi hermana menor.

Desde luego, esta es mi percepción, pero hablando con otras personas que también son hermanos mayores, encontré que teníamos sentimientos similares. Hace tiempo compartíamos un artículo que hablaba de cómo influye el orden de nacimiento de los hijos en su personalidad, y ahí se comentaba que los mayores tendemos a ser más perfeccionistas, responsables y ordenados, porque no queremos defraudar.

Involucrar a los mayores en el cuidado de los menores, sí, pero con medida

Volviendo a la pregunta que titula este artículo, considero que no, los hermanos mayores no deberían cuidar de los pequeños, al menos no como si fuera su responsabilidad. Un hermano no es un padre, y son únicamente los padres los únicos responsables del cuidado de los hijos, sean pequeños o mayores.

Los hermanos mayores claro pueden participar y apoyar en algunos cuidados de sus hermanos menores, quizás como el observar que no corran algún peligro o acompañarle y tal vez enseñarle algunas cosas, pero al final del día, el cuidado es trabajo de los padres.

Nosotros debemos fomentar una buena relación entre hermanos, y no hacerlos que sientan que alguno de sus hermanos es responsabilidad de ellos, o peor, que sientan que son una carga. Podemos involucrar al mayor en los cuidados de un nuevo bebé, para que él se sienta partícipe en la llegada del nuevo miembro y que hace equipo con sus padres. Pero es más importante que se sienta a gusto.

Cuando preparamos a los niños para la llegada de un hermanito, es normal que a ellos les dé gusto participar y solitos tengan la iniciativa de ayudar a cuidarlo. Pero lo que no debemos permitir o hacer sentir a los hijos mayores, es que su hermano menor es su responsabilidad ni exigirles demasiado solo porque son más grandes.

Fotos | iStock
En Bebés y más | Involucrar al hermano mayor en el cuidado del bebé, El hermano mayor suele ser responsable, pero también debe ser flexible

SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS, sábado 5 julio 2008
Publicamos el mensaje del obispo de San Cristóbal de las Casas, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, sobre los problemas que pasa la familia en México y, concretamente, las repercusiones del alcoholismo, la infidelidad y el divorcio entre los niños.
Padres egoístas e injustos
Ver
En el reciente encuentro diocesano de catequistas de niños, con casi 400 participantes, se trataron los valores y derechos de los niños. Me llamó la atención cómo se repitió cuánto sufren éstos por el alcoholismo de sus padres, por sus pleitos, por sus infidelidades y, sobre todo, cuando se separan. Una joven catequista comentaba las penas de los hijos de una madre soltera, porque viven inseguros, expuestos a comentarios y burlas, desconfiados de su futuro. Se resaltó cómo unos padres egoístas, que sólo piensan en sus propios derechos, violan los de los niños y son injustos con ellos. En una familia desavenida, está la raíz de muchos complejos, de la violencia y agresividad social, de la adicción al alcohol y a las drogas, de la huida del hogar, del suicidio, de la confusión en la identidad sexual.
Son innegables, a veces inevitables, los problemas entre esposos; pero es muy preocupante que cada quien alega sus razones, y no tienen en cuenta la mente y el corazón de los hijos, que requieren, para un crecimiento sano e integral, de un hogar estable y afectuoso. Los catequistas son testigos del sufrimiento de los niños, y tienen la misión de acompañarlos, con la luz de la Palabra de Dios, para que sepan enfrentar positivamente el mundo egoísta e injusto en que se desenvuelven, empezando por su propio hogar.
Juzgar
Según Jesucristo, la propia felicidad se logra sólo cuando uno renuncia a sí mismo, incluso a sus derechos, por el bien de los demás, como es el bienestar de los hijos. Esto puede parecer injusto e inhumano, pero es el único camino para construir personalidades fuertes y seguras. Cuando alguien sólo sabe alegar sus derechos y sólo piensa en sí, se lleva entre los pies su hogar y expone gravemente a los hijos a muchas desventuras en la vida. El egoísmo se paga muy caro, tarde o temprano.
Conocemos ejemplos preclaros de padres, en particular de madres, que soportan todo, con tal de no afectar a sus hijos. Son mártires de la familia, pues exponen su propia vida por ellos. Sin embargo, cada día hay menos jóvenes capaces de asumir esta actitud generosa; muchos ya no quieren ni casarse, mucho menos por la Iglesia, porque no están dispuestos a comprometerse de por vida; sólo quieren darse gusto, aunque sea en forma transitoria y pasajera. Aún más, ni hijos quieren, pues éstos les quitan tiempo, dinero y libertad. No fueron educados para el sacrificio, para el perdón, para el amor, para la generosidad, y no advierten que su egoísmo les traerá una soledad espantosa, que con nada se podrá llenar. ¡Los impulsores del liberalismo sexual y conyugal, no se dan cuenta del mal que hacen a la sociedad!
La Iglesia reconoce el derecho de uno de los cónyuges a separarse del otro, cuando se comprueba una infidelidad, o cuando los golpes, los malos tratos y las ofensas hacen casi imposible la convivencia conyugal; sin embargo, recomienda el perdón y la reconciliación, teniendo en cuenta el bien de los hijos y de los mismos esposos.
El 9 de febrero pasado, dijo el Papa Benedicto XVI: «Desde su concepción, los hijos tienen el derecho de poder contar con el padre y con la madre, que los cuiden y los acompañen en su crecimiento. Por su parte, el Estado debe apoyar con adecuadas políticas sociales todo lo que promueve la estabilidad y la unidad del matrimonio, la dignidad y la responsabilidad de los esposos, su derecho y su tarea insustituible de educadores de los hijos».
Actuar
¡Salvemos la familia! Es un tesoro que con ningún otro se puede comparar, ni comprar. Esposos: ¡salven su hogar, por encima de todo! Ante los problemas, no piensen como primera opción separarse. Si están casados por la Iglesia, sean fieles a su compromiso sagrado de amarse y respetarse todos los días de su vida. Acérquense a la oración, a la Sagrada Biblia, a la Eucaristía, para que encuentren la luz y la fortaleza que necesitan, para seguir adelante. Si no están casados por la Iglesia, de todos modos su unidad y estabilidad es la que mejores frutos produce, para ustedes y los hijos. ¡No sean egoístas ni injustos con ellos! ¡Que no sufran por la inmadurez, el egoísmo y el orgullo de ustedes!
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

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| Familia

El Gobierno chino impuso hace unos días la visita a los mayores por ley. Esta norma, claramente intrusiva en la libertad individual de los chinos, no sólo obliga a los ciudadanos a visitar y velar por sus ancianos, sino que las empresas tienen también el deber de favorecer estas visitas otorgando más vacaciones a sus empleados. La ley no deja de ser un tanto vaga puesto que no especifica la frecuencia ni tampoco el castigo, por lo que parece más una recomendación de tipo ejemplarizante. Para el sociólogo Amando de Miguel, se trata de una “intromisión en la vida privada de origen oriental y totalitario”. “Nosotros no pasaríamos por eso. No se puede obligar a un ciudadano a llevar una determinada conducta privada, no hay ningún fundamento de orden público que lo justifique”, asegura.

Lo cierto es que algunos países, sobre todo del sur de Europa, recogen en sus leyes la obligación de atender a las personas mayores y España es uno de ellos. “Nuestro código civil dice que tenemos obligación de dar alimentos a los hijos y a los ascendientes. Y cuando habla de alimentar, el código civil se refiere cubrir sus necesidades en general, no sólo la comida, si bien no se puede suponer que esta norma lleve implícita la atención afectiva y dentro de ella, la visita”, explica la vicepresidenta de la Sociedad Española de Gerontología y Geriatría, Pilar Rodríguez Rodríguez, quien añade que es una ley difícil de hacer cumplir, “pero existe y los mayores podrían reclamarlo, cosa que no hacen porque no quieren estigmatizar a sus hijos ni ser una carga para ellos”.

Esta norma es característica a todos los países del sur de Europa – España, Italia, Portugal… – y a ellos también se podría sumar Alemania, que regula específicamente que los hijos tienen obligación de atender a sus padres. “En Alemania ha aparecido recientemente el concepto de ‘abuelidad’, que concede diversos derechos a los abuelos respecto a los nietos, como puede ser el derecho de visita, de tutela o incluso el derecho a una pensión por sus cuidados”, apunta el sociólogo Amando de Miguel.

Este derecho de visita a los nietos también se está planteando en España en muchos casos de separación o divorcio, “pero se trata de casos judiciales concretos en los que el juez tiene esta sensibilidad y de momento no está legislado”, añade Pilar Rodríguez.

En los países del sur la solidaridad familiar es más eficaz que los servicios públicos

En general, los países del sur de Europa tienen la tradición social de cuidar a sus mayores y esta solidaridad familiar funciona y sustituye o complementa a los servicios sociales, que se han desarrollado mucho más tarde que en otros países. A este modelo habría que enfrentar el que se practica en los países nórdicos, donde no hay obligación legal de cuidar a los ancianos, aunque esto no quiere decir que no se haga nunca. “Los suecos, los noruegos, los daneses… también cuidan en buen grado de sus ancianos y hay muchos estudios que lo corroboran, aunque al no ser una tradición social tan arraigada ni estar regulado por ley, ellos han desarrollado unos servicios públicos muy completos que dan una gran cobertura. La principal diferencia, quizás, esté en el tiempo y en la intensidad. A nosotros, cuidar de nuestros ancianos o nuestros dependientes nos absorbe completamente, con una sobrecarga y un estrés considerables. En estos países, digamos que dividen la carga porque tienen muchos servicios públicos disponibles”, explica la vicepresidenta de la Sociedad Española de Geriatría.

Los abuelos del sur se sienten peor cuidados que los del norte

Lo curioso de estos dos modelos es que cuando se hacen estudios sobre el nivel de satisfacción con la vida que tienen los ancianos en el norte y en el sur y en las relaciones sociales con sus hijos, los ancianos del sur se consideran peor atendidos y tienen menos sensación de que se ocupen de ellos, mientras que en el norte ocurre lo contrario. “Esto se explica por las expectativas que uno tiene en esta etapa de la vida. Si tú te has socializado y estás acostumbrado a un contacto prolongado con la gente luego lo echas en falta, mientras que si vives en una sociedad donde el valor es la independencia y la emancipación, la sensación de soledad no se agudiza tanto”, explica Pilar Rodríguez.

~Las sanciones
por inasistencia alimentaria de hijos a padres son recíprocas, es
decir, tienen la misma penalidad, las cuales van de 16 a 54 meses de cárcel y multa de
13.33 a 30 salarios mínimos legales mensuales vigentes.~

A la alegre vecina, amante de la carranga, el semblante le cambia al entrar a su viejo rancho en Los Olivos. La risa se convierte en llanto y los saludos en lamentos. Desde hace un par de semanas su hijo mayor y única compañía se fue de la casa.

“Mi hijo era el único que estaba pendiente de mi. Me ayudaba con la comida y el pago de los servicios, pero se enfermó y mis nietos se lo llevaron para Arauca”, recuerda con nostalgia.

Simona trajo al mundo 16 hijos, de los cuales sobreviven 10, y su lista de nietos llega a la media centena. Sin embargo, dice no recibir ayuda de ellos.

“Unas nietas me colaboran con el almuerzo, y el resto no me da nada. A duras penas tienen para ellos”, explica mientras muestra los recibos del agua y de la luz que ya están para corte.

Su única entrada de dinero es la del subsidio de Colombia Mayor. Ella hace parte de los 16.000 adultos mayores de Cúcuta que reciben, cada dos meses, un auxilio de $150.000. Es decir, debe alimentarse, comprar medicina, vestirse, y pagar recibos con $2.500 diarios.

Una situación similar vive Ángela Aguilar, de 88 años. Su esposo murió hace 25 años y pese a que tuvo cinco hijos ninguno se hace cargo de ella. Tres de sus hijos siguen en Cúcuta y los otros dos viven en Venezuela. Subsiste por la caridad de sus vecinas y del subsidio.

Aunque ambas mujeres se enteraron por la radio que los hijos están en la obligación de darle una cuota mensual para su alimentación, se abstiene de demandarlos para no ocasionar disputas familiares.

“Los hijos deben darle a uno las cosas de corazón, por voluntad propia y en la medida de lo que pueden, y no porque los obliguen”, dice acongojada, mientras le echa la culpa de su abandono a sus achaques de vieja.

“Como uno con los años ya no sirve pa’ nada y se vive enfermando, los más jóvenes lo hacen a un lado como para que no estorbe”, afirma en medio de lágrimas.

Los problemas económicos, falta de oportunidad laboral, el desplazamiento, la marginación, y la desintegración familiar, son algunos de los factores a los que se le atribuye la inasistencia alimentaria.

Sin embargo, el principio de la solidaridad debe primar según la Constitución, como es el caso de Ramón Guerrero, quien a sus 77 años, dice estar orgulloso de sus 14 hijos, que pese a no tener solvencia económica le colaboran con su manutención.

La ley a su favor

Según el artículo 411 del Código Civil Colombiano se deben alimentos a los descendientes (hijos) y ascendientes legítimos (padres), y conyugues, en ciertos casos.

Así como la ley obliga a los padres a responder por la alimentación de sus hijos, los hijos tienen este mismo deber con sus papás. Sin embargo, los índices de denuncias de padres a hijos son mínimos en Cúcuta.

Mientras en 2013 y 2014 la Fiscalía registró 1.485 denuncias por inasistencia alimentaria contra los padres en este mismo periodo no se presentó ninguna denuncia contra los hijos.

William González, Defensor del Pueblo, asocia este fenómeno con el desconocimiento de la ley por parte de los afectados. Recordó que en la Defensoría se les presta asesoría en estos temas a los demandantes.

González dijo que el padre que considere que debe recibir un aporte económico de sus hijos para su subsistencia, podrá convocarlos a una audiencia de conciliación extrajudicial en derecho, para acordar la cuantía, modo, tiempo y lugar de un aporte conforme a sus necesidades.

Las audiencias se pueden promover ante cualquier Centro de Conciliación (ubicados en las notarías 1, 2, 3, 4, 5, 6, y 7, Policía Nacional, y Universidad Simón Bolívar). En caso de fracasar la conciliación, podrá iniciar ante un Juez de Familia, un proceso de fijación de cuota alimentaria.

Las cuotas se fijarán de acuerdo al número de hijos y estas no podrán superar el 50 por ciento de los ingresos de cada demandado.

Los hijos de los afectados también pueden instaurar una demanda de este tipo para obligar a sus hermanos a contribuir en la manutención de los padres. En la fijación de cuota alimentaria el juez también puede establecer horarios de cuidado y rotaciones para las visitas médicas del demandante si así lo requiere.

¿Qué pasa con los que no pagan?

María Eugenia Parra, del Juzgado 4 de Familia, aseguró que las sanciones por inasistencia alimentaria de hijos a padres son recíprocas, es decir, tienen la misma penalidad.

Según establece el artículo 233 de la Ley 599 del 2000, Código Penal Colombiano, quien se sustraiga sin justa causa a la prestación de alimentos legalmente debidos a sus ascendientes, descendientes, adoptantes, adoptivos, cónyuge o compañero o compañera permanente “incurrirá en prisión de 16 a 54 meses y multa de 13.33 a 30 salarios mínimos legales mensuales vigentes”.

Descargue aquí el PDF del Proyecto de Ley N° 1590-2016-CR: Hijos estarían obligados a dar pensión de alimentos a sus padres mayores de 65 años

El 23 de junio de 2017 fue presentado el Proyecto de Ley N° 1590-2016-CR como iniciativa de la congresista María Cristina Melgarejo Paucar, en atención a la situación actual que enfrentan los adultos mayores de nuestro país.

El pasado 23 de junio de 2017 fue presentado el Proyecto de Ley N° 1590-2016-CR como iniciativa de la congresista María Cristina Melgarejo Paucar, en atención a la situación actual que enfrentan los adultos mayores de nuestro país.

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Pero cabe tener en cuenta que conforme al artículo 474 del Código Civil, se deben alimentos los cónyuges, los padres a hijos, los hermanos y también los hijos para con sus padres (cónyuges, ascendentes y descendientes, y hermanos).

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Los padres, incluso, pueden demandar a sus hijos así estos no se hayan hecho cargo de sus hijos, para lo cual solo bastará demostrar la relación de parentesco, así como el estado de necesidad, ora con un certificado de insolvencia ora con uno de salud.

Así también, cabe apuntar que existe la Ley de la Persona Adulta Mayor (Ley Nº 30490), que fija obligaciones para la familia (que incluye al cónyuge, conviviente, hijos, nietos y hermanos) tales como velar por la integridad física y emocional de los progenitores, además de cubrir sus necesidades básicas (salud, vivienda, alimentación y otros).

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De acuerdo con lo descrito en la exposición de motivos, en un estudio realizado por la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES), el 30% de hogares tiene adultos mayores en casa, mientras que un 69% no. Lo que nos precisa una idea del número de adultos mayores que pueden encontrarse en una situación de abandono en la actualidad y el impulso que origina, a su vez, la necesidad de regular con mayor énfasis esa situación.

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Al respecto, presentamos a continuación la fórmula legal del presente proyecto de ley, para un mejor análisis de su lectura:

FÓRMULA LEGAL

El Congreso de la República
Ha dado la siguiente Ley:

PROYECTO DE LEY

LEY QUE INCORPORA EL ARTICULO 473-A DEL CÓDIGO CIVIL QUE OBLIGA A LOS HIJOS A DAR PENSIÓN DE ALIMENTOS A SUS PADRES MAYORES DE 65 AÑOS

Artículo 1°.- Incorporación del artículo 473-A del Código Civil.-

Incorpórase el artículo 473-A del Código Civil que obliga a los hijos a dar pensión de alimentos a sus padres mayores de 65 años de edad, en los términos siguientes:

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«Artículo 473-A.- Alimentos a los padres de familia mayores de 65 años y en estado de necesidad

El padre o madre de familia mayor de 65 años de edad, que se encuentre en estado de necesidad económica y con imposibilidad de mantenerse por sí mismo, podrá reclamar a los hijos mayores de edad pensión de alimentos, siempre que se encuentren en condición de proveerlos».

Artículo 2°.- Deroga dispositivos legales

Derógase todas las normas legales que se opongan a la presente ley.

Tus padres y tú: un rol difícil

«Mi padre se ha caído varias veces»

Lo primero es conocer el motivo de las caídas. Pueden detectarse enfermedades cardiacas o neurológicas. El médico tiene que observar cómo es el estado del aparato músculo-esquelético, el estado de sus pies, observar si aparecen alteraciones en el equilibrio o si hay otras lesiones de vista y oído. Detectar la influencia de medicamentos como sedantes o hipnóticos.

¿Qué medidas tomar?

Con el diagnóstico podremos saber cuál puede ser la solución a nivel físico, pero también procurar que la casa no tenga un suelo deslizante, evitar las alfombras, eliminar los muebles bajos, colocar puertas correderas en muebles y armarios, etc. Procurar que utilicen un calzado que sujete el pie correctamente y llevarle al podólogo. Si es necesario, debe utilizar un bastón o un andador y hacerse revisar la graduación óptica.

«Mi padre está muy triste»

César (62 años) se desespera cuando observa a su padre triste, sentado en su butacón sin querer salir de casa.
La depresión es desesperante tanto para el que la padece como para los familiares. Tenemos que hacer un esfuerzo por comprender que es una enfermedad y, como tal, hay que tratarla. Es imprescindible acudir al psiquiatra en primer lugar, pues deberá medicarle. Por otro lado, debemos respetar su dolor y su silencio y comprender que no está así porque quiere.

¿Qué hacer?

En ocasiones, los familiares deben ir a un psicólogo para poder recibir apoyo y consejos de cómo ayudar al enfermo.

Es imprescindible estar a su lado sin hacer nada especial, porque es más curativo una caricia, un abrazo, una frase de amor que cualquier discurso. Vigilar que se tome la medicación y, cuando se observen los efectos positivos, intentar que salga a dar paseos, visitar amigos, ocuparse de alguna tarea, aunque al principio no quiera o no tenga mucho ánimo. Pero, por encima de todo, no olvidar recordarle que se le quiere y que la familia le está agradecida.

¿Cómo debemos cuidarnos los cuidadores?

Cuando nos enfrentamos a las severas consecuencias de las enfermedades de nuestros padres y la necesidad de atención va aumentando progresivamente, debemos tener claro que, si queremos ayudarlos, debemos hacer lo posible para estar bien, alegres, fuertes, capaces. Ellos lo percibirán y nos lo agradecerán.

Por mi experiencia puedo afirmar que todas aquellas personas que han acompañado y facilitado todos los recursos posibles a sus padres, ya sea en sus casas o en residencias especializadas, se sienten profundamente orgullosas por sus acciones, superan fácilmente el duelo, recuerdan a sus familiares con amor y alegría y, lo más importante, se sienten con el deber cumplido y la conciencia tranquila.

Lo que hay que evitar

Dejarnos presionar

María José decidió cuidar de su madre. Cada vez que María José tenía que salir a realizar cualquier actividad, la madre la reclamaba, e incluso la chantajeaba, para que no se separara de ella ni un minuto. En ocasiones los ancianos se vuelven infantiles y egoístas. Es preciso ponerles un límite claro y, aunque en un principio se enojan, saben adaptarse a las situaciones mucho mejor de lo que creemos. Necesitamos paciencia y muchas dosis de cariño.

Creernos Supermán

Luisa (54 años). Su padre sufrió un grave accidente y está postrado en la cama. No permitió que sus hermanos la ayudasen: «Nadie le cuidará mejor que yo». Perdió 15 kilos y, a consecuencia de su actitud, padeció de anemia y hubo que hospitalizarla.

Dejarnos abatir por la desesperanza

Uno puede morirse de pena, pero eso no cambia el proceso. No queda más remedio que aceptar las cosas como son. Esto nos permite ser testigos serenos de lo inevitable y dejar de pelear. Hay que evitar que nuestra energía se convierta en algo negativo, destructivo e inútil; la necesitamos para hablar, acariciar, abrazar, sonreír y extraer del pasado todo lo bueno que vivimos con nuestros seres queridos.

Negarnos la posibilidad de disfrutar o desconectar

Mercedes (38 años). Iba a ser su cumpleaños y su padre estaba en el hospital por un infarto de miocardio. Ya había pasado el peligro pero no tenía ganas de celebrar nada. Su marido organizó una fiesta sorpresa. Cuando llegó a casa, la familia se empeñó en alegrarla un poco. Pero ¿cómo iba a disfrutar si su padre estaba en el hospital? Se amargó y amargó a todos. Nos debemos preguntar: Si fuéramos nosotros los que estamos en esa situación, ¿nos gustaría ver a nuestros hijos sufriendo?

Mentirles

Decir la verdad sobre su estado de salud depende de cada uno, es una decisión muy delicada. Habrá personas que estén dispuestas a escuchar la verdad, otras la oirán y no la aceptarán o la negarán, y otras creerán que somos crueles por ser sinceros. Pero al final es bueno saber. Es bueno arreglar papeles, asuntos familiares, temas sin resolver, antiguas deudas, decir «lo siento». Los asuntos sin resolver no dejan descansar. Tal vez el secreto es observar y dar la información que nos pidan en el momento en que el enfermo o anciano está capacitado para saber la verdad.

Victoria Artiach Elvira. Psicóloga-psicoterapeuta.

Cuando ya no puede posponerse el baño, dar algún control a la persona puede ser útil. Puedes darle la opción de bañarse antes o después del almuerzo, permitir que escoja la ropa que va a vestir o dar a escoger entre dos actividades que sabes le gustan y que harán después. Sin entrar en conflicto le das opciones y las respetas, dándole así control sobre algún aspecto de su vida.

Para un hijo que conozco, la peor parte del día para su padre era desvestirse antes de bañarse. El hijo redefinió las condiciones para ducharse: él se vestía en traje de baño y los dos conversaban bajo el agua mientras el aseo personal se llevaba a cabo. Mientras el adulto mayor esté seguro, no hay reglas que no puedan modificarse.

A la hora de cepillar los dientes

En ocasiones el cepillarse los dientes se convierte en un reto. Debes revisar las cerdas del cepillo —que no sean ni muy duras ni muy blandas—, revisar la boca para ver si tiene ulceras o alguna lesión que le produzca dolor al cepillarse, y asegurar que la pasta dental o el enjuague bucal no sean demasiado fuertes y estén provocando incomodidad. Intenta usar una pasta dental de diferente sabor o color, y cepíllate los dientes a la misma vez que la persona que cuidas.

Si la raíz del problema es dolor en las articulaciones de las manos, puedes adaptar el cepillo de dientes para hacer su mango más grueso y cómodo de agarrar. Usa algo de distracción a tu favor y pon música del agrado de la persona que cuidas a la hora de cepillarse los dientes.

Cuando surgen las rabietas o las discusiones

Es importante reconocer que para el adulto mayor y para quien lo cuida hay un cambio de roles. Quien fue el padre, protector, y persona independiente es ahora la persona que depende de otra para muchas cosas. En el evento de conversaciones que se tornan en discusiones que van escalando, te recomiendo hacer lo siguiente:

  • Escucha con mucha atención lo que dice el adulto mayor. No completes las oraciones, pero sí acepta la posibilidad de que sus momentos de silencio son para formular respuestas.
  • Asegúrate de que pueda escucharte. A muchos no les gusta aceptar que no oyen bien y que están perdiendo partes de la conversación. Pronuncia las palabras más despacio y claramente. Evita usar tonos altos (especialmente una voz aguda).
  • Mira al adulto mayor cuando le hables y procura no tener que competir con el volumen de la radio o televisión.
  • No le hables como si fuera un niño. Infantilizar a la persona solo empeora las cosas al percibirse como un robo de dignidad.
  • Evita dar consejos si no te los piden. Al contrario, cada vez que tengas la oportunidad, pide la opinión del adulto mayor y hazle saber que valoras su experiencia.
  • Acepta que se pueden tener opiniones diferentes sin tener que entrar en conflicto. Se puede aprender a estar en desacuerdo respetuosamente.
  • Utiliza la distracción como técnica para cambiar el foco de atención. Esto es especialmente útil en las personas que viven con demencia.

Las pataletas

Las pataletas pueden ser muy frustrantes. En otra columna te presentaré estrategias eficaces para encarar estas situaciones cuando la persona que cuidas tiene demencia.

Cada vez que puedas, trata de reír con tu ser querido —y no a expensas suyas—; el humor puede ser muy útil para darle un giro positivo a una discusión. La risa puede ser el mejor remedio.

Advierte Ferlosio en uno de sus pecios, y advierte como siempre bien, de que hay que prestar suma atención a las ideas que se tienen al llegar a la edad de la jubilación porque como de viejo ya no se cambia de opinión “ésa va a ser su renta hasta el fin de sus días”. Pues bien, creo que se puede extender esa misma admonición a otros campos de la vida y el comportamiento.

Sin caer en actitudes como las descritas en el Diario de la Guerra del Cerdo de Adolfo Bioy Casares, esa desazonadora novela acerca del enfrentamiento intergeneracional del que ninguna generación sale bien parada, creo que se puede mantener que es habitual observar comportamientos de los viejos marcados por un egoísmo tan radical como sorprendente, más aún si se tiene en cuenta que una de las posiciones típicas de la sentimentalización ideológica del mundo moderno ha sido la descarada “venta” de que los viejos son el prototipo de la generosidad, el desprendimiento, el desapego de lo propio y la dulzura para con los demás.

Y sin embargo. ¡Ay! Sin embargo es tan frecuente en la vida cotidiana observar los contrario. Es así de los más usual ver a viejos saltándose una cola, ya sea en un supermercado o en un cine o en cualquier otro lugar, que ni llama la atención, al igual que es lo normal observar cómo son viejos quienes mayoritariamente eluden la obligación de recoger las cacas que sus perros dejan en las aceras (y, más concretamente, a las puertas de los edificios al lado de los suyos, es decir, no donde ellos viven). Es también extremadamente raro asistir a alguna situación en la que un viejo tenga alguna delicadeza con algún joven, «perdiendo» por ejemplo parte de ese tiempo que, ahora, de jubilados ya les sobra, dejando por ejemplo pasar en una cola de un mercado a un padre o madre agobiados por la “falta de tiempo” consustancial a la vida de la gente de mediana edad.

Y si de la vida cotidiana saltamos a la vida pública o política tenemos más de lo mismo: los viejos a la hora votar se suelen regir por el más estricto conservadurismo que aspira a que todo se mantenga igual, salvo cambios en el sistema de pensiones que redunden en una mejora para ellos. Las consecuencias en el medio y largo plazo de ese conservadurismo no les importan. El “detrás de mí el diluvio” parecería ser la consigna a la que se apuntarían la gran mayoría de viejos, por supuesto con las honrosas excepciones que siempre hay. No es por ello extraño que, de vez en cuando, se oigan comentarios donde los términos «viejuno» o «viejomierda» asoman, y es que al haber cada vez más viejos, más evidentes y abundantes son estos comportamientos.

A la hora de “explicar” estas actitudes y comportamientos tan egoístas caben muy diferentes puntos de vista. Hay quienes suponen que los viejos que son tan egoístas lo son porque lo han sido así siempre, pues “la gente no cambia nunca”. Y también están quienes, al contrario que los anteriores, hablan de que debe haber algo así como una “lógica” circular, un “ciclo de la vida”, en los comportamientos -que quizás tenga incluso una base neuronal- y que llevaría a que los viejos se caractericen, cuando empiezan el tramo final de sus vidas, por un comportamiento egoísta similar en muchos sentidos al que se suele tener en los tramos iniciales de la vida, es decir, que retoman el paradigmático egocéntrico comportamiento de niños y adolescentes y se comportan como ellos.

Pues bien, creo que aquí la Economía puede ayudar a encontrar una explicación. En efecto, uno de los mayores descubrimientos en el terreno de las ciencias sociales de las últimas décadas es la de que la cooperación entre individuos, entendida como el que estos dejen de lado los comportamientos egoístas en sus interrelaciones, no requiere necesariamente de la existencia de una autoridad externa que la imponga penalizando por ejemplo los comportamientos no deseados, sino que en muchos casos, puede surgir espontáneamente. Dicho de otra manera, que la colaboración y la cooperación puede ser el comportamiento normal o habitual entre individuos que, sin embargo, buscan cada uno su propio interés. Tal comportamiento se suele denominar “egoísmo ilustrado”, una suerte de oxímoron pues viene a decir que la mejor forma de perseguir el propio interés, es decir, la mejor forma de ser egoísta exige o pasa, paradójicamente, por no ser egoísta.

Los teóricos de la Teoría de Juegos, y singularmente hay que hacer mención aquí a Robert Axelrod que fue quien ha popularizado el asunto en su magnífica obra La evolución de la cooperación, han encontrado que en las situaciones en que se hace que individuos egoístas y racionales se enfrenten entre sí en situaciones o “juegos” tipo dilema del prisionero, que se caracterizan como es bien sabido porque el comportamiento racional para cada individuo es el de no cooperar nunca con los demás para, por un lado, evitar el ser engañado/”tangado” por los demás, caso de que uno “vaya de bueno o colaborador”, y, por otro, engañar a quienes “vayan de buenos o colaboradores”, es decir, de “pringados”, resulta sin embargo que la estrategia de cooperación con los demás suele ser más rentable por término medio (y por ello resultan ser más elegidas) que la que trata de aprovecharse del otro cuando se da una serie de circunstancias entre las que se destacan dos: 1ª) que no haya demasiada diferencia de riqueza entre los jugadores, y 2ª) si la duración del juego es indefinida, es decir, que ningún individuo sepa cuándo acabara la interrelación.

En estas dos circunstancias, aunque estén jugando al dilema del prisionero, a los individuos no les interesa el actuar egoístamente, o será, el ser racionales privadamente, sino el colaborar no egoístamente con los demás y de esta forma seguir los dictados, no de la racionalidad individual, sino de la racionalidad colectiva, lo que les interesa a todos como grupo. Y la razón es que si los individuos se “parecen” en su posición social y económica y si se van a relacionar de forma indefinida, les interesa en cada interacción no “tangar” a los otros, en la medida que ese comportamiento egoísta afectará a cómo se relacionarán esos “otros” en el futuro. Los engañados o “tangados” hoy por un individuo determinado buscarán obviamente “devolvérsela” en el futuro. Incluso para los demás, para quienes no hayan sido “engañados” hoy, el haberlo hecho con otros generará a quien lo haga una reputación de egoísta que supondrá que los demás no quieran relacionarse con él en el futuro, perdiendo así posibilidades de interacción ventajosa.

Aplicado este resultado teórico al caso que nos ocupa nos ofrece una explicación del cambio de comportamiento de los individuos hacia actitudes más egoístas conforme se hacen viejos. Por un lado tenemos el hecho de que en toda sociedad los individuos se encuentran continuamente insertos en situaciones que pueden caracterizarse como ejemplos de dilemas del prisionero o de otras interacciones o “juegos” donde también la racionalidad individual prescribe comportamientos diferentes a los que exigiría la racionalidad colectiva.

No merece la pena detenerse en esto pues es obvio, y es precisamente la causa o razón de que en toda sociedad haya habido que establecer códigos morales y legales que incentiven y prescriban los comportamientos socialmente deseados y prohíban y castiguen los no deseados colectivamente aunque sí lo sean por parte de los individuos.

Ahora bien, también se tiene, por otro lado, y como acaba de decirse que la ventaja de comportarse de modo no egoísta depende de que los individuos prevean que se van a “ver las caras” muchas más veces en el futuro de modo que es de interés para ellos el colaborar hoy con los otros para así ganarse una reputación de colaborador que se verá recompensada en ulteriores colaboraciones. La implicación es que si el futuro se acorta, los incentivos a colaborar, a no ser egoísta, disminuyen, pues…¿para qué va uno a colaborar hoy con otro en un dilema del prisionero si ya no voy a vivir mañana? Lo racional conforme el futuro se acorta, y eso es una de las características de la vejez, es pues el ser egoísta, el mirar sólo por uno mismo.

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