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Recuperar las ganas de vivir

Cómo recuperar las ganas de hacer cosas

Algunos fracasos debilitan la voluntad que se protege por medio de una coraza que lleva al protagonista a posicionarse en una zona de confort previsible. Cuando una decepción produce dolor, supone la muerte de una ilusión previa. De este modo, la persona puede vivir un periodo de duelo interior. ¿Cómo recuperar la ilusión para hacer cosas después de un fracaso?

  1. Busca tiempo cada día para concentrarte en algo que te encanta, una actividad con la que tu mente se evade de cualquier preocupación. Por ejemplo, si te encanta leer, disfruta de buenas historias. El placer emocional es uno de los ingredientes más importantes en la receta de la felicidad. Por esta razón, estos instantes alimentan tu motivación para hacer cosas nuevas.
  2. Analiza el porqué de esta situación de estancamiento. En este punto, no solo es importante que identifiques la situación en concreto, sino también, tu diálogo interior a partir de ese hecho, es decir, la interpretación que tú has dado a esa realidad. Porque es en este plano en el que reside el verdadero bloqueo. Tal vez este sea un buen momento para generar pensamientos alternativos en torno a ese asunto. Cambia esas ideas negativas y limitantes por otras reflexiones propias de una mentalidad de crecimiento.
  3. No te pongas excusas. Simplemente, márcate una meta sencilla y próxima en el tiempo. De este modo, vences ese estado emocional previo. El primer paso es el más difícil, pero a partir de ese momento, todo fluye. Además, haz partícipes de tu propósito a otras personas de tu entorno más cercano. Así, experimentas ese efecto contagio que sientes cuando recibes el feedback positivo de otras personas que se alegran con tus propias ilusiones.
  4. Empieza hoy. Cuando una persona vive un periodo de decepción por un fracaso, suele pensar que cualquier otro momento futuro es mejor que este para emprender una nueva acción. Cambia este pensamiento. El mejor instante para disfrutar de la vida es el día de hoy. ¿Qué vas a hacer en el día de hoy en beneficio de tu propio bienestar? ¿Y qué vas a hacer para que el paso que des hoy te acerque al lugar en el que quieres estar mañana?
  5. Proceso de coaching. Esta experiencia es significativa a nivel personal puesto que, por medio de las preguntas poderosas del coach, el cliente profundiza en sí mismo y toma conciencia de cómo tiene el poder de proyectar cambios significativos en su vida a partir de decisiones específicas. Uno de los riesgos de la apatía que surge después de un fracaso que ha derivado en estancamiento es que la persona queda enredada en el plano teórico pero le cuesta dar el paso al plano de la acción. Un proceso de coaching es una iniciativa positiva para acotar esas decisiones en la realidad. Así como tras las vacaciones de verano es recomendable retomar la rutina de forma gradual, en este momento, también puedes definir un plan de acción que va de menos a más en intensidad.

Recuperar la alegría

Hay ocasiones en la vida que parecen corroborar aquella frase que dice que las desgracias nunca vienen solas. A veces parece que todo nos sale mal y resulta difícil encontrar la luz al final del túnel. Sin embargo, si hacemos un esfuerzo por recuperar la alegría, hallaremos la paz necesaria para atravesar esta dura situación.

La vida se compone de ciclos, algunos más positivos que otros. La única verdad irrefutable es que es prácticamente imposible no enfrentar en algún momento la frustración, la decepción o la tristeza. No obstante,en nuestras manos está no dejarnos llevar por la desesperanza y trabajar mentalmente para recuperar la alegría.

¿Por qué perdemos la alegría?

Cada uno de nosotros tiene un umbral diferente para el dolor emocional. Algunas personas cuentan con más destreza que otras para afrontar las complicaciones con optimismo y esperanza. En cualquier caso, cuando varios ámbitos de nuestra vida no están funcionando de la manera esperada, es común que la tristeza se instale en nosotros.

Existen principalmente cuatro áreas que, en función de su estado, determinan el grado de satisfacción vital de una persona:

  • Familia: contar con buenos lazos afectivos con nuestros familiares. Sentir que pertenecemos, que somos aceptados, apoyados y amados.
  • Amigos: unas relaciones sociales satisfactorias son verdaderamente importantes para gozar de una buena salud tanto física como mental. Todos necesitamos tener cerca amigos de verdad con quienes nos sintamos comprendidos y valorados.
  • Pareja: para muchas personas establecer una relación de pareja es uno de los pilares fundamentales de su vida. Contar con alguien con quien el amor, el respeto y el compromiso sean mutuos.
  • Trabajo: encontrarnos en un empleo que nos disgusta puede minar significativamente nuestro estado de ánimo, ya que es el lugar en el que pasamos la mayor parte de nuestros días. Por otro lado, estar sin empleo supone un duro golpe emocional dado que nos resta independencia y en ocasiones afecta nuestro sentimiento de valía personal.

Un cúmulo de infortunios

Cuando, en general, nuestra situación personal en todos los ámbitos es favorable, somos capaces de asumir que uno de ellos flaquee. Si terminamos la relación con nuestra pareja podemos apoyarnos en nuestros amigos y familiares. Por otro lado, si surge un problema familiar es más sencillo sobrellevarlo con el apoyo de nuestra pareja.

La dificultad viene cuando varias de estas áreas se tambalean al mismo tiempo. Si perdemos nuestra independencia económica al mismo tiempo que nos deja nuestra pareja y no contamos con amistades en quienes confiar, podemos llegar a sentir verdadera angustia.

Nuestra mente comenzará a vagar por todo aquello que no ha salido como deseábamos y nos encontraremos tan confusos y desorientados que no sabremos cómo continuar. Es en este momento cuando las emociones negativas se apoderan de nosotros y nos sentimos sin fuerzas para combatirlas.

¿Cómo recuperar la alegría?

  • Mantén la calma, puedes utilizar alguna técnica de relajación para lograrlo. Cuando controlamos nuestra respiración, la mente se se tranquiliza al mismo tiempo. Ser presa del pánico no ayudará en ninguna circunstancia, por ello trata siempre de mantener un bajo nivel de activación.
  • Acepta la realidad. Luchar contra la corriente solo servirá para agotarte y desesperarte aún más. Asumir que las cosas son como son te permitirá ampliar tu perspectiva. Ahora te encuentras en un momento difícil, pero es pasajero y saldrás adelante.
  • Aceptar no es resignarse. Es reconocer el punto en el que te encuentras y comenzar a actuar a partir de ahí. Toma decisiones para cambiar tu situación, pero no trates de arreglar todos los frentes al mismo tiempo. Ve tomando acción paso a paso y el sentirte cada día más cerca de tu meta te animará a continuar.
  • Acostúmbrate a valorar y agradecer lo que permanece en tu vida. A pesar de que algunas cosas que no funcionen, seguramente otras si lo harán. Aprende a apreciar los pequeños detalles de la vida y a encontrar la felicidad en ellos. De esta manera no dejarás espacio en tu mente para la negatividad.
  • Cuida tus pensamientos, pues son los que generan tus emociones. Cambia tu diálogo interno derrotista por otro que te recuerde tus fortalezas y te motive a continuar.
  • Cuida de ti mismo, no te dejes llevar por la apatía. Cada día realiza pequeñas actividades que te resulten gratificantes. Al final la vida es como montar en bicicleta: para mantener el equilibrio hay que seguir hacia adelante.

Hay días estupendos, días en los que tienes una gran energía, te sientes feliz y empoderado y podrías comerte el mundo. Hay días menos estupendos – o francamente malos – en los que la más mínima tarea parece un esfuerzo titánico. Son días en los que no tienes ganas de nada.

Aunque solemos pensar que la manera de tocar fondo psicológicamente viene dada por una profunda depresión o un intenso sufrimiento, en realidad también existen otros estados afectivos que pueden ser devastadores arrebatándonos la energía y la motivación, dejándonos sin fuerzas para afrontar la vida y sin ganas de nada. Como dijo el escritor japonés Haruki Murakami: «Nada es tan cruel como la desolación de no desear nada».

Abulia: Cuando no tengo ganas de nada

La falta de ganas no es pereza, holgazanería ni cansancio. Es una situación psicológica en la que pierdes la capacidad para actuar porque crees que plantearte metas y objetivos a corto o largo plazo no tiene sentido.

En los casos más extremos se puede llegar a la abulia, que es una alteración de la motivación y comienza a manifestarse con problemas para tomar decisiones y llevarlas a la práctica. La abulia es la falta de voluntad o iniciativa y de energía. Se trata de una especie de apatía extrema en la que cualquier actividad te parecerá abrumadora y pierdes el interés por las cosas que antes te motivaban y entusiasmaban.

Generalmente la abulia se acompaña de anhedonia, que es la pérdida de la capacidad para disfrutar de las actividades y encontrar placer en la vida. Cuando sufrimos ambos problemas, cuando la abulia y la anhedonia echan raíces, es fácil caer en el agujero negro de la depresión.

No obstante, sin llegar a los casos extremos de abulia, puedes atravesar días abúlicos, días en los que no tienes ganas de nada y todo te puede. ¿A qué se debe?

¿Por qué hay días en los que no tengo ganas de hacer nada?

1.Agotamiento, te has llevado al límite

Después de un proyecto agotador, es normal que sobrevenga un periodo de extremo cansancio y abulia que puede extenderse durante varios días o incluso semanas. Cuando estás inmerso en un proyecto muy demandante, tu organismo responde con eustrés, un tipo de estrés positivo que te ayuda a tener una marcha adicional para dar lo mejor de ti. Sin embargo, el eustrés consume energía física y psicológica, que al final termina pasándote factura. Por eso, cuando termines el proyecto y finalmente puedas relajarte, es probable que sobrevenga un agotamiento extremo.

2. Te has descuidado, mucho y durante mucho tiempo

A veces ese agotamiento no proviene de un proyecto muy demandante sino tan solo de un estilo de vida demandante en el que te has descuidado. Si corres de un compromiso a otro, como si vivieras en un eterno maratón, es comprensible que antes o después tu cuerpo y tu mente den el alto porque necesitan un descanso. En ese caso, el deseo de no hacer nada incluso podría considerarse como un mecanismo de defensa, una alerta de que necesitas tomarte un descanso y desconectar.

3. Aburrimiento vital, vives en el día de la marmota

No se trata del típico aburrimiento, sino de un estado de aburrimiento vital. Si no disfrutas lo que haces cada día, no encuentras las tareas motivantes y no te satisfacen, es normal que inconscientemente rechaces comenzar la jornada y respondas ante la perspectiva de un nuevo día con abulia. Si tus jornadas se han convertido en una copia las unas de las otras, tienes muchas rutinas automatizadas y no sabes cómo salir de esa especie de “día de la marmota”, es probable que te hundas en el aburrimiento y la monotonía, dos sentimientos que te arrebatan las ganas de hacer cosas. Basta recordar la frase de Max Stirner: “la costumbre de la renuncia congela el ardor de los deseos”.

4. Frustración, no ves la luz al final del túnel

Hay veces en que esas ganas de no hacer nada provienen de la frustración. Si te sientes atrapado en una vida que no te gusta, pero no sabes cómo escapar de esa situación, es probable que te sientas agobiado y frustrado. De hecho, si has intentado hacer las cosas de manera diferente pero – por alguna u otra razón – no ha funcionado, es probable que termines desarrollando una especie de indefensión aprendida, lo cual significa que te has dado por vencido sumiéndote en la abulia más completa. Sin embargo, «la resignación es un suicidio cotidiano», como escribió Honoré de Balzac.

5. Depresión, simple y llanamente

Hay ocasiones en que esas ganas de nada son el preludio de un cuadro depresivo. La depresión se acompaña de abulia, anhedonia y en sentido general de la pérdida de significado de la vida. En algunos casos, esa depresión es el resultado de una pérdida – de cualquier tipo – que deja un vacío enorme en la vida y genera una sensación de esterilidad emocional. Otras veces puede ser el resultado de una crisis existencial no resuelta en la que se pierde el sentido de la propia vida.

Por último, es importante ser conscientes de que ese estado abúlico también puede ser el resultado de algunos problemas físicos, por lo que es fundamental acudir al médico de cabecera para descartar una posible patología. Las variaciones hormonales, los problemas tiroideos, la anemia, la diabetes y los problemas cardíacos pueden generar cansancio y debilidad extremos.

¿Cómo recuperar las ganas de hacer cosas? El poder de rendirse

Cuando no tengas ganas de hacer nada, ¡ríndete! Parece un contrasentido, pero descubrirás que esa rendición es extremadamente liberadora. Rendirse no es pasar todo el día acostado en la cama, aunque si todo lo que necesitas es descansar para recuperar fuerzas, también es una opción, sino asumir el estado en que te encuentras.

Esa rendición encierra la semilla de la aceptación radical. Es dejar de pensar que tienes que estar haciendo cosas constantemente. Dejar de presionarte en pos de la productividad. Abrazar la tranquilidad y el dolce far niente. No empujar. No forzar. Permitir que las cosas sean como son.

El primer resultado de esa rendición incondicional es que comenzarás a dejar de sentirte mal contigo mismo. Y ese ya es un gran paso.

El segundo paso consiste en encontrar pequeñas cosas que se conviertan en dinamizadores de la conducta y que no requieran un esfuerzo sobrehumano. Una ducha relajante, escuchar la música que te gusta, hacerte un regalo… Cualquier cosa vale con tal de que puedas experimentar emociones más positivas que te hagan sentir mejor.

Se trata de aprovechar ese estado de apatía a tu favor para:

  • Reconectar contigo mismo, con esas cosas que realmente te gustan y que probablemente has descuidado durante mucho tiempo.
  • Tomarte un tiempo para descansar, dándote permiso para salir de la vertiginosidad de la vida cotidiana.
  • Cambiar el rumbo de tu vida – si es necesario – para encontrar nuevas metas que te resulten más motivadoras.

En el plano práctico, para recuperar las ganas de hacer cosas, simplemente necesitas establecer objetivos a corto plazo. Divide las actividades en pequeñas tareas que puedas gestionar mejor. Así te agobiarás menos.

Céntrate tan solo en el próximo paso que debes dar. Y cuando lo termines, date una palmadita en la espalda. ¡Te lo mereces! A medida que vayas dando pequeños pasos, también te irás empoderando y esa abulia irá desapareciendo paulatinamente, tal y como llegó.

Hay días en los que podemos con todo, hay días en los que todo nos puede 4.9 (97.65%) 17 vote

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  • ¿Cómo recuperar las ganas de vivir?

    Pierdes las ganas de vivir cuando te pierdes de ti mismo

    Creo que perdemos las ganas de vivir cuando nos perdemos de nosotros mismos, cuando nos olvidamos de lo que nos gusta, de lo que nos hace felices, de lo que sí nos interesa hacer y de lo que sí nos dan ganas de llenar nuestro tiempo.

    El cómo usamos nuestro tiempo es un punto muy importante para recuperar las ganas de vivir, pues en realidad la vida se vive con el transcurso del tiempo, y si sentimos que lo usamos en cosas que no nos interesan o que inclusive nos llenan de preocupaciones y angustias ¿cómo vamos a disfrutar la vida?

    Recupera el poder sobre tu tiempo

    Es por eso que para recuperar las ganas de vivir hay que recuperar el poder sobre cómo usamos nuestro tiempo, y a la larga esto se convierte en que habremos recuperado el poder sobre cómo usamos nuestra vida.

    Pero si creemos que no somos dueños de nuestra vida, que no tenemos el permiso de hacer con ella lo que queramos o que si lo hacemos lastimaremos a los demás, pues se nos complicará esto de tener ganas de vivir.

    Tienes permiso y derecho de tomar las riendas de tu vida

    Te recomiendo que reflexiones por un momento qué cosas has dejado de hacer que sí disfrutas, de qué actividades te privas porque “no tengo tiempo, no tengo dinero, no tengo ganas”, de qué situaciones o de qué personas te has alejado que te hacían bien…

    Y por otro lado, que reflexiones sobre las cosas que te sobran en tu vida diaria y que nada más te generan angustia, preocupaciones o pesar.

    Por ejemplo, recientemente me propuse enfocarme en las cosas que sí disfruto y hacer a un lado las que no, y buscar la forma de simplificarlas, depurarlas o pedirle a alguien más ayuda con eso, pues llegué a un momento en el que eran demasiadas cosas por hacer, y no todas las estaba disfrutando.

    Así es que pedí ayuda, y me dije a mi misma “yo me simplifico la vida” y redireccioné mi atención a las cosas que sí disfruto.

    Y te recomiendo lo mismo, ya que a los 2 o 3 días de hacer esto, volví a sentir esa emoción de “sí! ya quiero despertar!” porque claro, sabía que el día iba a ser algo que yo estaba eligiendo y que iba a disfrutar.

    ¿Sientes que has perdido las ganas de vivir? ¿Tienes ganas de tirar la toalla? Si estás en un momento de falta de ganas de vivir, escucha este podcast porque te doy las claves para que comprender por qué te sientes así y cómo recuperar las ganas de vivir.

    Presta atención a este audio porque podrás transformar tu estado de ánimo y conectar con el sentido vital de una manera sencilla que seguro que desconoces.

    https://www.ivoox.com/recupera-las-ganas-vivir_md_22370024_wp_1.mp3

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    Dale al Play y sígueme en Ivoox y iTunes para no perderte mi podcast 🙂

    Con este episodio aprenderás:

    • Razones por las que estás sin ganas de vivir.
    • Claves para transformar tu estado de ánimo.
    • Estrategias para recuperar las ganas de vivir.
    • Recuperar el sentido vital de forma sencilla.
    • Aumentar la auto-observación.
    • Conectar con la inspiración, pasión y la motivación.
    • Gestionar las emociones y pensamientos.

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