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Relatos sexo filial

Desde aquella vez en que Milenita y yo iniciamos casi sin pensarlo ni planearlo el juego sexual que desperté en ella su primera experiencia y en mi el insano deseo hacia mi pequeña, la relación de padre-hija cambio, ella sintiéndose culpable tal vez o en pecado se distanció un poco de mi, mientras ambos hacíamos como si nada hubiera pasado, pero sabíamos ambos que no era asi, luego de unos dias casi volvimos a la normalidad pues durante esos dias no paso nada que en algo se pareciera a lo que habíamos vivido aquella tarde.

Ella procuraba no quedarse a solas conmigo como hacia antes, era lógico pensar que temia que volviera a suceder lo de la aquella vez y aunque yo procuraba lo mismo, algo dentro de mi o deseaba cada vez mas, no desperdiciaba las oportunidades para mirarla y para hacer volar mi imaginación, era evidente que ya empezaba a desarrollarse como mujercita, aunque era delgadita mostraba unas nalguitas muy prometedoras y respingonas y eso aun contra mi razón me ponía la verga a cien, la miraba cada vez que se volteaba, cuando caminaba, procuraba en cada ocasión tratar de observar quizá un poco mas de lo normal, pero nuestra relación en menos de un mes volvió a ser la de antes, claro que no habíamos olvidado, pero los dos tratamos por nuestra propia cuenta de demostrarnos eso, mientras yo la deseaba cada vez mas, la miraba salir de la ducha sola envuelta en su toalla mientras se dirigía a su cuarto mientras yo echaba a volar mi imaginación y me calentaba a mas no poder, y de tanto pensar un dia se me ocurrió lo siguiente:

ya lo había pensado y esa vez me decidí a hacerlo y no iba a resultar complicado asi es que me metí en su cuarto simulando salir de casa, era un tarde también, lo hice porque vi que ella se había metido a la ducha y como ya lo había practicado antes me metí ya una vez dentro, debajo de su cama y me ubique de tal manera que quedaba perfectamente oculto para los ojos de ella, mientras yo desde esa oscuridad que me daba la cama la vería perfectamente aun no sabia como, pues lógicamente nunca la habia visto cambiarse, eran posiblemente las 3 y era lógico pensar que no haría falta encender la luz de su cuarto y aun si lo hiciera casi hubiera sido lo mismo.

Ya debajo de la cama un tanto nervioso inicie la espera mientras sacaba mi verga por un lado de mi short deportivo que llevaba, era común que a esas horas estuviera en tales condiciones debido al calor, ya la tenia dura y me la frotaba lentamente de solo imaginarla desnuda ante mis ojos, por fin la vería asi (conste que la vez anterior no pude ver casi nada, solo palpar) la puerta de su cuarto estaba entre cerrada y por alli apareció en 20 minutos quizas, como de costumbre sola envuelta en su toallita, el que cubria su cuerpo desde sus pechos hasta sus rodillas, entro y cerro la puerta tras de si echando el seguro, mientras tiritaba un poco se quito la toalla casi al filo de la cama por uno de sus costados pues el otro costado estaba pegado a la pared, la vi pero en un primer momento por lo cerca que estaba de la cama solo alcance a mirar un poco mas de sus rodillas, maldije mi mala suerte y como si leyera mis pensamientos mientras continuaba secándose se acerco a su tocador para admirarse en el espejo y fue alli que la vi en plenitud, de espaldas a mi, completamente desnuda mientras se secaba el cabello, pude admirar sus nalguitas, eran la gloria pequeñas pero en esas condiciones fueron las mas maravillosas del mundo, redonditos, muy duritos casi lo podia sentir mientras seguía frotándome la verga con mas ansiedad, se recostó un poco sobre el tocador para mirarse no se que en la cara y fue en esa posición que me mostró el mas bello de los espectáculos jamas vistos, ante mis ojos aparecieron sus labios vaginales apenas hinchados presionados por la estrechez de sus piernas, vi sus escaso y pequeños vellos castaños y aumenté mi movimiento con mi mano tratando de evitar delatarme y lo conseguía, se estuvo haciendo no se que en esa posición y yo se lo agradecí, parecía como si supiera que yo estaba alli debajo de su cama y estuviera regalándome la mejor de la vista de su culito.

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al poco rato se volvió erguida y ultimó su secado de cabello mientras colgaba su toalla en su lugar y me regalaba por unos segundos la visión de su cuerpo entero de frente, pude ver sus senitos muy pequeñitos aun completamente expuestos y su montañita incipiente de su entrepierna, casi exploté en ese momento pero me contuve anhelando poder ver un poco mas, regresaba a su tocador esta vez a buscar en uno de sus calzoncitos para ponérselo y la vi escogerlo, era uno todavía infantil y para ponérselo volvió a agacharse de espaldas a mi, no cabe duda que estaba con suerte, por escasos momentos vi nuevamente sus labios vaginales quizá esta vez un poco mas abiertos al querer ponerse el calzoncito y se lo fue subiendo poco a poco hasta que cubrió su desnudez en esa parte y acaso entonces la vi con mas ganas por lo sexi apenas cubierto por su trucita celeste que pensé por un segundo en que pasaría si saliera de donde estaba oculto y cometía esta vez si una gran locura, lo pensé solo un segundo y solo aceleré mi mano terminando sobre el piso de costado como estaba y mordiéndome los labios para no delatarme mientras disparaba chorros tremendos de leche sobre el piso, fue uno de los pajazos mas fenomenales de toda mi vida, mientras culminaba mi loca faena ella canturreaba algo y seguía completamente inocente con su vestir pausado.

Cubrió su senitos con sus formadores y luego eligió una de sus falditas preferidas y prosiguió su rutina mientras yo no dejaba de admirarla, mi verga seguía dura a pesar de la copiosa explosión y yo seguía frotándomela pero no hubo mayor aliciente como para terminar por segunda vez puesto que al poco rato terminó de vestirse y salió del cuarto y yo empezaba a idear como salir o calcular el momento para salir de su cuarto, no era raro que yo entrará a su cuarto por alguna razón, no había tanta restricción al respecto salvo cuando Milenita se cambiaba ni aun cuando dormía, pues lo hacia con la puerta solo entreabierta por el calor y porque supuestamente no había nada que temer.

Había iniciado desde esa otra ves, mi insana relación oculta con mi nena, me pajeaba algunas veces mientras olía su calzoncito recién cambiado que olía divino, pues tenia olor a su coñito dulce y agrio y su anito pequeñito que anhelaba comerme con quizás mas ansia todavía, mi baño era mi escondite y me hice un tanto adicto a eso, mi esposa mitigaba mis ganas en la cama y ella ignora aún el porque de mi aumento de sexualidad en la cama pero esta feliz pues hacemos lo que tenemos acostumbrado con mas frecuencia mientras yo alguna vez la he poseído imaginándome a Milenita llegando así a tener unos orgasmos fabulosos.

Empece a desear un día, que Milenita nos descubriera culeando a su madre y a mi, lo pense muchas veces, hasta que lo planeé de tal modo que mi esposa no se lo imaginó siquiera y se que Milenita en el fondo se quedó con esa duda de si todo lo planeé yo o fue un accidente o coincidencia.

Esa es otra historia que desde luego se los contaré en otra oportunidad.

Si hablamos de relaciones prohibidas, el incesto es todo un tabú para muchas personas, ya que parece del todo inapropiado enrollarte con familiares. Sin embargo, la verdad es que esas barreras muchas veces acaban cayendo porque el deseo tiene una fuerza mayor. En ese sentido, aquí encontrarás historias donde ese sentimiento hacia personas intocables aviva la llama y los encuentros sexuales tienen una intensidad espectacular.

En Marqueze cuidamos mucho la calidad de nuestros contenidos, y por eso solo publicamos los mejores relatos de incesto. De esta manera, nos aseguramos de que la gente que nos lee puede dejar volar su imaginación hasta el punto de excitarse más que nunca e imaginar por sí mismos lo que solos no pueden. Están enfocados tanto hacia hombres como a mujeres, y es que la pasión sexual no entiende de géneros.

El incesto no es pecado

Cualquier texto que encuentres aquí de incitará a traspasar los límites que te impiden llegar a una satisfacción sexual total. Muchas veces nos autolimitamos y no dejamos que el animal que llevamos dentro, el que nos permite gozar al máximo del sexo, sea quien gobierne nuestras relaciones más íntimas. Con estos escritos te darás cuenta de que eres capaz de excitarte con todo tipo de tramas e incluso es posible que te entren ganas de experimentar por ti mismo lo que supone una relación incestuosa.

El sexo es uno de los grandes placeres que tenemos a nuestro alcance y la mejor medicina contra el estrés después de un día duro. Por eso, te animamos a que desconectes de la rutina y despejes la mente leyendo estas historias llenas de sensualidad. A nadie le amarga un dulce y estas palabras tan eróticas te incitarán a vivir una sexualidad plena que no entiende de prejuicios ni limitaciones.

Estamos convencidos de que tienes familiares de muy buen ver con los que no te importaría tener una aventura si no compartierais sangre. ¿Pero realmente es tan importante ese vínculo? Aquí no estamos hablando de tener hijos juntos, sino simplemente de dejarse llevar y tener una pequeña aventura para liberar la tensión sexual. Estamos en el siglo XXI, ¡no es pecado!

Si siempre has tenido curiosidad por saber lo que se cuece en las historia de incesto, echa un ojo a los relatos que aquí publicamos y podrás tener una perspectiva en primera persona de lo que se puede llegar a disfrutar. Te podemos asegurar al 100% que no te arrepentirás…

La literatura erótica es una de las pasiones de aquellas personas que quieren canalizar los impulsos sexuales de un modo diferente al de las relaciones carnales o los vídeos pornográficos. En realidad, todas ellas se pueden combinar para buscar una mayor satisfacción sexual, pero aquí de momento nos vamos a centrar en los escritos que relacionan a padres y madres con hijos e hijas. Este es un ámbito en el que se puede dar rienda suelta a la imaginación y fantasear con multitud de situaciones. Prueba de ello es que aquí encontrarás una gran diversidad de relatos que te suscitarán diferentes sensaciones. Habrá algunos que conecten contigo porque has vivido situaciones similares a lo largo de toda tu vida o simplemente porque es algo sugerente. No hay que tener miedo a lo desconocido, sino estar siempre con una mentalidad abierta de cara a lo que pueda suceder. Estos encuentros de pasión filial suelen ocurrir de manera inesperada, aunque bien es cierto que algunas relaciones se van construyendo en base a pequeños detalles que nos hacen imaginar cosas.

La mejor literatura erótica de Internet

Para conseguir que esto sea una experiencia cómoda y satisfactoria para el lector, hemos recopilado una serie de artículos que buscan tocar todas las teclas y así hacerte empatizar con alguno de los personas o incluso con el autor. Por poner ejemplo, conocerás las historias de hijos que son descubiertos mientras se masturban, ¿qué puede pasar? ¿La madre le pondrá un «castigo»? ¿Te imaginas que le enseña algún truco para gozar al máximo? No cabe duda que este tipo de historias están muy buen construidas y cuidan todos los detalles. Por eso, si buscas literatura erótica de calidad aquí encontrarás los mejores relatos de Internet. Nos tomamos muy en serio tu satisfacción y por eso solo publicamos historias que de verdad te enganchan y excitan. Si no te gusta la prosa sofisticada de las novelas, estás de enhorabuena porque estos textos son más cercanos al lenguaje que utilizamos en nuestro día a día. Así te identificas más con las historias y puedes sumergirte de lleno en la acción. Hay quienes utilizan estos relatos para masturbarse, hay quienes prefieren leerlos tranquilamente sin tocarse para dejar volar la imaginación. Sean cuales sean tus preferencias, te recomendamos que eches un ojo a todas estas muestras de erotismo y sensualidad para que pases un buen rato mientras disfrutas con estos relatos de amor filial que alimentarán tus fantasías sexuales.

En realidad no se como titular este relato de un hecho que me sucedió realmente y ha marcado mi vida de forma determinante. Lo único que sé, es que deseo vivamente contarlo, amparada en el anonimato que me ofrece la red. No podría hacerlo de otra forma.

Desde siempre en mi casa se gozó de una gran libertad, entre la que estaba poder disfrutar del desnudo sin restricción alguna. Para mí era algo muy normal de siempre, ya que desde pequeña había visto a mis padres y hermanos completamente desnudos, como la cosa más natural del mundo.

Para mi, un pene o cualquier otra parte del cuerpo del hombre o de la mujer tenía pocos secretos en cuanto a su forma externa, pero si algunos, como pude comprobar más tarde. Tenía 13 años, cuando comencé a experimentar una extraña sensación, que me hacía sentir algo incómoda. No sabría decir qué, pero era desconcertante. Notaba que cuando pasaba desnuda delante de mi padre, las cosas no eran como siempre. Me sentía observada y eso me producía una especial sensación que no sabría definir.

Empece a recordar algunos consejos que mi madre me daba desde hacía algunos meses a cerca de cómo eran los hombres y sobre mi condición y lo que tendría que cuidar en algunos años más. Inmediatamente descarte algunas consideraciones, ya que no tenia experiencia ni edad para asociar determinadas cosas.

Yo continuaba sentándome con mi padre en algunos lugares como en el sofá a la hora de ver la televisión, en los coches, en las hamacas de la piscina, etc., para jugar, sentirme a gusto y demostrarle mi cariño. Yo lo necesitaba, lo había hecho siempre y no tenía por qué cambiarlo.

Desde hacia algunas semanas las caricias de mi padre pasaban de la cabeza al pecho, a las caderas, a los muslos y al cabo de unos minutos observaba erección en su pene. Los primeros días no le daba importancia, entre otras cosas porque no sabia lo que significaba, pero el pene ya no era tan normal, como a mí me gustaba y como estaba acostumbrada a verlo, y alcanzaba unas proporciones enormes. Entonces, además de los sobeteos por mi cuerpo, se frotaba el pene contra mi cuerpo.

Observaba que papa pasaba muchas horas en casa y siempre me lo encontraba en todo momento.

En mi casa nadie cerraba la puerta del cuarto de baño, y era normal vernos en las tareas de aseo más intimas, sin ningún recato. Pero desde ese tiempo, siempre que pasaba por el cuarto de baño o por el dormitorio de mis padres, encontraba a mi padre con el pene erecto y tocándoselo.

La muy inocente de mí, le preguntó un día, sin el menor recato. Él me contestó que los padres hacían el amor cuando se excitaban y él si lo estaba y no tenía cerca a mama o a una mujer, se masturbaba, y paso a enseñarme como lo hacían los hombres. Debía estar muy excitado, porque no tardo ni un minuto en salir en gran chorro de algo blanco que, entonces, a mí me sorprendió mucho. Nunca lo había visto antes.

Cuando termino, me fui sin decirle nada, pero muy ruborizada e incómoda por mi inocencia. Me hubiera gustado decir que sabía lo que era y como lo hacían los hombres, etc, para no pecar de mojigata, pero para mí realmente fue una sorpresa.

Fue algo que no me agradó a la vista, pero las imágenes del chorro de semen no se me fueron de la cabeza durante varios días. No conseguía entender si me gustaba o no, pero no me encontraba a gusto.

Seguía encontrándome a mí padre desnudo, como siempre, pero cada vez más y a solas y en excitación.

Yo intentaba dar una gran sensación de normalidad, demostrar que era adulta y que lo entendía todo, pero no dejaba de sorprenderme y ruborizarme, cada vez que veía a mi padre menear el enorme falo que tenia cuando se le ponía erecto y cuando manchaba todo de ese líquido blanco.

La situación se me hacía incómoda y ya no pude aguantar más y una tarde que le vi en su habitación haciéndolo, entre a preguntarle, el por qué de mi sensación.

Me explicó que era algo normal ya que mi rubor se debía a que ya era una mujer, ” y muy hermosa”, dijo él, y empezaba a darme cuenta del enorme poder de seducción de una mujer. Como no acababa de entenderle, insistí. Entonces empezó a construir un razonamiento que me despejo muchas incógnitas y me ilusionó mucho.

Me dijo que como ya era una mujer y muy hermosa, ya empezaba a despertar el deseo en los hombres; que aunque él era mi padre, no dejaba de ser un hombre y que hacía semanas que se fijaba en mí y le producía excitación. Yo me sentí muy halagada y satisfecha, porque empezaba a entender algunas cosas que mama me había advertido.

En lo referente a lo que me parecía desagradable del tamaño del pene, era porque no estaba acostumbrada a verlo así, pero que algún día me gustaría y en cuanto al líquido blanco, era la manera de saber que se había alcanzado el placer máximo y era necesario. “Ahora que empiezas a ser mujer comprobaras el gusto de saber que todo esto lo provocas tú sin quererlo”, me dijo.

Le plantee que entonces ya no podría más ir desnuda por la casa, ya que no había nada más lejano a mi intención que producirle, a él y a mis hermanos, algún padecimiento. Inmediatamente me pidió que nunca hiciese eso, pues le privaría de uno de los mayores placeres que había encontrado en la vida; que mamá también iba desnuda, también le excitaba y eso era bueno, porque así hacían mejor el amor.

Ahí me volví a perder, y dudé en preguntarle por no parecer una ignorante. No sabía si eso significaba que se excitaba conmigo y le hacia el amor a mama pensando en mi. Como ya estaba en faena, se lo pregunte. Me dijo que lo hacia pensando en la dos, lo que me equiparaba a la condición de mujer con mama. Que le gustaría hacerlo conmigo, pero como era un tabú social, en el que él no creía, no haría nada sin quererlo yo, y que por eso se masturbaba, aunque pensaba que era una hipocresía, pues se fijaba en mi cuando lo hacía.

No supe que decir. Solo que si era para mi padre, al que yo adoraba tanto, que jamás me haría daño, y como ” yo ya era una mujer”, podía seguir haciéndolo mientras me miraba.

Me dio las gracias y un beso en los labios, como acostumbraba desde que nací.

Parecerá ridículo, pero me sentía importante, útil y madura. Ya era como me habían dicho de pequeña que llegaría a ser.

No pasaba día en que mi padre se masturbara una o dos veces delante de mí.

Durante un tiempo no me importó, por las razones antes expuestas y por que mi padre era y es un hombre atractivo. No solo en el aspecto sexual, bien dotado, algo que solo comprendí a los 18 años, sino porque era un primor cuando me acariciaba y me sumía en su regazo. Siempre fue comprensivo y cariñoso.

Pero al cabo de unos meses, empecé a sentirme incómoda de nuevo. Empece a ir vestida más tiempo del que lo hacía antes y a evitarle, ya que algo se escapaba a mi comprensión.

Entonces mi padre me seguía, entraba en mi habitación sin llamar, cosa que nunca me importo, pero empezaba a incomodarme, a hacerse el encontradizo en el baño, en los pasillos, …… en todas partes.

Pense en cortar el asunto y evitar que me volviera a ver desnuda. Pensaba que evitando la provocación, evitaría la reacción.

Un día que estaba tumbada en el sofá viendo la televisión, oí que se acercaba y me hice la dormida. El se sentó a ver la televisión desnudo y puso un vídeo porno. Comenzó a jadear al ritmo de las voces de la película y supongo que a masturbarse. Yo estaba de espaldas y no lo podía ver. No sabía que hacer; si continuaba haciéndome la dormida y esperar a que terminase y se fuese, perecería ridículo, ya que sus jadeos eran demasiado sonoros, pero si me iba, tendría que verle y quería evitarlo para no darle motivo.

La lógica solo me dejaba una salida: despertarme y demostrar mi madurez aceptando como natural el verle como se masturbaba, una vez más.

Efectivamente, me desperecé y con cara somnolienta pregunte que pasaba mientras giraba la cabeza hacia mi padre.

Impulsada por la sorpresa pegue en bote que me sentó directamente en el sofá al comprobar el tamaño de su pene. Era muy grande, pero más que ancho, era largo, tremendo; nunca lo había visto así. Ruborizada por la sorpresa e intentando que él no se diera cuenta, no tuve otra reacción que la de irme para aclarar mis ideas a solas, pretextando que le dejaba solo para no molestarle.

Para irme del salón tenía que pasar necesariamente por el sofá en el que él estaba tumbado. Cuando pasé a su altura, me sujetó por el brazo y me dijo: “como ya no me dejas verte, tengo que excitarme con estas extrañas”. Me lo dijo de una forma tan suave y tierna que no supe que responder ni que hacer. Me quede callada unos instantes y, como no me soltaba, me senté a sus pies. Entonces me soltó, se sentó a mi lado y mirándome a los ojos mientras me acariciaba el pelo, me soltó un ” te quiero tanto…” que me desarmó.

Tratando de recuperarme y de mantener la compostura de mujer adulta, le contesté que por qué me decía eso. Me respondió que había notado desde hacía tiempo mi distanciamiento y que no quería hacerme ningún daño; que si no quería dejarme ver desnuda que estaba en mi derecho, pero que me echaba de menos.

Sinceramente, terminó de derrumbarme. Su cara era como la de un niño pidiendo compasión y algo de ternura. Me pareció tan sincero, que me sentí muy a gusto y acariciándole la nuca y dándole un beso le dije: “para ti, lo que quieras”.

Bajó el volumen del vídeo y me pidió que me desnudara. Así lo hice y me volví a sentar a su lado esperando sus indicaciones. Se levanto, se sentó a mi lado, me acarició los pechos, los muslos y me dio un beso como los de siempre. Mirándome a los ojos me pidió que le tocara el pene. Era la primera vez que lo hacía, me atraía la idea y estaba nerviosa e impaciente por experimentar esa sensación.

Lo hice tímidamente con una mano, pero apenas cubría una cuarta parte. “Que suave”, fue lo único que me salió por la boca cuando comprobé la suavidad de la piel de un pene. Entonces lo hice con las dos y empece a sobarlo como quien palpa un tejido de seda.

Mi padre me dijo: “Hazlo como has visto en el vídeo”. Inútilmente intenté imitarlo, pero ante mi temor a la torpeza, mi padre me tranquilizo con un “está muy bien”. Al cabo de un rato, me pidió que lo chupara. Me quedé mirándole esperando encontrar en sus ojos confirmación. Asintiendo con la cabeza y transmitiéndome tranquilidad con una sonrisa, me incito a hacerlo.

La sensación era tan suave como con la mano. Olía tan limpio como él acostumbraba a serlo. Yo me afanaba en hacerlo como una experta de los videos, pero me distraía jugando suavemente con el roce de la piel, hasta que mi padre de un empujón me la introdujo mucho más de lo que mi boca era capaz de asumir. Me provocó una náusea y aparté rápidamente mi boca de su pene, a la vez que tosía.

Me pidió disculpas, mientras me dirigía la cara hacia el pene de nuevo. Le rogué que no me lo pidiera de nuevo. Le ofrecí hacérselo con las manos, a lo que aceptó gustoso.

Debía ser muy torpe, porque a los pocos segundos me quitó las manos de su pene y me las puso en sus testículos, mientras es se masturbaba a una velocidad y fuerza de vértigo. Cerró los ojos, estiró su cuerpo hacia atrás y jadeando, miraba intermitentemente mis manos y las suyas.

A los pocos segundos saltó un chorro de semen que me manchó toda la cara y el pecho. No me atreví a moverme y esperé sus indicaciones mientras le miraba a su rostro. Sorprendida de su cara de dolor o de placer, entonces no lo sabía, tenía la duda de si se lo había hecho bien o no, de si habría disfrutado o no. Para mí esos segundos de incertidumbre fueron horas.

Comenzó a llorar, me dio un beso y las gracias, y se fue.

Entonces mi desconcierto fue total, pero de sus labios, al darme las gracias, salió el aliento más agradecido que he sentido en mi vida. Supuse que todo habría ido bien y que en otra ocasión me lo aclararía.

No sé por qué, pero esa noche me fui a la cama satisfecha y tranquila. No podía, ni quería quitarme esas imágenes de la cabeza. El pene de mi padre me había gustado y sin darme cuenta me encontré haciéndome con la mano en mi sexo lo mismo que las chicas de la película.

Esa noche tuve mi primer orgasmo y me gustó porque me corrí pensando solo en lo único que yo entonces entendía, en la suavidad del pene de mi padre. Sabia que los orgasmos en la mujer se alcanzaban introduciendo el pene en la vagina, eso lo sabían hasta los pequeños, pero esa noche desconocía que se conseguía por frotación continuada con el clítoris. Fue un orgasmo mental y verdaderamente bonito.

Desde que todo empezó hasta este primer orgasmo habían pasado 6 meses, y yo de los 13 a los 14 años.

Después de esta experiencia y durante mucho tiempo masturbaba a mi padre muchos días. Aprendí a hacérselo con la boca y sin que me produjera molestas sensaciones. Aprendí a utilizar la lengua, las manos y los labios. No me apetecía mucho tragarme el semen, pero yo sabía la enorme satisfacción que le producía y lo hacía a gusto.

Mi padre había sido lo suficientemente listo como para excitarme previamente a las mamadas. Me había enseñado a masturbarme por rozamiento y me lo hacia siempre antes de empezar yo y terminábamos corriéndonos juntos.

Con los meses se hacia normal y cuando a mi no me apetecía, mi padre se masturbaba mirándome desnuda. Me gustaba que no me obligara a tocarle cuando no me encontraba bien.

Harta de ver penetraciones en las películas, le pregunté por qué no deseaba penetrarme a mí. Esa pregunta debió sacarle de sí porque alcanzó una erección de las grandes, como no recordaba desde el primer día.

Me confesó que era lo que más deseaba, pero que no lo hacía porque me lastimaría y por los riesgos de un embarazo.

Yo me reí sonoramente y haciéndome la entendida, le recordé los procedimientos de prevención.

Me pidió mucha atención a lo que me iba a decir. Yo estaba intrigada y ansiosa por su respuesta. Siempre había tenido miedo a una primera penetración, pero estaba esperando una respuesta positiva de mi padre, ya que el no podría hacerme ningún daño. Sola darme amor, placer y enseñarme; y si era como lo que conocía, me gustaría.

“Lo haremos, pero con preservativos, y jamás habrá de saberlo nadie”.

En mi sonrisa descubrió mi aprobación y deseo de hacerlo inmediatamente.

Me agarro de la mano y me llevo a su habitación. Mi estado era de verdadera excitación y curiosidad, pero de enorme tranquilidad, porque iba a experimentar lo que había oído a otras muchas mujeres narrar como una experiencia difícil, dolorosa y generalmente insatisfactoria, pero con una persona que tenía experiencia, que no me haría daño y nada que yo no quisiera. Sabía que era la mejor forma de conocerlo.

Sin llegar a tumbarnos en la cama, de pié, pasándome las dos manos por mi nuca dirigió sus labios hacia los míos y me dio el primer beso sexual que he conocido de mi padre o de cualquier otro hombre. Ahí noté el primer cambio. No me costo encontrar la diferencia entre los besos que acostumbraba a darme en los labios y aquel beso de deseo. Realmente estremecedor.

Todo se desarrollaba lentamente, parecía estar bajo los efectos de alguna droga o del alcohol, como pude comprobar años más tarde cuando probé las bebidas alcohólicas; todo era como una nebulosa en la que los acontecimientos se desarrollaban mientras volábamos.

Empezó a quitarme la ropa despacio, muy despacio y sin mediar palabra, me preguntaba con la mirada cada pocos segundos si todo iba bien.

Yo quería más besos. No sabía lo que tenía que hacer o, más exactamente, lo que él esperaba que yo hiciese. Me había propuesto dejarme llevar hasta donde él me llevase.

Cuando estuve totalmente desnuda, abrió la puerta del armario y apareció el gran espejo de la contrapuerta. Mi cuerpo se reflejaba totalmente en el mural y por encima de mi cabeza se apreciaba la de mi padre quien se limitaba a sobarme los pechos y a permitirnos contemplar mi cuerpo durante largo tiempo, hasta llegar a apreciarlo como antes nunca lo había hecho. No me parecía el mío. Por primera vez me gusto, descubrí unas formas femeninas excitantes y aprecié el sexo en un cuerpo de mujer. Era como si una tercera persona estuviese espiando escenas íntimas de otra pareja. Creo que era realmente provocadora para cualquier hombre. Tenía gran estatura para mi edad, formas proporcionadas y desarrolladas, una piel muy suave y la ternura e inocencia de la edad. Ahora comprendo lo que una chica así inspira a los hombres.

Después me giró hacia él y se terminó la sensación de tercera persona. Sin dejar de mirarnos a los ojos, me empujó de los hombros hacia abajo hasta arodillarme y me pidió que le sacara el pene del pantalón. Sin dudarlo y con una enorme ansiedad lo hice. Cuando le desabroché el pantalón, el pene le sobresalía de los calzoncillos y estaba ardiendo. Sin bajárselos, solamente tirando de el hacia mí, terminó de salir todo el pene y me lo introduje en la boca como yo ya sabia hacerlo. Le estuve succionando un rato largo pero que me pareció corto. Él empujaba mi cabeza hacia su pene con las manos en mi nuca y otras veces me alejaba tirándome del pelo. Yo sabía que quería mirar y yo me esmeraba especialmente en esos momentos.

Cuando empezó a jadear, me quitó de su pene y levantándome con sus manos me llevó a la cama. Me tumbó y empezó a desnudarse completamente delante de mí. Mi padre tenía un cuerpo que antes no había sabido descubrir, era atractivo y lo deseaba. Hasta su enorme pene me pareció bonito y lo desee, no sabía como, pero lo deseaba para mí, dentro de mí. Ahí descubrí el sexo de verdad.

Cuando estuvo desnudo, puso primero una rodilla en la cama, luego la otra y dirigiendo su boca a mi entrepierna, con sus manos me las abrió y empezó a besarme en el bello púbico. Fue bajando poco a poco hasta introducirme su lengua. Grité de placer; nunca había sentido una sacudida tal. Sin darme cuenta yo estaba haciendo lo mismo que él me hizo: empujar su cara hacia mi pubis con mis manos en su nuca.

Yo habría las piernas todo lo que podía y él introducía su lengua todo lo que mi agujero le permitía. Así estuvo más de 10 minutos.

De repente y sin saber como habíamos llegado a esa posición, me encontraba haciendo un 69. Entonces noté algo distinto. Mi padre, sin saber de donde lo había sacado, empezó a untarme algo suave y frío, que luego supe era vaselina, pero yo continuaba chupándole con fruición.

En ese momento rompió el silencio para volverse y decirme a la cara que primero me la introduciría sin preservativo para que disfrutara del placer de un pene en contacto directo. Me pidió que si al introducírmela sentía dolor, se lo dijese inmediatamente y pararía.

Se levanto encima de mí y con una mano se sujetaba en plancha y con la otra dirigía el pene hacia mi sexo. Los dos pudimos ver como iniciaba la introducción. Cuando ya estaba introducida la punta, se apoyó en mi y mirándome a los ojos, empezó a meter y sacar en pequeñas progresiones.

Era evidente que aquel era un pene muy grande para un cuerpo de 14 años y pensé que me dolería. Me puse un poco tensa y mi padre lo notó. Paró y me pidió que me tranquilizara. Me dio otro beso y continuó su rítmico movimiento. Sin saber como, me encontré con más de la mitad del pene de mi padre dentro. Lo supe cuando su extremo tocó en el fondo de mí. No me hizo daño, pero me asusté y pegué un pequeño brinco de prevención. Me preguntó si me había hecho daño y yo le contesté que no pero que la sentía toda dentro de mí.

Él me lo explico, que no entraría toda y que tal vez en algún movimiento me hiciese algo de daño y me tranquilicé.

Aquello era sorprendente, todo era calor y suavidad. Mi padre, me lo dijo luego, no quería que yo viese la sangre que manaba de mi puvis, pues tal vez me habría asustado.

En alguno de sus empujes notaba como tocaba en el fondo de mis entrañas, pero no me dolía y le dejaba porque veía que era cuando él más disfrutaba. No me lo podía creer en algunos mementos se introducía casi entera, porque sentía la bolsa de sus testículos chocar en mis muslos.

Yo nunca había pensado que un pubis pudiese ensanchar tanto como para poder introducir aquel pene. Evidentemente había sabido calentarme.

Mi padre estaba como loco y yo sentía que mi orificio hacia mucha presión sobre su pene ya que, aunque entraba, le costaba empujar.

De repente la sacó y se puso el preservativo con mucha prisa. Sin decirme nada la introdujo de nuevo y empezó a empujar sobre mí con una fuerza que no había visto antes y a jadear muy fuerte, casi gritaba. Me besaba, sentía su aliento en mis labios, en mi cuello y pensé que algo importante venía. Me concentré para atender a lo que me pudiese decir y le deje hacer, pero siempre atenta.

Me miro a los ojos y me dijo mientras empujaba con fuerza y profundamente: “hija me estoy corriendo en tu coño”.

No sabia que hacer, ya que el nunca había empleado esa palabra tan grosera para referirse a mi sexo, y pense en seguir quieta, dejándome hacer.

Se quedó tumbado encima de mí durante unos segundos con una fuerte respiración. Su peso me impedía respirar bien, pero lo soportaba.

Al cabo de unos segundos me besó y mirándome a los ojos me dijo que era el hombre más feliz del mundo y que era la mujer que más le había hecho gozar en su vida.

“Ahora, vas a conocer tú lo que es un orgasmo con penetración”, me dijo. Se fue al baño, se lavo el pene durante un buen rato con mucho jabón y comenzó de nuevo a hacérmelo con la lengua. Yo continuaba excitadisima, cuando repitió la acción de introducirme el pene con una mano. Sujetándose en vilo con las manos apoyadas en la cama me permitía tocarle y acariciarle, mientras él a un ritmo progresivo iba introduciéndomelo con mucho cuidado para no tocar el fondo. Su pene era más ancho y menos duro, lo cual me producía más gusto.

A diferencia de antes, se notaba que él ponía toda la atención en procurarme placer. El ritmo de sus sacudidas era cada vez más rápido. Yo tenía los ojos cerrados y solo veía las imágenes de la mamada que le había hecho antes. La temperatura de mi cuerpo aumentaba y notaba que mis venas se hinchaban. No sé como pero yo solo deseaba que no parara en sus movimientos por que cada vez me gustaba más, parecía que algo tenia que llegar, pero no veía el fin; cada vez me gustaba más.

Enseguida me di cuenta que algo venía y reprimí un grito de placer que mi cuerpo pedía, para que no pensase que me hacía daño. Me quedé tensa apretando a mi padre contra mí, procurando que lo la sacara en sus movimientos, perdí toda noción de sensación física y un latigazo de placer me sacudió el cerebro. Fue breve pero tan intenso que nunca pude sospechar que existiera tanto placer.

Mi padre que se había dado cuenta, continuó con el movimiento de meter y sacar, pero mucho más lenta y profundamente, hasta quedar completamente parado y extenuado como yo.

Fueron muchos minutos de pensativo silencio el que nos mantuvo abrazados.

¿Aquello era amor, sexo?. No lo sé, pero era inmenso y maravilloso. No quería terminar nunca aquel momento.

Cuando terminé de abstraerme en mis pensamientos, que me tenían completamente ausente, vi mi padre mirándome a los ojos y llorando. No le pregunté nada porque le entendí y yo también empecé a llorar.

Le di un beso en los labios y recuerdo que le dije ” Seré tuya siempre que me desees”. Nunca había prometido algo tan convencida. Durante algunos meses le hacíamos cada vez que podíamos. Pero yo prefería cuando no había nadie en casa, porque era más prolongado, bonito e intenso y en casa eso era difícil. Cuando no estaba mi madre, estaba mi hermana o alguno de mis dos hermanos.

Al final optamos por irnos a un hotel.

Allí, una vez en la habitación, podíamos centrarnos con tranquilidad en hacer el amor. Yo cada día me sentía un poco más obscena, supongo que cosas de los años, e imaginaba cosas y situaciones que al principio no me atrevía a confesar a mi padre, no pensase que era una sucia. Pero no pasaron muchos días en los que él no me fue enseñando como exteriorizarlas, para mayor disfrute mutuo. No hay duda de que sabía como ir quemando etapas y las necesidades de la edad.

Empecé a sentir el placer de provocar excitación haciendo estripteases, en excitarle con tocamientos y conversaciones, en relatar mis más íntimos deseos, en experiencias con más de un hombre, en que nos viese alguien más..

Podía, sin temor alguno, contarle a un hombre que me quería todo lo que deseaba y se me ocurría. El siempre estaba dispuesto a complacerme en todo.

Cada día las relaciones eran más sexuales y poco a poco, sin perder un ápice de cariño, se han convertido en un deseo irrefrenable de búsqueda de placer, que no sé cuando se acabará. Pero mientras dure continuaré haciéndolo. De mil amores. Con los años la relación es más adulta y más sexual. Cuando salimos de viaje jugamos a que somos una pareja de queridos, ella joven, que hacen escapadas y nos gustaba la idea de que la gente entienda que estamos haciendo el amor sin que ellos sepan que somos padre e hija. Eso es muy fuerte y nos vuelve locos.

Hemos experimentado casi de todo, pero no se trata de extenderme más. Lo que hay sirve a los fines que pretendo.

Ahora que soy mayor entiendo muchas de las cosas que me pasaron y a todas ellas les he encontrado explicación y sentido, por mí misma y sin intérpretes intermediarios. Por eso no entiendo a los que se dedican a imponer normas de comportamiento obligado a los demás, pretendiendo establecer lo que está bien o mal.

A mí me pasó, me gusta y no me ha traumatizado en absoluto. Soy una mujer de 28 años, felizmente casada y con un hijo de 2 años. Sigo manteniendo relaciones satisfactorias con mi marido y mi padre. Y los dos lo saben. Creo que el secreto está en que lo afronté desde un planteamiento de base 0, sin condicionantes, limpia y sinceramente, sin prejuicios; todas las piezas me encajan y no hago daño a nadie Y continuaré así hasta que se extinga o acabe de forma natural. No intento convencer a nadie. Ah! , y soy una persona muy feliz y mentalmente sana.

Una explicación lógica y natural; sencilla, sin más.

Tengo 53 años. En el relato no usare datos reales sobre personas ni lugares.

Llevo casado 18 años, tengo dos hijas, una de ellas de 16 años. Es guapa. Mucho. Y no es amor de padre. Desde antes de la adolescencia ya era una niña muy atractiva. Estudiosa, disciplinada en sus tareas, respetuosa, educada… Melena larga, rubia.

Mi esposa es también atractiva. Con 45 años no los aparenta, no es una modelo ni un bombón espectacular, pero sabe vestirse y destacar aquello en que los hombres nos fijamos. No tiene grandes pechos, pero un escote adecuado hace maravillas como todos sabemos, y unos zapatos de tacón estilizan sus piernas y le hacen una figura tremendamente esbelta. Que nadie se equivoque. Somos felices, tenemos una vida sexual activa, dentro del matrimonio.

Podría parecer una vida familiar normal, pero eso cambio hace unos meses. Yo estaba con mi mujer en nuestro dormitorio, somos muy clásicos a la hora de mantener sexo, yo mordía los pechos de mi mujer, comía sus labios… entonces vi un movimiento hacia la puerta, y pude ver a mi hija, mirándonos… No la mire directamente… seguí acariciando a mi esposa, no supe como reaccionar… pero mi erección aumento, se hizo mas dura… Ella lo noto, reaccionando de inmediato con gemidos y apretándome mas fuerte… sentí sus pezones se endurecieron aun mas… Recorrí el cuerpo de mi esposa con mi lengua… hasta su coño, empapado….introduje mi lengua, acaricie su clítoris con ella… grito…. Volví a montarla y la penetre hasta el orgasmo de ella, llenadla de mi semen… Supuse que mi hija había contemplado toda la escena…

Al día siguiente, todo normal. Ni siquiera nos cruzamos miradas. Como estábamos en vacaciones mi mujer se fue a trabajar, mi hija menor al campamento urbano. Yo fui a mi despacho, pero salí mucho antes de lo normal. Había decidido apartar de mi mente la imagen de mi hija contemplando como me follaba a su madre… No había nada malo en aquello. Era normal. Que me excitara en aquel momento supuse que entraba en la lógica, no pasaba nada. Fin.

Tenemos una casa con jardín y piscina dentro de una urbanización. Al llegar deje el coche en el exterior, porque contaba con volver a salir. Mi hija estaba en la cocina. Nos saludamos. No pude evitarme que estaba muy guapa con una camiseta larga que ocultaba sus bragas, pero dejaba adivinar sus pezones, algo en lo que no había caído hasta ese momento. Me dio un beso al verme, como era normal. Ni una palabra sobre lo sucedido… nada. Ni un gesto. Bien. Mejor. Suponía que mi hija tenia o tendría en breve relaciones, salia con chicos como cualquier otra mujer de su edad, y no podía ignorar que, como dicen los chavales hoy día, “esta muy buena”… así que lo lógico era que la naturaleza siguiera su curso.

Sonia, mi hija, me dijo que se iba a su cuarto a cambiarse para tomar el sol en la piscina. Yo tome un café. Me dirigí a mi habitación, al pasar por delante de la de Sonia vi la puerta medio abierta… no se porque lo hice, pero pare y mire… Sonia no estaba cambiándose… observe que estaba sobre la cama… no podía verla bien, pero lo presentí… Excitado, salí al jardín, di la vuelta hasta la ventana de su habitación, que sabia estaba abierta… mire con cuidado… ahora tenia su cama frente a mi… Estaba completamente desnuda…su mano estaba en su sexo…sus gemidos apagados llegaban hasta mi… Mi polla estaba a reventar… !vaya espectáculo!… Se chupo un dedo… se toco un pezón…observe que se introducía un dedo en su coño… No podía dejar de mirarla, aquello estaba mal, mal de verdad, pero no podía apartar la mirada… saque mi polla y me masturbe mirándola…de repente ella gimió mas alto, casi un grito… estaba llegando al orgasmo… y yo también… casi fue simultaneo… Yo no entendía aquello…

Me aparte rápidamente… volví a mi dormitorio y me metí en la ducha… necesitaba aclararme… Escuche a Sonia diciendo que estaba en la piscina… le dije que de acuerdo… Termine la ducha, me seque… salí al pasillo, solo con la toalla, fui al salón, desde allí se ve la piscina… Sonia estaba nadando en ella… Volví al pasillo… no lo pensé… entre en su habitación y tome una de sus bragas, un tanga… negro… me tire en su cama y me masturbe con la braga…sabia el riesgo… deseaba ese riesgo…mi leche empapo por completo aquel tanga… yo estaba exhausto, dos pajas en poco tiempo no era algo habitual… y creia que podía existir una tercera… ¿que hacer ahora con el tanga?. Como todos los hombres, tengo fantasías, pero aquella… nunca… me dirigí al cajón de su cómoda… y la deje allí empapada en mi leche.

Volví al dormitorio, me vestí y salí… Me despedí de Sonia con un beso y con la polla nuevamente dura. Tenia que parar aquello.

Volví tarde, a tiempo para cenar. Mi mujer, estaba como siempre encantadora. Sonia estaba alegre y dicharachera…¿vio el tanga?¿Si lo vio o cuando lo viera que pasaría?¿Podía aun retirarlo del cajón de la cómoda?… Esa era la mejor opción… tendría que hacerlo así, entrar cuando ella no me viera y sacar aquella braguita antes de que aquello se fuera de madre…

Después de cenar y ver algo de la programación de televisión, nos fuimos a casa… Enseguida me di cuenta de que mi esposa tenia ganas de caña… supuse que le gusto mi dureza del día anterior… Mientras se desnudaba le dije que tenia que ir a la cocina, salí, pase delante de la habitación de mi hija… estaba allí, no podía entrar…!mierda!… como lo descubra tendré una buena liada… Al volver a la habitación no cerré la puerta… lo hice de forma deliberada…por si….por si las moscas.

Me acerque a mi mujer que estaba en el baño mirándose al espejo por detrás… la bese en el cuello…ella se extraño, no suelo actuar así… la tome de la mano y la lleve a los pies de la cama…tome las tiras de su salto de cama y lo deje caer al suelo…no llevaba nada debajo… quedo desnuda…solo una pequeña luz de una lamparita estaba encendida… era preciosa… sus pechos se mantenían aun firmes…le dije que haríamos algo diferente… tome un pañuelo y le vende los ojos…ella no se resistio….!vaya!. Recorrí su cuerpo con mi lengua…todo su cuerpo… no deje nada sin tocar… su coño estaba mojado como pocas veces en años lo había notado… Me quite el pijama… y la hice arrodillarse… ella entendió… metió mi polla en su boca…Gemí. La chupaba de maravilla, como una profesional….su lengua era una autentica maravilla… Entonces la vi… Sonia estaba en la puerta… nos miraba…estaba vez ella vio que la miraba…Aquello era excitante… Sonia no estaba desnuda…pero su mano estaba en su coño. Hice que mi mujer se levantara… la puse a cuatro patas en la cama… Le empece a lamer la espalda hasta su culo… hice algo que jamas había realizado: lentamente con un dedo jugué con su ano y empece a metérselo… No protesto… me estaba dejando hacer…gire la cabeza… Sonia seguía allí. Y ya no se ocultaba, miraba directamente. Le hice una señal de silencio… Su madre no debía verla ni sentirla. Lubrique con mi saliba el ano de mi esposa… Ella dijo algo similar a un “no”… puse mi polla en su ano y empece a empujar despacio…Nunca le había dado por el culo. Ella repitió “no” pero no se movía… Con cuidado, lentamente, empece a entrar en su trasero. Gimió… “duele”… “si quieres paro”… movió negativamente la cabeza entre gemidos de dolor y placer… seguí metiéndosela. Estaba apretado…aquello no me permitiría aguantar mucho… Comencé a meter y sacar…no podía creerme aquel placer…ella ya no se quejaba de dolor…gritaba, pero de placer. Mire a la puerta… Sonia seguía allí… Explote… me corrí como un loco, como nunca antes… se la saque…gire a mi mujer y la bese…mi mano toco un coño absolutamente empapado, aquello era un rio… Le hice una comida como nunca antes… y tuvo varios orgasmos hasta que me pidió parar… No se cuando Sonia dejo de mirar… Yo estaba feliz, nunca antes había disfrutado tanto de mi esposa. Pero ya no podía evitar hablar con mi hija… Fue excitante, pero aquello tenia que terminar, y ya.

Al día siguiente mi mujer se marcho. Yo no. Llame a la oficina y dije que tenia cosas que hacer, algo que uno puede permitirse cuando es el jefe. Sonia estaba en su habitación. Me dirigí a ella, tenia que hablar con ella de esto y acabarlo, y retirar aquella braga. Su puerta estaba entreabierta… Llame. No contesto… entre “hija tenemos que…” Sonia estaba en la cama…tenia puesto el tanga negro lleno de mi lefada… “dios”… su mano lo tocaba por encima… me acerque a la cama…ella se estaba masturbando… sus pechos eran… eran una maravilla… inhiestos como misiles… unos pezones oscuros… duros… sus labios… Me miraba…y yo a ella…”ven” me dijo…. Me senté a su lado… “no esta bien.. no podemos”…. “quitámela”…se refería al tanga. Temblando…agarre su tanga y se lo baje…. Su coño brillaba con la humedad… me tomo una mano y la puso allí…. Comencé a masturbarla… y luego la bese… toque sus pechos con mis labios… ella no gemía, me abrazaba y gritaba de placer… “follame”… No pude mas… Me desnude… “en tu cama”… La tome en brazos, besándola, la lleve a mi habitación… La puse en la cama y la acaricie con la lengua entre sus gemidos… comiéndole el coño conseguí un orgasmo…subí a sus tetas, mordisquee sus pezones… “tocame el culo” me pidió… Se lo agarre, gimió, casi con desesperación… No pude mas… la tome… allí mismo la penetre, y lo hice con violencia. De golpe. Le metí la polla entera de una sola estocada. Grito, me abrazo y busco mis labios. Sentí como se corría… yo le di mas rápido buscando que se corriera mas y mas. Ni siquiera pensé en que no estábamos usando preservativo cuando me corrí y la inunde con la lefada mas grande que he tenido en años. Me tumbe a su lado… ella me abrazo…”no pasa nada”.. !ella me tranquilizaba a mi! “nadie lo sabrá, sera nuestro secreto”… Yo estaba callado… aquello no estaba bien, nada bien… Ella se incorporo y me miro “lo vas a pasar muy bien” me dijo… comenzó a besarme… su lengua recorrió mi cuerpo buscando claramente mi polla…. No podía creer que ya estuviera dura… Se la metió en la boca despacio… Joder… que mamada. “cometela entera” le dije… Y lo hizo… pero no dejo que me corriera… Volvió hacia mis labios recorriendo el cuerpo en sentido inverso. “soy tuya, de tu propiedad haz lo que desees”… Me volvía loco… “Quieres que haga lo que desee contigo”…en respuesta me beso… Le pedí que se pusiera de rodillas…. Me puse delante… ella entendió…`pero esta vez agarre su cabeza y la obligue a comerme la polla de forma violenta… algo que siempre había que deseado… No se opuso…le di fuerte, la polla hasta su garganta… no se oponía…Cuando llego mi corrida la obligue a mantener la polla dentro y tragarse mi semen… algo que todo hombre ha deseado alguna vez hacer… “traga”… ella trago… tuvo alguna arcada, pero se lo trago todo… Me miro y yo la mire… la deseaba… pero ya había tenido suficiente por ahora… “vamos a la piscina” le dije… ella entendió.… por primera vez nos bañamos desnudos… nos besamos cientos de veces… la toque… tres horas después estábamos follando nuevamente.

El resto… es cosa vuestra. No se cuanto durara esta situación. Escribirlo me ha ayudado a desahogarme. No se si esta bien, mal o regular. No me importa. Solo necesitaba contarlo. Se que os pareceré un cerdo… pero intente impedir que esto pasara… Quiero a mi mujer, pero Sonia… no podríais entenderlo. Me hace sentir…puedo hacer lo que desee… No se que pasara cuando empiece a estar con un chico de su edad… pero mientras… estoy yo.

Desvirgue a mi hija de 8 años – Relatos Eróticos

  1. Desvirgue a mi hija de 8 años

    Fecha: 14/06/2019, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: SexoSinTabues
    Tengo 2 hijos mas de otro matrimonio Ya son mayores de edad , pero solo me queda sofia de 8 añitos , una bebe muy dulce y tierna. Mi ex esposa y yo decimos dividirnos el tiempo para compartir con sofia , un fin de semana ella y otro yo ; pero hace unas semanas sofia esta de vacaciones y me llamaba todos los días que quería compartir conmigo , Me trate de organizar para tener tiempo libre para ella , trabaje 2 semanas arduamente y organice el negocio dejándolo a cargo de mi hermano . Pase a buscar a mi bebe y pasamos días muy sabrosos donde compartimos comimos , paseamos y vimos muchas películas , ella estaba muy feliz y yo aun mas de compartir con mi hija después de la separación con mi esposa . Ya mi hija tenia mas de 3 semanas conmigo y era tanto su apego que no me dejaba ni 1 segundo solo , un dia por la noche estaba lloviendo muy fuerte , ya sofia dormía y yo estaba dispuesto hacer lo mismo , cerré la puerta y me sente en el ordenador a ver Facebook , me escribieron varias amigas y decidi conversar un poco hasta que llego el punto que eran conversaciones eróticas y estaba muy excitado , abri google y empeze a ver pornografía Amateur que es mi favorita , me estaba pajeando y en ese momento cayo un fuerte trueno , segui con mi paja hasta que logre escuchar la voz de sofia mientras tocaba la puerta , organice todo y me subi el bóxer tome una toalla me la puse en la cintura y abri la puerta . Que paso mi amor ? – Tengo miedo papa , puedo dormir contigo ?- Claro bebe vamos a … … dormir . Yo estaba totalmente excitado y sin poder hacerme una paja me quede dormido con mi hija , al dia siguiente desayunamos y le dije a sofia que fuese a bañarse que íbamos a salir – Papi , bañate tu primero – No bebe , bañate tu porque yo me tengo que rasurar la cara , cosa que era absolutamente mentira , solo deseaba que se bañara ella para entrar y descargar mi excitación de hace mas de 3 semanas. Sofia se esta bañanado y me percate que esta juagando con el agua y el shampo , yo sin ninguna malicia entre y le llame la atención , decidi bañarla yo mismo . Yo tome a sofia y le jabonaba su cuerpo sin tocar sus partes , pero sofia me dice – Papi y mi totonita no la limpiaras ¿? En ese momento me dije : NO puedo hacer eso , tenia mas de 3 semanas sin masturbarme y no era correcto , pero En un momento decidi hacerlo y cuando toque su vagina sentí una sensación extraña , mi guevo estaba totalmente erecto , la enjabonaba por todas partes haciendo incapie en su vagina , en una enjabonada decidi arriesgarme y deje deslizar mi dedo dentro de su vagina que estaba muy pero muy estrecha y ella se quejo diciendo : AY PAPI , ESO ME DOLIO . Esas palabras me excitaron demasiado y decidi terminar , seque a sofia y mientras la secaba me pregunto : Papi tu tienes un pipi ¨? – si bebe nosotros los hombres tenemos pipi y ustedes la mujeres tienen una vagina como la tuya . Como son los pipis de los hombres papi ¨? – Ufff ya no aguantaba mas mi erección estaba apunto de acabar sin ni siquiera …

Relatos Hentai

Ya casi era medido día y el padre de Nicole seguía durmiendo. Era su único día de descanso, así que Nicole se lo permitía. Desde que su madre los abandonó por un tipo más joven, su padre se esforzó al máximo para pagar las deudas, mantener las necesidades de la casa satisfechas y educarla con amor y paciencia.

Por eso Nicole admiraba y amaba con intensidad a su padre, era imposible para ella pensar en otra persona más maravillosa.

De pronto Nicole escuchó ruidos provenientes de la habitación de su padre, tal vez se estaba despertando, así que con premura hizo el desayuno y lo colocó en una bandeja para llevárselo, pero al llegar a la puerta, distinguió mejor los sonidos.

Eran jadeos pervertidos, no le costó mucho a Nicole imaginar lo que pasaba, y es que era demasiado obvio, su padre llevaba años sin tener relaciones, de seguro esa parte de su vida estaba insatisfecha.

Nicole se ruborizo por completo al estar segura que su padre se masturbaba, tragó saliva, su corazón palpitó con fuerza. De pronto, junto a un cosquilleo en su vientre que se expandió a otras partes de su cuerpo, a Nicole le surgió una idea.

Acababa de cumplir los dieciocho, su cuerpo, aunque no tan voluptuoso o torneado como el de otras chicas, ya era el de una mujer adulta, tal vez podría usar su figura para agradecer todos los actos que su padre había hecho por ella.

La idea rondó por su mente varios segundos, sus mejillas ardieron con un potente rojo, su corazón martilló dentro de su pecho.

Tuvo dudas, tal vez su padre no estaba haciendo esa cosa pervertida y solo tenía un mal sueño, y ella ya se había imaginado cosas inmorales y lujuriosas. Solo había una forma de averiguarlo, meneó su cabeza para apartar el rubor y tocó la puerta de la habitación.

—Papá, ¿ya estás despierto? Traigo el desayuno, ¿puedo pasar?

Un segundo después escuchó la respuesta.

—Claro cariño, adelante.

Cuando Nicole ingresó a la habitación notó a su padre con una expresión exaltada, con las mejillas acaloradas, además de que, a pesar de que se cubría con las cobijas hasta el pecho, era obvio que se hallaba desnudo. Sin duda apenas hacía unos segundos estaba masturbándose, y ella lo había interrumpido.

Dejó la bandeja con el desayuno en un mueble al lado de la cama y salió de la habitación sin decir palabra.

A los pocos minutos volvió a tocar la puerta, pero esta vez sin esperar respuesta, la abrió y entró a la habitación de su padre con un encaje de sostén y bragas rojas que combinaban con su tono de piel ligeramente bronceado.

Su padre casi escupió el bocado que había metido a su boca.

—Nicole, ¿qué haces vestida así?

—Papá, sé que no has estado con otra mujer desde que mamá nos dejó, y todo por cuidar de la casa y de mí, por eso —Nicole mantenía la mirada baja con sus mejillas enrojecidas, pero decía todo con un tono seguro en su voz—. Por eso quiero regresarte todo lo que has hecho, quiero, quiero darte mi cuerpo para que satisfagas tus deseos.

Su padre dejó el desayuno a un lado y tomó asiento en la cama, las cobijas cayeron a su regazo, cubriendo esta zona pero desvelando su torso desnudo y algo marcado.

—Oíste lo que hacía hace rato, ¿verdad?

—Sí.

—Nicole, no tienes que hacer esto para regresarme nada, yo todo lo que hice lo hice porque te amo.

—Y yo quiero hacer esto porque te amo —Nicole alzó la vista y la fijó en los ojos de su padre—. No lo había querido admitir porque todos dirían que es incorrecto, pero, si lo pienso bien, desde hace tiempo te amo papá, de muchas formas, y quiero que mi primera vez sea contigo, quiero que siempre sea contigo.

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