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Relatos de chicas

Porno para mujeres. Secuencia 1: cuerpos celestiales, gozo universal – Relatos eróticos

Porno para mujeres es la trilogía de relatos eróticos en la que la sublime Valérie Tasso hace un recorrido alrededor de las formas en que una mujer, sin dudas sobre sus gustos y pasiones, vive y siente la pornografía.

Como si de una excelente película xxx se tratase, ha desmenuzado, en los más ardientes fotogramas, las sensaciones y pensamientos femeninos, uniéndolos cual secuencia sexual del vídeo porno más elegante. Esta es la primera, donde encontrarás al personaje principal deleitándose en una bacanal. Sigue leyendo…

Porno para mujeres. Secuencia 1: cuerpos celestiales, gozo universal

Cuando Dieter me propuso el encuentro, lo dudé un instante. Era un buen tipo, pero le faltaba la virtud de saber excederse sin extralimitarse.

–¿Hay algún requerimiento especial? –le pregunté.

Me indicó que no, que nada de disfraces ni de cosas raras. Ni siquiera había dress code.

–Lo organiza gente muy seria, querida, muy profesional… –señaló como si quisiera acabar de convencerme.

Apunté la dirección en el único papel que tenía a mano, la dichosa factura de la luz, mientras otro millón de cosas pendientes daban vueltas en mi cabeza. ¿¡Dónde coño dejé aquel conjunto con encajes de seda de La Perla, perversamente caro!?

Al principio, me invadió la preocupación por el excesivo número de personas que se habían reunido en aquel ático de la calle Bonanova. No llegué a contar con exactitud cuántos éramos. No podía. Los cuerpos semi-desnudos tienden a parecerse. Repentinamente, las inquietudes se disiparon.

–Supongo que lo tomarás con hielo… –dijo, alargándome un vaso el que supuse que era nuestro anfitrión.

Era un tipo apuesto, de tez morena y melódico acento argentino, que sujetaba a una hermosa rubia de piernas aún más largas que la intención con la que me escrutaba, y que supuse había sido alquilada por el porteño para la ocasión.

–Si te refieres al whisky, sí. Si te refieres a la rubia, la prefiero sola.

La rubia se acercó y me dio un pico. Le acaricié, sin más, la mejilla.

Pude ver a Dieter a lo lejos, sentado sobre un precioso chéster de tres plazas y cómo una chica menuda, y que parecía hambrienta, contenía en su boca todo su generoso miembro. Un grupo de cuatro o cinco personas observaban muy de cerca la escena, masturbándose. Al verme, Dieter esbozó media sonrisa, a la que respondí elevando ligeramente mi vaso en señal de “¡A tu salud!”.

La música se mantenía audible, sin estridencias, pero yo sabía que en apenas un rato, dejaría de oírse, apagada por los aullidos y gemidos, y el feroz lenguaje incoherente del deseo. Olía a sándalo y perfume de almizcle. Dentro de poco, ese olor también se perdería.

Yo me paseaba entre la gente que charlaba, follaba o sencillamente se masturbaba mirando a los demás. De repente, noté como una mano me asió suavemente por el vientre, mientras un miembro duro se apoyaba sobre mis nalgas, como si estuviera buscando cobijo. Me giré despacio y, sin mirar su cara, arrimé mis labios a los suyos. Pude oler, en su boca, el sabor de alguno de los coños que estaban ofrecidos por la sala.

Descendí despacio hacia el cinturón, casi tan despacio como bajé la cremallera de sus pantalones para liberar al animal que la aprisionaba. Palpitaba… Él, yo, palpitábamos juntos. Sus pies estaban desnudos, y su respiración se agitó cuando me quedé inmóvil frente a su glande violáceo.

–Siéntate –le ordené.

Apoyé la punta de mi lengua sobre el frenillo de su prepucio, mientras, con la mano derecha, extraía dos cubitos de hielo que dejé con delicadeza en el suelo. Con mis labios carnosos, aprisioné su glande con fuerza, mientras colocaba sus pies sobre los cubitos de hielo. Al notar el frío, mi amante desconocido arqueó la espalda al compás de un ruido gutural seco, espasmódico.

–Antes de que se derritan, te habrás corrido –le anuncié con solemnidad.

Comencé, con mi boca, a descender suavemente desde el glande al tallo, realizando presión con diversas intensidades, hasta que la saliva permitió que mis labios circulasen sobre su falo como la lluvia besa al mar. Empecé a regalarle distintos toques de lengua sobre el glande y frenillo, mientras lo masturbaba en espiral.

Alguien, desde atrás, me apartó suavemente las piernas y comenzó a acariciar el interior de mis muslos. Cuando mi víctima eyaculó, me tumbé boca arriba sobre la alfombra, con la vista perdida en las molduras del techo. El roce de las manos que jugaban sobre mis muslos había empezado a surtir efecto y nada me importó que, de repente, desaparecieran mis bragas de blonda. Pude notar el calor de un aliento nuevo sobre mi vientre. Alguien me empezó a estirar con suavidad los brazos hacia atrás, y una lengua se puso a recorrer las palmas de mis manos, a la vez que otra se entretenía con mis pies, recorriendo, uno por uno, los huecos entre mis dedos.

¿Cuánta gente tenía alrededor? Oía el murmullo de la multitud, al tiempo que notaba como mi culo y la espalda se pegaban al calor de la alfombra. Me parecía distinguir a una pareja de ancianos que, cogidos de la mano, me observaban. Ya no oía la música. Alguien me entreabrió con delicadeza la vulva y comenzó a acariciarme el clítoris, a la vez que se unieron otras lenguas que jugueteaban con mis pezones. Algo se introdujo con fuerza en mi vagina, y mi cuerpo se contrajo; mi piel se erizó, a la vez que mi garganta emitía un sonido seco. Perdí de vista las molduras del techo. Oí gemidos que yo no producía. Mi cuerpo se achicó, se fue encogiendo, se contrajo sobre él mismo y comprimió toda mi energía justo antes de la gran expansión, que el universo, la nada, se repartieran hacia el infinito. Mi cuerpo ya no era mío, no se distinguía de los cuerpos de los demás y el gozo no me pertenecía, no era mío ni era de nadie… era de todos.

Fundido en negro. Eso lo recuerdo muy bien. Abro los ojos lentamente, y me acuerdo de que debo pagar el recibo de la luz…

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Ya puedes continuar con la segunda parte aquí: Porno para mujeres. Secuencia II: querida rubia, déjame ser deliciosamente perra – Relatos lésbicos

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Listado de la etiqueta: relato de sexo para chicas

Acababa de recibir una llamada de la bolsa de trabajo de Castilla La Mancha para cubrir una vacante de profesora de inglés en un pueblo perdido de Albacete. Me pilló por sorpresa, pues había hecho aquellas oposiciones por probar y nunca pensé que me llegarían a llamar pese a la alta nota que obtuve. En otro momento hubiese rechazado la oferta, no quería dejar mi querida Málaga para irme al culo del mundo, pero la reciente ruptura con mi ex (tras 7 años de relación) por sus repetidas infidelidades me hizo querer poner tierra de por medio y tratar de empezar de cero.

Así es que llegué a finales de Enero al pueblo donde estaría los siguientes 6 meses de mi vida, empezando una aventura nueva. El pueblo era bastante feo y apenas había nada interesante que hacer allí, asi es que pensé que podía aprovechar para ahorrar dinero e irme a Estados Unidos el curso siguiente.

Todo el mundo era muy amable e incluso me asignaron un piso en el ático de un edificio de 3 plantas (lo más alto que había en el pueblo quitando la Iglesia), sin tener que pagar más que 200€ con todo incluido. El edificio estaba a la salida del pueblo y eran pisos de gente del pueblo que regresaba en verano a pasar las vacaciones. La mala suerte es que el unico piso habitado era el que estaba junto al mio, con una gran terraza que comunicaba ambos pisos y separados por una pequeña baranda.

Para colmo el inquilino del otro piso era un tipo muy gordo, con una barriga que le asomaba por debajo de la camiseta, de unos 40 años y de aspecto desaliñado (con un fuerte olor a sudor siempre).

Los dos primeros meses casi no lo vi, porque apenas salia a la terraza y al no tener ascensor, el tipo este no solía salir de casa (le encargaba la compra al chico del colmado). A partir de Marzo, con la llegada de la primavera siempre coincidiamos en la terraza. Si salía yo a fumar enseguida aparecía él encendiendo un cigarrillo, si salía a tomar el aire lo mismo, y siempre lo sorprendía mirando al interior de mi piso desde la terraza. Me sentía poco menos que acosada. Siempre me ofrecía tomar una cervecita en su casa o un cacharrito o ver una peli….obviamente siempre le decía que no, pero el seguia insistiendo.

Durante ese tiempo no tuve salvo un par de aventuras con un par de chicos del pueblo, que tuve que dejarlo por las habladurías de los pueblos pequeños, ya que yo era la maestra. Mi amiga Lorena vino a visitarme un dia y trajo una hierba muy potente, pero con unos efectos impredecibles. Al irse me dejó una pequeña bolsita «por si me aburría de estudiar».

Un día, tras fumar un canuto empecé a pensar en el gordo, en como follaría, como tendría la polla,…y me empecé a masturbar. Desde ese día siempre me masturbaba pensando en el gordo follándome, tanto que se convirtió en una obsesión.

En abril vino una semana con mucho calor, y cuando salí al balcón estaba el gordo en calzoncillos tomándose una cerveza (llevaba unos calzoncillos de esos de abuelo, con agujeritos, amarillentos y llenos de lamparones, aparte que se le notaba una polla enorme). Me miró y me ofreció una, la cual rechacé instantaneamente y me fui para dentro rápidamente.

Una vez dentro me puse cachondísima y empecé a masturbarme. No podía sacarme de la cabeza aquella imagen del gordo, sudando y como sería que abusara de mi. Esa noche decidí pasar a la acción. Me duché y me rasuré entera. Después me fumé un canuto bien cargado, me bebí una cerveza y me puse un camison semitransparente que me regaló mi ex y que nunca llegué a estrenar. Debajo solo llevaba un tanguita de hilo. Se podían ver claramente mis pechos a través de la tela y las grandes aureolas de mis pezones que se asemejan en tamaño al de las galletas oreo. Entonces encendí otro pitillo y salí al balcón. No pasaron ni 5 segundos y oí como llegaba el gordo y se encendía otro cigarro. Se quedó boquiabierto al verme con aquella ropa y casi no podía articular palabra, apenas ni un «bububuen nocheeches». Me reí y noté como estaba empalmándose.

Le pregunté si no tendría una cerveza fresquita para mi y me dijo que sí, que si la tomábamos en su casa. Por un momento dudé, pero el atontamiento del porro me hizo aceptar. Pasé por la valla de un metro que separaba las terrazas y me invitó a entrar. Me dijo que tenía el aire puesto y allí estaríamos más fresquitos.

Me senté en el sofá y el en el sillón. Nos bebimos 2 cervezas y nos fumamos otro canuto. Yo ya estaba mareadisima y casi no podía mantener los ojos abiertos. El se levantó a por otras dos cervezas y al volver de la cocina se sentó a mi lado. Me dio la cerveza pero yo ya casi no podia hacer nada más que sostenerla en la mano.

Entonces el empezó a acariciarme el muslo de arriba a abajo, suavemente. Yo estaba inmovilizada y no sabía que hacer. Cada vez estaba más cerca de mi rajita, que empezó a humedecerse. El lo notó, ya que con aquella ropa poco podía ocultar. Con su otra mano me deslizó un tirante del vestido, y luego el otro, dejando mis pechos al aire. Me cogió los pechos y los apretaba como si fuesen pelotas antiestres. Me bajó el tanga hasta las rodillas y comenzó a acariciarme la rajita, que ya estaba completamente encharcada. Cogió mi mano y la puso en su enorme pene que comencé a masturbar. El introdujo un dedo en mi rajita y luego dos, sin dejar de manosear mis pechos y chuparlos.

De pronto y con un movimiento brusco, me cogió de la cabeza y me puso la boca en su polla, y comencé a chupársela como nunca lo había hecho. E gemía de placer mientras me metía un dedo en el culo y dos en la rajita. Entonces me subió encima suya y me la metió hasta el fondo. Sentí una mezcla de placer y dolor, pero comencé a cabalgarle mientras el no soltaba mis tetas. Me corrí 3 veces hasta ese momento, que se levantó, me llevó al balcón y me colocó inclinada sobre la barandilla, me abrió de piernas y empezó a follarme fuerte por detrás. Aunque era muy tarde y estabámos alejados de las otras casas el morbo a que nos pudiera ver alguien me puso aun más cachonda. No sé cuantas veces más me corrí, pero cuando por fín se corrió el perdí el conocimiento.

A la mañana siguiente me desperté en mi cama, desnuda y con un dolor de cabeza enorme. Al principio pensé que solo habia sido un sueño, hasta que me di cuenta lo mal que olía y que mi rajita estaba aun con restos de semen.

Me percaté de que había una nota en mi mesita: Esta noche habrá más! Y al darle la vuelta a la nota comprobé que era una foto mía desnuda.

ENVIADO POR KATIA

Entregue la cola de mi mujer. Parte 1

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Me llamo Sebastian tengo 32 años y actualmente vivo en la Ciudad de México; estoy casado con Ana, ella tiene 28 años, un una hermosa morena clara de cintura delgada pero con un gran culo y caderas hermosas, sí, un gran culo, de esos que roban miradas en las calles.

Podría definir su culo con cuatro cosas:
gordo, grande, de delicioso aroma y lo más importante, limpio, sin un solo vello.

Un culo que conozco a la perfección desde hace 7 años. Un culo que merece ser lamido por horas hasta dilatarlo, que merece ser olido después de una rutina de ejerció, un culo que merece ser penetrado con un dedo húmedo para después babearlo y romperlo.

Un culo que merece atención diaria.
Un culo que merece ser compartido.

Y así es como comienza todo.
Honestamente, Ana y yo tenemos algo en común, y es la poca vida sexual que llevábamos antes de conocernos. Eso nos ayudó a descubrirnos y pasar momentos deliciosos como pareja. Ella siempre mostró fidelidad y amor hacia mi, lo cual me hacía sentir único. Pues una mujer así, es difícil de encontrar hoy en día.

Hace unos meses nos mudamos a un departamento en una colonia buena de la ciudad. Ahí conocimos a Alejandro, un señor robusto, con una panza extremadamente grande y muy lujurioso. Él es el encargado de darle mantenimiento a todo el edificio.

Desde el primer día que nos mudamos, me percaté de la manera tan morbosa en la que miraba a Ana, poco más arriba de lo normal.
Porque en realidad, cada vez que salgo con Ana, hay más de 5 hombres que la desnudan con la mirada, y tienen todo el derecho, una mujer como Ana, despierta los deseos más oscuros de cualquier caballero. Tengo que aceptar que al principio de molestaba, pero después de la boda, esa molestia se convirtió en excitación; ahora es muy común que me prenda al ver que alguien clavar su mirada en esas nalgas.

De hecho, hace unas semanas, salimos a un bar que se encuentra dentro de un centro comercial muy concurrido. Al dar la 1:30 am, nos retiramos del lugar, éramos casi los últimos y en la plaza solo se podía ver a algunas personas encargadas de la limpieza del lugar. El bar se encuentra en la planta baja y nuestro auto estaba estacionado en el 2do nivel, subimos por las escaleras eléctricas, Ana ya estaba muy pasada de copas, ese día vestía una falda gris muy corta, camisa blanca y zapatos negros con un tacón algo alto. Al llegar a la mitad de la escalera, me abrazó y en ese momento pude ver que un grupo de hombres de limpieza la veían desde abajo, intentando encontrar el espacio para apreciar su ropa interior; la tomé de la cintura, la acomodé de espalda a ellos y la apreté ligeramente para que levantara el culo y así ofrecerles tan anhelado espectáculo sin que ella se diera cuenta, pocos metros antes de llegar, bajé mis manos al final de su falda, la levante ligeramente mientras apretaba su culo, y lo abrí un poco para que aquellos caballeros pudieran apreciar una pequeña muestra de su ano sujeto por el hilo de una tanga. La sonrisa en sus rostros fue lo último que vi, y el culo abierto de mi mujer completamente ebria, fue lo último que ellos vieron.

Regresando al tema, Javier babeaba cada vez que Ana se aparecía cerca de él y en verdad eso me ponía caliente. Sin pena, la miraba de arriba a abajo y detenía su mirada en la cola de Ana, como esperando a que ella se inclinara para pedirle que la hiciera suya.

Pasaron algunos días hasta que un martes por la noche, recostados en la cama, mi cabeza empezaba a imaginar aquella situación en la que Javier se cogía a Ana. Estuve muy inquieto y caliente, y entonces pasó, en un momento de impulso, le dije a Ana -Princesa, tengo que contarte algo, seguro te suene raro, seguro te va a ofender pero ya no puedo más-

Ella espantada, rápidamente respondió
-¿Qué te sucede? ¿Estás bien?-

Y sin rodeos le dije
-Quiero verte coger con otro hombre, quiero que alguien más te coja y yo sea un espectador en primera fila-

-¿Qué te pasa? ¿Por qué me dices esas cosas?-

En ese momento creí que lo mejor era dejar el tema en paz y le dije que lo sentía, que era una broma.

Esa noche nos dormimos y ella se alejó de mí.

El día siguiente transcurrió como si nada hubiese pasado. Al llegar la noche, Ana se sentó junto a mí en el sofá y me dijo que había pensado bien todo, que ella era mi esposa y que tenía la obligación de escuchar mis peticiones.

En ese momento le dije
-Ana, ya no puedo más, esta fantasía me está matando, quiero ver cómo le entregas en culo a alguien más-

-No sé qué pensar, no sé por qué tienes esa idea, pero si es así, quiero que me digas cómo piensas cumplir esa fantasía-

-La verdad no sé pero solo puedo decirte que sé perfectamente con quién quiero verte y no se va a negar, te lo aseguro-

-¿De quién hablas? ¿Quién es? ¿Él te está influenciando?

-Para nada, él no sabe nada y prefiero que no sepas, quiero que sea una sorpresa; además, si te digo posiblemente no accedas-

-¿Por qué? Necesito saber de quién estás hablando, no puedo acceder si no me dices todo a detalle-

-Mira, hagamos esto, lo traeré a nuestro departamento el día que gustes, en ese momento decides, si te parece bien, quiero que lo hagas con él, de perrito, que te dejes comer el culo y después te dejes coger, si no, detenemos esto y jamás lo mencionaré de nuevo-

Ana se quedó callada, pensado, se notaba nerviosa, y después de un rato respondió

-Está bien, hagámoslo, pero voy a poner mis reglas: si la persona no me gusta, no lo haré aunque me ruegues. Tiene que ser alguien aseado. No voy a permitir que me la metan sin protección. Y por último, voy a intentarlo pero a cambio tu vas a cumplir una fantasía para mí-

Con la cara llena de felicidad y el miembro duro como un bate de baseball, acepté.
Le dije que el sábado siguiente sería el día y le di instrucciones precisas de cómo debía vestirse.

Después de eso tuvimos una sesión de sexo sucio y apasionado, la embestí como a una puta y le perforé el culo como nunca, hasta dejarla escurriendo de leche.

Al día siguiente no dejaba de pensar en nuestro encuentro pero sobre todo, en la manera en la que le diría a Javier que lo invitaba a por fin cumplir su sueño: comer el culo de mi mujer y romperla a cogidas.

El viernes por la noche, llegando de mi jornada laboral, pasó lo que necesitaba. Encontré a Javier en el estacionamiento del edificio, sin gente alrededor.

Lo saludé y le pedí que se subiera a mi auto, que necesitaba hablar con él. Dudoso e inseguro, accedió.

-Buenas noches Sebastian, dime ¿para qué soy bueno?

-Hola Javier, buenas noches, mira no tengo mucho tiempo y lo que te diré te sonará muy extraño pero estoy seguro que al final te irás accediendo a una petición que te haré-

-¿De qué chingados me hablas? no estés jugando-

-Relájate, mira-
Saqué mi teléfono y le mostré una foto del culo de Ana, empinada y en ropa interior.

-¿Qué te parece Javier?¿te gusta? Es el culo de Ana, mi mujer-

En cuanto dije Ana, en abrió los ojos lo más que pudo y se acercó al teléfono

Él respondió casi salivando
-Uy Sebastián, que rica cola tiene, con todo respeto, está para acabársela a cogidas, bañarla en leche, comerle el ano y mamarle el coño hasta hacerla venir-

-Lo sé, por eso estás aquí, quiero invitarte a coger con ella-

-No digas pendejadas Sebastian ¿es en serio? No te creo ni madres, nomás estás jugando conmigo-

-Te estoy hablando derecho Javier, Ana ya sabe algo de esto y accedió, solo faltas tú, aparte te he visto mil veces viéndole el culo, se te nota que la deseas, seguro te masturbas pensando en ella, así que no seas puto y dime que sí, sabes perfectamente que quieres encajarle la verga-

-Te voy a ser honesto, desde que conozco a Ana, no he dejado de imaginarla desnuda a la cabrona, tiene un culo maravilloso y hasta le he tomado fotos a escondidas. Acepto tu propuesta pero ¿qué quieres a cambio?-

-Solo quiero que la cojas salvajemente, trátala como a una puta, y lo más importante, quiero estar presente-

-No mames, cabrón, tú sí que estás bien pinche enfermo, pero va pues, esa cola tiene que probar mi verga, y por si no lo sabes, tengo un pinche pedazo de carne enorme, seguro más grande que el tuyo, y también te aseguro que Ana jamás ha probado uno así. La muy perra va babear al verlo y me va a rogar por metérsela ¿Cuando empezamos?-

-Te veo mañana a las 2pm en mi departamento, te voy a decir la verdad, ella no sabe que tú eres el que la va a coger, y posiblemente al verte no acceda, así que en cuanto llegues, te quitas la ropa, quiero que te vea la verga para que se le antoje y no pueda negarse-

-Entendido, te veo mañana, buenas noches-

Esa noche le comenté a Ana que ya estaba todo listo y qué mañana sería el encuentro, ella me contestó con una sonrisa fingida y me dijo que estaba bien, que mañana haría todo lo que le pidiera y que tenía que disfrutarlo porque sería la única vez que lo haría.

El día llegó.

Sábado, 1:50 pm y Ana lucía magnífica.
Le pedí que usara un vestido negro, acompañado de unas medias de red, se le veía un culo enorme y a eso súmenle un par de tacones que levantaban su cola.

Dieron las 2:00 pm y se escuchó el timbre.
Le pedí a Ana que se fuera a nuestra recámara y que se pusiera en cuatro, con la colita paradita, mientras yo recibía a nuestro invitado.

Salude a Javier, que daba apariencia de recién aseado y bañado en colonia, le pedí que se desnudara y tratará de mantener su pene erecto, lo cual no le costó trabajo.

Entramos a la habitación y ahí estaba ella, empinada como se lo había pedido, Javier solo atinó a decir

-Qué rico se te ve ese culo, Anita-

Ana volteó instantáneamente con el rostro lleno de sorpresa, no podía creer lo que estaba viendo pero inmediatamente su mirada se enfocó en el gran trozo de carne de Javier y se quedó callada.

Entonces le dije
-Ana, Javier es nuestro invitado especial, debes tratarlo como tal. Debes ser buena y obedecerlo, yo solo seré un espectador-

Ella asistió con la cabeza dándonos a entender que todo estaba bien. Aunque aún se notaba muy nerviosa, casi a punto de negarse a continuar. Ana seguía empinadita dándonos las espalda y mostrándonos esa tremenda cola, que por los nervios y el calor, se comenzaba a poner brillosa del sudor que expedía. Realmente una escena excitante. Sus manos sobre la cama un poco tensas y su boquita bien abierta. Una putita culona a punto de estallar.

Javier tomó la iniciativa
-Siéntate en esa silla Sebastian, aquí yo soy el que da las órdenes, tú eres solo un mirón ¿ok?-

-Ok- respondí y me senté en la silla viendo de perfil a Ana y con una erección tremenda.

Javier, en ese momento tenía la verga más dura que un tubo de metal, enorme, y con la punta rosada.

Se acaricio el enorme animal y se colocó detrás de Ana.

Ana, en ese momento movió la cadera hacia la izquierda, en señal de querer alejarse y mirando fijamente la verga de Javier. Como si tuviera miedo.

Javier con su mano izquierda la tomo de la nalga y la obligó a ponerse nuevamente en la posición inicial, mientras ella apretaba con fuerza las sabanas.

Sin avisarle, colocó aquel pedazo de carne monstruoso, entre las nalgas de Ana, recargándolo en ese culo preciosos.

Ana solo pudo dicir
-uuuuffff-
Mostrándonos que al sentir esa vergota reposando en su culo, necesitaba ser cogida y su antojo por el pito de Javier, se había desatado y era real.

Vaya puta, pensé.

Javier sonrió y dijo
-Esta verga es para ti Ana, completita y solamente para ti, es el tipo de vergas que tu culo merece, un culo como el tuyo merece lo mejor-

Ana lo volteó a ver a los ojos, y salivando respondió

-Gracias Javier, este culo también es para ti, trátamelo como se merece-

En ese momento paró más la colita, entregándosela por completo.

Yo estaba completamente perdido en mi excitación, así que me desnudé y comencé a masturbarme.

Javier con voz sería pregunto
-Anita ¿está segura de esto?
Te recuerdo que después de sentir mi miembro entero, la verguita de tu esposo no te hará ni cosquillas-

Ana volteó a verme y al mismo tiempo dijo
-Estoy segura-

Les acerque una caja llena de condones de todo tipo, y le pedí a Javier que usara uno en todo momento.

Javier riéndose preguntó
-Ana, aquí frente a tu esposo, dime, ¿crees que tu culo merezca sentir está vergota envuelta en plástico?

Mirándome nuevamente a los ojos dijo
-No Javier, esa verga me debe reventar sin condón, quiero sentirla cruda, y quiero que sienta mis jugos, una verga así no se ve a diario, quiero terminar escurriendo tu leche-

-Ya escuchaste Sebastián, tu putita me quiere sin condón y con mi leche dentro-

Yo no podía creer lo que estaba escuchando, Ana era otra persona, de un momento a otro se había convertido en una puta.

Javier quitó su verga de las nalgas de Ana, tronó sus medias de red y bajó su tanga, se arrodilló detrás de ella y lentamente acercó su rostro a la colita. Dio un fuerte respiro con la nariz, justo en el ano de mi esposa.

-Qué gran espectáculo, te huele delicioso mi vida, tienes el ano más rico que jamás haya visto, tan limpio y liso; y con tu permiso, necesito probarlo-

Acercó su lengua y le dio un lengüetazo húmedo.

Ana cerró los ojos y soltó un suspiro.

-Ya sé que te gustó Anita, todo lo que te haré hoy, te va a encantar, te va a volver loca, vas a terminar pidiendo más-

Él siguió lamiendo, babeando y succionando el hermoso culo de Ana, mientras ella le decía que se sentía delicioso

-No pares Javier, tenemos toda la tarde, acábate mi culo, acábetelo a lamidas, como si fuera tu golosina favorita y demuéstrale a Sebastián como comer colitas-

Javier seguía lamiendo la cola de Ana, de repente bajaba su lengua a la vagina húmeda, introducía sus dedos y olía su ano.

-Podría estar aquí todo el día Anita, tu culo es riquísimo, putita-

De la nada, Javier se levantó, le escupió a su verga y colocó la cabeza en la entrada de la vagina de Ana, que en ese momento soltó un ligero gemido y paro el culito.

-Ya métemela, te lo suplico, párteme en dos, hazme tuya-

Javier comenzó a clavar lentamente, centímetro a centímetro, su enorme verga dentro de Ana, ella estaba paralizada, y cada centímetro que a Javier le metía, ella encorvaba más la espalda, muriendo de placer.

-¡Aaaah Javier, la tienes enorme!-

Javier la tomó de la cintura y comenzó a envestirla despacio.

-Pinche culote que tienes, siempre soñé con verte así, de perrito, con las nalgas abiertas y entregándomelas, mira Sebastian, vela, quiero que la veas dándome las nalgas, me está entregando el culo-

-Ay papi, que rico se siente, sigue así, ay, ay, ay, ay,- repetía cada vez que Javier la envestía.

-Tantas veces me masturbe pensando en ti, y ahora eres mía, putita, eres mía nada más-

En ese momento comencé a masturbame más rápido hasta venirme.

Y Javier envestía más duro a Ana hasta que ella soltó un gemido que jamás había escuchado -aaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhh- la verga de Javier se encontraba bañada en los fluidos de Ana, se escuchaba el jugo de Ana cada que él la metía y la sacaba, y la vagina de Ana se convirtió en un río.

-¿Qué me hiciste Javier?- preguntó Ana con voz baja. Volteó a verlo sonriendo y en seguida dio un giro lentamente, se colocó frente a la verga de Javier y empezó a mamarla, a lamerla como paleta.

Él la tomo del cabello y la jaló directo a su verga, para que se atragantara. Ana soltaba baba y tosía al sentir la verga en su garganta. Los ojos le lloraban pero ella no se despegaba.

-Quiero está verga todos los días-

-Está verga es tuya Ana, cuando la quieras, avísame y te la llevo a donde estés-

Ana siguió mando por unos minutos hasta que Javier la detuvo y le pidió que nuevamente se acomodara de perrito.

-Ahora si putita, viene lo bueno, vas a ser mía por completo-

Acercó su verga lubricada por la saliva de Ana, hasta la entrada de su ano, y poco a poco empezó a incrustarle el tremendo tronco en su culo.

-Aaaaaaaaay, Javier no, me vas a romper la cola, me duele, aaaaaay, no por favor, para, que me duele, aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah-

Se quedó en silencio y Javier riéndose respondió

-Ya te entró, ya cállate puta, ya la tienes hasta el fondo y tu ano ya se acopló a mi tamaño, dile a tu esposo lo que sientes ¿te gusta? ¿O te la saco?-

-Que no me la saque, Sebastian, dile que no me la saque, me gusta estar ensartada-

-Eso es lo que queremos escuchar putita, ahora sí empieza la fiesta- repondí.

Javier comenzó a envestirla con fuerza una y otra vez, mientras repetía que jamás había reventado un culo tan apretado como el de Ana.

-Si mi mujer tuviera este ano, le daría verga 3 veces al día, hasta hacerla una viciosa, que me pidiera que la cogiera a todas horas-

-Aaah, aaah, Javier, yo quiero está verga a todas horas, quédate todo la tarde aquí y dame verga-

Javier, gemía cada vez más fuerte y yo seguía masturbandome, hasta que…

-Ana, prepárate para recibir mi leche, aaaah, aaaah, ¡aaaaaaaaah!-

Y sin decir más, vació toda la leche dentro del culo de Ana, sin dejarle escapar una gota, Ana lo dejó vacío.

Poco a poco saco la verga de su ano, arrastrando con ella, un camino de semen que escurría hasta la cama. El ano de mi mujer estaba completamente roto y de su interior escurría semen de Javier.

Ana estaba molida, sudada, temblando llena de placer y cansada , al igual que yo. Me sentí tan relajado que quedé dormido.

Al despertar, me di cuenta de que no había nadie en el departamento, en seguida tomé mi celular y le llame a Ana, nunca respondió, yo estaba muy preocupado.

Le llamé a Javier y al responder escuche unos gemidos, eran los gemidos de mi mujer.

-Hola Sebastian, ¿qué tal dormiste? espero que bien. Escucha bien lo que te voy a decir: Ana y yo estamos pasándola de lujo, cuando te quedaste dormido, me pididó que la llevara a un lugar más íntimo, quería hacer cosas que no se atrevía a hacer frente a ti, así que venimos a un departamento que tengo cerca del tuyo. Ella está bien, ya la escuchaste, la estoy atendiendo bien así que no te preocupes, en unas horas más te la mando, llenita de leche, con su colita escurriendo en sudor y cansada.-

Y me colgó.

En ese momento sentí cólera, celos y furia, pues ese no era trato con Ana ni con Javier. Entre en una desesperación tremenda y a la vez me sentía muy excitado, no podía creer lo que escuche.

Pasaron 4 horas, y la noche ya había caído, de repente escuche unos pasos en tacones acercándose a la puerta del departamento, un ruido de llaves y era ella, Ana estaba llegando. Se veía cansada, apenas me dirigió la palabra y se encerró en el cuarto para dormir.

En ese momento recibí un mensaje de texto, acompañado de una foto de Ana, con la boca llena de semen que salía de la verga de Javier. El mensaje decía: Mira Sebastian, me dejo vacío, se comió toda mi leche. Gracias por regalarme a tu mujer, si no la cuidas, en menos de un mes será mía por completo.

Nuevamente me sentí enojado y sorprendido, pues Ana jamás dejó que yo terminara dentro de su boca. Me acosté en el sofá y viendo esa foto me masturbe y me quede dormido.

Al siguiente día despertamos, prepare el desayuno y Ana estaba muy tranquila, mientras tomaba si café me dijo

-Lo de ayer me encantó, ahora, quiero que lo olvides, pues jamás volverá a pasar y no quiero hablar más sobre el tema-

Yo tenía tanto que reclamar pero me quede callado, la besé y ella aún olía a cogida, lo cual me puso caliente rápidamente, hice que se parara de la mesa, la tomé de la cintura, le arranque sus panties, la voltee y con mi brazo hice que se recargara en la mesa, su culo sucio y sudado olía más fuerte que otras veces pero igual de delicioso, lo lamí un poco y en seguida le clavé ni verga, a ella parecía no molestarle ni dolerle, pues la verga de Javier era más grande y mi pito no le hacía ni cosquillas, así que la cogí más fuerte y rápido, de repente ella empezó a gemir suavemente y yo seguí, intentando darle a entender que yo también podía ser su macho. La excitación me traicionó y en poco tiempo termine dentro de su culo.

-Yo soy tu hombre, Ana, soy tu esposo y tú eres mía- le dije

Ella solo respondió
-Eres mi esposo y te amo-

Me besó apasionadamente, me sentó en una silla y ella se acomodó sobre mi para seguir cogiendo mientras yo lamia sus tetas. Se movía riquísimo, ella tomó el control y en poco tiempo terminó, después me dio la espalda, para llenarme de sentones. Mi verga no aguanto mucho y termine viniéndome en poco tiempo. Así pasamos todo el día, teniendo sexo, y besándonos.

Lo qué pasó después no lo esperaba.
Continuará…

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Después de todo y sin planearlo, terminamos aquí. Cerró la puerta con pestillo y se acercó a mi con lentitud pero seguridad, más de la que incluso yo he podido tener en mi vida. Sabía perfectamente lo que pasaría, pero no cómo.

Me besó, mi estomago se contrajo. No era el primer beso, pero si la primera vez que no me lo esperaba: desesperado, húmedo y ardiente. Se alejó un par de pasos obligándome a abrir los ojos, yo deseaba su boca con locura, mi respiración era muy agitada.

Cuando me di cuenta lo único que nos separaba era a lo mucho un metro de distancia y lencería barata: él con sus boxers blancos que dejaban al descubierto una firme e imponente erección, y yo con un bra y una pequeña tanga negras y de encaje que no dejaban nada ala imaginación. Podía apreciarse la firmeza de mis pezones en ese momento y la ligera curva que aparentaban mis nalgas.

Me sentí muy sexy en ese momento, en especial al ver como me observaba. Se acercó, besó mi cuello, posó sus manos en mi cadera y seguía avanzando sin desearlo tuve que retroceder: yo quería lo contrario, estar lo mas juntos posible. Llegamos a un tocador y me sentó.

Sus besos fueron recorriendo mi cuerpo poco a poco cubriendo cada pedazo de piel. Se hincó, acariciaba mis piernas, de los pies a las rodillas, tocaba sutilmente mi clítoris con roces fugaces y ocasionales desatando tanta excitación que costaba mantener los ojos abiertos. De pronto golpeó mis nalgas y las empezó a manipular al ritmo en el que besaba mi pubis.

Sacó su lengua y empezó a bajar lentamente, cuando llegó al clítoris una suave pero intensa presión se apoderó de mi cuerpo, haciéndome temblar, y que mi espalda se enarcara. Me abrí para darle un mayor acceso a mi interior, así que introdujo su lengua y jugueteó con ella un rato. La sacó y en su lugar introdujo un par de dedos, los movía como si estuviera penetrándome.

Cerré los ojos de nuevo, gemía tan fuerte que esperaba más salvajismo de su parte, y ahí estaba, mi segundo orgasmo en cuestión de segundos. Abrí los ojos y su fulminante erección amenazaba con entrar. Me giró, podía ver mi reflejo en el espejo, me levantó una pierna y fuertemente sonó mi alarma…

Hora de levantarme… nota mental: cer0 glucosa en la noche.

Relato erótico de Hilary Anaya

Me gustó este relato porque además de estar escrito por una mujer (casi siempre sois los chicos quienes participáis en este tipo de acciones) habla de la satisfacción femenina en su máxima expresión: deja atrás la penetración y se centra en las sensaciones y en los «elementos de morbo» que muchas veces gustan más que cualquier otra cuestión que a veces encontramos en la pornografía.

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