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Romy schneider sissi

Romy Schneider murió de pena tras la muerte trágica de su hijo

Se acaba de estrenar en Francia una película documental sobre Romy Schneider. Contiene imágenes de algunas de sus mejores películas así como fragmentos de una entrevista inédita con ella. La protagonista de Sissí, Emperatriz y toda una saga posterior es aún idolatrada en el vecino país, pero a su hija Sarah no le ha parecido bien que en el mentado documental se vuelvan a recordar episodios muy desagradables para ella y que marcaron el final desdichado de su madre, quien acabó sus días a merced del alcohol, los barbitúricos, completamente desequilibrada. Algo que rompía con la imagen del pasado de la actriz, cuando aparecía dulce y romántica en aquellas escenas de la Viena Imperial.

Romy vino al mundo el 23 de septiembre de 1938 en la capital austriaca, entonces invadida por las tropas nazis. Hija de actores, quiénes al parecer simpatizaron con el régimen de Hitler, adoptaría la nacionalidad germana, la misma de su madre, y posteriormente la francesa. Las almibaradas cintas sobre la vida de la emperatriz Isabel de Baviera fueron proyectadas en muchos países. A Madrid vino encantada y su recibimiento fue apoteósico. Llegó para el estreno de La panadera y el emperador. La distribuidora del filme encargó a Enrique Herreros, padre y a su hijo que se encargaran de publicitarlo, atendiendo muy en concreto la presencia de su protagonista femenina. Romy Schneider derramó simpatía, se reunió con los cronistas cinematográficos en una comida en el hotel Felipe II, de El Escorial. Pero lo mejor fue, como relataba Enrique hijo en «Hay bombones y caramelos», amenísimo libro, la firma de autógrafos de la actriz en el vestíbulo del madrileño cine Lope de Vega. La Gran Vía se llenó de niños, unos cuatro mil, en fila india. Como quiera que los Herreros deseaban darle trascendencia a esos momentos idearon un plan. Contrataron a Daja Tarto, un falso faquir, quien como haría luego en repetidos estrenos, se encargó de «armar follón», lanzando fotografías de Romy Schneider al aire, lo que originó el consiguiente revuelo estudiantil. No contento con ese lío, se encargó de romper los cristales de las puertas del cine. Intervinieron los policías municipales, que se llevaron a la comisaría a Daja Tarto. Hubo algunos heridos de escasa consideración. Los fotógrafos tomaron buena cuenta de aquel tumulto. Ni que decir que la prensa madrileña se hizo eco de aquella presencia de Romy Schneider en la capital de España y en Alemania las revistas dieron asimismo buena cuenta del «entusiasmo» que la protagonista de «Sissi» causaba entre los adolescentes españoles.

Romy, con su hijo David y su marido | Cordon Press

Aquello ocurrió en 1957, cuando Romy Schneider contaba solamente diecinueve años. Agasajada allí donde iba, continuó rodando películas en Alemania. Luego fue a Francia. Allí se enamoró de Alain Delon, con quien convivió unos años, desde 1959 hasta 1963. Fue un tiempo de pasión, más por parte de ella. Quien sufriría la más grande decepción entonces de su vida, pues hubiera querido casarse con él, o en cualquier caso seguir a su lado y tener descendencia. Pero Alain Delon siempre fue un mujeriego, picaflor en busca siempre de lo que se moviese con faldas, y no hubo manera de que la sensible y tierna actriz alemana lo retuviese. La ruptura, resultó desoladora para Romy. Durante varias semanas las revistas europeas, preferentemente las francesas, se hartaron de contar las cuitas de aquella pareja que parecía eternamente enamorada. Le costó mucho a Romy perdonar a Alain, aunque años más tarde quedaron como amigos. Seguía adorándolo porque fue el gran amor de su vida.

Contrajo matrimonio en 1966 con el director Harry Meyen. Tuvo un hijo, David. La pareja se deshizo en 1975. Probablemente no estaba muy enamorada, pero ya tenían veintiocho años y tomó aquella decisión. No parecía feliz. Y a poco de divorciarse encontró a un guaperas, el periodista ítalo-francés Daniel Biasini, que se convirtió en su segundo marido. Lo conocí una noche que fui a cenar junto a Bertín Osborne, en París, en «Chez Castell», restaurante y discoteca, que por esa época, años 80, era el lugar de trabajo de Biasini, como relaciones públicas del local, quien nos recibió muy atento a las puertas. Ya se había muerto Romy, con quien había tenido una hija, al principio mencionada, Sarah. Su matrimonio con Biasini duró seis años, hasta 1981, año trágico para Romy.

El 5 de julio su hijo David volvió a casa, una lujosa vivienda de París. No debía llevar llave, llamó a la puerta, no le abrieron y optó, imaginamos, por atravesar la verja hasta el jardín, trepando. Calculó mal sus movimientos, resultando empalado entre aquellos hierros. Su arteria femoral estaba perforada. Tenía sólo catorce años. Romy Schneider ya no fue la misma desde aquella aciaga fecha. No logró nunca soportar el dolor. Y comenzó a beber, desesperadamente. Y a tomar tranquilizantes. Y barbitúricos diversos que la condujeron a una situación límite. Un par de decenios antes, la un tanto empalagosa actriz de «Sissi» se había transformado en Francia en una estimable actriz, a partir de rodar La piscina. Posteriormente, sobre todo con el director Claude Sautet, logró interpretaciones excelentes en agridulces comedias, como Las cosas de la vida, Max y los chatarreros, César y Rosalía, Una vida de mujer… El público galo, tan chauvinista, la consideraba ya como suya. Al fin y al cabo había obtenido la nacionalidad francesa. Pero todos esos éxitos, el amor con Daniel Biasini, no sirvieron de nada tras la muerte violenta e inesperada de su hijo David.

Romy Schneider fue encontrada muerta en su apartamento. No se le practicó la autopsia, lo que nos resulta algo raro, incomprensible. Así es que, oficialmente, falleció a causa de una parada cardiaca. Sus restos fueron enterrados junto a los de su querido hijo en un cementerio, distante cincuenta kilómetros de París. Quedó como una leyenda del cine, cuando sólo contaba al morir sólo cuarenta y tres años.

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Era increíblemente bella y seductora, pero como otras actrices que destilaron glamur y gloria en la gran pantalla, su vida personal se vio sumida en la desgracia demasiado pronto y ya no supo salir del túnel. “Soy una mujer rota y tan solo tengo 43 años”, aseguró Romy Schneider poco antes de morir. En efecto, era una mujer rota. Sumida en una profunda depresión tras la trágica muerte de su hijo David cuando éste tenía solo 14 años, la actriz que dio vida a la alegre emperatriz Sissi no pudo más y su corazón dijo basta el 29 de mayo de 1982. Este lunes se cumplirán 35 años de ese fatídico día.

Rosemarie Magdalena Albach nació el 23 de septiembre de 1938 en Viena en el seno de una importante familia de actores. Wolf Albach-Rhetty era un actor austriaco de teatro y Magda Schneider una conocida intérprete alemana con la que Romy actuó en varias ocasiones. De pequeña, ya soñaba con ser una estrella como sus padres.

Hija de actores, debutó en el cine con 15 años y siempre será recordada por su personaje de Sissi

Su infancia no fue muy feliz debido al divorcio de sus progenitores y al hecho de que pasara cinco largos años internada en un colegio de monjas. A los 15 años debutó en el cine con Lilas blancas, de Hans Deppe, una película protagonizada por su madre, donde tenía un pequeño papel y cantaba el tema musical. Su frescura y su dulce sonrisa contagiosa no pasaron inadvertidas y le empezaron a llover ofertas.

El director alemán Ernst Marischka vio en ella el rostro perfecto para encarnar a la realeza europea. Así, interpretó a la reina Victoria de Inglaterra y a Isabel de Baviera, más conocida como Sissi, en tres filmes. Sissi (1955), Sissi Emperatriz (1956) y El destino de Sissi (1957), donde trabajó junto a su madre, la catapultaron a la fama internacional cuando era solo una adolescente. Había nacido el mito Romy Schneider.

Romy Schneider en ‘Sissi’ (1955) (Erma Film)

Y es que, de alguna manera, era una artista predestinada a interpretar a esa princesa culta y rebelde que se avanzó a su tiempo. Su abuela paterna, una actriz de nombre Rosa Retty, había sido nombrada actriz de la corte a principios del siglo XX por el emperador de Austria Francisco José I, cuya esposa fue precisamente Isabel de Baviera.

Hasta los 20 años su carrera estuvo dominada por su madre, una mujer que mantuvo amistad (y se rumorea que algo más) con Hitler y Goebbles. Se dedicó a hacer papeles de corte romántico hasta que a finales de la década de los cincuenta optó por un cine más maduro, alejado del célebre personaje de la emperatriz austriaca. Quiso cambiar de registro y se fue a rodar a Francia ‘Amoríos’ con Alain Delon en 1958.

Alain Delon y Romy Schneider en 1959 (AFP)

Al apuesto actor francés lo conoció en el aeropuerto de Orly, cuando él acudió a recogerla con un ramo de rosas rojas para darle la bienvenida. Ella no hablaba francés ni Delon inglés, pero no hacían falta palabras para darse cuenta de que entre ellos surgió inmediatamente un flechazo. Fueron cinco años de pasión de una ‘pareja perfecta’ que nunca contó con el beneplácito de la madre de la actriz, que siempre aseguró que el apuesto seductor solo le arruinaría la vida.

Romy se fue afianzando como una de las actrices más importantes y sólidas del cine europeo trabajando a las órdenes de directores de la talla de Luchino Visconti, Claude Chabrol o Claude Sautet. Se fue a Estados Unidos cuando Orson Welles la reclamó para rodar El Proceso (1962). En Hollywood filmó otras cintas como Los Vencedores (1963), El cardenal (1963) y Préstame tu marido (1964), con Jack Lemmon. La meca del cine le hacía los honores, pero ella jamás tuvo la intención de establecerse en EE.UU. Para ella París era lo más. ”En París soy la mujer más feliz del mundo. No existe otra ciudad como esta para vivir la vida”, decía.

Alain Delon y Romy Schneider antes de empezar a rodar ‘La piscina’ (GAMMA-RAPHO)

De regreso a la capital del amor, Schneider se encontró con una sorpresa inesperada. Delon dio por zanjada su relación con flores y una carta de despedida. La dejó por la actriz Nathalie Barthelemy. Fue en ese momento cuando el cuento de hadas empezó a hacerse añicos. “Siempre me lo juego todo, llevo las cosas hasta las últimas consecuencias. Me entrego y amo con todo mi corazón”, decía la intérprete vienesa. Con Delon mantuvo luego una relación cordial y ambos intervinieron en La piscina (1969). Años después, el galán confesó a en una entrevista que fue la mujer de su vida y que lamentó no haberse casado con ella.

La actriz decidió quedarse en Francia. Rodó con Otto Preminger El Cardenal (1963); L’Enfer (1964), de Henri-Georges Clouzot; Préstame tu marido (1964), de David Swift y ¿Qué tal, Pussycat? (1965), de Clive Donner, junto a Woody Allen y Peter O’Toole. En 1966 contrajo matrimonio con el actor y director teatral Harry Meyen, un hombre muy depresivo que llegó a ser torturado por la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial. Estuvieron 9 años casados y tuvieron un hijo, David.

Intervino en medio centenar de películas y ganó dos premios César a la mejor actriz

Las cosas no iban bien entre la pareja y a ella se le relacionó con otros hombres.Tras divorciarse de Meyen se casó con Daniel Biasini, un seductor franco-italiano 11 años más joven que ejercía de secretario personal. Romy se mostró siempre muy enamorada y le consentía todos sus lujosos caprichos. Poco después de la boda ella sufrió un aparatoso accidente de coche y perdió al niño que esperaba. La vida volvía a sonreírle cuando se quedó otra vez embarazada y dio a luz a su hija Sarah.

Sin embargo, el suicidio de Harry Meyen en 1979 sumió a Romy en una profunda depresión. Empezó a tomar alcohol y tranquilizantes. Biasini agravó aún más su difícil estado anímico cuando le pidió el divorcio tras seis años casados. Pero el acontecimiento que destrozó por completo a la ‘novia de Europa’ fue la muerte de su hijo mayor en un trágico y absurdo accidente el 5 de julio de 1981. El chico había ido solo a casa de los padres de Biasini para hacerles una visita sorpresa. Como había hecho en otras ocasiones, intentó entrar trepando las rejas. Por desgracia, resbaló y quedó atravesado por una de ellas. Falleció poco después en el hospital. “He enterrado al padre y he enterrado al hijo, pero nunca los he abandonado y ellos tampoco me han abandonado a mí”, dejó escrito en su diario.

Romy Schneider en una tierna imagen junto a su hijo David (GAMMA-RAPHO)

La desolada actriz intentó recuperar algo de felicidad con el productor Laurent Pétin, su último novio y se fueron a vivir juntos. Romy solo encontraba consuelo en la bebida, el tabaco y las misivas que escribía a su primogénito fallecido. El 29 de mayo de 1982 a las 7.30 de la mañana Pétin la halló muerta en su residencia. Estaba recostada en una silla frente a su escritorio, donde había una carta inacabada de disculpa para anular una sesión de fotos y también una botella de vino vacía y frascos de medicamentos.

Oficialmente su muerte se debió a un paro cardíaco, aunque siempre se sospechó que se trataba de un suicidio, una hipótesis que su amiga Claude Petin negó con contundencia. Ella fue la última en verla con vida la noche anterior y aseguró que Romy no estaba tan mal como para quitarse la vida y que había dejado de beber. No se le hizo la autopsia por expreso deseo de su familia, así que la causa exacta de su muerte siempre estará envuelta en un halo de misterio.

No soy nada en la vida, pero todo en la pantalla

Romy Schneider Actriz

Romy Schneider fue enterrada junto a su querido hijo el 2 de junio en el cementerio de Bossy-Sans-Avoir, en la periferia sur de París. No asistieron ni su madre ni Delon. Dos meses después su tumba fue profanada y desapareció el diario personal en el que apuntaba absolutamente todo. Hace un mes se repitió tan lamentable episodio. La lápida fue movida de su ubicación original, aunque no hubo señales de que faltara nada en su interior.

Schneider le pidió al cine arte y realidad y ella le ofreció lo mejor de sí misma. Intervino en medio centenar de películas y ganó dos premios César a la mejor actriz: Lo importante es amar (1976) y Una vida de mujer (1978). Su paso por este mundo fue breve pero intenso y puso pasión a todo lo que hizo. “No soy nada en la vida, pero todo en la pantalla”, afirmó. Su legado artístico estará siempre presente para recordar su inmenso talento y belleza.

Su primer marido, Harry Meyen, se suicidó y el hijo que tuvieron en común murió de forma trágica a los 14 años

La tumba de la actriz Romy Schneider, enterrada en la periferia sur de París, fue profanada durante el pasado fin de semana, según fuentes de la investigación citadas por la prensa local. Dos paseantes que se habían acercado a visitar el sepulcro de la intérprete fueron los primeros en descubrir los deterioros. El sepulcro, situado en el cementerio de Boissy-sans-Avoir (la localidad de la periferia sur de París donde Schneider tenía una casa), fue abierto y su lápida fue desplazada.

Sin embargo, según las mismas fuentes, la tumba no ha sido saqueada ni se han detectado en ella destrozos mayores. Tampoco habría grafitis ni señales de vandalismo. Una fuente de la gendarmería citada por 78actu, web de información sobre el departamento de Yvelines —donde se encuentra Boissy-sans-Avoi—, apuntó a un intento de robo, esperando encontrar objetos de valor en el interior del sepulcro. “Pero no pudieron abrir la tumba, porque una segunda placa que garantiza su estanqueidad no pudo ser retirada”, aseguró esta fuente anónima.

A Schneider se la conoce por su carrera como actriz tanto como por los giros trágicos de su biografía. La actriz fue encontrada muerta en su domicilio parisiense en mayo de 1982, cuando tenía solo 43 años. La sospecha es que se suicidó mezclando alcohol y barbitúricos, aunque esa tesis nunca ha sido confirmada, ya que el fiscal de la República cerró el caso sin pedir una autopsia. “Sissi no podía emprender su último viaje en la morgue”, justificó en una entrevista con Libération en 1998. Un año antes de su muerte, su hijo David falleció, a los 14 años, durante un accidente familiar. Intentaba trepar las rejas de su casa cuando resbaló y se atravesó una en los intestinos. Schneider, de tendencias depresivas, nunca se recuperó de esa pérdida. David está enterrado junto a su madre en el cementerio profanado el domingo. Fue su otra hija, la actriz francesa Sarah Biasini, fruto de su relación con el periodista Daniel Biasini, quien acudió ayer a la tumba al ser avisada de la profanación.

Romy Schneider, en su papel de Sissi. GTRES

Schneider se llamaba, en realidad, Rosemarie Albach-Retty. Nació en Viena en 1938, hija de actores alemanes, y desarrolló en Francia la práctica totalidad de su carrera profesional. Es especialmente recordada por su papel en la trilogía Sissi, donde interpretaba a Isabel de Baviera, que la catapultó a la fama internacional cuando era solo una adolescente. Después se alejó de ese papel, acercó su carrera al cine de autor y logró rodar con los mayores cineastas internacionales. Con 28 años, Henri-Georges Clouzot la hizo participar en una película maldita, L’enfer. Después, Orson Welles la dirigió en El proceso. Joseph Losey hizo lo propio en El asesinato de Trotsky. Lucchino Visconti le propuso retomar el papel que la llevó a la fama en Ludwig. Bertrand Tavernier rodó con ella La muerte en directo. Y Andrzej Zulawski le brindó otro de sus papeles más memorables con Lo importante es amar, por la que recibió su primer premio César. Conseguiría un segundo en 1979 por Una vida de mujer, de Claude Sautet.

Además de estar casada con Biasini, Schneider también contrajo matrimonio con el cineasta Harry Meyen, padre de David, y mantuvo una tormentosa relación con Alain Delon, al que conoció durante el rodaje de Christine en 1958. Una década después, volvieron a coincidir en La piscina, la película de culto que relanzó su carrera como actriz y prorrogó su posición de icono del cine hasta el final de sus días.

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Sissi, es esta película austriaca que lanzó a la fama a la actriz Romy Schneider y cuenta la historia de amor entre la emperatriz Isabel y el emperador Francisco José.

El largometraje de los años 50 continúa conquistando a varias generaciones hasta convertirse en una cinta de culto.

Sissi Empress, es una cinta perfecta para ver entre madre e hija.

Nosotras la amamos y te decimos porqué:

  • Es una película de temática navideña.

Es una de esas películas navideñas de culto, mágicas y de ensueño. Es una cinta de las que vemos y vemos con un té navideño en la mano.

  • Este es uno de los papeles icónicos de Romy Schneider.

Si la película se ha convertido en una referencia, también se debe a que la actriz austriaca logró encarnar el papel a la perfección, tanto moral como físicamente.

  • Es una película que te invita a soñar.

En definitiva, todo lo que toca la imaginación y le da un bálsamo al corazón nos atrae. Sissi Empress es un romance convertido en referencia, un verdadero logro entre la magia y el escape.

  • Es una película atemporal

Dado que la película se «transmite» de generación en generación, Sissi Empress es un filme mítico. También es la película que compartimos con nuestras amigas y hermanas.

  • Es de una historia real

Si amamos tanto a Sissi, es porque a diferencia de los cuentos de Disney, la historia es cierta. Así, proyectamos más fácilmente, soñamos más fácilmente y apreciamos la idea de descubrir la historia de Austria a través de un romance. Entonces, obviamente, la realidad está organizada para hacer que la historia sea más atractiva.

  • Es una historia de amor

Ciertamente, la historia entre Sissi y Frantz está lejos de parecerse a la nuestra porque no conocemos la vida en la corte y las limitaciones del protocolo. Pero podemos encontrarnos en la familia y en las relaciones de amor, y en los sentimientos nacidos de esta historia.

¿Qué opinas? ¿Ya la viste?

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Con información de marieclaire.fr

Celebrities always draw attention of the public. And when they exit the stage, they are quickly forgotten. Who recalls celebrity couple of the 1960s, Schneider and Delon? They were the most beautiful couple of the time…


Romy Schneider (1938–1982) was a film actress born in Vienna who held German and French citizenship. She was only 17 when she played the title role in Sissi, a romantic movie about the young Bavarian princess that became the empress of Austria. The film was Schneider’s breakthrough, it turned the Austrian-born actress into an instant 1950s film diva.
Romy Schneider and Alain Delon first got together in 1958, while she was filming Christine in France and the next four years of their lives cemented a relationship that was to last for decades, long after her death in 1982.
Alain Delon was 23 at the time and relatively unknown in the movie circles, but after handing her a bouquet of roses, Schneider was quite interested. At first, she found him offensive and even ill-mannered. However, playing his on-screen lover softened her up in no time.
Soon after, the couple took a train ride to a new film festival in Brussels and love took hold of them. Delon invited Schneider to come stay with him in Paris. However, her mother was against the idea. Eventually, she demanded Delon make a legal commitment to Schneider before they leave for Paris.
While Delon enjoyed his status as a French sex symbol, Schneider was frustrated with rumors of his affairs. Magda Schneider in particular was worried about the mental and physical health of her daughter who suffered abuse from Delon on a regular basis.
By 1963, the star-crossed relationship ended. On returning to Paris after shooting The Process in Hollywood, Schneider found their apartment empty with a bouquet of black roses and a stark note from Delon as a welcoming present.
“Reason obliges me to say goodbye, we have lived our marriage before we get married, our work would take away any chance of survival … Do not be mistaken about the color of these flowers: they are not black roses. My heart,” he would write Paris Match. They continued to work together in such films as La Piscine (The Swimming Pool, 1968), which revitalized her career, and The Assassination of Trotsky (1972).
In an interview with Vanity Fair in 2017, Delon said that Romy Schneider was the greatest love of his life, “the first, the strongest, the most surprising, but also the saddest.” According to the magazine, he always keeps a picture of the actress on her deathbed inside the pocket of his jacket.






Looking Back at Romy Schneider, a Tragic Screen Goddess

Romy Schneider was only 17 when she played the title role in «Sissi», a romantic movie about the young Bavarian princess that became the empress of Austria. The film was Schneider’s breakthrough — it turned the Austrian-born actress into an instant 1950s film diva.

She didn’t want to be a princess all her life

«Yes, I loved this role back then,» Schneider said. «I was the princess, not just in front of the camera. I was always a princess. But one day I simply did not want to be a princess anymore.»
Despite the success, Schneider was desperate to get away from the naive and innocent characters that she was made to play in post-war Germany.
«Sissi sticks to me like oatmeal,» she said.
A national scandal

Romy Schneider and Alain Delon announced their engagement in 1959

Schneider fled to dazzling Paris to be with her French lover and fellow actor Alain Delon, creating a national scandal. The couple got engaged in 1959.
Paris became Schneider’s artistic base and she became the muse of the great directors of the time including Luchino Visconti, Orson Welles, Otto Preminger and Claude Sautet.
She completely shed the image of the little naive girl and took on challenging, sexy and provocative roles. In the 1960s and 1970s Schneider filmed internationally successful movies such as the thriller «Swimming Pool,» which added another dimension to her on-screen persona.
«I tried to escape from this straitjacket, from this little narrow world,» Schneider said. «I wanted to get away from this routine I had in Germany. Paris was a new world, a new life. I needed this freedom and I made the most of it.»
A metamorphosis
Film critics and movie buffs are to this day fascinated by Schneider’s artistic transformation.

The movies she made in France were different from the ones she made in Germany

«You have to admire her ability to change,» film critic Martin Hamdorf told DW-WORLD.DE. «When you know the role she played in the movies about Sissi — that good girl, the identification figure for the German middle class — the break in her career is unbelievable.»
But for her to make the transformation, it was essential to leave Germany and become part of a different cinematic tradition.

The German film industry in the 1950s was dominated by the genre of Heimatfilm (homeland movie) — a unique product of post-war mentality, set in sentimentalized and idealized rural settings and based on predictable plots and simplistic morality.
«I don’t think she would’ve had a chance to develop further in Germany,» Hamdorf said. «The German movie landscape at the time was simply sad and dreary. It was, if you want to be mean about it, the continuation of Nazi entertainment films, but done badly.»
Schneider won several awards, including the prize of the French Film academy and the German film award in 1977. Her films included the macabre «Le trio infernal» with Michel Piccoli from 1974 and the chilling «Garde à vue» in 1981.
Turbulent private life

Schneider’s son died in 1981

Schneider dominated French films throughout the 70s, but her on-screen success was overshadowed by her turbulent private life. After she was dumped by her great love Alain Delon, she married German director Harry Meyen. But Meyen committed suicide, and their son died in an accident in 1981.
Schneider became increasingly addicted to alcohol and tranquilizers. According to her biographers she was torn between her fame, her will to succeed and her longing for a normal life.
Romy Schneider was found dead in her apartment in Paris on May 29, 1982, at the age of 43. It was suggested that she had committed suicide by taking a lethal cocktail of alcohol and sleeping pills. However, no post-mortem examination was carried out. Schneider was declared to have died from heart failure.

Ageing Star of the Nouvelle Vague Period Remembers Actress 30 Years on

Many people of a certain age will remember Alain Delon: cigarette dangling from his lips, fixed stare, driving a Citroen DS, he was one of the cinematic icons of the late 1950s and all through the great period of resurgence in French cinema of the 1960s.

Now aged 76 and still making films, Delon good looks and on-screen talent assured that he was constantly in the headlines during those heady days. His relationship with actress Romy Schneider over 50 years ago caused a sensation that helped to catapult the two of them to world-wide stardom. Like all the best showbiz relationships, it was short-lived and tempestuous.

Schneider herself enjoyed a hugely successful career. Her relationship with Delon kick-started a film career for the Austrian actress that was mostly based in France, with a brief time spent in Hollywood (She starred in “What’s New, Pussycat?”).

Delon will be paying homage to the love of his youth in a most unique manner. He has agreed to a cameo part in Geraldine Danon’s forthcoming biopic on Romy Schneider in which he plays a down-and-out who consoles the actress as she emerges in tears from her apartment.

Their affair began in 1958 with a promotional event. Delon, who is still a relatively unknown 23-year-old and rising star of the film “Sissi”, arrives at the airport with a large bunch of roses for the beautiful Romy Schneider with whom he’s due to film “Christine”. Cue lots of flash photography and the beginning of a relationship that will fill the gossip pages around Europe for some time to come. A year later, the couple are engaged. In 1964, however, a letter from Delon puts an end to the affair, explaining that he had “gone to Mexico with Nathalie”: his future wife and mother of his son Anthony. A devastated Schneider leaves Paris and moves to Berlin with film director Harry Meyen, whom she marries in 1966. The painful rupture doesn’t prevent Schneider and Delon from appearing together in the 1969 film “La Piscine”.

Schneider’s life later took a tragic turn with the accidental death of her 14-year-old son. She was found dead at her home in Paris on the morning of the 29th of May 1982. The official verdict was suicide.

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Sissi, la emperatriz que no encajaba y murió en un atentado hace 120 años

Una enfermedad le robó a su hija, un suicidio a su hijo. La emperatriz Isabel de Baviera, cuya vida se retrató de manera edulcorada en las películas de «Sissi» protagonizadas por la célebre Romy Schneider en los años 50, murió hace 120 años en un atentado.

Al estudiar la vida de la esposa de Francisco José I, se tiene la impresión de que Sissi no encajaba ni con su marido ni con su época. Con sus caprichos y su pequeño cuerpo de modelo, probablemente hoy en día tendría millones de seguidores en las redes sociales. Pero esta mujer, de la que se dijo que parecía un hada, odiaba que la adularan.

A continuación, algunos datos característicos que definieron su vida, que acabó trágicamente el 10 de septiembre de 1898.

Fotografía que muestra el cuadro que regaló la emperatriz Sissi a su entonces prometido Francisco José en 1853.

Matrimonio: Los inicios seguramente fueron fabulosos. Cuando tenía 15 años la emperatriz de Baviera conoció al emperador de Austria Francisco José I en la localidad austríaca de Bad Ischl. «Fue un auténtico flechazo», asegura Olivia Lichtscheidl, comisaria del Museo de Sissi en Viena.Pero tras el nacimiento de sus cuatro hijos, el rechazo de Sissi a la estricta disciplina en el Palacio Imperial de Hofburg y el poco tiempo que pasaba con ella el emperador debido a sus múltiples obligaciones, hicieron que sus caminos se separaran notablemente. Aunque ambos se trataron con respeto hasta el final de sus días.

Viajes: A Sissi le encantaba viajar. Cuanto más mayor se hacía, más a menudo lo hacía. Entre sus destinos favoritos estaban la isla griega de Corfú, Inglaterra y, naturalmente, su palacio de Gödöllö en Budapest, donde se sentía libre.

Imágen de Sissi.

Deporte: ¿Una emperatriz a la que le gustaban los deportes? Y eso hace 150 años. En todos los lugares en los que vivía Sissi tenía a su disposición aparatos para practicar deporte. En Viena incluso podía utilizar un gimnasio. En la barra hacía estiramientos y en las anillas acrobacias. La que seguramente fue la mejor amazona de Europa en el siglo XIX montaba a caballo hasta ocho horas al día y no se asustaba ante el peligro. Años más tarde su reuma sólo le permitía cabalgar despacio durante horas. Además aprendió esgrima y le gustaba nadar.

Reina de la belleza: Ninguna estrella de Hollywood actual causa tanta expectación hoy en día. Sissi medía 1,72 metro y pesaba tan sólo 50 kilos. Su larguísimo cabello, que le llegaba hasta los tobillos, requería muchos cuidados en los que llegaba a invertir hasta dos horas diarias. Cada 14 días lo lavaba con una mezcla de yema de huevo y coñac. No usaba maquillaje ni perfume. Tenía 30 años la última vez que se dejó fotografiar, aunque su último retrato se pintó cuando tenía 42. Incluso de mayor siguió manteniendo una cintura de avispa de tan sólo 50 centímetros.

Un retrato de la emperatriz.

Alimentación: Lichtscheidl rechaza con vehemencia la afirmación de que la emperatriz sufrió anorexia. «Ninguna anoréxica tiene un pelo así», dice. De hecho, Sissi se alimentaba de manera extraordinariamente consciente para su época. Comía carne de caza, mucha verdura y pescado, y bebía mucha leche. Además le encantaba el helado de violetas que le preparaba su cocinera. Pero tenía una norma estricta: no comer nada después de las 18. Por eso, en los banquetes tardíos la emperatriz apenas comía.

Carácter: «Todo lo que le gustaba hacer era siempre extremo», opina Lichtscheidl. Por ejemplo el deporte, pero también su ambición por aprender idiomas. Su entusiasmo por la Antigüedad le llevó a aprender griego clásico y moderno. Su amor por Hungría hizo que aprendiera tan bien el idioma que podía comunicarse con sus súbditos locales en su lengua. La emperatriz amaba la naturaleza, las montañas, el mar y las obras del poeta alemán Heinrich Heine. Sus mejores amigos tenían cuatro patas, sobre todos sus muchos perros que corrían libremente por palacio para gran enfado del personal.

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Familia: Sissi tuvo tres hijas (las archiduquesas Sofía, Gisela y María Valeria) y un hijo (el príncipe heredero Rodolfo). La pequeña Sofía murió en un viaje a Hungría cuando tenía dos años. Rodolfo, que con su visión política liberal hubiera podido hacer muchas cosas como futuro emperador, se quitó la vida con su amada en 1889. Su hija pequeña, María ValerIa, era su preferida e incluso fue favorecida en el testamento frente a su hermana Gisela.

Atentado: El anarquista Luigi Lucheni quería asesinar en realidad a un noble francés en Ginebra. Sissi se encontraba de incógnito en la ciudad suiza junto a su dama de compañía, pero un artículo de periódico develó la identidad de la famosa visitante. Lucheni la atacó con un fino estilete en el corazón mientras paseaba a orillas del lago Lemán. Al principio, Sissi, que entonces tenía 60 años, pensó que el extraño había querido robarle el reloj y se levantó a duras penas. Pocos minutos después se desvaneció y murió.

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Fama póstuma: Ya cuando vivía, Sissi era un popular tema de conversación. Las circunstancias que rodearon a su muerte pronto la convirtieron en leyenda. Se hicieron películas y en 1933 una novela por entregas en un periódico que anticiparon las principales características de las legendarias películas de Sissi en la década de 1950. Actualmente, el Museo de Sissi y las dependencias imperiales en el Palacio de Hofburg en Viena son algunas de las atracciones turísticas más populares de la capital austríaca.

Rebelde frente al protocolo, ante el conservadurismo, con unos ideales románticos y alejados de los conceptos de la época, y una vida que evolucionó desde la libertad que supone crecer en medio de la naturaleza al luto y al negro de los asesinatos y la tragedia. Así fue la vida de lsabel de Baviera, más conocida como Sissi, la emperatriz de Austria, cuya vida -y leyenda- se ha convertido en un tema recurrente y atractivo para el cine, con las películas interpretadas por Romy Schneider, la literatura e incluso las series de televisión.

¿Le robó el novio a su hermana?

Isabel nació en la ciudad de Múnich en 1837. Su padre era Maximiliano de Baviera, duque en Baviera, y procedía de una rama menor de la Casa de Wittelsbach; su madre, Ludovica de Baviera, era hija del rey Maximiliano I de Baviera y, por tanto, princesa real de Baviera. Sissi y sus hermanos crecieron en un castillo, donde apreció a disfrutar de los entresijos de la naturaleza y la vida sencilla, lejos de los lujos vida urbanita.

A los 16 años, Isabel acompañó a su madre y a Elena, su hermana mayor, a quien apodaban Nené, en un viaje a la residencia de verano de la Familia Real de Austria. Allí les esperaba Francisco José, emperador de Austria, en un encuentro que estaba organizado para que Elena y su primo, porque Francisco José era hijo de Sofía, hermana de Ludovica, se comprometiesen.

Sin embargo, el emperador no se enamoró de Elena, sino que no pudo mirar a nadie que no fuese Sissi. Incluso Sofía, la madre de Francisco José, también quedó prendada de su sobrina y futura suegra, tal y como reflejó en su diario: «¡Pero qué mona es! Se la ve fresca como a una almendra cuando se abre (… ) Tiene los ojos dulces y hermosos, y sus labios parecen fresas».

Todos se dieron cuenta del romance que ahí acababa de nacer y al día siguiente, su madre, Ludovica, le preguntó a Isabel si se veía capaz de «amar al emperador». Ella, con lágrimas en los ojos, asustada por el vértigo de la situación, respondió que haría todo lo posible para lograrlo. Durante toda su vida, Francisco José amó con locura y admiración a la mujer rebelde, culta e ilustrada.

Pérdida de la libertad

Sissi desembarcó en la corte de Viena tras casarse con el emperador de Austria, en un mundo conservador, lujoso, en un Imperio convaleciente; y eso, según los historiadores, fue el inicio de la transformación de su alma rebelde en un ser ensimismado en el ideal de belleza, la alimentación -algunos la colocan como la precursora de enfermedades como la anorexia y la bulimia- y en la alergia a la vida pública.

Tuvieron cuatro hijos: Sofía Federica, que murió a los dos años aquejada de tifus, Gisela, Rodolfo, el heredero de la Corona; y María Valeria; y su matrimonio con Francisco José fue complicado, especialmente por las intromisiones de su suegra, Sofía, que quiso desde el primer momento influir en la educación de sus nietos. La muerte de su primogénita fue el inicio de una depresión que de ahí en adelante oscurecería la vida de Sissi.

La muerte de su hijo: ¿suicidio o complot?

Pero Sofía Federica no fue la única hija que perdió Isabel. En 1889, el príncipe Rodolfo, a los 30 años, inestable psicológicamente después de una formación militar muy dura y estricta, convenció a su amante, la joven baronesa María Vetsera, para que se quitasen la vida. El acontecimiento se conoce con el nombre de ‘crimen de Mayerling’, el refugio de caza donde tuvo lugar la tragedia.

Isabel de Baviera, en su adolescencia.

Sin embargo, hay otra tendencia histórica que señala que la muerte de Rodolfo pudo haber sido una operación de los servicios secretos austriacos ante el temor que suscitaba la ideología radical y liberal del hijo del emperador Francisco José; o de los franceses por no querer distanciarse de la política de su padre. Estas hipótesis se basan en el estado de los cuerpos cuando fueron hallados: María Vetsera habría muerto a consecuencia de una paliza y no de un disparo en la cabeza; y Rodolfo presentaba cortes en la cara y en otras partes del cuerpo, unas heridas que no se corresponden con el suicidio.

No obstante, la teoría de que el heredero se quitó la vida sigue siendo la más creíble, ya que existe una carta de despedida escrita supuestamente por él mismo donde explicaba que «solo la muerte puede salvar mi dignidad» tras ser acusado de conspirar contra su padre.

Asesinada por un anarquista

El fallecimiento de su hijo acentuó la depresión de Sissi, que se aisló del mundo en un palacio de verano en Corfú (Grecia) construido para ella. A partir de ahí el negro del luto fue el color que inundó su vida, que acabó también de forma trágica, con un asesinato.

En 1898, mientras paseaba por el lago Lemán de Ginebra, Isabel se topó con un hombre. Un encontronazo brusco, que la empujó al suelo. Ligeramente aturdida, consiguió reemprender su camino, hasta que cayó mareada minutos más tarde. Cuando le desabrocharon el vestido para que pudiese respirar mejor, un reguero de sangre brotaba del pecho, justo a la altura del corazón: el hombre, un anarquista italiano de nombre Luigi Lucheni que sería condenado posteriormente a cadena perpetua, le había clavado un finísimo estilete en el miocardio.

Sissi murió ese mismo día -hoy se cumplen 120 años del asesinato-, y con ella se fue una mujer alérgica a las concepciones del siglo XIX, una emperatriz que quería ser libre y cuya vida se convirtió en una maldición tras llegar a palacio.

Considerada como una de las mujeres más bellas de Europa, la emperatriz de Austria y reina de Hungría, Sissi tuvo una vida de llena de infelicidad

Este cuento es como la más truculenta de las telenovelas. Pero es una historia de la vida real que ha inspirado películas, novelas, leyendas ¡y ahora un libro lleno de secretos, escrito por una descendiente de los protagonistas! Se trata de la vida de Sissi -la joven Elisabeth, emperatriz consorte de Austria y reina consorte de Hungría- quien enloqueció a millones con aquellas películas románticas interpretadas por una muy joven Romy Schneider. Y ahora la teleserie Crown Prince Rodolfo, sobre el príncipe Rodolfo, el hijo de Sissi que se suicidó en Mayerling con su amante, Mary Vetsera, fue filmada en los palacios y lugares donde realmente sucedió. Además, hay un nuevo libro escrito por Catalina de Habsburgo, descendiente de la Emperatriz, titulado La maldición de Sissi.

Aunque la imagen que tenemos de Sissi es la de Romy Schneider, en la vida real Sissi era considerada una de las princesas más bellas de Europa. Y, como era rebelde, decía lo que pensaba, lo que no todos apreciaban. ¡Fue como una princesa Diana de finales del siglo XIX!

Nacida en Munich el 24 de diciembre de 1837, en la Casa Real Wittelsbach, sus padres fueron los duques de Bavaria. Sissi se crió en el castillo de Possenhofen donde desde pequeña la llamaron Sissi, en vez del formal Elisabeth Amalie Eugenie, duquesa de Baviera. La historia de cómo se convirtió en emperatriz de Austria y reina de Hungría es muy romántica: a los 16 años fue a una fiesta con su madre y su hermana mayor, Hélène, y allí se enamoró locamente de ella su pariente Francisco José de Habsburgo, quien con solo 23 años, ya era emperador de Austria. El plan era que él se enamorase de Hélène, pero fue Sissi quien le robó el corazón, y la amó locamente hasta el último día de su vida. ¡Aunque hubo infidelidades mutuas, que sin duda ensombrecen la romántica historia! La pareja contrajo matrimonio en Viena a los pocos meses de conocerse y, cuando Sissi no tenía siquiera 17 años, era emperatriz consorte de Austria y reina consorte de Hungría, donde fue adorada desde el primer día.

Sissi enseguida encontró que la estricta etiqueta de la corte de Viena nada tenía que ver con su crianza alegre en Baviera. No obstante, se adaptó lo mejor que pudo y en rápida sucesión tuvo a sus hijos: la archiduquesa Sophie (quien nació cuando Sissi tenía 18 años) y, un año después, la archiduquesa Gisela. Sophie murió a los 2 años de edad, poco antes de la llegada al mundo en 1858 de quien fuera su adoración: el príncipe heredero Rodolfo, y 10 años más tarde nacía la archiduquesa Marie Valerie. Como era tan joven, y su suegra tan dominante, a Sissi le quitaron a sus hijos al nacer y no influyó en su crianza. Pero pronto comenzaron rumores de que su matrimonio con Francisco José se deterioraba cada día más y el comportamiento rebelde de Sissi -cuya familia tenía una larga historia de problemas mentales- era motivo de grandes problemas. En 1867, los Habsburgo establecieron la doble monarquía austrohúngara, a lo que los húngaros se oponían, y como Sissi simpatizaba con su causa, esto provocó más líos en Viena. Aun así, la joven fue coronada reina de Hungría en la iglesia de San Matías en Budapest, ciudad llena de monumentos en su honor ¡y la vida continuó!

Los austríacos la consideraban una irreverente rebelde, que no hacía caso al protocolo, se burlaba de los aristócratas y era una mala influencia para el Emperador ¡a quien tenía loco de amor! Y cuando asignó como damas de honor a puras aristócratas húngaras y pidió que en su corte se hablara solo húngaro, todos se horrorizaron. Pronto se comentó que era amante del conde Andrássy, un húngaro que era ministro de Relaciones Exteriores del reinado, quien le decía que ella era «la única austríaca en la que Hungría confiaba». Para escapar de Viena, la joven emperatriz pasaba largas temporadas lejos de su marido y sus hijos. Para eso se hizo construir el palacio Achilleion en Corfú y pasaba largos meses en el castillo de Gödöllo cerca de Budapest. Todo menos estar en Viena, ya fuera en el bello palacio de Hofburg o el castillo de Schönbrunn, donde hoy en día podemos ver sus habitaciones y salones con puertas ocultas.

FOTOGALERÍA: SISSI, UNA VIDA DE INFELICIDAD

Sissi, era alta, pesaba apenas 50 kilos (110 libras) y se había dejado crecer el pelo ondulado hasta el piso. ¡Tomaba tres horas peinarla! Y a todos asombraba su cintura de 50 cm (16″) a pesar de sus cuatro embarazos. Llevaba un régimen de ejercicios y equitación de varias horas al día, lo que la había llevado a un excesivo adelgazamiento y lucía muy demacrada. Sin embargo, desde el momento en que unió su vida a los Habsburgo, su existencia fue una sucesión de problemas y tragedias. Su marido -de cuyo brazo ella se pendía con desesperación, porque sabía que la amaba y buscaba su apoyo- comenzó a engañarla con artistas y aristócratas, como la condesa Potocka, Anna Nahowski y la actriz Katharina Schratt y hasta se decía que tenía varios hijos ilegítimos. Ella misma hizo público su romance con George Bay Middleton, un inglés que estaba a su lado. Y el Emperador se hacía la vista gorda, porque Sissi era «mi adoración». Aunque Sissi quería a sus hijas, vivía muy distanciada de ellas y «el único que realmente la entendía y la quería» era el príncipe Rodolfo.

Ella sufría porque el joven era muy maltratado por su marido; además, porque él no era feliz en su matrimonio, arreglado por el Emperador con la princesa Estefanía de Bélgica (se sabía que el Príncipe tenía como amante oficial a Mitzi Kaspar, una prostituta famosa). Por otra parte, Rodolfo simpatizaba, debido a la influencia de Sissi, con los húngaros liberales. Los políticos que rodeaban al Emperador detestaban a Rodolfo y a Sissi, quien cada vez pasaba más tiempo en Corfú y en Suiza.

Cuando Rodolfo se enamoró locamente de Mary Vetsera, hija de la condesa Hélène Baltazzi, su madre fue la primera en saberlo y preocuparse. Sissi le dijo a su hijo: «Tu padre nunca lo permitirá». Pero Rodolfo no le hizo caso. La lucha entre padre e hijo -y la lucha de este por Mary Vetsera, quien lo amaba con un frenesí que a veces lo asustaba- tuvo un final trágico. Hasta ahora se pensaba que la pareja había hecho un pacto suicida en enero de 1889, en el que Rodolfo había matado de un tiro a Mary y después se había suicidado, mientras pasaban un fin de semana en el coto de caza del Príncipe en Mayerling. Pero ahora se dice que la tragedia puede haber sido ¡un asesinato político y no un pacto suicida! Y el libro de Catalina de Habsburgo explora esto, pues se cree que la muerte de Rodolfo fue obra del entorno político del ministro francés Clemenceau, un enemigo acérrimo de los Habsburgo. Y que el emperador Francisco José decidió ocultar la verdad.

La muerte de Rodolfo, a los 31 años, destrozó a Sissi de tal forma que vistió luto por el resto de su vida, afectando también al Emperador, quien se sintió culpable de haber sido un padre tan duro. Una revelación cuenta que cuando la noticia de la tragedia llegó al palacio, Sissi se negó a creerlo, gritándole a su hija Gisela que no le dijera esas horribles mentiras. Y, cuando oyó los sollozos desgarradores de su marido, mandó a buscar a su amante, la actriz Katharina Schratt, para que lo consolara, «porque todo es tan espantoso que yo no puedo hacerlo». Otra teoría es que Mary, de solo 18 años, había muerto de una hemorragia por un aborto clandestino y que el desesperado Príncipe había salvado su honor haciendo creer que era un pacto suicida. La teoría del suicidio sigue siendo la más creíble, porque existe una carta de despedida de Rodolfo a su esposa, donde explica que «solo la muerte puede salvar mi dignidad», pues se rumoraba que su padre lo iba a arrestar por conspiración.

El cuerpo de Mary Vetsera fue entregado a su familia a los tres días de la tragedia. Y la enterraron en una solitaria tumba, que fue violada en 1992. Cuando su cuerpo fue hallado de nuevo, afirman que no había señales de tiros en su cabeza, pero si golpes en todo el cuerpo y que el reporte de 1889 era falso. Los que creen que la pareja fue asesinada dicen que esta es la prueba, porque Rodolfo nunca hubiera maltratado a Mary. El Príncipe, cuyo «suicidio» fue explicado al pueblo como causado por un «desequilibrio mental», descansa en la Cripta Imperial de la Capilla Real de los Capuchinos en Viena.

Según algunos, Francisco José escribió una carta secreta al Papa explicando la verdad: que su hijo había sido asesinado, y por eso el Príncipe no fue considerado un suicida y pudo ser enterrado en una iglesia católica. ¿Y dónde está dicha carta? El Vaticano dice que está desaparecida.

Después de la muerte de Rodolfo, la tragedia siguió marcando la vida de Sissi, quien en 1898, a los 61 años, murió asesinada por un anarquista, mientras se disponía a abordar con su dama de honor uno de los ferries del lago Ginebra, camino a Montreux. Luigi Lucheni, quien en realidad quería asesinar al príncipe de Orleans -que se había marchado de la zona el día anterior- decidió hacer de Sissi la víctima casual de su locura, porque quería «matar a algún aristócrata». Atravesado su corazón por un punzón, Sissi se desangró en pocos minutos, siendo sus últimas y desesperadas palabras: «Pero… ¿qué me ha pasado?».

El Emperador encontró consuelo en sus hijas y nietos, pero poco antes de morir dijo que nunca había dejado de amar a Sissi. Francisco José mandó construir una iglesia donde estaba el coto de Mayerling, donde las monjas todavía rezan todos los días por el descanso eterno de Rodolfo. Sissi está enterrada en la Cripta de los Capuchinos junto a su marido y su hijo, y toda la familia real de los Habsburgo… «toda esa familia política que me hizo tan desgraciada durante mi vida en Viena».

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