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Relatos de cornudos consentidos

Relatos Eroticos +18

Era un lunes por la mañana, cuando desperté el reloj ya marcaba las 9:00 AM, mi tía había salido de compras y su esposo a su trabajo.

Yo me encontraba de vacaciones, pero aun así mi tía me hizo despertar temprano para que limpiara la casa. Aun medio dormida baje a la cocina y me prepare un cereal para desayunar.

Mientras desayunaba paseaba por la casa (costumbre la mía de caminar cuando como cereal), abrí la puerta corrediza del patio y salí para contemplar el día.

Hacia un día soleado con unas cuantas nubes, el pasto se sentía agradable bajo mis pies desnudos, el calor del sol también me resultaba agradable y el viento movía ligeramente mi cabello.

De pronto sentí que alguien me miraba, gire hacia mi izquierda y se trataba de uno de mis vecinos.

Este vecino es nuevo en el vecindario, tenía dos semanas viviendo en la casa de al lado, era un tipo alto, de al menos 45 años, características afroamericanas, ojos de color negro, sin cabello y un poco llenito, brazos algo marcados y con bellos.

Me miraba detenidamente y era algo que me perturbaba. Lo mire unos instantes y lo salude sin querer, el me regreso el saludo con una sonrisa y pude ver que sus dientes eran de un color amarillo.

-Hey niña, buenos días, que linda amaneciste hoy -me decía mientras se acercaba a la cerca que dividía nuestros patios.

-Veo te vas despertando -me dijo mientras me miraba de arriba abajo -Me gusta tu pijama niña, se te miran unas lindas piernas -cuando lo escuche caí en la cuenta que había salido al patio solo en una camisola grande y vieja.

Deje caer el plato de cereal en el pasto y me metí de inmediato a la casa roja de vergüenza. Subí hasta mi habitación y me quede recostada un tiempo. Una vez pasada la vergüenza me quite el camisón quedando solamente en pantis.

Me puse frente al espejo y comencé a mirarme, quede toda despeinada después de levantarme.

Como mi cabello es largo y de color castaño, me gusta llevarlo suelto. Seguí mirándome y note que mis pezones comenzaron a ponerse duritos ya que hacia un poco de frio adentro de mi habitación.

Al final me puse una blusa top negra sin mangas, debajo un bra rosa, un short corto de mezclilla y unos tenis negros.

Me encanta usar short ya que me deja lucir mis piernas. Al fin y al cabo tenía que limpiar la casa y quería andar cómoda.

Cuando bajaba las escaleras escuche que llamaban a la puerta, pensé que era mi tía que regresaba de las compras y necesitaba ayuda, así que abrí la puerta sin preguntar de quien se trataba.

Sin embargo, no era mi tía quien tocaba si no mi vecino de antes. Me quedé parada en la puerta sin decir nada hasta que el habló.

-Hola vecina, ¿está tu tía en casa? -me preguntaba mientras me miraba como antes.

-No, lo siento, salió de compras -le conteste casi al instante.

-Me dejas pasar voy a buscar un poco de leche.

-Claro que no puede pasar -le conteste casi riéndome por la forma tan altanera en la que lo dijo -si quiere leche vaya al mercado vecino.

-Vecina no seas así, déjeme pasar -decía mientras entraba a mi casa.

-Vecino… usted no puede pasar a mi casa así como así, salgase por favor o tendré que hablarle a la policía -mi vos se escuchaba chillona y asustada.

Este sábado 26 y domingo 27 de enero se llevará a cabo en el centro cultural Los Piñones de Providencia, No fue sexo, fue violación, inédita muestra que reúne ilustraciones y relatos acerca de sexo no consentido.

La exhibición está a cargo de Tania Sauma y Martina Valenzuela, dos mujeres profesionales que decidieron crear la plataforma No fue sexo con el objetivo de “abrir un espacio de reflexión en torno a la disparidad de las experiencias sexuales”.

A través del sistema de financiamiento compartido (crowdfunding), ambas gestoras lograron reunir el dinero para poder levantar este proyecto, “un medio de recolección de relatos donde la experiencia de quienes las vivimos (las agresiones sexuales) es diametralmente diferente a la del agresor”.

Expo No fue sexo, fue violación
Sábado 26 y domingo 27 de enero
Centro cultural Los Piñones
Los Piñones 019, Providencia (Metro Salvador).

Horarios:
Sábado 26 – 17 a 20 horas (para todo público).
Domingo 27 – 17 a 20 horas (sólo para mujeres. Incluye un conversatorio sobre consentimiento. Contará con interpretación de lengua de señas).

Más información sobre este proyecto en www.nofuesexo.cl

Los relatos del primer abuso sexual de los brasileños invadieron Twitter

La parte buena de esta historia es que Internet es, a la vez, el escenario donde se producen acosos y donde las mujeres se organizan y se expresan de forma colectiva. Al día siguiente del torrente de mensajes desagradables sobre Valentina, ThinkOlga, un think thank brasileño que discute cuestiones feministas, lanzó el hashtag #PrimeiroAssédio (primer abuso). Y miles de mujeres y hombres atendieron al llamamiento. Relataron públicamente la primera vez que sufrieron abuso sexual. O al menos la primera vez que recuerdan haber sufrido algún tipo de abuso. Para Juliana de Faria, una de las mujeres al frente de Olga, el espacio fue importante para poner en evidencia un problema. “Es importante decir que muchas mujeres están hablando por primera vez sobre los abusos que han sufrido”, dice.

Desenvolvi transtornos alimentares pois pensava que, me livrando do “corpo evoluído” eu teria paz. #PrimeiroAssédio

— ️️ (@veItins) octubre 22, 2015

“Desarrollé trastornos alimenticios porque pensaba que deshaciéndome de mi ‘cuerpo desarrollado’ tendría paz”

Ônibus cheio, eu sentada no colo da minha mãe (cega). Homem abre o zíper da calça e me mostra o genital. Eu tinha 8 anos. #primeiroassedio — Iris Figueiredo (@irismfigueiredo) octubre 22, 2015

“El autobús lleno, yo sentada en el regazo de mi madre (ciega). Hombre se baja la bragueta y me muestra los genitales. Yo tenía ocho años”

O pior do #primeiroassedio é a sensação de que a culpa é sua, de que vc foi a errada de existir ali.

— jess (@VeryJess) octubre 21, 2015

“Lo peor del primer abuso es la sensación de que tú tienes la culpa, de que tú estabas haciendo algo malo allí” Muchos de los más de 29.000 relatos contabilizados hasta la publicación de este reportaje son estremecedores. Nos hacen reflexionar sobre en qué medida las mujeres, desde niñas, están expuestas a una violencia que para el mundo es silenciosa, pero que deja marcas duraderas. “Este episodio muestra que existe una cultura que desprecia el cuerpo de las mujeres”, dice Viviana Santiago. Según ella, para empezar a cambiar esta cultura hay que cambiar la forma en que se educa a los niños dentro de casa. “Hay que reconsiderar la manera como niños y niñas socializan”, desde la distribución de las tareas domésticas al lugar que ocupan en la familia. Eso significa cambiar el lugar de poder que se concede a ellos y el de subordinación que les dan a ellas. Y es debido a esta cultura que muchos relatos publicados en Twitter mencionan a un primo o a un hermano que, aunque de más edad, también eran menores de edad cuando practicaron el abuso. “La cultura de la violación empieza a una edad tan temprana que creemos que nacimos así”. “Cuando tenía ocho años, un ‘tío’ me llevó al cine, me sentó en su regazo y metió la mano bajo el vestido”, contó DraTreze. “Yo tenía nueve años, el padre de una vecina me invitó a ir a su casa y me hizo sentar en su regazo, de cara a él”, dice Pollycezaar. El asunto ha sido importante, también, para que los hombres se dieran cuenta de la magnitud del problema. “#primeiroassedio, un hashtag para que tú, hombre, como yo, pares de ser un gilipollas y aprendas a respetar, porque esto es asqueroso”, publicó caiiquer. Otros se atrevieron a contar los abusos que ellos mismos sufrieron.

Churrasco com amigos da família. Tava de biquíni e tinha uns 10 anos e um cara disse q eu era lindinha e já dava pro gasto #primeiroassedio — lolita (@vondollmger_) octubre 22, 2015

“Barbacoa con los amigos de la familia. Estaba en biquini y tenía unos diez años y un tipo me dijo que era bonita y que ya servía”

@ThinkOlga #primeiroassedio tinha 9 anos estava com minha avó no centro de SP um homem sussurrou obscenidades no meu ouvido.

— Leticia Magalhaes (@MagLeticia) octubre 22, 2015

“Tenía nueve años, estaba con mi abuela en el centro de Sao Paulo y un hombre me susurró obscenidades al oído”

Sin embargo, la inmensa mayoría de las historias fueron de mujeres. “Cuando tenía ocho años hacía el camino más largo para llegar a la escuela para evitar las obras y no tener que oír los piropos de los albañiles”, relata oohnajulia. “Dejé de coger el trolebús en la calle Augusta para ir al entreno de baloncesto debido a los abusos. A los 15”, dice pbicudo.

tenho pinto. já fui assediado. um lado meu pensa que todos os homens deveriam ser assediados pra entender….. o outro tbm #primeiroassedio

— dino (@dobrosllav) octubre 22, 2015

“Tengo pene. Sufrí abusos. Por un lado pienso que todos los hombres deberían ser acosados para que lo entendieran… Por el otro también”

Debido a la cantidad de mensajes publicados con el hashtag, algunas instituciones han aprovechado el tema para reforzar sus campañas contra la violencia sexual durante la infancia. El portal del Gobierno Federal y el de Unicef han sido algunas.

Los padres de Valentina han afirmado al portal de noticias iG que están evitando que su hija vea los comentarios negativos. “Ya habíamos contratado a una persona para que llevara su cuenta de Twitter, porque estábamos preparados para el acoso y otras consecuencias posibles, pero no esperábamos encontrar pervertidos. Hubo gente que pidió que enviara una foto desnuda”, dice el padre de la niña. “Ella solo ve lo que nosotros le permitimos que vea. Los otros contenidos son responsabilidad de esta persona contratada, que bloquea a los usuarios inmediatamente”.

La denuncia del acoso callejero o sexual ya ha tenido como plataforma a las redes sociales en otras ocasiones. En España, por ejemplo, se dio una campaña similar en Twitter – no exenta de comentarios ofensivos – animando a las usuarias que habían sufrido abusos sexuales a compartir sus testimonios. En Argentina, la publicación en Facebook de una joven quejándose de las groserías que tuvo escuchar en su vecindario, sirvió para iniciar un debate público en torno al acoso callejero y la delgada línea que separa lo agradable de lo zafio en cuestión de piropos. En octubre de 2014 daba la vuelta al mundo un vídeo – grabado con cámara oculta en las calles de Nueva York y que han visto más de 41 millones de personas – que mostraba los comentarios que escucha una mujer en las 10 horas que dura su paseo por las calles de Manhattan. Y en Chile se popularizó también a través de las redes sociales una iniciativa de la Policía para alertar sobre el grooming: una técnica que siguen algunos acosadores adultos para modificar su identidad y acercarse a los menores.

El estigma social de ser víctima de una pareja infiel perdura todavía. La humillación de ser considerado «un cornudo», incluso si es en base a rumores o infundios, ha servido de pretexto visceral a la violencia machista. Las mujeres, por su parte, han llevado la peor parte incluso cuando eran ellas las engañadas: la tradición dictaba aguantar los «cuernos» con resignación y paciencia, entre las maledicencias y cuchicheos de la comunidad.

La modernidad disuelve los roles de género, plantea nuevos modelos de relación y transforma los tabúes en fantasías sexuales. Tanto, que el oprobio de ser un «cornudo consentido» ha sido transformado en un género pornográfico en auge, el cuckolding según el término anglosajón, o troilismo en la jerga técnica. La narrativa en auge consiste en un hombre contemplando cómo su pareja tiene gozosas relaciones sexuales con otra persona, a menudo más masculino o dominante que él.

El hecho de que se parta de una situación humillante para el observador es un ingrediente básico de la fascinación por esta fantasía, según el estudio publicado por los terapeutas David Ley y Justin Lehmiller en colaboración con el periodista y escritor Dan Savage en Archives of Sexual Behavior. Savage es defensor y activista de los derechos LGTB, y un autor prolífico sobre sexualidad, así que el origen de la investigación fue la curiosidad por la cantidad de testimonios de hombres gay que le llegaban confesando que les excitaría ver a su pareja con otro hombre.

Ley, por su parte, ya había investigado el fenómeno en parejas heterosexuales. En base a encuestas realizadas a miles de matrimonios estadounidenses, sus datos arrojaron que el 58% de los hombres alimenta una fantasía de este tipo, por un tercio de las mujeres. Además, los varones heterosexuales introducían con mayor frecuencia elementos interraciales o de BDSM que los gays. Y, efectivamente, el nicho en el que un marido blanco observa a su mujer con un hombre negro es un subgénero en sí mismo en las páginas pornográficas.

En un matrimonio homosexual, por otra parte, estas fantasías no tienen un carácter tan marcado de tabú por, en palabras de los investigadores, «la norma de monogamia de por vida no es tan fuerte en la comunidad LGTB». En cualquier caso, los pensamientos de voyerismo combinado con infidelidad no demostraron estar relacionados con disfunciones, toxicidad en la relación o desprecio a la pareja según los investigadores.

La gran pregunta: ¿Hay que dar el paso adelante y hablar con la pareja para hacer la fantasía realidad? Sí, responden los autores en CNN, pero sólo en una situación de franqueza y respeto. Para una persona que esté sufriendo ansiedad afectiva y experimentando problemas de comunicación, la experiencia puede ser un desastre. «Hemos visto a hombres tratando de manipular a sus mujeres para que les pusieran los cuernos. Nunca acabó bien».

Si tras una conversación abierta ambos cónyuges se sienten atraídos por la idea, la experiencia del «cornudo consentido» puede integrarse con «resultados maravillosos», afirman, en la relación de pareja. Pero por otra parte, advierten, «la realidad de compartir pareja es muy diferente de la fantasía», e involucra «sentimientos muy fuertes». La conclusión, determinan, es que no tiene nada de malo excitarse con la idea de ser un «cornudo consentido», pero llevarlo a la práctica no está al alcance de todos.

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