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Semen a domicilio

Marta es una mujer valenciana soltera que, a sus 33 años, está decidida a tener un hijo. Lleva unos meses estudiando las opciones que la legislación española le permite, las cuales se reducen a acudir a una clínica de fertilidad en la que le asesoren sobre qué método le conviene más (básicamente, inseminación artificial o fecundación in vitro) o encontrar un «donante» del que quedarse embarazada mediante el coito.

En esa investigación de sus posibilidades, Marta ha encontrado una tercera vía, algo que ni siquiera aparece reflejado en la Ley de Reproducción Asistida: la posibilidad de hacerse una inseminación casera, una tendencia minoritaria pero al alza. Es algo que ofrecen empresas como Cryos International, que desde Dinamarca vende esperma criogenizado. El objetivo, facilitar el proceso de embarazo a mujeres que deciden ser madres por este método.

La ley prohibe que las futuras madres puedan escoger a un donante cuando acuden a un centro de fertilidad, algo que queda limitada al equipo médico, quien lo escoge de forma anónima guiándose por ciertas características físicas, pero sobre todo por el grupo sanguíneo. Cryos basa su negocio en justo lo opuesto: la posibilidad de que la madre escoja al donante viendo hasta su más mínimo detalle físico, intelectual y hereditario. Marta continúa estudiando sus opciones, pero nosotros nos hemos puesto manos a la obra para ver cómo funciona exactamente este proceso.

Comprando semen criogenizado por Internet

Veamos un caso práctico. Como si estuviésemos en una web cualquiera de comercio electrónico en la que podemos filtrar los productos en base a ciertas características, aquí podemos escoger varias características. Si el donante no es anónimo, el futuro hijo tendrá la posibilidad de conocerle una vez haya cumplido la mayoría de edad. Una posibilidad, nunca una obligación.

Una vez tenemos trazado el perfil del donante que queremos, este buscador nos devolverá los resultados: cuanto más ajustados estén los filtros, menos opciones tendremos. Ahí es donde podemos ir al perfil de cada uno y echar un ojo a lo que haya contado de sí mismo. Hay dos tipos de perfiles en función a la cantidad de información que cada donante está dispuesto a dar de sí mismo. Veamos el proceso en vídeo.

Junto a la ficha de cada uno se enlaza a su ficha médica (como esta). Luego está el tipo ampliado, que viene a ser un completísimo perfil personal de cada donante en el que podemos conocer detalles como sus gustos y aficiones, su raza y país de origen, sus hábitos nutricionales, las horas de sueño diarias, sus preferencias literarias… e incluso ver su letra manuscrita o escuchar su voz, además de sus fotos de la infancia, el historial médico familiar, una carta de motivación en la que explica qué le ha llevado a convertirse en donante y, por supuesto, su propio perfil sanitario. Un ejemplo lo podemos ver en el perfil ampliado de Alberto, un donante español.

Con el donante ya escogido, podemos proceder a comprar su esperma siempre y cuando no haya superado el máximo de entregas a nuestro país. Una medida pensada para evitar que, sobre todo en países con pocos habitantes, pueda acabar habiendo un hijo del mismo padre en cada esquina. Por lo que pueda pasar.

Los precios oscilan en función del donante y de la motilidad de cada muestra. En general, parten de unos 100 euros y pueden llegar hasta los 1.000, cantidades a las que hay que sumar un 25% de IVA. El precio del bienestar danés. Como referencia, un kit completo que incluya esperma MOT10, transporte e IVA parte de alrededor de 550 euros.

Soy de UPS, le traigo su tanque de nitrógeno

Una vez efectuado el proceso de compra, el esperma se envía por mensajería de UPS de forma urgente, salvo que vivamos en una localización muy remota y rural llega veinticuatro horas después del pago. En cuanto sale de Cryos, a la compradora le llega un mail con el número de pedido desde el cual hacer el seguimiento del paquete. Nosotros quisimos encargar uno para ver cómo llega exactamente a casa.

La caja, por su forma, materiales y tamaño, es un imán para las miradas curiosas de vecinos y conserjes, aunque mantiene la privacidad: se indica que proviene de Dinamarca, pero no hay ni rastro del nombre de la empresa. Apenas un «human tissue» («tejido humano») en la etiqueta, requerido legalmente. Por supuesto, viene sellada.

Los botes que contienen el esperma, de 0,50 ml, llegan criogenizados en hidrógeno. El plazo para utilizarlo es de aproximadamente una semana desde que sale de las instalaciones de Cryos, así que si uno de esos días ya se lo lleva el envío, la mujer tiene unos cinco días para poder hacerse la inseminación casera. Mientras llega ese momento, la empresa desaconseja sacar la muestra del tanque, ni siquiera para guardarlo en el congelador. «No está lo suficientemente frío».

Junto al bote de esperma llega el kit que hace posible el proceso: una jeringuilla, una toallita para limpiar la muestra, y un adaptador que se pone en la punta de la aguja de la jeringa. Una vez la mujer vaya a inseminarse es necesario descongelar la muestra durante treinta minutos antes de usarla.

Una vez esté todo listo, el proceso no tiene mucho misterio: se absorben las dos muestras que suman un ml en la jeringuilla, y se libera el esperma dentro de la vagina con el mencionado adaptador. Se recomienda no hacer muchos movimientos durante los treinta minutos posteriores y mantener las piernas en una posición elevada.

¿Qué dice la ley?

Elena Salgado, Ministra de Sanidad durante la legislatura en la que se aprobó la Ley de Reproducción Asistida (2004-2008). Imagen: Moncloa.

De momento, Cryos ejerce su actividad sin mayores problemas, al igual que las mujeres que compran su producto, aunque no se ha librado de algunas críticas y voces en contra. En 2015, una carta que enviaron a todos sus socios la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), la Asociación para el Estudio de la Biología de la Reproducción (ASEBIR) y la Asociación Española de Andrología (ASESA) les comunicaba que las prácticas de esta empresa eran ilegales, además de peligrosas.

Algunas asociaciones de fertilidad han advertido de que es una práctica «ilegal» o «peligrosa». Cryos respondió con una demanda por injurias que está en curso

Desde Cryos animaron a estas asociaciones a documentar con pruebas su advertencia. De no poder hacerlo, les emplazaban a corregir o anular su comunicado. No ocurrió ninguna de las tres cosas, así que demandaron a todas ellas. Dicha demanda está en curso, presumible motivo por el que cuando hemos contactado con la SEF se han limitado a respondernos con un escueto «no nos pronunciamos sobre la inseminación artificial casera por cuestiones legales».

El Ministerio de Sanidad ha tomado una postura similar sin llegar a anunciar ninguna medida. Cryos argumenta que su actividad está fuera del alcance de la ley, ya que esta habla de «reproducción asistida», pero en la inseminación casera nadie asiste a la mujer. Es una norma que aplica a clínicas y casos donde se requiera de un equipo médico. Así justifican que la mujer pueda escoger las características de su donante, que es lo que prohíbe la legislación española. «Es algo que hace una persona en su casa, tampoco se puede prohibir que una mujer encuentre a un chico en una discoteca, le lleve a su casa, y se quede embarazada de él», nos dicen desde la compañía.

Imagen: Camila Cordeiro.

Para ellos, España es el país de referencia en técnicas de reproducción asistida, pero en materia de donantes «vamos retrasados». «A una mujer no le dicen nada de quién le ha donado esperma para que se quede embarazada. Los médicos no entienden que la mujer quiera saber algo más. Es un hecho que, aunque haya médicos que no están de acuerdo, hay mujeres que quieren esto. En cuanto ven que hay una alternativa a lo habitual, lo piden», nos explica una portavoz.

Aunque algunas asociaciones han formulado quejas, nadie ha detenido ni vetado la actividad de Cryos ni de ningún otro banco de esperma en España

Donde sí que hay un precedente judicial favorable a la inseminación artificial casera es en el caso de una pareja de chicas de Dénia que no pudieron inscribir a su hijo en el Registro Civil por «no acreditar cómo se hizo el embarazo». En casos como el suyo se les exigía un certificado de una clínica o que estuviesen casadas. Denunciaron el caso y acabaron ganándolo. Sentó un precedente para que la palabra de las madres fuera suficiente para reconocer la filiación de la misma forma que se hace con las parejas heterosexuales. Desde Cryos apuntan que ellos realizan un documento explicando que es un centro autorizado que ha facilitado el proceso a la pareja, si procede.

CREA, un centro de medicina reproductiva de Valencia, sí que se posiciona totalmente en contra de esta práctica, ya que consideran ilegal tanto la inseminación artificial como la venta directa de esperma a la carta. «La inseminación casera es una inseminación artificial, exactamente igual que las que se realizan en las clínicas de medicina reproductiva. Como tal, está regulada por la Ley 14/2006 sobre técnicas de reproducción humana asistida». En cuanto al esperma comercializado por Cryos, tampoco tiene dudas, pese a que le ampara la libre circulación de mercancía por la Unión Europea:

«Ni siquiera puede enviarse una muestra de semen a un ginecólogo no especializado y autorizado específicamente para hacer tratamientos de reproducción asistida. No tiene sentido que un banco, por el hecho de estar ubicado fuera de nuestro país, pueda saltarse todos estos controles de calidad».

La eficacia de una tendencia al alza

Imagen: Aditya Romansa.

Una de las preguntas más recurrentes de quien descubre este método es si es eficaz, y si lo es, en qué medida. «No podemos dar un porcentaje fijo, ya que no es lo mismo si hablamos de una mujer de 25 años que de una de 35, pero solemos decir que este método tiene una eficacia similar al coito. Es menos divertido, pero con la misma eficacia. Consideramos que ir a una clínica es entre tres y cuatro veces más eficaz, por dos motivos: hay hiperestimulación ovárica, y las técnicas son diferentes. En clínica es intrauterino, el médico usa un catéter y coloca el semen directamente en el útero. En la inseminación casera, igual que en el coito, el semen termina en el cuello del útero, y desde allí los espermatozoides han de llegar hasta el útero», nos explican.

A la postre, una cuestión de suerte. «Igual se consigue al primer intento, que al tercero, que al quinto. De todas formas siempre recomendamos hacer un chequeo ginecológico previo para constatar que no habrá nada que dificulte o imposibilite el embarazo».

La inseminación artificial en una clínica es «entre tres y cuatro veces más eficaz» que la casera, que se equipara en efectividad a un coito

Para Cryos hay otro factor, más empírico que técnico, que está de su lado. «Hay casos de mujeres solteras o parejas que fueron a una clínica y no se quedaban embarazadas ni con inseminación artificial ni con inseminación in vitro. Luego lo intentaron con la inseminación casera, que es menos eficaz, y lo consiguieron. A nivel científico no tiene lógica, pero es difícil medir el efecto psicológico». Con esto se refieren al papel que juega el hecho de poder practicarse la inseminación en absoluta intimidad, en lo hogareño del domicilio propio, en el entorno más conocido. «No se puede medir, pero ahí está».

Esta portavoz también nos explica detalles del proceso de selección de donante. En su web no hay donantes-estrella que acaparen la atención, pero sí que es frecuente que cuando una mujer escoge uno, ya no quiere cambiarlo por otro. Si no hay stock de su esperma y es necesario esperar hasta que vuelva a haberlo, espera sin problema. «Es como en la vida misma, las mujeres no escogemos al primero que pasa por delante».

En los últimos tiempos no solo está habiendo un aumento de demanda -aunque no pueden darnos números absolutos, sí nos cuentan que las compras desde España han aumentado más de un 100% de un año para otro-, sino que también hay cada vez más mujeres que pagan más por conocer más detalles del donante. «Hay quien quiere a uno que sepa tocar el piano, por ejemplo. Eso desde luego no garantiza que te vaya a salir un Mozart, solo es una información más, pero las hay».

Carol + Rosa = Aina

Carol y Rosa junto a su hija Aina. Imagen cedida por la familia.

Aina nació en marzo de 2017. Sus mamás, Carol y Rosa, llevaban cinco años entre clínicas de fertilidad intentando quedarse embarazadas. Sin suerte. «Después de miles y miles de euros, de inseminaciones artificiales, de inseminaciones in-vitro, no funcionaba. Entonces conocimos la inseminación casera y vimos que Cryos es uno de los mayores bancos de esperma del mundo. Y algo que nos dio hasta rabia: vimos que distribuye esperma incluso a las clínicas a las que habíamos ido», nos cuenta la pareja desde su domicilio de Sant Andreu de la Barca (Barcelona).

Tras cinco años de intentos en clínicas de fertilidad, Carol y Rosa se quedaron embarazadas al tercer intento con la inseminación casera

Investigaron sobre la inseminación casera, hablaron con Cryos y finalmente se decidieron. «Lo que no consiguieron los médicos, la medicación y las hormonas lo consiguió el hecho de estar nosotras dos solas en casa, tranquilas, en nuestra intimidad», nos cuentan. «Es lo que hemos llegado a deducir, cuando nuestro cuerpo y nuestros músculos estaban tranquilos y relajados, lo conseguimos¡. No hay pruebas médicas, pero sentimos que es así».

Para escoger al donante, Carol y Rosa tenían dos prioridades: la compatibilidad del grupo sanguíneo con el de Rosa -la gestante-, y la estatura. «Las dos somos bajitas, así que tampoco queríamos que nos saliese muy grande. El donante que escogimos mide 1,76 m, y es uno de los más bajitos que había, la mayoría están entre 1,80 m y 1,90 m». La compatibilidad del grupo sanguíneo es un factor clave: cuando se da, las posibilidades de éxito aumentan.

El precedente del que hablábamos de la pareja de Dénia fue lo que permitió que Aina fuese registrada en el Registro Civil. «Nos dijeron que por el hecho de estar casadas no nos iban a pedir documentación de cómo habíamos elegido al donante, pero que si no llegamos a estar casadas, hubiese hecho falta el certificado de una clínica. Lo del banco de esperma y la inseminación casera aún no lo contemplan como técnica».

Imagen cedida por la familia.

Carol y Rosa van más allá: «cuando ese proceso lo hace una pareja heterosexual, nadie pide ningún test de paternidad ni que demuestre de ninguna forma cómo se dio el embarazo. Por desgracia, estamos discriminadas». Aunque con lo que se quedan es con lo sencillo que fue el proceso. «Cuando se enteran de que esto existe, muchas chicas se quedan en shock, no entienden cómo es posible hacer algo así en casa, están acostumbradas a que solo exista el protocolo médico. Pero es muy sencillo, más barato, es seguro. No es nada peligroso ni complicado, no es ninguna barbaridad. Es como ponerte un tampón».

Aina llegó al mundo tras el tercer intento con la inseminación casera. Cada intento costó 700 euros, así que este método les supuso 2.100 euros de inversión. Lo mismo que les costaba cada una de las inseminaciones artificiales en clínica. Las mismas clínicas que ahora claman contra este nuevo método. «Ahora salen sus directivos a decir que es inseguro, que es peligroso, que tiene que ser un ginecólogo quien escoja al donante ‘por la salud de la mujer’. ¿Y si yo conozco a un chico, me enamoro y tengo un hijo con él? En ningún momento le pediría ningún test. Claro que es seguro. Más natural, sin hormonación. Nuestra nena está genial y nosotras encantadas. Pero a ellos se les empieza a romper la gallina de los huevos de oro».

«Aunque la gente, incluso médicos, siguen con mentalidad cerrada, tenemos un hijo sanísimo»

Anabel y Carmen (nombres ficticios para preservar su anonimato) son otras madres que recurrieron a Cryos y a la inseminación casera. Anabel, la gestante, ya había tenido un hijo mediante reproducción asistida en una clínica de fertilidad, pero cuando fueron a por el segundo salieron descontentas con el trato recibido. «No nos gustó nada. Al salir de la primera cita, me dijeron que tenía que abonarla. Antes no era así y yo no lo sabía, lo pagué sin problema. Luego me comentaron que tenía que hacerme otra prueba, resultó que no entraba en la consulta y eran 500 euros. Menos mal que pregunté… Le dije que frenara el proceso y que quería hablar con su jefe. Pasaron de nosotras. Fue muy desagradable», nos cuenta Anabel.

Iban a continuar el proceso en otra clínica, pero se enteraron de la existencia de la inseminación artificial y comenzaron a investigar. Carmen fue quien más claro lo veía, Anabel accedió sin demasiado convencimiento pero también sin miedo. «Al fin y al cabo, todo está bien hecho y además estos bancos son los mismos que venden esperma a las clínicas de fertilidad». Hubo un primer intento infructuoso por un error al calcular el día del ciclo de ovulación, pero al segundo intento, funcionó.

Imagen: FreeStocks.

El donante de Anabel y Carmen fue un hombre danés que mide algo más de 1,80 m, del grupo sanguíneo A-, el mismo que el de la gestante. No se fijaron en ningún requisito más. «Lo de la altura fue porque tampoco los había más bajitos prácticamente, de ese grupo no había muchos. Ese en particular estudiaba Medicina, pero vamos, que lo único que nos importaba era su grupo sanguíneo». Cuarenta semanas después, esta pareja de andaluzas tuvo a su segundo hijo sin ningún problema, ni durante el embarazo ni durante el parto.

«Recomiendo este método a cualquier mujer que no tenga problemas de fertilidad, en ese caso es mejor una clínica»

El aspecto social quizás ha sido el menos agradable de este proceso. «Salvo una amiga enfermera, todo el mundo me puso cara rara. Durante el embarazo ella pidió a una ginecóloga un volante para mí, y cuando le dijo que hicimos inseminación casera, se llevó las manos a la cabeza y se echó para atrás. Vivimos en una ciudad con mentalidad algo barroca, la innovación no gusta mucho. A mi familia se lo conté y no me dijeron nada, pero Carmen decidió que su familia no lo iba a saber», nos cuenta Anabel. «Nuestro hijo lo sabrá todo algún día. Tendrá que pasar un proceso de ‘drama’ quizás, pero lo naturalizaremos».

Para acabar, deja una recomendación: «Yo recomiendo este proceso a cualquier mujer sin problemas de fertilidad. Si los tiene, por supuesto que es mucho mejor que acuda a una clínica. Esta es la forma más fácil de no estar ‘medicalizada’, de poder hacer todo en la intimidad de tu hogar. Las clínicas quieren venderlo como algo terrible porque les perjudica el negocio, pero no es nada malo. A mí ya me perdieron como cliente».

Hasta hace poco, a los niños los traía una cigüeña desde París. Eso lo sabe todo el mundo. Ahora no. Ahora llegan desde Dinamarca y los trae un mensajero de DHL. Ese fue, al menos, el caso de Carol y Rosa: un matrimonio de Sant Andreu de la Barca (Barcelona). Ambas llevaban cinco años buscando quedarse embarazadas. Inseminaciones artificiales, fecundaciones in vitro, constantes cambios de clínicas y 25.000 euros invertidos. Todo ello sin un solo resultado positivo.

“Es el dinero que te dejas, pero también la frustración. La sensación de que no íbamos a ser capaces de traer un niño al mundo”. Carol tiene 37 años y Rosa 33. Ambas se habían sometido a diferentes tratamientos en Barcelona. Tras los sucesivos fracasos, decidieron probar una fórmula cada vez en auge en España: la inseminación casera.

Rosa y Carolina sostienen a Aina, su primera hija, concebida con esperma danés David L. Frías

Con sólo un puñado de clicks, compraron esperma de Cryos. Es el mayor banco de semen del mundo y tiene sede en Dinamarca. Al día siguiente, un mensajero de DHL les trajo un tanque metálico, herméticamente cerrado, como los que en las películas guardan el antídoto de una epidemia mortal. En este caso, lo que traía eran dos pajuelas. Esto es, dos tubitos que contienen en total un mililitro de semen de primerísima calidad y las pruebas médicas del donante. Además, el paquete incluía un pequeño kit make-yourself para inseminarse en casa.

MÁS BARATO, MÁS ÍNTIMO

“Es más barato, es más íntimo, lo puedes hacer en casa y además te aconsejan muy bien, cosa que no hicieron en el resto de clínicas, donde parece que estén deseando que fracase la inseminación para pasar a la in vitro. Te aconsejan sólo tres inseminaciones y luego pasar a la in vitro, que es más cara. Igual en nuestro caso necesitábamos una más”, señala Rosa. Ella es la que ha dado a luz en este caso. La pareja decidió que fuese ella la que se inseminase. Al ser más joven, entendieron que tenía más posibilidades de quedarse en estado. Y así fue.

En la intimidad de su hogar manipularon el kit, consistente en las pajuelas y una jeringuilla estándar, sin aguja. “Tiene el mismo mecanismo que un tampón. Lo introduces e inyectas el esperma”, cuenta Carol.

Lo hicieron en la intimidad de su hogar y siguiendo las recomendaciones de Cryos. «Nos dijeron que, para que el cuerpo estuviese más receptivo y el proceso fuese más natural, venía bien mantener relaciones sexuales y tener un orgasmo a la hora de inseminarse», cuenta Carolina. Inmediatamente después del acto, procedieron a la inseminación. Necesitaron tres envíos, pero finalmente, Rosa se quedó embarazada. Nueve meses después, ha venido al mundo Aina, la primera hija de este matrimonio.

El esperma criogenizado llega desde Dinamarca en unos tanques de nitrogeno, en 24 horas y por DHL

A pesar de que las clínicas convencionales de fertilidad desaconsejan esta práctica, al considerarla peligrosa y con pocas probabilidades de éxito, lo cierto es que cada vez son más las mujeres que optan por este método de inseminación. Especialmente en España, según cuentan desde la clínica Cryos. Su portavoz en nuestro país asegura que “España ha sido uno de los países en los que más hemos crecido en los dos últimos años”. No puede revelar el número de clientes que tienen aquí, pero afirma que “en el último año se ha incrementado en un 100% el número de solicitantes de esperma”.

Añaden además desde Cryos que «no tiene nada de peligroso, porque nuestro esperma ha pasado todas las pruebas obligatorias. Lo que es peligroso es realizar inseminaciones con hombres que ofrecen su semen por internet y puede tener todo tipo de enfermedades».

¿Qué tendrá el esperma danés, cuya demanda crece tanto en nuestro país? Para empezar, la información. En España, optar por la inseminación artificial en una clínica significa aceptar el esperma de un donante anónimo, del que nada se sabe. Y por supuesto, no se puede elegir. Ni los rasgos físicos, ni el grupo sanguíneo, ni la etnia, ni absolutamente nada.

NIÑOS A LA CARTA

Dinamarca es el caso opuesto. Mujeres de más de 80 países en el mundo recurren a este banco de esperma que cuenta con 746 donantes, aunque el número se incrementa cada día. Uno de los principales motivos es que casi pueden elegir niño a la carta. En la web de Cryos hay centenares de perfiles de donantes de esperma. La usuaria puede elegir el color de los ojos, el del pelo, su nivel académico y hasta la profesión. Si le gusta viajar, si es aficionado a la lectura… Todos esos datos están a disposición de la compradora. De hecho, hay hasta fotos del donante de pequeño, para que las clientas puedan hacerse una idea de cómo podría ser su pequeño retoño cuando nazca.

Nueve de los donantes que han facilitado una foto de su infancia al banco de esperma. En Cryos les adjudican un alias y ponen a disposición de los clientes información sobre rasgos físicos, nivel académico y hasta test de inteligencia emocional.

También puede consultarse la motilidad (la concentración de espermatozoides móviles por mililitro) y si se ha alcanzado el número máximo de hijos nacidos en un país: “Cuando en España han nacido seis hijos de un mismo donante, ya no se envían más pajuelas de ese hombre a ese país”. Es decir: un niño nacido mediante este método puede tener un máximo de cinco hermanos biológicos en España. En cada país, el límite es distinto.

LA INFORMACIÓN SE PAGA

El volumen de información que recibe la persona que contrata el servicio, va en función de lo que pague. Así, una persona puede pedir esperma danés a domicilio por 550 euros. Es la opción más barata, y la compradora sabrá sus rasgos físicos, etnia, altura, peso, grupo sanguíneo y formación.

Una posibilidad más cara es la del donante con perfil anónimo amplificado. En este caso, la compradora elige al donante en la misma web y puede ver una foto del donante cuando era pequeño, escuchar un archivo de audio con su voz, recibir un informe con sus intereses, aficiones y hasta el resultado de un test de inteligencia emocional. La opción más cara ronda los mil euros. Aquí, el hijo nacido tiene la posibilidad de, una vez cumpla los 18 años, conocer al donante.

De tanta calidad es el esperma danés (o tantos controles de calidad supera), que Cryos surte de esperma a muchas de las clínicas de fertilidad españolas. Es decir, que el semen que le introducen a cualquier usuaria de clínicas de fecundación españolas, tiene muchos números de proceder de este banco de Dinamarca.

EL DANÉS QUE SOÑÓ CON SEMEN

¿Quién está detrás del mayor banco de esperma del mundo? Su nombre es Ole Schou. Un emprendedor danés que una noche de 1981 soñó con semen. No era un sueño erótico. Era esperma congelado. A partir de ahí, se centró en investigar acerca del esperma. Tras seis años de trabajo, fundó Cryos, con sede en la ciudad danesa de Aarhus. En 1994 amplió el negocio, abriendo una sucursal en la capital, Copenhague. Y en 2001 inició su expansión internacional y abrió un centro en Seattle, Estados Unidos.

Ole Schou es el fundador de Cryos. En 1981 tuvo un sueño revelador que le llevó a montar un banco de esperma

Cryos lleva operando 20 años en España, pero la auténtica fiebre se ha desatado en los dos últimos años. La normalización de los tratamientos de fecundación y la proliferación de clínicas en nuestro país ha llevado a los españoles a perder el miedo sobre este área.

“Nosotras llevábamos cinco años intentándolo. Pero en ninguna clínica nos habían informado de cuestiones tan elementales como, por ejemplo, que para que el cuerpo de la mujer esté más receptivo y el proceso sea más natural, es recomendable mantener relaciones sexuales justo antes antes de la inseminación. En las clínicas es mucho más frío, y creemos que ese factor ha podido influir en este caso para que no tuviéramos éxito en las tentativas anteriores”, cuenta Carol. En el caso de este matrimonio, consiguieron el embarazo al tercer envío.

CARACTERÍSTICAS Y AFICIONES

Laura es chilena, pero reside en España. Ella ha recurrido a Cryos y ya está embarazada de dos meses. Ella opto por el servicio de donante anónimo ampliado. Es decir: conoce el alias de su donante, su trabajo (Sargento de la Policía Militar de Dinamarca), su grupo sanguíneo, sus aficiones y sus fotos de pequeño. Pero no su aspecto actual.

Este es el perfil de Raki, el donante elegido por Laura.

“Opté por este servicio porque creo que disponer de la información necesaria es bueno para todo el mundo. No sólo sus características físicas, sino saber si le gusta leer, si le gusta viajar. Al final creo que es importante. No significa que a mi hijo le vaya a gustar viajar, pero para mí era importante saber que esa persona tenía mucho mundo, por ejemplo”, apunta.

A LOS TRIBUNALES

No obstante, esto en España es inviable que las clínicas de fertilidad ofrezcan lo mismo, porque es ilegal que una clínica suministre esperma a particulares. Dichas clínicas se han pronunciado contra Cryos, al considerar que se trata de una práctica peligrosa para la mujer. La SEF (Sociedad Española de Fertilidad) hizo público un comunicado advirtiendo de los riesgos de la inseminación casera. La empresa danesa optó por poner una demanda a la SEF (Sociedad Española de Fertilidad) que aún está pendiente de sentencia.

Una de las principales quejas de la SEF es que el porcentaje de éxito de la práctica de inseminación casera es muy baja. Pero casos como el de Carol y Rosa o el de Laura, ponen de manifiesto que es un sistema tan válido como otro cualquiera, mucho más barato y menos invasivo. Aina y otros muchos niños que están naciendo en nuestros días, son la generación de vikingos españoles que vienen a desmentir esta acusación.

Los autores del estudio calculan que, con relación a los individuos de origen caucásico, que son los habitantes de EE.UU. que más participan en este tipo de bancos de datos, con tan sólo un 2% de la población que envíe su perfil genético, la posibilidad de identificar una muestra genética con, al menos, un primo tercero en la base de datos es del 99%.

Banco de datos genéticos

Es posible llegar a identificar a alguien a través del ADN de un primo tercero

“Al final, todos estamos relacionados con todos; somos primos segundos, terceros o cuartos. La especie humana se ha diversificado hasta hace poco y genéticamente todavía somos bastante cercanos”, añade la genetista Gemma Marfany.

“La tecnología basada en el ADN y los bancos de datos genéticos rompen y cuestionan las reglas básicas que habíamos construido para asegurar el derecho de los potenciales donantes y de los padres que recurren a esta técnica de reproducción asistida”, sentencia Itziar de Lecuona, subdirectora del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona (UB). Asimismo, la profesora asevera que garantizar el anonimato de los donantes “es bastante imposible” con el big data y la inteligencia artificial.

Es por este motivo que De Lecuona considera que “hay que revisar las reglas del juego”, al tiempo que plantea si legalmente un descendiente biológico de un donante de gametos podría llamar a su puerta en países donde el anonimato está protegido por ley, es decir, si la información que ofrecen las plataformas de ancestralidad pueden ser utilizadas para este fin. “La respuesta es no”, contesta de manera rotunda.

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La inseminación por internet se dispara

Donantes no anónimos

Los defensores de las webs ponen en duda la gratuidad. En los bancos de semen oficiales de Madrid y Barcelona se suele pagar a los donantes de 60 euros a 100 euros “en compensación por las molestias”. De hecho, hay lista de espera a pesar de los duros requisitos exigidos de edad, de 18 años a 35 años, analíticas exhaustivas para detectar posibles infecciones o test genéticos.

“La inseminación artificial de las clínicas es un método demasiado caro. Ya nos habíamos gastado 20.000 euros en tres distintas sin éxito”, asegura Clara Suárez, valenciana de 35 años que convive con Pepa, su pareja desde hace cuatro, e intenta ser madre por este canal.

Por los tres envíos del esperma que ha necesitado, que llegó criogenizado y metido en un tanque metálico herméticamente cerrado, han abonado 1.650 euros. Incluían el correspondiente kit (dos pajuelas de plástico y una jeringuilla) para inseminarse. Hay opciones más completas de hasta 1.000 euros el intento. Todo contratado vía online.

Semen criogenizado

Otras usuarias destacan que, además de ser más barato y más íntimo, han visto a través de la red fotos del donante de niño que permiten hacerse una idea de cómo será su pequeño retoño cuando nazca. Además, de mayor podrá conocer al padre biológico si lo desea algún día, “algo impensable e imposible por ley en España”. Alemania acaba de levantar el veto. En Inglaterra y Dinamarca siempre ha sido posible conocer al donante.

Ganadería y machismo

Moralistas y teólogos comparan críticamente esta práctica de “esperma a la carta” con la empleada en la industria ganadera desde hace 40 años para mejorar la productividad de las granjas, sin necesidad de que ningún semental pise sus instalaciones.

Aberekin, un banco de semen público-privado de vacuno del País Vasco, distribuye su producto a granjas de todo el mundo. Cada día se producen 10.000 dosis de semen sin montas naturales para implantarlas en vacas de España, México, Francia, Brasil y Turquía.

Debate y ‘boom’

En webs femeninas, foros mixtos, y artículos surgen debates con opiniones descalificadoras de esta inseminación casera. Algunas se acompañan de los típicos ofrecimientos sexuales machistas.

“No entienden que algunas mujeres solteras u homosexuales detestan esos contactos y que hay parejas heterosexuales que prefieren esa vía, más asequible y discreta, para asegurarse una descendencia, y más a su medida”, asegura Isabel Hernando, psicóloga clínica y sexóloga.

Mientras, se repite la escena de Si las paredes hablasen, historia premonitoria llevada al cine en el 2000, donde una morbosa Sharon Stone se embaraza en la intimidad de su hogar con semen comprado en un banco de esperma. Ya se han engendrado así nada menos que 50.000 criaturas, según Cryos. Todo un boom.

Semen danés para exportar

A eso se suman las restricciones a la remuneración de donantes.

Según el órgano dedicado a la Fertilización Humana y Embriología del Reino Unido (Human Fertilisation and Embryology Authority), la prohibición de vender semen y óvulos se debería reconsiderar para hallarle una solución a la escasez de donantes, reportó el periódico The Times.

Image caption En los últimos años, los medios de comunicación británicos han reportado lo que han llamado la nueva invasión vikinga.

«No se trata tanto del esperma danés como tal, sino de nuestra legislación, que es mucho más liberal. No tenemos restricciones o limitaciones para atraer a los donantes», indicó el director del banco de semen danés.

De acuerdo con Schou, unos 20.000 niños han sido concebidos gracias a las exportaciones de esperma danesa. «Tenemos alrededor de 2.000 embarazos cada año», le dijo a BBC Mundo desde su oficina en Aarhus.

Expansión

Paralelamente al número de exportaciones, resaltan las finanzas. La industria del semen danés está satisfaciendo la creciente demanda no sólo de parejas, sino de solteras y lesbianas.

«Tenemos una ganancia anual de 3 millones de euros (poco más de US$4 millones) y la demanda aumenta cada año», indicó Schou.

Aunque no exportan grandes cantidades de semen a Sudamérica, algunos países de la región han recibido esperma de Cryos.

«Estamos negociando abrir una franquicia en Venezuela. Quizás en un futuro podríamos exportar semen de Sudamérica hacia Europa».

Reservas

El doctor Roberto Coco, director de Fecunditas, un centro de medicina reproductiva y genética de Argentina, le dijo a BBC Mundo que un banco de esperma que pueda exportar muestras significa que tiene muchas congeladas y, obviamente, revisadas desde todos los puntos de vista.

«En Argentina hay pequeños bancos (de semen) que sirven para abastecer a los pacientes que nos consultan, pero no para la exportación», dijo el doctor.

Image caption En su página en internet, Cryos ofrece todos los detalles sobre los donantes, menos el nombre.

Una de las preocupaciones de quienes trabajan en procesos de fecundación asistida -explicó Coco- es que el esperma de un donante pueda ser usado en varias inseminaciones, dentro de una misma área geográfica. El riesgo es que los hijos puedan encontrarse.

«Cuando los donantes pertenecen a otro país, este temor desaparece», señaló el médico.

Coco, quien considera clave que en el proceso de inseminación artificial se conserven las características raciales de los padres, ha tenido que solicitar esperma a bancos de semen en el exterior. El ejemplo que citó fue el de una pareja de japoneses que acudió a Fecunditas.

«Cuando alguien solicita una muestra de semen con determinadas características y el banco la tiene, la puede proveer».

Genética vikinga

Algunos analistas señalan que las exportaciones de semen danés están propagando la genética caucásica: piel blanca, ojos azules y cabello rubio.

«Se está exportando material de características físicas especiales», dijo Coco.

De acuerdo con el médico argentino, lo que podría resultar negativo de la propagación de semen de ciertas características, es que esas características raciales prevalezcan y se evite la diversidad.

«El rubio, alto y de ojos celestes parece ser un prototipo mucho más solicitado que otros», indicó Coco.

En la página en internet de Cryos Internacional, se pueden conocer en detalle a los donantes y, en algunos casos, están disponibles las fotos de la infancia, aunque sus nombres no aparecen.

«Aake es un chico inteligente y agradable con buen sentido del humor. Le gusta mucho viajar. Tiene contextura atlética, sabe lo que come y se esfuerza por llevar una vida sana», se puede leer en una semblanza.

Aake es un diseñador gráfico, que tiene 31 años, ojos azules, cabello marrón y que mide 195 centímetros.

Sin embargo, aunque la mayoría de donantes de Cryos es de etnia escandinava, hay registros de donantes de origen dominicano, puertorriqueño, guatemalteco e iraní.

Para muchas personas, la donación de semen es la esperanza de miles de parejas con problemas de fertilidad. Para otros, es un negocio lucrativo y para otro grupo, representa un conflicto ético.

1.500 españolas ya han sido madres por autoembarazo

Gema y la pareja formada por Silvia y Laura no se conocen, pero tienen mucho en común. La primera está embarazada de 36 semanas y en breve dará a luz a su hija en un hospital público de Madrid. Las segundas acaban de estrenarse como madres en Barcelona, tras la llegada al mundo de su primer hijo hace ahora un mes, a primeros de enero de 2016.

Gema (soltera de 40 años) y Silvia y Laura (lesbianas de 29 y 30) han logrado cumplir el sueño de la maternidad gracias al semen de un donante. Nada nuevo sino fuera porque las tres eligieron al propietario del esperma y se embarazaron en la intimidad de su hogar.

Desde 2008, el banco de semen danés Cryos vende en España muestras de esperma que ‘vadean’ la Ley de Técnicas de Reproducción Asistida de 2006 y permiten a la mujer no solo elegir al donante –que puede ser o no anónimo– sino proceder a inseminarse en su propia casa –es decir, sin necesidad de acudir a una clínica de fertilidad– y a un precio mucho más asequible. El resultado: 1.500 bebés nacidos por autoembarazo en España desde esa fecha.

«No es fácil, el cálculo de la ovulación es muy complicado. Es más fácil si tienes una regla regular, pero nosotras tuvimos suerte», cuenta Silvia a modo de resumen. «En nuestro caso fue un donante anónimo porque en nuestra familia esa figura no iba a existir. Solo buscábamos el material para poder concebir», dice.

Esta pareja de lesbianas explica también por qué no recurrieron a una clínica privada o continuaron el tratamiento en el hospital público de Barcelona donde lo iniciaron: «Queríamos una inseminación lo menos intrusiva posible. Ni clínica ni medicalizada. Somos mujeres jóvenes y sanas, sin problemas para concebir, no necesitamos un tratamiento médico», añaden.

Una postura muy similar a la de Gema –profesional del sector de la Biología– que optó por el semen danés y el autoembarazo por un rechazo frontal a las clínicas: «No te dan ninguna información sobre el donante y te tratan como a una paciente, como a una enferma». Eso, sumado al precio, fue determinante para todas ellas.

Casi la mitad, solteras

Silvia y Laura pagaron 700 euros por su pedido a Cryos y Gema, 600 euros. Recibieron la muestra congelada de puerta a puerta en un tanque de nitrógeno. También puede recibirse en hielo seco. Con el semen y las instrucciones que se adjuntan, se inseminaron en casa con imejorables resultados en estos casos.

«El 35% de las mujeres que recurren a nosotros son lesbianas, el 45% solteras y el resto parejas en las que el estéril es él», cuentan desde Cryos España, colocado en las últimas semanas en el ojo del huracán por las informaciones sobre esta novedosa técnica, que no lo es tanto en otros países.

«Nos molesta que duden de la trazabilidad de nuestras muestras porque las propias clínicas españolas nos están comprando», aclara el banco a 20minutos. Ellos saben que son «la opción más asequible para las mujeres que quieren ser madres pero no tienen el dinero».

La muestra danesa más sencilla –con los datos básicos del paciente y la cantidad suficiente para embarazarse– puede salir por 450 euros, datos facilitados por el propio banco. La misma técnica en la clínica oscila entre 1.300 y 1.700 euros de media, dependiendo de si se precisa o no medicación.

¿Por qué tanta diferencia de precio? La respuesta la da el propio banco: «La inseminación en clínica es de tres a cuatro veces más efectiva, porque es intrauterina. En casa la mujer deposita el semen en la vagina con la jeringa», aclaran.

A pesar de la transparencia, casi todos los expertos cargan con dureza contra la ‘inseminación casera o autoembarazo’. «No ponemos en duda al banco, sino el uso que haga la usuaria de esa muestra», cuestiona Agustín Ballesteros, presidente de la Sociedad Española de Fertilidad.

«En España la donación es anónima, bajo control médico y exigiendo una correcta trazabilidad de la muestra», añade, al tiempo que no descarta posibles «riesgos» en el proceso casero. A su juicio, poder conocer al donante cuando el hijo engendrado cumpla 18 años «es elegir un padre», sentencia.

Una visión que no comparte al 100% el doctor García Velasco, presidente de IVI Madrid. «No creo que en estos casos el niño tenga padre. Yo lo integro en familias monoparentales», dice.

«No entiendo el rechazo frontal. Es una opción más», acepta el médico que, sí remarca que el proceso en una clínica «es mucho más efectivo y está controlado por profesionales».

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Si los niños de algunos lugares del mundo empiezan a ser más rubios y altos, si van extrañamente cómodos en bicicleta o hablan con facilidad tres idiomas, la explicación podría estar en Aarhus: los estudiantes de esta tranquila ciudad marítima danesa están poblando el mundo.

Cada día, docenas de estudiantes de esta ciudad y de Copenhague entran en Cryos International, el mayor banco de esperma del mundo y, después de superar una batería de pruebas sobre su salud y fertilidad, realizan una donación anónima de semen. Ese depósito, congelado, puede llegar a 40 países, con destinos tan dispares como España, Paraguay, Kenia, Hong Kong o EE UU.

Dinamarca, y Cryos en particular, comercializan sus bancos de esperma por todo el mundo tiñéndolos del tipo de mística escandinava que atrae a personas de ciertas partes del mundo. Su página de Internet presenta a los donantes con seudónimos, como Thor, Arve y Jens, un estudiante que alardea de pelo rubio, ojos azules y 1,85 de estatura. No sólo disfruta con el fútbol y el esquí, sino también con la salsa y el bádminton. Toca el piano y habla inglés y alemán. Y se especializa en química física. «Pensábamos que teníamos mercado», afirma Ole Schou, director general de Cryos International, en su discreta sede en Aarhus.

El mercado de esperma que más crece es el de mujeres solas y lesbianas

Los donantes suelen ser universitarios que venden su esperma para obtener dinero

En Dinamarca, los bancos de esperma se han convertido en un sector neurálgico por varias razones: tiene una elevada tasa de éxito en la obtención de embriones; su cultura, famosamente laica y sexualmente liberal, no da importancia a la donación de esperma, y sus leyes siguen protegiendo el anonimato del donante. Las leyes han originado precisamente escasez de donantes en algunos países y creado un mercado de turistas de fertilidad en Dinamarca. La mayoría de los donantes son hombres en edad universitaria que venden su esperma para sacar algo de dinero extra, en general unos 32 euros en Dinamarca, y hasta 400 euros en Estados Unidos.

Enfrentados a la posibilidad de que 18 años después les puedan aparecer a la puerta uno, o quizá 10 o 20 de sus hijos, la mayoría de los jóvenes optan por retirarse a causa de la nueva legislación, que no protege el anonimato en algunos países. El número de hijos que puede engendrar un donante depende de dónde viva y adónde se envíe su esperma. En Dinamarca, el límite es de 25, un número que supuestamente protege contra el incesto entre hermanos. Un cliente de Cryos cuyo esperma se ha enviado a varios países ha sido padre de 101 hijos, un hecho del que él ni siquiera es consciente, afirma Schou.

Un estudiante universitario de Aarhus de 24 años, donante regular de Cryos, afirmó que vendía el esperma por dinero, y que este «servicio» le proporcionaba placer. «Pienso que está bien», comentó. «El significado de la vida está en extender mis genes». Si alguna vez tiene que divulgar su nombre, o si la empresa deja de pagarle, dejará de donar inmediatamente, dice. «Por ahora, seguiré visitándola mientras pueda».

Desde que Cyros se creó en 1987, sus espermatozoides daneses han conseguido 10.000 embarazos en todo el mundo. Un estudio realizado en un hospital local de Dinamarca estableció que la tasa de embarazos del esperma de Cryos se encontraba entre el 12% y el 31%, un porcentaje superior a la media, explica Schou.

Una vez descongelado, se hacen varias selecciones a los espermatozoides donados, teniendo en cuenta su volumen y motilidad. Sólo el 8% o 10% de los posibles donantes son aceptados. Algunos hombres se hunden cuando descubren que no han pasado la prueba. «A veces decimos que su esperma es bueno, pero que es un mal congelador», explica Schou.

Los mercados de esperma que más están creciendo son los de lesbianas y mujeres solas, que constituyen hasta el 20% de la lista de clientes de Cryos, principalmente en el extranjero. Dinamarca, a pesar de su permisividad sexual, tiene una ley que prohíbe a las mujeres no casadas comprar esperma a un médico. Pero Schou se está expandiendo, trabajando con franquicias en países de África y Asia, donde los posibles clientes no necesariamente desean vikingos rubios y de ojos azules.

¿Y qué decir de todos los problemas éticos que rodean a los bancos de esperma, incluidos los estudios médicos y la elección de sexo? Los bancos de esperma pueden analizar si existe una mutación genética que indica la presencia de fibrosis cística, pero ¿deberían analizar si hay presencia de síndrome de Down? ¿Qué pasa si un donante desarrolla cáncer de colon a los 50 años? ¿Debería el banco de esperma decírselo a los hijos concebidos con este esperma? ¿Deberían los padres en potencia poder seleccionar el sexo, como hacen en Estados Unidos?

Las empresas ya hacen referencia al coeficiente intelectual de sus donantes, a sus historiales médicos, a su buena apariencia. ¿Eso es bueno o malo? «Hasta cierto punto, cuando uno escoge pareja de la manera ordinaria, busca unos rasgos genéticos favorables», declara Piers Benn, profesor de Ética Médica en el Imperial College de Londres. «Es cuestión de grado, pienso. Todo esto suscita muchas dudas éticas, pero a veces la ley y las reglamentaciones no son la mejor forma de solucionarlas», explica Benn. «Lo mejor es el consentimiento informado, asegurarse de que las personas reciben una información adecuada, pero sin trabas jurídicas».

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