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Quemazon en la espalda

Tabla de contenidos

Una de las manifestaciones más irritantes y molestas que pueda tener un dolor de espalda es la que comprende una sensación de ardor en el área afectada. No deja de ser una sintomatología relacionada con los hormigueos, dado que el fenómeno conocido como parestesia puede presentarse en nuestro cuerpo en diferentes grados de dolor, desde un ligero cosquilleo hasta la más desagradable sensación de ardor. Resulta una dolencia frustrante ya que puede llegar a interrumpir el devenir diario en el desarrollo de nuestro trabajo o estudio.

Causas del ardor en la espalda

Las causas en sí mismas van a tener mucho que ver con el área concreta de la espalda que ha sido afectada por una lesión o dolencia específica. Sin embargo, resulta, en el común de los casos, de la afectación física de alguna terminación nerviosa –pinzamiento de un nervio o presión aplicada directamente en el nervio- o una enfermedad nerviosa como la esclerosis múltiple o algún tipo de neuropatía. Debemos estar atentas a esta clase de sintomatología, pues puede llegar a indicarnos el desarrollo de una patología grave.

Una mala postura al dormir, sobre todo boca abajo, puede ser una causa muy común en la manifestación de los ardores en la espalda, así como un exceso de presión en los músculos como resultado de la realización de actividades físicas duras como algunos deportes de equipo o el mero levantamiento de pesas. Las posturas erróneas en el desempeño de estas acciones pueden debilitar la musculatura de la espalda.

El aumento de peso habitual en un proceso de embarazo puede resultar una causa bastante frecuente en la generación de ardores en la espalda, tanto en la zona lumbar como en la dorsal y la cervical. A lo más habitual se suman determinados tipos de lesiones a las que pueden acompañar la desagradable sensación de ardor: hernia de disco, ciática, subluxaciones espinales u osteoartritis.

Tratamiento de la sensación de ardor

Una de las claves para evitar los ardores en la espalda pasa por tener una correcta higiene postural. Tanto cuando permanecemos sentadas como de pie durante mucho tiempo, debemos permutar estas posiciones por otras de forma que evitemos sobrecargar determinadas áreas corporales. Cuando nos proponemos dormir, hemos de contar con un colchón firme y una cama con la altura adecuada, además debemos evitar dormir boca abajo y asegurarnos de apoyar bien la espalda.

Los ejercicios aeróbicos, los entrenamientos de mantenimiento y de fuerza y las tablas de estiramientos suponen una gran ayuda para evitar este tipo de dolencias. No sólo vamos a desarrollar y potenciar la musculatura de la espalda, sino que también mejoraremos la circulación sanguínea . Combinar el deporte con terapias de masajes es, quizá, el método más eficaz para remediar cualquier tipo de dolor de espalda.

Su cuerpo

Lesión del plexo braquial (ardor o quemazón)

(Burner (Stinger))

Como jugador de fútbol americano, James vio que muchos de sus compañeros de equipo sufrían lesiones en el plexo braquial, a las que los entrenadores se referían como “ardor” o “quemazón”. Pero él nunca había tenido una lesión de este tipo hasta un partido que jugó durante su primer año de de secundario. Hizo un tacle y su casco chocó de forma inadecuada contra otro jugador, desplazándole la cabeza y el hombro en direcciones opuestas.

Sintió un dolor muy intenso en el hombro y el cuello, y el brazo se le quedó completamente insensible. James salió del campo de juego y se sentó en el banquillo mientras uno de sus entrenadores le formulaba preguntas sobre la lesión. Afortunadamente, el dolor desapareció y su brazo recuperó la sensibilidad al cabo de pocos minutos.

¿Qué es una lesión del plexo braquial?

Este tipo de lesiones, que cursan con ardor o quemazón en hombros y cuello, afectan a los nervios de la parte superior del brazo. El dolor desciende por el brazo de una persona desde el hombro hasta la mano.

Los nervios del brazo salen de forma ramificada de la médula espinal cerca de la base del cuello. Se reúnen en la parte superior del hombro en un haz denominado plexo braquial. Cuando el plexo braquial se estira demasiado, se pellizca o se golpea, pueden surgir este tipo de lesiones. El dolor puede ser bastante intenso y se siente una especie de descarga eléctrica o rayo que desciende a lo largo del brazo. La mayor parte de este tipo de lesiones son de corta duración y sus síntomas suelen desaparecer rápidamente.

¿Cuáles son los signos de una lesión del plexo braquial?

Por lo general, la gente siente el ardor o la quemazón solamente en un brazo y el dolor desaparece al cabo de uno o dos minutos. En casos excepcionales, los síntomas pueden durar horas, días o incluso más tiempo.

El dolor intenso o la pérdida de sensibilidad en ambos brazos puede ser un signo de un problema más grave. Llama a tu médico si notas un dolor de este tipo y/o pérdida de sensibilidad en ambos brazos.

Algunos de los signos más frecuentes de una lesión del plexo braquial son:

  • ardor o quemazón intensos o sensación de descarga eléctrica entre el cuello y el hombro
  • sensación de ardor o quemazón intensa en el brazo, mano o dedos de la mano
  • pérdida de sensibilidad, debilidad o sensación de hormigueo en el hombro o el brazo
  • sensación de calor en el área afectada

¿Cómo se puede saber si se trata de algo grave?

Lo más probable es que no necesites ir al médico por una lesión del plexo braquial ya que estas suelen remitir rápidamente. Pero consulta a tu médico si:

  • el intenso ardor o quemazón, la insensibilidad y/o la sensación de hormigueo duran más de cinco minutos
  • los síntomas desaparecen y luego vuelven a aparecer a largo de varios días
  • presentas síntoma en ambos brazos

El médico te formulará preguntas sobre qué es lo que sientes y cómo ocurrió la lesión. También te explorará, analizando el dolor, la sensibilidad al tacto o presión y la fuerza del brazo afectado y te evaluará los reflejos y la movilidad de ese brazo.

Probablemente el médico te pedirá pruebas de diagnóstico por imagenes si presentas cualquiera de los siguientes síntomas:

  • lesiones del plexo braquial recurrentes
  • dolor de cuello
  • síntomas en ambos brazos
  • debilidad que se prolonga durante más de unos pocos días

Las pruebas de diagnóstico por imagenes, como las radiografías o las resonancias magnéticas (RM) ayudan a los médicos a evaluar el alcance de la lesión y a descartar afecciones de mayor gravedad, como una fractura de columna vertebral.

¿Qué ocasiona las lesiones del plexo braquial?

Las lesiones del plexo braquial pueden ocurrir cuando la cabeza de una persona se desplaza con fuerza hacia abajo y en la dirección contraria a la del hombro. Esto flexiona el cuello y pellizca o distiende los nervios del cuello y del hombro. Un movimiento repentino de la cabeza hacia un lado, como en las lesiones tipo latigazo cervical, también puede pellizcar estos nervios.

Este tipo de lesiones también puede ocurrir cuando se producen hematomas en la zona de los nervios del plexo braquial. Esto puede ocurrir cuando la presión sobre la cabeza o el área que hay encima de la clavícula hace que los nervios se compriman contra un hueso.

El hecho de practicar deportes de contacto, sobre todo el fútbol americano y la lucha libre, incrementa el riesgo de que una persona sufra lesiones del plexo braquial. Estos deportes aumentan las probabilidades de que una persona se caiga sobre la cabeza, como en los tacles del fútbol americano o en las caídas de la lucha libre. Los impactos en cabeza, cuello y hombros que tienen lugar en el fútbol americano lo convierten en la actividad atlética que provoca la mayoría de lesiones del plexo braquial.

¿Cómo puedes prevenir este tipo de lesiones?

Lo cierto es que es imposible evitar todas las lesiones del plexo braquial, pero puedes hacer algunas cosas para hacerlas menos probables si practicas deportes de contacto:

  • Mantén los músculos del cuello y de los hombros tan fuertes y flexibles como sea posible. Esto te ayudará a resistir la fuerza de un impacto en esta área.
  • Haz estiramientos suaves de los músculos del cuello antes que cualquier actividad atlética.
  • Utiliza equipo deportivo de seguridad. Algunas piezas del equipo de fútbol americano, como el protector de cuello o unas hombreras almohadilladas especialmente diseñadas para este deporte, pueden ser sumamente recomendables para quienes hayan tenido una lesión del plexo braquial en el pasado.
  • Aprende y utiliza técnicas deportivas adecuadas. Por ejemplo, nunca tomes la delantera con el casco cuando juegues a fútbol americano.
  • Si te haces una lesión del plexo braquial, tómate tu tiempo antes de volver a la acción. Si notas cualquier debilidad, sensación de hormigueo o dolor en el cuello, evita participar en ningún tipo de deporte de contacto.

¿Cómo se tratan estas lesiones?

Lo primero que deberías hacer para tratar una lesión del plexo braquial es dejar de practicar la actividad que te la ha provocado. En la mayoría de los casos, los nervios se recuperan por sí solos en cuestión de minutos.

Algunas de estas lesiones duran más tiempo y requieren tratamiento:

  • Aplica frío sobre el área afectada. Utiliza cubitos de hielo (envueltos en un paño) o compresas frías durante 20 minutos seguidos cada 2 a 3 horas durante el primer par de días posteriores a la lesión para reducir la hinchazón.
  • Toma medicamentos antiinflamatorios. Los analgésicos, como el paracetamol y el ibuprofeno, pueden ayudar a aliviar el dolor y a reducir la inflamación de cuello y hombros.
  • Conserva la movilidad muscular mientras te recuperas. Haz ejercicios diseñados para mantener cuello, hombros, brazos y manos ágiles y flexibles mientras esperas a que se recuperen los nervios.

Las lesiones de plexo braquial mejoran con el tiempo pero, en los casos más graves, es posible que tengas que trabajar con un fisioterapeuta o entrenador para mantener los músculos fuertes y ágiles mientras te curas.

Como con cualquier lesión, asegúrate de que estás completamente curado antes de volver a hacer deporte. En caso contrario, aumentarán las probabilidades de que sufras otra lesión del plexo braquial en el futuro.

Revisado por: Kathleen B. O’Brien, MD
Fecha de revisión: marzo de 2011

Datos sobre el dolor causado por el cáncer

El hecho de padecer cáncer no siempre significa sentir dolor. Pero si usted tiene dolor, puede colaborar con su equipo de atención médica para asegurarse de que haya un plan de alivio del dolor como parte de su cuidado. Hay muchas clases distintas de medicamentos, diferentes maneras de tomar las medicinas, y métodos no medicinales que pueden ayudar a aliviar el dolor.

¿Cómo puede el dolor afectar a las personas con cáncer?

Cualquier tipo de dolor, no sólo el dolor causado por el cáncer, puede afectar todas las áreas de la vida de una persona. Algunos días pueden ser mejores o peores que otros.

Si usted presenta dolor, es posible que no pueda realizar bien su trabajo o participar de otras actividades de su vida cotidiana. Puede que tenga dificultad para dormir y comer. Usted podría mostrarse irritable con sus seres queridos. Resulta fácil sentir frustración, tristeza e incluso enojo cuando se tiene dolor. Los familiares y los amigos no siempre comprenden cómo usted se siente, y es posible que se sienta muy solo(a). Esto no es inusual, por lo que es importante hablar sobre su dolor con su equipo de atención médica para que puedan ayudarle.

¿Se puede aliviar el dolor causado por el cáncer?

Nunca debe aceptar el dolor como parte normal de su enfermedad. Es importante recordar que todo dolor puede ser tratado. Puede que no siempre sea posible aliviar completamente el dolor causado por el cáncer, pero su médico puede colaborar con usted para controlarlo y reducirlo lo más posible. Saber cómo informar y describir el dolor puede ayudar a su equipo de atención médica a saber cómo tratarlo.

¿Qué causa el dolor en las personas con cáncer?

El cáncer por sí solo a menudo causa dolor. La intensidad del dolor que usted sienta depende de diferentes factores, incluyendo el tipo de cáncer, su etapa (extensión), y otros problemas de salud que presente, así como su tolerancia al dolor. Las personas con cáncer avanzado tienen más probabilidades de sentir dolor.

La cirugía para el cáncer, los tratamientos o las pruebas también pueden causar dolor. Es posible también que tenga un dolor que no está relacionado con el cáncer o su tratamiento. Como cualquier persona, usted puede tener dolores de cabeza, tensión muscular y otros dolores o padecimientos.

Dolor causado por el cáncer en sí

La presión que un tumor ejerce sobre los nervios, huesos u órganos puede causar el dolor del cáncer.

Compresión de la médula espinal: cuando un tumor se propaga a la columna vertebral, puede ejercer presión en la médula espinal. A esto se le llama compresión de la médula espinal. El primer síntoma de la compresión de la médula espinal es generalmente dolor de espalda y/o cuello, y a veces es intenso. También puede sentir dolor, entumecimiento o debilidad en un brazo o una pierna. A menudo, el dolor se intensifica al toser, estornudar o al hacer otros movimientos. Si usted tiene este tipo de dolor, se considera una emergencia y debe buscar ayuda de inmediato.

La compresión de la médula espinal tiene que ser tratada inmediatamente para evitar la pérdida del control de la vejiga o el intestino, o que ocurra una parálisis. Si usted recibe tratamiento contra la compresión tan pronto comienza el dolor, generalmente podrán prevenirse complicaciones graves. El tratamiento para la compresión de la médula espinal suele implicar radioterapia a la zona donde el tumor está presionando en la columna vertebral y esteroides para encoger el tumor. O puede que se pueda someter a cirugía para extirpar un tumor que está ejerciendo presión en la columna vertebral, seguido entonces por radiación.

Dolor en los huesos: este tipo de dolor puede ocurrir cuando el cáncer se origina en los huesos o se propaga a estos. El objetivo del tratamiento puede ser controlar el cáncer, o se puede enfocar a la protección de los huesos afectados. Puede que la radiación externa se use para tratar el debilitamiento de los huesos. Algunas veces se administra una medicina radiactiva que se asienta en las áreas afectadas del hueso para ayudar a fortalecerlas. Los bifosfonatos son medicamentos que pueden ayudar a fortalecer los huesos debilitados y a prevenir las fracturas. Estos son ejemplos de tratamientos que son dirigidos a detener la causa del dolor en los huesos. Puede que usted aún necesite medicamentos contra el dolor, pero algunas veces estos tratamientos por sí solos pueden reducir significativamente su dolor.

El dolor en los huesos también puede suceder como un efecto secundario de los medicamentos conocidos como medicamentos de factores de crecimiento o factores estimulantes de colonias (CSF). Estos medicamentos se pueden administrar para ayudar a evitar que los recuentos de glóbulos blancos disminuyan después del tratamiento. Los medicamentos CSF ayudan al cuerpo a producir más glóbulos blancos, los cuales se forman en la médula ósea. Debido a que la actividad de la médula ósea es más alta con estos medicamentos, puede producirse dolor en los huesos.

Dolor causado por cirugía, tratamientos y pruebas

Dolor causado por la cirugía: a menudo, la cirugía es parte del tratamiento contra los cánceres que crecen como tumores sólidos. Dependiendo del tipo de cirugía, por lo general se espera algo de dolor que puede durar desde unos días hasta varias semanas. Hable con su médico acerca de los medicamentos contra el dolor que puede necesitar después de la cirugía para que no tenga dolor al terminar la cirugía. Al principio, es posible que necesite un medicamento más potente tras la cirugía, pero después de unos días el dolor debe controlarse con medicamentos menos potentes.

Dolor fantasma: el dolor fantasma es un efecto prolongado de la cirugía, aparte del dolor habitual producto de una cirugía. Si una de sus extremidades ha sido amputada, como una pierna, un brazo, o incluso un seno, podría aún sentir dolor u otras sensaciones inusuales o desagradables que parecieran provenir de la extremidad ausente (fantasma). Los médicos no están seguros de por qué esto ocurre, pero el dolor fantasma es real, no está “solamente en su mente”.

No hay un solo medicamento que controle el dolor fantasma en todos los pacientes todo el tiempo. Se han usado muchos métodos para tratar este tipo de dolor, incluyendo medicina contra el dolor, fisioterapia, medicinas antidepresivas y estimulación eléctrica transcutánea en los nervios. Si usted está experimentando el dolor fantasma, pregunte a su equipo de atención médica qué se puede hacer.

Efectos secundarios de los tratamientos de quimioterapia y radiación: algunos efectos secundarios de los tratamientos causan dolor. Si el dolor no se mantiene bajo control, puede incluso causar que algunas personas suspendan el tratamiento. Hable con el equipo de atención médica sobre cualquier cambio que note o cualquier dolor que tenga.

A continuación le presentamos algunos ejemplos de dolor causado por tratamiento contra el cáncer:

  • Neuropatía periférica (PN). Se refiere a dolor, ardor, hormigueo, entumecimiento, debilidad, torpeza, dificultad para caminar o sensaciones inusuales en las manos, los brazos, las piernas, y/o los pies. La neuropatía periférica se debe a daño a los nervios causado por ciertos tipos de quimioterapia, deficiencias vitamínicas, un tumor que presiona un nervio u otros problemas de salud como diabetes e infecciones. Cuando es causada por la quimioterapia, a veces se denomina neuropatía periférica inducida por quimioterapia (CIPN). Algunos medicamentos que no se administran para combatir el cáncer también pueden provocar neuropatía periférica como un posible efecto secundario. Asegúrese de hablar con su equipo de atención médica sobre otros problemas de salud y los medicamentos que está tomando, y asegúrese de decirle a su médico de inmediato si nota cualquier síntoma que usted cree pueda deberse a neuropatía periférica.
  • Úlceras en la boca (estomatitis o mucositis). La quimioterapia puede causar úlceras y dolor en la boca y la garganta. El dolor puede ocasionar que las personas tengan dificultad para comer y beber, o incluso para hablar.
  • Mucositis y otras lesiones causadas por radiación. El dolor causado por la radiación externa depende de la parte del cuerpo que recibe el tratamiento. La radiación puede ocasionar quemaduras a la piel, mucositis (úlceras en la boca) y cicatrización, las cuales pueden todas causar dolor. La garganta, el intestino y la vejiga también son propensos a sufrir lesiones causadas por radiación, y es posible que usted presente dolor si estas áreas son tratadas.

Procedimientos y pruebas: algunas pruebas usadas para diagnosticar el cáncer y saber cuán bien el tratamiento está surtiendo efecto pueden causar dolor. Cuando esté programando un procedimiento o una prueba, pregúntele a su equipo de atención médica si se espera que cause dolor. Si usted necesita tal procedimiento, la preocupación por el dolor no debe impedir que se someta al mismo. Cualquier dolor que sienta durante y después del procedimiento se puede tratar. Puede que le indiquen que el dolor del procedimiento es inevitable o que no durará mucho. Aun así, usted debe pedir medicamento contra el dolor si lo necesita.

«Mi cuerpo empezó a quemarse por dentro y por fuera, me moría y nadie sabía qué me pasaba»

Vanesa reconoce que para superar el calvario que vivió hace falta «una fuerza que ni yo pensaba que tenía».

Esta joven de Errenteria se lo jugó todo a un fármaco sin garantías para sobrevivir a una enfermedad rara

ESTRELLA VALLEJO Domingo, 14 mayo 2017, 08:43

«De pronto me quedé ciega. No podía hablar y me costaba mucho respirar. Me estaba quemando por dentro y por fuera». La historia de Vanesa Carrasco es de esas que superan ampliamente la ficción. No solo por la concatenación de desgracias, sino sobre todo por la entereza y la fuerza con la que ha sido y sigue siendo capaz de superar cada una de ellas.

Esta joven de Errenteria nació con espina bífida meningocele. Esto le provoca problemas de riñones y va perdiendo sensibilidad en las extremidades inferiores. Aunque puede ponerse de pie, cada vez le resulta más complicado. La suya es la versión grave de una enfermedad degenerativa que le hizo a los once años empezar a utilizar muletas. Un año después, una operación que no obtuvo buenos resultados le dejó en silla de ruedas, un estado al que iba a llegar de todas formas, pero no tan temprano.

Vanesa se volcó en el deporte adaptado, concretamente en la natación, y cursó trabajo social. Pero en 2012 le diagnosticaron lupus eritematoso sistémico, una enfermedad que hace que el sistema inmunitario ataque a las células y tejidos sanos, lo que unido a las dolencias propias de la espina bífida, su afección a los órganos se agravaba. «Esto me hace estar cansada, tener fatiga, tener fiebre muchos días, artritis, que se me caiga el pelo, ser fotosensible…». Esta enfermedad crónica le obligó a estar durante 2012 y 2013 en una «montaña rusa» de ingresos y recuperaciones con una media de cinco visitas a Urgencias por año. Una vez equilibrada, con la correspondiente medicación, consiguió mantener cierta calidad de vida, «aunque siempre con mucha precaución, porque nunca sabes cuándo te puede llegar un nuevo brote», expone.

Brote sin diagnóstico

Sin embargo, si algo ha aprendido esta joven de 28 años es a leer las advertencias de su propio cuerpo. Era julio de 2015 y Errenteria estaba inmersa en la celebración de las Magdalenas. Días de mucho calor, de dormir menos de lo habitual y comer de forma desordenada. A priori nada del otro mundo durante las fiestas. Pero una noche, Vanesa empezó a encontrarse mal. Le subió la fiebre, un plomizo cansancio se apoderó de ella y se le quitaron las ganas de comer. «Mi cuerpo me estaba advirtiendo de que venía otro brote», relata. Pero dos días seguidos con una fiebre superior a los 40 grados y una dificultad al respirar poco habitual le hicieron dudar de que fuera lupus.

Esa misma noche empezó el calvario. Dormía junto a su madre «porque me encontraba muy mal» y a las cinco de la mañana «empecé a notar un ardor tremendo en los ojos. Le dije a mi madre que encendiera la luz y de repente lo veía todo blanco. Esa sensación no la había tenido nunca y estaba segura de que no era lupus. Fue un momento horrible que no se me olvidará en la vida», asevera con la misma seguridad con la que lo pensó dos años atrás.

Una ambulancia le trasladó rápidamente a Urgencias del Hospital Donostia y en menos de una hora estaba ingresada en la UCI. No sabían qué le estaba ocurriendo, pero era incapaz de ver, de hablar, de respirar y su piel y tejido interior era víctima de una reacción similar a una quemadura. Primero fue poniéndose de un color oscuro, pasó a ennegrecerse, después salieron las ampollas y por último, el 90% del interior y exterior de su cuerpo se quedó en carne viva. «Me vendaron de arriba a abajo. Solo tenía los ojos y parte de la boca destapados. Me iba. Y no sabían qué medicamento proporcionarme para frenarlo». Recuerda que un día le entró un momento de histeria, de pánico, en el que intentó arrancarse la vía y marcharse de allí. Pero no pudo.

Al cabo de una semana, los médicos decidieron trasladarle a la Unidad de Quemados del Hospital de Cruces en Bilbao. Salió en helicóptero desde el parque de Bomberos de San Sebastián. «No podía ver ni hablar y a duras penas respirar. Estaba vendada entera y solo oía el ruido del helicóptero que era todavía más intenso al no poder ponerme los cascos por tener las orejas en carne viva. Durante el trayecto solo pensaba ‘aguanta que es media hora'».

En Cruces permaneció quince días ingresada en la UCI. No tuvo los momentos de pavor de los días previos, «pero lloraba a diario» y fue uno de los momentos más duros. «Estaba sola 23 horas al día, sin ver ni hablar. Coger aire dolía. No sabía qué día ni qué hora era; estaba alejada de los míos; vendada de pies a cabeza; se me había caído el pelo y las uñas, y lo peor de todo, no sabía por qué estaba ahí, qué me ocurría, si saldría de allí y en caso de salir, cómo terminaría todo aquello. Fue horrible».

Las únicas partes de su cuerpo que no llegaron a ‘quemarse’ fueron el cerebro y el corazón. Cada 48 horas le advertían de que su vida corría peligró y que dada la gravedad de las heridas difícilmente superaría las próximas 48. Pero, frente a todo pronóstico, Vanesa conseguía superar cada barrera. «Todas las mañanas me repetía: Un día nuevo para luchar. Y por la noche: Venga, un día menos».

A las 8 de la mañana, un fisioterapeuta le obligaba a hacer ejercicios para aprender de nuevo a mover los brazos, piernas y a respirar porque solo el hecho de coger aire era como si le arañaran las vías aéreas. «A diario me tenían que cambiar el vendaje y limpiar las heridas. En teoría no podían tocarme, cualquier roce era un dolor horrible y me ponía a chillar, pero era la única manera de hacerme las curas», recuerda.

La joven errenteriarra insiste en que solo pensaba en que «tenía que salir de allí», pero reconoce que para superar el total de 23 ingresada en la UCI -entre su estancia en Donostia y Bilbao- «necesitas tener una fuerza que siendo sincera ni yo sabía que tenía».

Para sobrellevar los días pedía que le encendieran la tele, aunque al mismo tiempo le enfurecía porque le recordaba su ceguera. Las horas pasaban lentas y los días se hacían eternos. Se entretenía memorizando los botones del mando a distancia y cuando éste se le perdía, se arrancaba los electrodos para que le hicieran caso. «Aquello empezaba a sonar que parecía que me estaba muriendo y aparecía en la habitación medio hospital. Ahora lo recuerdo como una anécdota graciosa pero, en esos momentos, que me localizaran un mando a distancia me daba la vida», apunta al tiempo que confiesa que le entristecía pensar si su vida iba a pasar a convertirse en una dependencia absoluta de terceras personas.

La decisión más difícil

La «barra libre de morfina» en el hospital de Cruces le fue de gran ayuda para aguantar el dolor que tenía por todo el cuerpo y asegura que no le resultó complicado desprenderse de ella, aunque recuerda una notable diferencia entre el tipo de sustancia administrada en Bilbao y en Donostia, «donde me provocaba una sensación horrorosa».

Este analgésico ayudaba, pero su estado empeoraba, no iba a poder aguantar más y había que tomar una decisión. «Un día apareció mi madre llorando en la habitación con tres batas blancas, como digo yo, que eran el jefe, el jefazo y el súper jefazo». Le indicaron que había un antídoto que desconocían la reacción que podría causar en ella, pero que creían que podría revertir la situación. Eso sí, bajo su responsabilidad. «Si seguía tal cual, ya sabía lo que me deparaba y esa era la única posibilidad que tenía de salir. Recuerdo que mi madre me dijo llorando que hiciera lo que creyera oportuno», apunta.

Vanesa firmó el papel y se enfrentó a lo que considera uno de los momentos más duros de su vida. «Al fin y al cabo, mi gente ya se estaba mentalizando de lo que me podía pasar y este era el único 1% de posibilidad que tenía de vivir».

En la misma postura que las últimas semanas y con las vendas colocadas, le inyectaron la medicación. Se quedó inmóvil a la espera de que algo le sucediera, sin saber exactamente qué. Solo esperaba a que ese antídoto hiciera algún efecto sobre ella, con el temor de que la dirección fuera la incorrecta. «¿Funcionará? ¿Me dolerá? ¿Si me pica es bueno?», se preguntaba para sí misma con congoja. Como por arte de magia, su piel empezó a regenerarse al cabo de los días. «Solo espero que pueda servir a otras personas y no tengan que pasar por lo que yo pasé», confía.

A finales de agosto, le trasladaron de nuevo al Hospital Donostia donde permaneció 26 días en planta en la Unidad de Infecciosos. Ahí veía su vida a salvo pero se enfrentaba a otro muro. «¿Voy a vivir en silla de ruedas y ahora además ciega?». Al cabo de los días empezó a recuperar parcialmente la visión «y lo primero que hice fue pesarme y mirarme al espejo, lo que también fue duro porque no me reconocía y me impresionó mucho verme así», dice señalando que en la Unidad de Quemados de Cruces no hay espejos y que incluso prohíben a las visitas entrar con móviles.

Después de infinidad de pruebas y 35 días desde que acudiera a Urgencias por primera vez consiguieron dar con un diagnóstico: el síndrome de Lyell, una enfermedad rara que suele afectar al 30% del cuerpo, pero que en su caso las quemaduras del tejido interno y de la piel se extendieron hasta el 90%.

Vuelta a casa

Al cabo de 49 días le dieron el alta, con la incertidumbre de qué le provocó la enfermedad y cómo prevenirlo, por lo que no descartan que le pueda volver a suceder. Le advirtieron de que el proceso de recuperación sería duro y dos años después sigue comprobándolo.

La piel se le ha regenerado pero le han quedado secuelas. «No puedo comer ciertos alimentos porque me duele. Mis órganos y el tejido del interior están llenos de cicatrices y eso hace, por ejemplo, que no pueda comer alimentos como galletas, carnes rebozadas o picante porque me suelen salir llagas en la lengua, que también se quedó en carne viva. Hay días que el agua me quema. Me he quedado ciega completamente del ojo izquierdo y tengo que estar pendiente de que no le ocurra lo mismo al derecho», enumera.

Cuando regresó a casa del hospital «se me vino todo encima». Tuvo que memorizar su ropa del armario y enfrentarse a que el simple hecho de poner un café podía terminar con la taza en el suelo. «Estoy en un aprendizaje continuo». Y no solo ella, también la gente que le rodea. «Intentan ayudarme pero sé que es difícil porque no es una situación sencilla de entender», confiesa.

En breve encarará una nueva etapa en su vida. Acudirá a la ONCE para recibir asesoramiento «y a tirar para adelante». «Venga lo que venga estoy segura de que no será peor de lo que ya he pasado», concluye con optimismo.

Bienestar

El reflujo es una enfermedad difícil de diagnosticar, ya que en el 70% de los pacientes los estudios salen normales, aunque en su vida diaria el paciente siente que se “quema” y sus labores diarias se tornan insoportables debido a los síntomas, señaló el doctor Miguel Angel Valdovinos, gastroenterólogo del Instituto Nacional de Nutrición,Salvador Zubirán.

El reflujo es una enfermedad frecuente, puesto que uno de cada cinco pacientes tiene Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico o ERGE. Aproximadamente uno de cada 10 adultos tiene agruras por lo menos una vez a la semana, y uno de cada tres, mensualmente. Las consecuencias de esta enfermedad se comparan con enfermedades como las cardiovasculares o la diabetes.

Los síntomas más comunes son la pirosis, es decir una sensación de quemazón o ardor detrás del esternón hasta el cuello, más frecuente con ciertos alimentos como son las grasas, chocolate, alcohol, café y tabaco, la disfagia o dificultad para deglutir alimentos, sequedad de boca, tos crónica o asma y en ocasiones sangrado oculto por ulceras en la mucosa esofágica.

Algunos factores que pueden provocar y agudizarlo son:

  • La posición de su cuerpo luego de comer (una postura erguida previene el reflujo)
  • La cantidad de comida (comidas pequeñas reducen el reflujo)
  • El tipo de comidas que consume (ciertas sustancias que irritan el esófago o debilitan el esfínter pueden causar reflujo)

Entre las complicaciones más frecuentes se encuentran la estenosis esofágica, que se produce cuando el reflujo es grave y prolongado; la úlcera péptica del esófago que se asienta generalmente sobre el esófago de Barret, y puede causar hemorragia aguda e incluso perforarse; hemorragia digestiva que suele manifestarse como anemia crónica, debido a la perdida oculta de sangre en las heces, entre otras.

De acuerdo con el gastroenterólogo, la mayoría de la gente con reflujo toma medicamentos que momentáneamente le ayudan a controlar la enfermedad, pero se sabe que con los antiácidos solo el 28% de ellos controlará los ácidos mientras que con los inhibidores de la bomba de protones van a controlar en un 80% lo síntomas.

Cuando se toma un inhibidor de la bomba de protones, que secan la producción de ácidos en el estómago el medicamento cuenta con una capa entérica, esto permite su protección ya que de otro modo cuando llega al estómago el ácido acabaría con la molécula.

Entre los medicamenos adecuados está Dexlansoprazol de liberación dual programada, que se presenta en cápsulas de 30 mg y 60 mg, está indicado, bajo supervisión médica, como tratamiento oral diario de la enfermedad por reflujo gastroesofágico ya que logra mantener el PH intragástrico por arriba de 4, y:

· Principio del formulario

· Proporciona un alivio total en el 96% de los días-paciente.

· Proporciona un alivio total en el 99% de las noches-paciente.

· Ha demostrado su eficacia en el tratamiento de la esofagitis erosiva.

· Mejora la calidad de vida del paciente.

Entre las medidas recomendadas por el doctor Valdovinos se encuentran el enseñar al paciente a evitar factores que incrementen sus síntomas, por ejemplo, evitar picantes, grasas, chocolates, café, alcohol, tabaco, y fármacos que favorecen la incompetencia del esfínter esofágico inferior, como también el uso de prendas holgadas para evitar la compresión a nivel del abdomen; y no ingerir alimentos en las 3 horas previas a acostarse así como elevar la cabecera de la cama ycuidar el peso en el paciente, pues estos factores agravan la enfermedad

Antes de tomar algo, acude a tu médico, solamente él te podrá recomendar el tratamiento adecuado a tu situación, pero no lo dejes pasar, al reflujo hay que hacerle caso.

Versión en español : La Guía del Paciente para el Síndrome de Fatiga Crónica & Fibromialgia

3: Fibromialgia

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Nota: contenido actualizado en 2017.
La Fibromialgia (FM) es una condición médica común caracterizada por dolor generalizado y rigidez, fatiga, problemas de sueño y dificultades cognitivas. La enfermedad no daña los tejidos, no es progresiva, ni fatal. La gravedad de la FM varía mucho de un paciente al otro. Algunos pacientes continúan trabajando, aunque una significativa minoría está incapacitada.

La FM toca a muchas partes de la vida de un paciente y afecta la vida de los que la conocen. Los pacientes luchan para controlar los síntomas y adaptarse a las limitaciones y el estrés que conlleva su enfermedad. Ellos también tienen que luchar con pérdida, incertidumbre y, a menudo con la falta de comprensión de los demás.
Los familiares también tienen que arreglárselas con pérdidas y frecuentemente tienen que aceptar nuevas responsabilidades. Son habitualmente consecuencias económicas; muchos pacientes dejan de trabajar, reducen su jornada laboral o se retiran pronto.

Síntomas

La FM es caracterizada por la presencia de múltiples síntomas. Su gravedad a menudo sube y baja. Los síntomas más comunes son dolor, problemas de sueño, fatiga y problemas cognitivos.

Dolor: El dolor generalizado es el síntoma más relevante de la FM. El dolor que se describe como doloroso, ardiente o puñaladas, generalmente se siente por todo el cuerpo, aunque puede empezar en una zona y extenderse o moverse de un área a otra.
Puede ir acompañado de problemas neurológicos como hormigueo, ardor o adormecimiento en manos, brazos, pies, piernas o cara. El dolor puede intensificarse con sobre-actividad, sueño no-restaurador, ansiedad y estrés, y con cambios atmosféricos.

Dormir mal: El segundo síntoma más común de la FM es el mal sueño. Puede que el paciente tenga problemas para quedarse dormido o puede que despierte frecuentemente. En la mayoría de los casos, el sueño no se experimenta como restaurador o refrescante, probablemente debido al tiempo limitado que se pasa en el sueño profundo.
La mayoría de los pacientes sufre de un trastorno del sueño, pero el mal dormir también es causado por otros factores como estrés, sobre-actividad y la falta de un buen entorno o de buenos hábitos para dormir.

Fatiga: Más o menos tres de cada cuatro pacientes con FM refieren tener fatiga del tipo que sufre la gente con SFC. Caracterizada por una profunda sensación de agotamiento, la fatiga se puede manifestar como desgana, somnolencia y disminución de la tolerancia al ejercicio. De la misma manera que el dolor, la fatiga de la FM puede ser intensificado por sobre-actividad, sueño malo, emociones y estrés.

Problemas cognitivos: Muchos pacientes con FM experimentan dificultades cognitivas. A menudo llamada «niebla mental» o «fibroniebla», los problemas cognitivos incluyen confusión, búsqueda de palabras, lapsus en la memoria y dificultades para concentrarse. La Fibroniebla a menudo se ve agravada por un exceso de actividad, sueño no-restaurador, emociones fuertes, estrés y demasiadas estimulaciones sensoriales.

Otros síntomas: Muchos otros síntomas pueden acompañar la FM y así crear más malestar y frustración. Otros síntomas adicionales habituales incluyen cefaleas tensionales o migraña, emociones fuertes como depresión e ansiedad, dolor mandibular, tintineo en los oídos, mareos, rashes, sensibilidad a luz, sonidos, olores y temperatura, y ojos o boca secos.

¿Quién enferma de Fibromialgia?

Como el SFC, la fibromialgia es una enfermedad común. Las estimaciones varían, pero hay probablemente al menos cuatro a cinco millones de personas en los EEUU con fibromialgia, posiblemente muchos más. Los estudios sugieren que más del 90% son mujeres.

Diagnóstico

No hay marcador diagnóstico para la enfermedad en la sangre del paciente, ni evidencia de la enfermedad que aparece en los rayos-X o en otros tests. Dada la ausencia de pruebas diagnósticas se identifica la FM mediante el informe del paciente sobre sus síntomas, un historial médico y un examen físico.
El diagnóstico es a menudo un proceso prolongado. Los estudios sugieren que se necesita un promedio de cinco años después de la primera aparición de los síntomas para conseguir un diagnóstico.

Desde 1990 se ha diagnosticado la fibromialgia mediante la identificación de un particular patrón de síntomas:

1) Un historial de al menos varios meses de dolor en muchas partes del cuerpo (lado izquierdo y derecho, por encima y por debajo de la cintura)

2) Dolor en al menos 11 de 18 específicos puntos sensibles («tender points») en el cuerpo. Los puntos sensibles son sitios en el cuerpo que duelen cuando se presionan. En la FM se encuentran estos puntos en particulares sitios alrededor de cuello, hombros, pecho, codos, zona lumbar, cadera y rodillas.


Puntos sensibles («Tender points»)

En 2010, el Colegio Americano de Reumatología aceptó provisionalmente unos criterios alternativos para diagnosticar la FM. Los nuevos criterios valoran el dolor de manera diferente y también incluyen la valoración de otros síntomas.

En los nuevos criterios, se puntúa el dolor con el índice de dolor generalizado (19 zonas del cuerpo). Se puntúa también la severidad de los síntomas que incluyen fatiga, sueño no reparador, problemas cognitivos y físicos, como dolor de cabeza, problemas con el intestino, nauseas, mareos y entumecimiento/estremecimiento.

Se hace el diagnóstico de FM en base de una combinación del índice de dolor y las puntuaciones de la severidad de síntomas. (Para conseguir un formulario de dos páginas que se puede rellenar para comprobar si se tiene FM, hay que buscar online el «Widespread Pain Index and Symptoms Severity Score.»)

Algunas de las condiciones que se ven con frecuencia en personas con fibromialgia, incluyen:

  • Alergias y sensibilidades químicas
  • Artritis
  • Depresión
  • Enfermedad de reflujo gastroesofágico (GERD)
  • Cefaleas
  • Síndrome de vejiga irritable (cistitis intersticial)
  • Síndrome de colon irritable (SCI)
  • Dolor miofascial
  • Problemas ortostáticos, como hipotensión mediada neuralmente (HMN) y síndrome de taquicardia ortostático postural (POTS)
  • Desordenes del sueño, como apnea y síndrome de piernas inquietas
  • Sesorden de articulación temporomandibular (DAT)
  • Problemas tiroideos y vulvodinia

La presencia de otras enfermedades puede intensificar los síntomas de la FM. Tratar las otras condiciones suele aliviar también la FM.

Causas

La causa de la FM sigue desconocida, pero las investigaciones actuales se concentran en cómo las señales de dolor son amplificadas por el sistema nervioso central (espina dorsal y cerebro). Esta teoría a menudo se llama modelo de «sensibilización central», potencia el dolor como señal enviada al cerebro en respuesta a un evento en el cuerpo.
Los pacientes con FM tienen elevados niveles de sustancia P, neurotransmisor que comunica las señales de dolor, y bajos niveles de productos químicos como serotonina y dopamina que calman las sensaciones de dolor.

Hay evidencia que sugiere una susceptibilidad genética para la FM. El comienzo de la FM a menudo es desencadenado por una enfermedad o un trauma como una caída o un accidente. Es posible que haya múltiples causas para la FM, cada una de ellas produce un incremento del dolor.

Tratamientos

Tal como el tratamiento para el SFC, el tratamiento de la FM se concentra en controlar los síntomas más que curar la enfermedad. Los abordajes incluyen medicamentos, tratamientos alternativos y medidas de auto-ayuda. A menudo se utilizan medicamentos para mejorar el sueño y controlar el dolor, aunque su efectividad varía mucho de un paciente a otro. Los tratamientos medicamentosos suelen desarrollarse mediante experimentación con diferentes medicamentos y dosificaciones.
Se suele recomendar el ejercicio, tanto para reducir dolor y rigidez, como para revertir la mala condición física. Las estrategias del ajuste del estilo de vida que se emplean con el SFC, como el acompasamiento y el manejo del estrés también son apropiadas para los pacientes de FM.

Los tres principios que dirigen el tratamiento del SFC también se aplican a la FM:

  1. el uso de múltiples estrategias
  2. experimentación
  3. énfasis en el cambio del estilo de vida

Ya que los pacientes con FM habitualmente tienen más de un síntoma, y ya que cada síntoma suele tener más de una causa, es útil utilizar una combinación de tratamientos y estrategias de manejo.
Ya que no hay un tratamiento estándar para la FM y que los tratamientos que son útiles durante un periodo, pueden luego ser inefectivos, los pacientes tienen que experimentar para encontrar qué funciona para ellos. Es típico que los ajustes en el estilo de vida que son baratos y seguros, produzcan resultados más predecibles.

Dolor: Tal como con el SFC, el acompasamiento es una estrategia efectiva para controlar el dolor en la FM. Puede ayudar mantenerse dentro de los límites de las actividades, tener cortos ratos de actividad, cambiar frecuentemente de tareas e incorporar ratos de descansos. Ya que el dolor se siente de manera más intensa cuando se está cansado o bajo estrés, reducir la fatiga y el estrés también reduce el dolor.

De manera similar, la falta de sueño intensifica el dolor y por eso mejorar el sueño también sirve para controlar el dolor. Otras estrategias habituales para el control del dolor incluyen tratamientos con frío y calor, masajes, atención a la mecánica corporal (cómo se posiciona el cuerpo y cómo lo mueves), y relajación y otras medidas para reducir el estrés.

A menudo se busca el alivio del dolor mediante medicamentos:

  • Productos de venta libre como aspirina y otros analgésicos
  • Medicinas con prescripción médica sobre todo para el sueño
  • Antidepresivos como Elavil (Amitriptilina), Prozac y Paxil,
  • Antiepilépticos
  • Analgésicos con prescripción, como Ultram (tramadol)

En 2007, la FDA aprobó Lyrica (pregabalina) como primer medicamento testado y aprobado para tratar la fibromialgia. Desde entonces, se han aprobado otros dos medicamentos: Cimbalta (hidroclórico de duloxetina) y Savella (milnacipran HCl). El ejercicio se utiliza a menudo para reducir la rigidez y reforzar los músculos.

Sueño: Tratar el sueño es otra área en la que es útil un abordaje experimental con varias estrategias. Ningún medicamento ha probado ser útil para tratar los problemas de sueño en todos los pacientes con FM. También ocurre que hay medicamentos que son efectivos durante una temporada, luego se vuelven inefectivos.
Los medicamentos que se suelen utilizar para tratar los problemas de sueño incluyen productos de venta libre, como melatonina y valeriana, antihistamínicos como Benadril (Difenhidramina), clonazepam(Clonazepam), (Klonopin), antidepresivos tricíclicos como Amitriptilina (Elavil), benzodiazepinas como Halcion (Triazolam), y el hipnótico Ambien (Zolpidem). A menudo se prescribe una combinación de dos drogas, una para iniciar el sueño y otro para mantenerlo.

Se puede mejorar el sueño con buenos hábitos como acostarse y levantarse a la misma hora, limitar las siestas diurnas, evitar la cafeína y otros estimulantes antes de acostarse, y practicar relajación para dormirse. El bueno sueño también se promueve con un ambiente silencioso y una temperatura apropiada en el dormitorio.
Reducir el dolor antes de meterse en cama y olvidarse de las preocupaciones con técnicas como un diario de preocupaciones («worry log») o una lista de cosas por hacer para el día siguiente también puede ayudar a mejorar el sueño.
Desórdenes del sueño, como la apnea del sueño y el síndrome de piernas inquietas son muy habituales en personas con SFC y se pueden mejorar con tratamiento.

Fatiga: La fatiga se suele abordar con cambios en el estilo de vida, especialmente el acompasamiento. Acompasar incluye estrategias como marcarse prioridades, descansar regularmente, hacer actividades durante ratos cortos, vivir según un programa y manejar los eventos especiales, como salidas y vacaciones.
También se puede disminuir la fatiga abordando el dolor y los problemas de sueño, porque ambos intensifican la fatiga. Manejar el estrés, hacer ejercicio y comer sano puede ayudar para reducir la fatiga porque se abordan otras causas de la fatiga: estrés, mala condición física y mala nutrición.

Problemas cognitivos: Las estrategias que generalmente ayudan para reducir los síntomas de la FM, como acompasar y manejar el estrés, también ayudan para reducir la niebla mental. Otras técnicas que muchas veces producen cierto control de la niebla incluyen dormir bien, limitar la entrada sensorial, utilizar listas y otros recordatorios, tener rutinas diarias y semanales, y mantener un entorno físico ordenado.

Más sobre opciones de tratamiento para estos cuatro síntomas, en el Capítulo 8.

Estrés, emociones, apoyo y pérdida: Como mencionamos antes, la FM tiene efectos comprensivos, afecta a muchas partes de la vida del paciente y crea muchos desafíos. Un plan de tratamiento debería abordar, aparte del manejo sintomático, asuntos como manejar el estrés y las emociones, reforzar los sistemas de apoyo y aceptar las pérdidas.
Si nos arreglamos con éxito con estos desafíos adicionales, habitualmente reducirán los síntomas, y por esto también es una forma de manejo sintomático.

Más sobre estrés, emociones, apoyo y pérdida, en los Capítulos 13 hasta 16.

Pronóstico

Tal como no hay cura para el SFC, no hay tratamiento curativo para la fibromialgia. Algunas personas con FM mejoran, pero la recuperación total es improbable y algunas personas experimentan recaídas prolongadas. Un estudio multicéntrico de FM en 1997 encontró que entre 4% y 25% de los pacientes están incapacitados, y que la mayoría es incapaz de trabajar la mayor parte de los días.

Un estudio longitudinal de 10 años publicado en 2011 encontró una ligera tendencia hacía una mejoría de la severidad global de los síntomas, y que 25% tenía al menos una mejoría moderada del dolor con el tiempo.

Como ocurre con EM/SFC, el curso de la fibromialgia puede variar. Con el tiempo la localización y la severidad del dolor pueden varias. Los síntomas pueden ser intermitentes, fluctuantes o persistentes. Los factores desencadenantes de la intensificación de los síntomas pueden incluir un exceso de actividad, inactividad, estrés, trauma, movimientos repetitivos, dormir mal, emociones fuertes o cambios atmosféricos.

El abordaje de este libro se basa en la creencia que la mayoría de pacientes puede encontrar cosas que les hace sentirse mejor mediante la reducción del dolor y el malestar; volviendo así a ganar estabilidad y disminuyendo el sufrimiento. La mejoría requiere esfuerzo, coraje, disciplina y paciencia.

Como dice el Dr. Lapp, la clave de la mejoría está en “aceptar la enfermedad y adaptarse a ella mediante cambios en el estilo de vida, de los cuales el tratamiento médico no es sustituto.”

Referencias

Fransen, Jenny and Jon Russell. The Fibromyalgia Help Book: A Practical Guide to Living Better with Fibromyalgia. St. Paul Minn.: Smith House, 1996.

Goldenberg, Don. Fibromyalgia. New York: Penguin Putnam, Guilford Press, 2002.

Matallana, Lynne. The Complete Idiot’s Guide to Fibromyalgia. New York: Penguin, 2005.

Starlanyl, Devin and Mary Ellen Copeland. Fibromyalgia & Chronic Myofascial Pain: A Survival Manual. Oakland: New Harbinger, 2001.

2: Síndrome de Fatiga Crónica Up 4: Manejarte Solo

La ansiedad y su relación con los dolores de espalda

Hay dos tipos de personas, los que tienen o han tenido ansiedad… y los que no se dan cuenta de que la tienen o la han tenido. ¿De qué grupo eres?. La ansiedad o angustia es un estado mental alterado en el que un sujeto se muestra excitado, inquieto y extremadamente inseguro, las personas que sufren ansiedad están en una continua anticipación y a la espera de un futuro incierto y negativo, que muchas veces es imaginado, estas personas viven este futuro incierto y deja de vivir el momento presente.

¿Qué efectos puede generar la ansiedad en mi cuerpo?

La ansiedad puede generar en nuestro cuerpo ciertas repercusiones negativas y te las explicamos a continuación

Efectos físicos

El estrés crónico y la preocupación son característicos de la ansiedad repercutiendo en nuestra salud y bienestar de manera negativa como por ejemplo: liberación del cortisol que es considerada la hormona del estrés y esto a su vez generará en nuestro cuerpo ciertos síntomas como:

  • Cefaleas
  • Mareos o vértigo
  • Fatiga muscular
  • Nauseas
  • Tensión muscular

Pérdida del sueño

La ansiedad dificulta la capacidad de las personas de conciliar el sueño y por ende, no permite el descanso físico y mental del individuo, favoreciendo síntomas como

  • Irritabilidad
  • Fatiga
  • Cefaleas, etc.

Incapacidad de concentrarse

La ansiedad afecta la capacidad de concentración de las personas, esto a su vez dado también por el insomnio, la fatiga física y mental y el estrés crónico.

Riesgos cardiacos

El estrés crónico causado por la ansiedad se encuentra altamente relacionado a la aparición de enfermedades del corazón, aumentando las probabilidades de presentar ataques al corazón.

Debilitamiento del sistema inmunológico

El estrés crónico de la ansiedad afecta la capacidad de respuesta rápida del sistema inmunológico ante posibles amenazas para el organismo, por lo que las personas se vuelven más propensas a desarrollar enfermedades.

Afecta el sistema digestivo

La ansiedad genera ciertos síntomas en las personas relacionados al sistema digestivo como

  • Nauseas
  • Vómitos
  • Diarrea

Además afecta órganos como el hígado, los riñones e intestinos.

Disminución de la calidad de vida

La suma de todos los efectos negativos mencionados anteriormente, generan la disminución de la calidad de vida de la persona y su manera de desenvolverse con su entorno social por lo que se considera que la ansiedad repercute seriamente en el bienestar físico, mental y social de las personas que la padecen.

¿Cómo puede afectar la ansiedad a mis músculos?

Desde fisioterapia-online os informamos sobre sus efectos en el cuerpo, algunos de ellos pueden verse reflejados en nuestra espalda y provocar dolores en diferentes zonas. En el siguiente vídeo encontrarás mucha mas información de los efectos que la ansiedad o angustia puede producir en nuestro sistema músculo-esquelético

Ansiedad, respiración y problemas en la zona cervical.

En este vídeo se explicará la relación que puede tener la ansiedad con los dolores de la zona cervical

Además para tener mas información puedes leer estos artículo que te recomendamos y que pueden hacerte entender las causas y consecuencias que la ansiedad crónica puede provocar.

LAS EMOCIONES REPERCUTEN SOBRE NUESTRA SALUD (3ª PARTE): ANSIEDAD PREOCUPACIÓN

LA ANSIEDAD Y EL DOLOR DE ESPALDA.

Lesiones del plexo braquial

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¿Qué son las lesiones del plexo braquial?

Las lesiones del plexo braquial son lesiones en la red de nervios que proporciona sensibilidad y control a los músculos del hombro, el brazo, el antebrazo, la mano y los dedos. Las lesiones del plexo braquial son comunes en los deportes. La mayoría desaparecen bastante rápido.

¿Qué ocurre en las lesiones del plexo braquial?

La red de nervios del plexo braquial comienza con las raíces nerviosas de la médula espinal en el cuello y llega hasta la axila. Desde allí, los nervios se ramifican y continúan a lo largo del brazo, la mano y los dedos.

Cuando una fuerza aumenta el ángulo entre el cuello y los hombros, los nervios del plexo braquial pueden estirarse o desgarrarse. La lesión también puede arrancar las raíces nerviosas del plexo braquial de la médula espinal. Los nervios dañados no conducen correctamente la sensación y debilitan los movimientos de los músculos.

¿Cuáles son los signos y síntomas de una lesión del plexo braquial?

Una persona con una lesión del plexo braquial puede quejarse de lo siguiente:

  • dolor o electricidad en el brazo
  • adormecimiento del brazo o los dedos
  • torpeza o debilidad en la mano o el brazo
  • sensación de calor en el área afectada

Una lesión grave puede provocar una parálisis (pérdida del movimiento) del brazo y pérdida de sensibilidad.

¿Quiénes sufren lesiones del plexo braquial?

Los jugadores de fútbol americano son quienes tienen más riesgos de sufrir lesiones del plexo braquial. Pero también pueden aparecer en adolescentes que practican los siguientes deportes:

  • rugby
  • hockey
  • lucha
  • gimnasia artística

Las lesiones del plexo braquial pueden ocurrir en un accidente de automóvil cuando la cabeza es empujada hacia un costado o se sufre un golpe en el cuello y el hombro.

¿Cómo se diagnostican las lesiones del plexo braquial?

En general, un médico reconoce las lesiones del plexo braquial por los síntomas y un examen físico. El médico comprobará la fuerza, los reflejos y el rango de movimiento del brazo.

Tal vez, el médico pida estudios por imágenes, como radiografías o una resonancia magnética, si tienes lo siguiente:

  • antecedentes de lesiones del plexo braquial
  • dolor en el cuello o reducción de su movilidad
  • síntomas en ambos brazos
  • debilidad que se prolonga durante más de unos pocos días
  • problemas para pensar, hablar o de memoria

Los exámenes también les permiten a los médicos ver el grado de la lesión y descartar una afección más grave, como una fractura de la columna.

¿Cómo se tratan las lesiones del plexo braquial?

El tratamiento depende de la gravedad de la lesión. Muchas lesiones leves no necesitan tratamiento porque la sensibilidad y el control del músculo regresan a los pocos minutos.

Una persona con una lesión duradera tal vez necesite lo siguiente:

  • Aplicar hielo en la zona afectada. Utiliza una bolsa de hielo o una compresa fría durante 20 minutos seguidos cada 2 a 3 horas durante el primer par de días para reducir la hinchazón.
  • Medicamentos antiinflamatorios. Los analgésicos (como el ibuprofeno o el paracetamol) pueden ayudar a aliviar el dolor y la inflamación del cuello y el hombro.
  • Ejercicios para el rango de movimiento. Es posible que tu médico te recomiende hacer ejercicios para mantener la flexibilidad del cuello, los hombros, los brazos y las manos mientras se curan los nervios. Estos ejercicios también pueden ayudar a aliviar los espasmos musculares.

¿Qué más debería saber?

La mayoría de las lesiones del plexo braquial desaparecen por sí solas. Una persona con una lesión más grave puede trabajar con un fisioterapeuta o un entrenador para mantener los músculos fuertes mientras se cura.

Las lesiones del plexo braquial deben estar totalmente sanas antes de que vuelvas a practicar deportes. Para reducir la probabilidad de sufrir una lesión del plexo braquial en los deportes de contacto, asegúrate de lo siguiente:

  • Mantener los músculos del cuello y el hombro tan fuertes y flexibles como puedas.
  • Estirar suavemente los músculos del cuello antes de cualquier actividad deportiva.
  • Usar equipo de protección (como un collarín para fútbol americano u hombreras especialmente diseñadas).
  • Usar técnicas deportivas adecuadas (jamás taclear con la cabeza durante un partido de fútbol americano, etc.).

Revisado por: Christopher A. Gegg, MD Fecha de revisión: mayo de 2018

¿Qué es un brote sensitivo en la esclerosis múltiple?

Los brotes sensitivos de la esclerosis múltiple se caracterizan por la presentación de sensaciones o percepciones alteradas.

Es posible que la persona afectada por un brote sensitivo de esclerosis múltiple experimente:

  • Hormigueo
  • Sensaciones punzantes
  • Ardor
  • Entumecimiento
  • Rigidez
  • Sensibilidad excesiva de la piel a los estímulos
  • Calambres
  • Sensación de humedad o de aspereza
  • Picor

Un brote sensitivo de esclerosis múltiple puede afectar a cualquier parte del organismo, aunque las más frecuentes son:

  • Rostro
  • Tronco
  • Piernas
  • Brazos

También pueden implicar a una parte del cuerpo o a ambos lados. Incluso cuando las alteraciones sensitivas incluyen picor, no hay irritación o signo de afectación de la piel a menos que el propio paciente la cree si no puede resistir la tentación de rascarse.

Cuando se evalúa a un paciente del cual se sospecha que puede estar sufriendo un brote sensitivo de esclerosis múltiple, los profesionales sanitarios pueden plantear las siguientes preguntas:

  • ¿Es una falta de sensación, como el adormecimiento de la zona afectada, o más bien un incremento de las sensaciones con la aparición de una nueva?
  • ¿Es o no dolorosa la sensación que experimenta?
  • ¿Hay un desencadenante, como el tacto de la zona o el calor, o bien la sensación se presenta sin motivo aparente?

Es posible que oiga al personal médico referirse a sus síntomas con las siguientes palabras:

Alodinia- Una percepción alterada del dolor, en la cual un leve roce puede producir dolor intenso.

Parestesia- Una sensación inusual y molesta, como cosquilleo o entumecimiento.

Disestesia- Sensación intensa, incluso dolorosa, que se presenta de forma espontánea.

Síntomas sensitivos- Una forma general de referirse a los síntomas de un brote sensitivo de esclerosis múltiple.

Toda esta información permitirá al profesional elegir, junto con el propio paciente, el régimen terapéutico, que deberá tener en cuenta:

  • La intensidad de los síntomas
  • Las molestias que ocasionan al paciente
  • La posible afectación en el entorno laboral (la frecuencia de los brotes, por ejemplo, puede ser un inconveniente importante para algunas personas, y el régimen terapéutico debería ser el mejor posible para reducir los brotes sensitivos de la esclerosis múltiple y el número de veces que el paciente debe acudir a la consulta)
  • Sus circunstancias familiares (apoyo familiar, deseo de tener hijos…)

Causas

Aunque el paciente con esclerosis múltiple que experimenta los síntomas de un brote sensitivo puede creer que le sucede algo en la piel, en realidad todas esas percepciones son causadas por el daño que la esclerosis múltiple induce en los tejidos nerviosos del cerebro y la médula espinal.

Ese daño interfiere en las señales nerviosas normales. El cerebro, que no puede interpretarlas, las relaciona con sensaciones pasadas que sí conoce (picor, ardor…)

Aunque tenga la sensación de que ocurre algo en una parte concreta de su cuerpo, como los dedos de las manos, no existe daño en ese lugar. El único daño es el de los tejidos nerviosos que llevan mensajes de sus manos a su cerebro.

Tratamiento

Hable con su médico si le preocupan los brotes sensitivos de la esclerosis múltiple. Si los síntomas interfieren en su día a día, además del tratamiento es posible que se le ofrezca la posibilidad de recibir terapia ocupacional por parte de personal con formación en este campo, que pueden sugerir instrumentos y estrategias para aliviar los síntomas.

Dado que los síntomas son un tipo de dolor de los tejidos nerviosos, entre los posibles tratamientos están los medicamentos que se emplean para tratar otros tipos de dolor similares. Existen otras opciones que podrá hablar con su neurólogo.

Otras medidas que puede tomar usted mismo incluyen:

  • Identifique los desencadenantes (si es que los hay) de los brotes sensitivos para evitarlos (pueden ser el calor, el tacto…) o aliviarlos rápidamente (procurando llevar prendas holgadas o teniendo a mano algún recurso para aliviar el calor).

  • Cambie de hábitos si eso le ayuda. Reflexione sobre su modo habitual de hacer las cosas, y no tema ser creativo para buscar formas diferentes de hacerlas que le ayuden a evitar los síntomas de los brotes sensitivos de la esclerosis múltiple. Pueden ser cambios sencillos, tales como el modo de sostener un bolígrafo, o el asiento que emplea para trabajar.

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