0

Reduccion estomago seguridad social

¿Cuáles son las cirugías estéticas cubiertas por la Seguridad Social?

Las operaciones que cuentan con la debida autorización para ser financiadas por el sector público son bastante limitadas. Y la razón de que sean tan escasas, en lugar de nulas, es la exigencia del entorno, que las transforma en procedimientos para impedir severas complicaciones de salud. Uno de los métodos más demandados es el de la cirugía de pechos, que únicamente se encuentra financiada por la sanidad pública en las siguientes situaciones:

  • Reparación de asimetrías de nacimiento.
    Los resultados de la reducción de estómago en cuanto a pérdida de peso son muy buenos.
  • Reconstrucción de un seno después de un cáncer.
  • Supresión de una ginecomastia.
  • Reducción de mamas con excesivo volumen y que desemboquen en otra serie de riesgos.

Es el mismo caso de otras intervenciones como la abdominoplastia, otoplastia, blefaroplastia, rinoplastia, cirugía de manos, etc. No obstante, hay diferentes matices en relación a las mismas:

  • Una complicación abdominal que conlleva úlceras o irritaciones de la piel.
  • Parálisis faciales
  • Una membrana del ojo caída en exceso y entorpece la visión.
  • Deformaciones del tabique nasal que dificultan el proceso de respiración.

Son complicaciones que, al igual que en el caso de la reducción de estómago en la Seguridad Social, pueden optar a ser cubiertas por el ente público.

La cirugía para la obesidad es buena para el corazón en más de un sentido: las personas obesas tienen hasta el doble de posibilidades de encontrar el amor después de tales operaciones, según el mayor estudio que ha analizado hasta la fecha el impacto de este tipo de cirugía en la vida sentimental de sus pacientes, publicado en la revista Jama Surgery.

Sin embargo, no todo es positivo en este sentido. Los pacientes que ya están casados son un tercio más propensos a divorciarse después de la cirugía. La cirugía bariátrica, como las bandas gástricas y los bypass para reducir el tamaño del estómago y limitar la cantidad de comida que se puede consumir, produce una pérdida de peso considerable, que a menudo asciende a la mitad del exceso de peso del paciente. Así, el procedimiento reduce el riesgo de ataque cardíaco y las complicaciones asociadas a la diabetes, una enfermedad que afecta a muchos de los candidatos a esta cirugía.

En España se hacen unas 6.000 operaciones al año. La cirugía está cubierta por la seguridad social, pero sólo tras pasar por una exhaustiva evaluación física y psicológica y si se cumplen determinados requisitos, como tener un IMC superior a 35 y/o sufrir algunas de las enfermedades asociadas a la obesidad.

Aunque el impacto físico de la operación ha sido estudiado en numerosas ocasiones, el nuevo trabajo se centra en un aspecto mucho menos evaluados: el impacto sentimental de la cirugía. Para ellos, los investigadores liderados por Gustaf Bruze, del Instituto Karolinska (Suecia), analizaron datos de dos grandes estudios: el SOS, que comparó a 1.958 pacientes que se habían sometido a cirugía para la obesidad con 1.912 que ejercían de grupo control y el SOReg, que analizaba las diferencias entre 29. 234 pacientes que se habían sometido a un bypass gástrico y 283. 748 personas de similares características que no se habían sometido a cirugía.

En el primero, los pacientes que se habían sometido a cirugía eran dos veces más proclives a empezar una nueva relación que los que no se habían operado y el 35% de los que no tenían pareja antes de pasar por el quirófano encontraron el amor después. En el segundo, los operados fueron un 35% más proclives a empezar una relación y el 15% lo había hecho a los cuatro años. Es más, cuanto más peso se perdía, más fácil era que se empezará una relación.

«Para las personas con obesidad que están solteras, se puede utilizar este dato como un beneficio añadido de operarse», escriben los investigadores en la revista estadounidense.

Las cosas cambian para los que sí tenían pareja cuando se pusieron en manos de sus cirujanos, ya que sus posibilidades de acabar divorciándose tras la operación eran mayores que las de los que no se operaron. Aún así, el beneficio para la salud sigue mereciendo la pena.

Médicos del Chuac realizan entre 50 y 60 reducciones de estómago al año

A medida que aumenta el número de pacientes que necesita entrar en quirófano por este motivo varía también el perfil. «Antes no veíamos a gente con esta obesidad hasta los 45 o 50 años y ahora nos llega gente más joven con una obesidad importante y que por su historial médico vemos que es preciso que se sometan a una cirugía bariátrica. La tendencia actual es a que el perfil sea el de un paciente de entre 30 y 40 años», sostiene el jefe de Cirugía General del Chuac, José Noguera.

La medicina ofrece diferentes alternativas para la cirugía bariátrica, pero las más frecuentes son la restrictiva y la mixta. «La primera, que es la más habitual, supone una reducción de la bolsa del estómago; como la cámara gástrica es más pequeña, el paciente come y enseguida se siente hinchado», explica el doctor Noguera, quien añade: «En la mixta, a la reducción de estómago se une otro proceso para reducir la absorción de nutrientes que se logra mediante un bypass gástrico». A ellas habría que sumar otras técnicas -como la banda gástrica, entre otras- «pero cuyo uso es menos habitual».

Cualquiera de las cirugías bariátricas más practicadas en la sanidad pública se realiza, hoy en día, mediante técnica laparoscópica, pero los médicos recuerdan que se trata de una cirugía mayor compleja. «Es casi una operación similar a extirpar un tumor gástrico», indica Noguera, quien añade: «Es cierto que si hace una década había cierta mortalidad en este tipo de cirugías, hoy en día la tasa es muy baja pero aún así es una cirugía mayor y no está exenta de complicaciones en el postoperatorio». «La gente cree que como no es una cirugía abierta, que se hace por laparoscopia es más sencilla, pero dentro, en el cuerpo, se opera igual que se fuese cirugía abierta», indica.

Y una vez operados, toca seguir un control estricto de los hábitos, especialmente de la dieta, ya que la operación no supone el milagro que eliminará los kilos se coma lo que se coma. «Hay un riguroso control postoperatorio y tienen que seguir una dieta muy estricta durante los primeros meses», indica el doctor Noguera, quien deja claro que «no se puede comer lo que uno quiera tras una operación de este tipo». «Al principio su dieta se basará en líquidos de contenido calórico y poco a poco hay que introducir no solo proteínas si no también hidratos y además, en el caso de quienes se sometieron a un bypass hay que estar pendientes porque igual al no absorber tantos nutrientes presentan déficit de vitaminas», sostiene.

Por ello, durante al menos los tres primeros meses, los pacientes son vigilados por el endocrino que les realizará análisis de sangre y control renal para comprobar que todo está en orden. «A partir del tercer mes pueden iniciar una dieta normal, es decir, comer lo que coma el resto de miembros de su casa, pero eso sí, con unas recomendaciones porque operarse no significa poder comer ya lo que uno quiera», resalta este facultativo.

Los médicos recuerdan que, lejos de ser una opción válida para cualquier persona con kilos de más o que desee verse más estilizado, la cirugía bariátrica es una operación compleja que en la sanidad pública sólo se realiza para solucionar un problema de salud, no estético y no recomendada para todos. Y una vez fuera del quirófano toca practicar buenos hábitos para poner fin definitivamente a los kilos de más.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook

Noticias relacionadas

  • Endocrinos gallegos crearán el primer registro en España de pacientes operados de obesidad mórbida. Sociedad

¿En qué casos la Seguridad Social financia la reducción de estómago?

Los costos por un tratamiento para la pérdida de peso

Una reducción de estómago con el método POSE tiene un precio que oscila entre los 10000 y los 12000 €. El elevado coste de esta operación lleva a muchos/as preguntarse en qué casos financia la Seguridad Social una reducción de estómago. Una interrogante que se acostumbra a realizarse en este tipo de cirugías.

Así mismo, no todas las personas son los candidatos idóneos para el método pose, puesto que hay algunos ciertas características que se deben cumplir.

Lo primero que hay que advertir es que el procedimiento de reducción de estómago a través del sistema público de salud no es sencillo. Uno de los primeros requisitos es que el Indice de Masa Corporal (IMC) esté entre 35-40, dándose además preferencia a aquellos pacientes que tengan problemas derivados o relacionados con la obesidad que puedan constituir un riesgo para su salud, como afecciones respiratorias, hipertensión, etc.

Lo que se evalúa en estos casos es que el paciente realmente no tiene otra forma de perder peso de forma notable y que está en buenas condiciones para someterse a una operación quirúrgica. Es decir, se debe evaluar si realmente la persona necesita la aplicación de este método, de lo contrario, el paciente debe buscar otros tratamientos o alternativas que le ayuden a perder peso.

Las pruebas para saber si se es candidato al método POSE

Antes de que un sujeto sea declarado candidato idóneo para pasar por una reducción de estómago, se le hacen distintas pruebas que incluyen tanto pruebas físicas (endocrinas, análisis, etc.) como pruebas psicológicas, cuyo objetivo es determinar si existe algún factor psicológico que pueda estar dando lugar a la obesidad, una especie de trauma que termine por afectar la salud de la persona.

Entre las comunidades autónomas que financian las reducciones de estómago se encuentran Madrid, Zaragoza, Canarias y Valencia, entre otras.

Los requisitos en cada caso concreto pueden variar, por lo que lo más aconsejable es consultar sobre esta cuestión con el médico de cabecera, que será el quien nos remitirá al endocrino y nos dirá cuáles son los siguientes pasos a seguir en el supuesto de que nuestro caso sea de los que pueden dar lugar a una operación de reducción de estómago financiada por la Seguridad Social. Así mismo, explica en qué cosiste, respondiendo a todas sus preguntas y aclarando las dudas que se tengan en esta intervención y en el procedimiento a seguir en caso de ser por medio de la Seguridad Social.

Pilar Mediero no tenía báscula. Cuando se pesaba no le gustaba lo que veía y decidió que no necesitaba una. Hace dos años, a los 46, se subió a la de su farmacia habitual y la ingrata le devolvió 121 kilos. El peso se repartía por su 1,58 metros de altura machacando ligamentos y articulaciones. La grasa se acumulaba en su abdomen, enorme, blando y redondo. Su rostro parecía una luna. La madrileña sabía que su salud estaba sufriendo. Los análisis de sangre le llegaban plagados de asteriscos. Su diabetes era ya incontrolable y cada vez tenía que inyectarse más insulina. Por las mañanas, en ayunas, se pinchaba el dedo para medir el azúcar con una cantinela interna: ‘Por favor, que no pase de 200’. Pero el medidor le devolvía siempre un grito desesperado.

Fue el miedo, y no la estética, lo que llevó a esta taxista al quirófano. “Voy a acabar en silla de ruedas o ciega”, se decía. Por consejo de su endocrino, el doctor Gorgojo, del hospital Fundación Alcorcón (Madrid), decidió someterse a un bypass gástrico, la intervención más habitual contra la obesidad mórbida. Unas 6.000 personas se someten al año a una operación para perder peso en España. “Te grapan buena parte del estómago y te lo empalman al último tramo del intestino, por lo que apenas digerimos azúcares y grasas y retenemos peor los nutrientes”, cuenta Mediero.

No fue una niña gorda, pero a los 13 años empezó a ganar peso. A los 15 llegó a los 70 kilos. Por aquella época le sacó punta a la mala leche que heredó de su madre. Mientras ella se empezaba a fijar en sus compañeros de clase, estos le decían “¡gorda!”. “Hasta que un día sueltas dos yoyas (tortas) y ves que funciona”, dice. A los 39 años, con 80 kilos, empezó a ver doble, “como cuando coges una foto y la vuelves a montar pero descuadrada”. Estaba sufriendo un trombo. Descubrió entonces que es portadora de dos defectos de coagulación de la sangre. “Y fumaba como dos carreteros, casi tres paquetes de Ducados al día”, recuerda. Lo dejó, pero trasladó esa ansiedad a la comida y empezó a engordar. Dejó de poder cruzar las piernas. Se ahogaba al subir un tramo de escalera. Iba en coche hasta a por el pan. Hasta el día que la báscula le devolvió dos yoyas.

En 2010, el 22,9% de los españoles eran obesos, frente al 15,5% en 1990. El 39,4% de los españoles sufren sobrepeso y el 35,5% obesidad abdominal, según el Estudio de Nutrición y Riesgo Cardiovascular de la Autónoma de Madrid.

Con dieta y ejercicio se puede perder el 5-10% del peso. Con ayuda de fármacos y balones intragástricos, el 10-15%. Con cirugía se puede perder el 25-50%.

Cada año se someten a cirugía para adelgazar 6.000 personas en España, según Miguel A. Rubio, endocrino del hospital Clínico de Madrid.

Las operaciones estrella son el bypass gástrico y la gastrectomía tubular, que deja el estómago con forma de tubo.

Entre el 10% y el 15% da un giro a su alimentación, según Asumpta Caixàs, de la Sociedad Española de Endocrinología. Entre el 10% y el 12% fracasa, según Antonio Torres, cirujano del Clínico (Madrid). El resto, se queda en un intermedio.

Mediero vivía enfadada con el mundo y, a la vez, conforme consigo misma. Se saltaba sin remordimientos las normas de una alimentación sana y sacaba las uñas cuando percibía miradas reprobatorias. Un día, una vecina le dijo “Estás más gorda”. Ella le respondió: “Y tú más gilipollas”. Otro día entró en Zara a comprar un bolso para una amiga. “Una dependiente se me quedó mirando con una cara de ‘Bonita, no sé qué haces aquí’, y me dijo: ‘aquí no tenemos tallas para ti’. No he vuelto a pisar un establecimiento de Inditex”.

La lucha interna que la mayoría mantenemos diariamente con la comida —¿Pido pescado o mejor, mmm, la pizza?— en su caso era casi inexistente. La taxista decidió no sentirse culpable. Se lo permitía todo. “Estás dejándote los cuernos en el taxi, por lo menos disfruta del almuerzo”, se decía. Picaba sin cesar. “Cuando me entraban ganas de un cigarro me endemoniaba y comía bollería, fritos, bocadillos…”.

La cirugía bariátrica no se considera prioritaria en el sistema público español. Para ser intervenidos, los pacientes tienen que esperar a que los cirujanos les hagan hueco. Pilar se tomó la espera como una oportunidad para mentalizarse de los cambios que sabía iba a tener que hacer: “Olvidar las grasas. Soltar el tenedor en cuanto me sacie. Masticar a conciencia. Aprender a cocinar sano”. Tal era su runrún.

En marzo de 2013, un año y medio después, ingresaba en el hospital de Alcorcón no sin antes comprar al fin un peso para seguir su evolución. De camino al quirófano se subió en una báscula que se cruzó en su camino: 119,900 kilos, sentenció. “120 para los amigos”. Al cerrar los ojos por la anestesia, se despedía de la mitad de sí misma.

La taxista decidió no sentirse culpable con la comida y se lo permitía todo

Dos años más tarde, con 48 años, Pilar sonríe desde el salón de su casa con su cacatúa ninfa al hombro. Es atrevida, alegre, independiente, “apóstata y roja”, dice. Sigue despertándose a las tres de la mañana para recoger a los clientes más madrugadores, pero ahora su tripa no va incrustada al volante: ha perdido 58 kilos (pesa 63) y se ha quitado diez años. Ha pasado de la talla 56 a la 42 y ha achicado las pulseras de sus muñecas. Su diabetes ha desaparecido y duerme del tirón. Atrás han quedado El dragón —mote que se ganó por sus ronquidos— y la apnea del sueño que la despertaba sobresaltada seis veces la noche.

Su forma de comer ha cambiado radicalmente. Y ha sido sobre todo gracias a Canal Cocina. “¡Dónde vas con tanto aceite!’, grito cuando veo a Gordon Ramsay. Ya ves, enmendándole la plana”. Cocina en wok con tres gotas de aceite, se ha aficionado al jengibre fresco y a las setas shitake y tiene en el congelador toneladas de pescado en raciones de 100 gramos. A mediodía ha cambiado el menú grasiento de una cafetería vecina al Ritz por un vegetariano ecológico cerca de Cuatro Caminos, el Ecocentro, en el que ahora come ensalada de lombarda, quiche de verduras y un líquido súpersano de nombre imposible de retener. Su amor por los bollos sigue presente, pero lo mantiene a raya. “Bueno, uno cada tres meses sí cae”, concede. “Pero no puedo relajarme. El mundo está lleno de tentaciones. Me digo ‘Eso no, ¡caca!”.

Ha pasado de la talla 56 a la 42 y se ha quitado 10 años de encima

La intervención no ha sido inocua. Toma vitaminas, magnesio y ácido fólico a diario pues los retiene peor. Además, el azúcar y la grasa, ora le sueltan el vientre, ora la estriñen. Pero tiene constantes recordatorios que suben su autoestima: cada mañana al pesarse o cuando se topa con la mirada desorbitada de alguien a quien hace tiempo que no ve. No ha olvidado cómo era antes. Lleva su yo previo a la operación en el corazón. En Facebook sigue siendo amiga de su tienda de tallas XL preferida, El baúl de Botero. Hace poco volvió para comprar una camiseta, esta vez talla S, con el texto “Barbie, muérete de envidia”. A veces se equivoca y cree que no cabe entre dos coches o coge prendas mucho más grandes de lo que necesita. “Y soy más coqueta”, dice con un repique de sus uñas burdeos contra la mesa.

Lleva 13 años con su pareja, Migue, también taxista, pero no viven juntos ni han querido tener hijos. Ahora ella le acompaña de vez en cuando en las caminatas de montaña que le pirra hacer, aunque ella preferiría que se fueran a un spa. El sexo ha mejorado mucho. Pero algo la inquieta: se ha llenado de pellejos, pliegues de piel que cuelgan por su cuerpo. Bajo sus bíceps bailan unas “alitas” flácidas y sus pechos se han desinflado. Lo único que la Seguridad Social ha consentido quitarle ha sido el faldón de piel que iba de su tripa al muslo. Una enorme cicatriz oscura recuerda la operación. Ha asumido que tendrá que ahorrar para pagarse una operación de estética. “Para mí ha sido súperimportante que Migue nunca me haya mirado raro por los pellejos. ¡Si parezco un Shar Pei! Yo, cuando más guapa me veo, es a través de sus ojos. A que no sabes lo que me dijo hace poco el tontito de él: ‘¿Has oído hablar de los pantalones push-up?”.

A todas las mujeres con sobrepeso les hacía la misma recomendación: «Vete a comprar un bikini porque a partir de ahora lo vas a poder lucir». Era el cirujano que más bandas gástricas ponía en España «y el que más secuelas ha dejado», matiza la presidenta de la recién constituida Asociación de Afectados por Cirugía Bariátrica, Clara Hernández, quien describe el infierno que viven los pacientes que se sometieron a esta intervención que fija un aro de silicona y titanio en el cuello del estómago para reducir su tamaño.

«Vicente Dolz nos prometía una nueva vida, con un cuerpo mejorado con el que ganaríamos en salud y autoestima», aunque tras la operación de cirugía bariátrica el resultado era el contrario. Hernández hace de portavoz de más de una treintena de personas que sufren dolores abdominales, que duermen sentadas porque el ácido y los trozos de comida les salen por la nariz y la boca, y que piden que la sanidad pública les retire la banda.

Esta dramática situación afecta a más de 3.000 personas que optaron por esta cirugía que, según las promesas del cirujano, acabaría con la posibilidad de sufrir diabetes o colesterol, pero que en la práctica las estadísticas que manejan los expertos demuestran que la técnica que se empezó a aplicar de forma masiva hace ahora una década provoca grandes problemas, como la dificultad para comer en un 82% de los casos, dolores de abdomen en un 56% y reflujos en otro 47%.

«Numerosas personas que sufríamos sobrepeso -hasta 150 kilos- pero carecíamos de la consideración de obesos mórbidos acudíamos al doctor Dolz porque la Seguridad Social nos excluía de los programas de reducción de estómago», destaca la presidenta de los afectados por la cirugía bariátrica. El coste de la intervención ascendía a 7.500 euros e incluía el tratamiento y los ajustes del anillo implantado necesarios durante el primer año.

Su fama trascendió en poco tiempo. El cirujano valenciano se convirtió en el mayor experto en esta técnica. Dolz daba ruedas de prensa para explicar su gran actividad y aseguraba que en la Comunidad Valenciana se implantaron en 2003 el 95% de todas las bandas gástricas colocadas en España y el 22% de los balones intragástricos. El propio Dolz confirmaba que su trabajo había convertido a Valencia en la zona de España en la que se realizaban más implantes de este sistema porque era una de las alternativas «más eficaces» en la lucha contra la obesidad frente a otros tratamientos quirúrgicos «más agresivos» y con «más riesgos».

No obstante, su reputación, que había crecido como la espuma, se desplomó con la misma rapidez. Muchos de los pacientes le denunciaron por mala praxis y Vicente Dolz causó baja en el Colegio de Médicos de Valencia, según ha explicado esta entidad a EL MUNDO, «el 9 de octubre de 2012 por la inhabilitación para ejercer sus funciones clínicas por una sentencia judicial».

Los afectados duermen sentados porque la comida les sale por la nariz y por la boca

Dolz está desaparecido. A partir de ese momento, el desamparo de las pacientes fue absoluto. Ya no podían encomendarse a nadie para que les quitaran la banda que les había destrozado por dentro. «Cuando acudíamos a la sanidad pública siempre nos decían que el mismo que nos había provocado el desastre que lo arreglara», según Hernández, quien recuerda que sólo cuando hemos llegado de urgencias y «cuando nuestra vida peligra de forma evidente nos han intervenido».

Mientras tanto, el calvario continúa para las personas que siguen con la banda en el estómago. María José Rodríguez tuvo que someterse a tres intervenciones y llora cuando recuerda que le era imposible «ingerir carne ni fruta ni verdura, todo se me atascaba pese a masticarlo mucho y básicamente me tenía que alimentar de leche y purés». Esta dieta le provocó anemia: «Me encontraba cada vez peor y no lograba ni adelgazar, al poco tiempo empecé a vomitar cada vez más a menudo, tenía fiebre, mis analíticas eran desastrosas, cada vez más anemia y los marcadores inflamatorios con visitas constantes a Urgencias».

Arrepentida de haber confiado en una técnica que todavía no estaba perfeccionada y que ha convertido su vida en un sufrimiento constante, María José describe que su cuerpo está muy deformado -una cicatriz de 50 centímetros- desde el ombligo hasta el tórax. «Me operé para tener menos dolores y problemas de salud y lo que ha pasado es que vivo muchísimo peor y mi vida se ha convertido en una lucha interminable que dura nueve largos años».

Tras la constitución de la Asociación de Afectados por Cirugía Bariátrica se ha solicitado que la defensa de los perjudicados la lleve el despacho José Domingo Monforte Abogados. El letrado detalla que aunque «ahora es el momento de las víctimas», «vamos a ir caso a caso, ejercitando las acciones individuales de responsabilidad médica por la mala praxis y negligencia».

José Domingo aclara que se defenderá tanto individualmente como de forma colectiva, «reclamaremos la indemnización que les corresponda, adecuada al daño que soportan cada uno de los pacientes. Todo ello sin descartar acciones colectivas por el negocio recaudatorio que formó el doctor Dolz a su alrededor, sin dar las garantías de información, técnicas, ni de seguridad que el implante de la banda gástrica hubiera requerido».

Lo aconsejable es consultar al médico de cabecera si se podría someter a un bypass gástrico en la Seguridad Social.

En concreto, una mamoplastia puede ser financiada por la Seguridad Social cuando se trata de corregir asimetrías congénitas o de reconstruir el pecho tras un cáncer de mama. También cuando es necesaria una reducción de pecho porque el excesivo tamaño del mismo provoca daños en la columna o dolor de espalda.

La otoplastia, la rinoplastia, la blefaroplastia (cirugía de párpados) y la abdominoplastia, también pueden ser sufragadas por la Sanidad pública en ciertos casos. A saber:

  • Rinoplastia: Si una malformación del tabique nasal provoca problemas respiratorios.
  • Blefaroplastia: Si una membrana ocular se cae excesivamente y dificulta la visión.
  • Abdominoplastia: Cuando un problema abdominal ocasiona úlceras o irritaciones cutáneas.

Por tanto, en el caso del bypass gástrico en la Seguridad Social, habría que remitirse al caso concreto de cada paciente, a su situación y su historial clínico. Todos tienen que esperar en una larga lista de espera, aunque normalmente se da preferencia cuanto mayor exceso de peso y más enfermedades asociadas, cuya mejoría o sanación dependan de la pérdida de kilos.

Cirugía bariátrica

Para cirugías o procedimientos, es difícil saber de antemano los costos exactos. Esto se debe a que nadie sabe exactamente cuáles son los servicios que necesitará. Si necesita una cirugía o un procedimiento, podrá estimar cuánto deberá pagar. Usted puede hacer lo siguiente:

  1. Pregunte al médico, hospital o centro cuánto deberá pagar por la cirugía y el cuidado de salud posterior.
  2. Si es un paciente ambulatorio, puede tener la opción de elegir entre un centro de cirugía ambulatoria y un departamento para pacientes ambulatorios de un hospital.
  3. Determinar si será hospitalizado o en cuidado ambulatorio, porque el monto que deberá pagar será distinto.
  4. Consultar con cualquier otro seguro que tenga para saber cuánto pagará. Si pertenece a un plan de salud de Medicare, comuníquese con el plan para obtener más información. Otro seguro podría incluir:
    • Póliza de seguro complementario de Medicare (Medigap)
    • Medicaid
    • Cobertura de su empleador o el de su cónyuge
  5. Inicie sesión en MyMedicare.gov o mire su último “Resumen de Medicare” para ver si alcanzó sus deducibles.
    • Consulte los deducibles deducibles de la Parte A si espera que lo admitan en un hospital.
    • Consulte los deducibles de la Parte B para una visita de un médico o para cuidado de salud ambulatorio.
    • Deberá pagar las cantidades deducibles antes de que Medicare empiece a pagar. Después de que Medicare empieza a pagar, es posible que tenga que realizar copagos por el cuidado de salud que recibe.

Especialistas en Cirugía bariátrica por obesidad mórbida

  • Peso 117 kilos y mido 1,69 metros. le pedí al endocrino de obesidad de la seguridad social un bypass gástrico y me dijo que luego me podía quedar hasta sin dientes que no me lo aconsejaba y que ademas no cumplía los requisitos, aunque yo sigo creyendo que si. Después de esto me dio el alta ¿ No puedo…
  • He iniciado mi tratamiento con un Bariatra. Han pasado algunos meses y me han dado una dieta bastante estricta en la que solo puedo comer verduras verdes y proteínas. Han cambiado mucho mis hábitos en un inicio perdí peso pero ahora lo estoy recuperando incluso llevando mi dieta Debo cambiar de doc?
  • Tengo 47 años, mido 184cm y peso 130 kilos. Mi endocrino y médico de cabecera me recomiendan la cirugía bariátrica por mi condición de diabético tipo 2 e hipertenso. ¿Qué procedimiento es más indicado actualmente?
  • Tengo by pass gástrico hace trece años, perdí 50 kg aunque recupere 10, estaba genial, dos embarazos, el primero solo 6 kg y el segundo 23kg y casi dos años a dieta. ¿Sería viable una segunda cirugía de gastrectomía vertical para tener de nuevo reducido el estómago?
  • Buenos días, sobre que precios oscila la operación mas o menos de Cirugía Bariátrica? Gracias
  • Hombre de 34 años, 188 cm, 132 kilos, diabético Tipo I con hipertensión, estoy tanteando realizarme una operación de sleeve gástrico. ¿Mi caso es recomendable para operar y si se puede realizar desde la Seguridad Social o sólo por clínica privada?
  • Quiero saber si soy una candidata a operarme de Cirugía Bariátrica, mido 167 centímetros y peso 93 kilos, tengo un Linfedema en EEII, me quieren operar para hacerme una Lipoaspiracion Linfatica selectiva, pero tengo que bajar de peso, llevo toda mi vida a dieta y tengo 43 años, ¿Como lo hago?
  • ¿qué importancia tiene toda la cobertura psiquiátrica,nutricionista,endocrino antes y después de la cirugía barbiátrica?
  • ¿Se puede hacer una gastroplastia vertical un año después de haberse hecho una abdominoplastia?
  • ¿Es posible revertir una operación de reducción de estómago scopinaro?

admin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *