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Sensacion de ahogo al dormir

Me despierto con ahogo

Actualizado martes 19/08/2008 19:46 (CET)

PREGUNTA.- He leído una consulta contestada por usted y referida al problema de la disnea y me he visto reflejada en la pregunta.

Soy una mujer de 53 años y desde hace aproximadamente cinco vengo sufriendo este mismo problema. Me ocurre estando dormida, ya que me despierto bruscamente con una sensación tremenda de ahogo. La aspiración va acompañada de un ligero ruido o rumor que no me deja respirar durante unos momentos angustiosos de asfixia y después me hace toser fuertemente mientras voy recuperando el aliento.

También me sucede estando despierta (aunque no de forma tan angustiosa) en cualquier momento del día, incluso en reposo, sin estar ingiriendo alimentos o hablando. No es algo que me pase a diario, pero sí con una cierta frecuencia. Lo paso muy mal y es una situación muy desagradable en muchas circunstancias.

También tengo una tos que se ha hecho ya crónica, pues la sufro desde hace unos 10 meses y no desaparece. Supongo que no tiene ninguna relación la tos con la disnea.

Me han visto en neumología y otorrinolaringología. Me han hecho una radiografía de tórax y una espirometría sin encontrar nada fuera de lo normal, aparte de una escoliosis dorsal.

El otorrino me confirmó que tengo una faringitis seca crónica que puede producir la tos irritativa sin foco. Sufro de faringitis crónica desde hace bastantes años, así que no debería ser ésta el motivo de la tos, al ser mucho más reciente.

Actualmente estoy en tratamiento con antidepresivos y ansiolíticos. No ronco cuando duermo y estoy delgada y nunca he padecido de asma, pero a veces parece que me cuesta respirar bien, como que me falta aire. ¿Podría tratarse de una posible insuficiencia cardíaca?

AHOGOS Y ANSIEDAD

Vamos a explicar como se relacionan los ahogos y ansiedad.

Muchas personas con ansiedad refieren ahogos y dificultades con la respiracion. En este artículo te mostramos la relación existente entre la sensación de ahogo y ansiedad.

Las personas respiramos como vivimos. Nuestros pensamientos y cómo nos estemos planteando las cosas que nos suceden, generan en nosotros determinadas emociones que modificarán nuestro organismo y viceversa. Pensamientos, emociones, conductas y organismo están íntimamente relacionados. La respiración es una de las funciones del cuerpo que, pese a realizarse de forma automática gracias a nuestro sistema nervioso autónomo, tiene mayor incidencia en nuestro bienestar físico y mental. Como un espejo, refleja nuestros estados internos: cuando estamos haciendo una tarea que requieren pulso y/o concentración dejamos de respirar por unos instantes, si estamos enamorados suspiramos con frecuencia, cuando estamos cansados, tenemos hambre o nos aburrimos bostezamos…

La respiración cambia en función de la emoción y necesidad que estemos experimentando, y aunque opere independientemente de la voluntad podemos prestarle atención para reconocer mejor el estado en el que nos encontramos en ese momento y operar sobre ella, retomando un control parcial, más consciente, que nos ayude a modificarla en nuestro beneficio.

Las dos pautas respiratorias asociadas a distintos estados

  • En momentos de calma y sosiego solemos respirar utilizando toda nuestra capacidad, llevando el aire hasta la zona baja de los pulmones y haciendo trabajar al diafragma. Esta es la llamada respiración abdominal, el ritmo es lento, y las inspiraciones y espiraciones son más profundas; visualmente podemos percibir que el abdomen se hincha y deshincha como si de un globo se tratase. Entre los muchos efectos que provoca en nuestro organismo encontramos verdaderos beneficios: ayuda a mejorar la circulación, mejora el nivel de oxígeno en los órganos vitales, elimina tensión muscular, a nivel emocional favorece la relajación, la concentración, combate la fatiga y el estrés o estados más intensos como la ansiedad.
  • La otra pauta es la respiración torácica o energética, que de forma adaptativa desarrollamos cuando necesitamos un aporte extra de energía para actividades que requieren más movimiento del habitual, es la que precisamos y llevamos a cabo por ejemplo cuando hacemos ejercicio. El ritmo respiratorio se acelera, inhalamos mayor volumen de aire del que expulsamos, y sólo utilizamos la parte superior de los pulmones. Es una pauta que pretende ser útil, y de hecho lo es, para ponernos en marcha y activar nuestro organismo, pero en ocasiones nos puede parecer más perjudicial que otra cosa.

¿Qué sucede cuando las emociones y el cuerpo van de la mano pero nuestra mente decide tomar otro camino?

Emociones como la ira o el miedo suelen presentar reacciones parecidas entre sí en nuestro organismo: si por ejemplo sentimos que alguien nos ataca (ya sea a través de la palabra en una discusión con un amigo o una persona que pretende robarnos de forma violenta) nuestro cuerpo automáticamente se pondrá en marcha, necesitará cargarse de energía para hacer frente a la situación o huir de ella lo más eficazmente posible; de tal forma que priorizará el sistema respiratorio y el cardiovascular por encima de otros sistemas. Esto sucede porque para aumentar esa energía necesita elevar el aporte de oxígeno y bombearlo ágilmente para distribuirlo por todo nuestro organismo, ya que entiende que los músculos necesitarán estar bien oxigenados para enfrentar o huir de aquello que sentimos como una amenaza.

Cuando el miedo es una de las emociones más presentes en nuestro día a día, ya se desarrolle en situaciones concretas como puede ser en los ataques de pánico o sea una sensación difusa que experimentamos casi a lo largo del día, nuestra respiración se torna rápida y superficial, energética. En estos casos el cuerpo está reaccionando óptimamente a lo que la emoción le está solicitando, y aunque normalmente no nos percatamos de ello porque seguimos respirando, viviendo, es importante conocer que esta pauta provocada por la emoción nos puede estar generando determinados síntomas como la conocida hiperventilación o la sensación de falta de aire, presión en el pecho, adormecimiento de manos y/o sensaciones de mareo.

Estos síntomas no son dañinos en sí, son los resultados de esa activación corporal. El problema nos sobreviene cuando nuestra mente los malinterpreta como algo peligroso que no debería de estar pasándonos, es decir, juzgamos las situaciones desde la razón y no las valoramos como peligrosas, pero en nuestro terreno emocional la sensación es que hay que salvarse de algo, hay que escapar. Pongamos un ejemplo: es el final de una larga y agitada jornada, me meto en la cama y comienzo a pensar en todas las tareas que me esperan al día siguiente, mañana debería de solucionar esto y lo otro, ir a…, llamar a…, acordarme de…, no sé si me va a dar tiempo a todo, tendría que hacerlo rápido, ¿qué hora es? Venga duérmete ya que mañana será un día duro. Nuestra mente se va acelerando poco a poco sin ser conscientes. Anticipando y mandándonos órdenes en esos momentos el pensamiento está provocando que a nivel emocional nos sintamos saturados, inquietos, agobiados, por lo que la cadena natural prosigue, se envían señales al cuerpo de necesidad de activación para ponernos en marcha, solucionar el problema y así reestablecer la calma; es ahí cuando el organismo se moviliza y comenzamos a experimentar los resultados. En una situación en la que nos disponemos a descansar y de aparente calma, sentimos presión en el pecho y falta el aire, no entendemos porqué, nos asustamos, y el miedo crece por momentos al comprobar que cada vez tenemos mayor necesidad de coger aire sintiendo que no podemos coger el suficiente. Fisiológicamente estamos hiperventilando, mentalmente podemos llegar a creer que nuestro fin se acerca.

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La hiperventilación

En esas situaciones en las que nuestra vivencia emocional y organismo –no así nuestra mente- estiman que hay que energetizar el cuerpo para reaccionar ante lo amenazante, la pauta respiratoria que llevamos es la de tomar grandes bocanas de aire, aumentando los niveles de oxígeno con respecto a los de CO2, que disminuyen. Si esa mayor cantidad de O2 se repartiese por el organismo y con ello echásemos a correr o nos pusiésemos a luchar lo gastaríamos durante el conflicto, pero como normalmente no lo hacemos, no llegamos a darle salida y a consumirlo, se queda como un excedente no necesario. ¿Qué hace el cuerpo con ello?

A nuestro cuerpo le gusta mantener el equilibrio de sus propios procesos. Observemos por ejemplo la importancia de poseer un determinado PH en la piel, si se desequilibra de forma mantenida en el tiempo aparecerán dermatitis u otros problemas cutáneos; de igual manera existe una necesidad de equiparar los niveles de O2 y CO2 cuando éstos están descompensados. Lejos de lo que podamos pensar, en ese protocolo que se activa pretendiendo el equilibrio, el cuerpo no buscará disminuir la cantidad de oxígeno sino la de aumentar la del dióxido de carbono. El organismo “se defenderá” intentando combatir la masiva entrada de oxígeno forzando a nuestro sistema a respirar más lentamente, mensaje que, cuando no conocemos el funcionamiento, recibimos con temor e interpretamos como sensación de ahogo o falta de aliento cogiendo automáticamente aún más aire, entrando así en un círculo vicioso de “hambre de aire” muy diferente de la necesidad real.

Sabiendo esto, pongamos atención a la necesidad de aumentar nuestro CO2. Una herramienta que puede servirnos en esas circunstancias es el uso de una bolsa de papel, colocándonosla sobre nuestra boca y nariz, para respirar en su interior y así minimizar el aire de entrada.

Conociéndonos un poco más aprenderemos estrategias beneficiosas

Si nos encontramos ansiosos y notamos que comenzamos a hiperventilar:

  • No hace falta coger mucho aire, no estamos en movimiento o haciendo un ejercicio físico intenso.
  • Ser conscientes de que existen dos tipos de movimientos respiratorios: inspiración y exhalación. Cogemos mucho aire pero echamos poco. Es importante trabajar con el equilibrio de ambas fases; para ello un ejercicio interesante es que mientras pongamos atención a la respiración intentemos imaginarnos que delante de nosotros tenemos una vela encendida que debemos intentar mover pero no apagar con nuestras exhalaciones.
  • Evitar la respiración superficial, es mejor respirar con el abdomen que dejar el aire limitado a la zona pectoral.
  • Respirar más lentamente, puesto que a mayor lentitud conseguiremos mayor “efecto bolsa de papel”.

Toda gestión emocional empieza por ponerle atención a nuestra respiración, respirar de modo consciente e intervenir sobre el ritmo de la respiración. A través del manejo consciente de la respiración en determinados momentos podremos restar sobrecarga emocional y reestablecer poco a poco la normalidad en el funcionamiento de nuestro organismo.

Causas del ataque de pánico nocturno y tratamiento

Taquicardia, sudoración, ahogo, inquietud y después un despertar abrupto y sobresaltado. Son los síntomas de lo que se conoce como atraque de pánico nocturno. No se diferencian de los ataques de ansiedad diurnos salvo que no se pueden preveer, como sucede en algunos casos con los diurnos.

Los ataques de pánico nocturnos rara vez se producen de forma aislada, por regla general acompañan a un cuadro de ansiedad que también se manifiesta durante el día aunque estas crisis en la noche se dan en un porcentaje reducido de quienes padecen ansiedad.

«Aunque al paciente le puede parecer de larga duración ya que el tiempo se distorsiona al estar asociado a las horas de sueño, estos ataques de pánico nocturno suelen durar entre 10 y 20 minutos», explica la doctora Nathalie P. Lizeretti, coordinadora del Grupo de Trabajo de Inteligencia Emocional del Colegio de Psicólogos de Cataluña.

Se suelen producir en la fase No-Rem del sueño, cuando la persona está más relajada. Por regla general los ataques de ansiedad en horas diurnas suelen producirse también cuando en la persona existe cierta relajación al cesar la activación o tensión asociada a la orientación a realizar una tarea.

En las causas de los ataques de pánico, ya sean diurnos o nocturnos, pueden intervenir tres factores: un componente genético dependiente de que existan factores desencadenantes ambientales; trastornos biológicos como el hipertiroidismo o hipotiroidismo, muy presente en los ataques de pánico nocturnos; y en situaciones de dificultades en la gestión emocional.

Entre los pacientes que experimentan ansiedad durante las horas del día sólo un 10% experimenta ataques nocturnos de pánico. «No es una entidad aislada sino que acompaña a un cuadro de ansiedad en las horas de vigilia y no se trata de terrores nocturnos ni pesadillas que nos producen el despertar», aclara la psicóloga.

Lizzetti aclara que aunque las crisis de pánico nocturnas están menos estudiadas, se cree que en muchos casos es posible que al día siguiente no se recuerden o no se tenga consciencia de ellas. Pueden deberse a un acontecimiento aislado, como ser testigo de un accidente de tráfico, del que deriva un síndrome de estrés post-traumático limitado a unos días. «En la mayoría de los casos se dan porque existe un estado de ansiedad que repercute en todos los ámbitos de la persona», asegura Lizzetti.

Pueden funcionar las terapias cognitivos-conductuales en las que se trabaja la higiene del sueño, evitar la cafeína, técnicas de relajación y la habituación, sobre todo en los casos en los que se teme ir a dormir ante la posibilidad de sufrir un ataque de pánico nocturno. «El miedo ante la idea de ir a dormir aumenta la ansiedad. En estos casos se debe ayudar al paciente a afrontar la experiencia», señala la psicóloga.

«Hay una tendencia a la sobremedicación con tranquilizantes y antidepresivos, aunque de esta forma solo se palían los síntomas y no se va al núcleo del problema», explica esta doctora en Psicología y experta en trastornos psicopatológicos.

Lizzetti defiende el desarrollo de habilidades emocionales, la exploración de las causas de la ansiedad y en la atención de las necesidades de la persona con el objetivo de superar las crisis de pánico. “Cada vez más trastornos físicos se relacionan con trastornos emocionales. Somos uno, se trate de horas de vigilia, de sueño, hablemos del cuerpo o de la mente, somos indivisibles, cada ámbito afecta al resto», concluye Lizzetti.

¿Qué es la apnea obstructiva del sueño?

La apnea del sueño, también conocida como síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS), es un trastorno causado por frecuentes obstrucciones parciales o completas de las vías respiratorias durante el sueño, lo que lleva a episodios repetidos de cese de la respiración mientras el paciente duerme.

Cualquier persona puede desarrollar apnea obstructiva del sueño, aunque sea mucho más común en individuos con más de 60 años, obesos o fumadores.

Si roncas mucho, te despiertas súbitamente durante la noche con una sensación de estar ahogando y sientes mucho sueño durante el día, hay una gran posibilidad de que estés siendo afectado por el síndrome de apnea obstructiva del sueño.

En este artículo vamos a explicar la apnea obstructiva del sueño, haciendo hincapié en las causas, los factores de riesgo, el diagnóstico, los síntomas y las opciones de tratamiento.

Si estás buscando informaciones sobre el ronquido simple, que ocurre sin la presencia del síndrome de apnea obstructiva del sueño, accede al siguiente artículo: CÓMO DEJAR DE RONCAR.

¿Cómo surge?

La apnea obstructiva del sueño es un trastorno caracterizado por interrupciones cortas y repetidas de la respiración durante el sueño. Se produce cuando los músculos de las vías respiratorias superiores se relajan mientras dormimos, causando un colapso en los tejido blandos en la parte de tras de la garganta, bloqueando el pasaje del aire en dirección a los pulmones (ve la ilustración a continuación).

La relajación y el consecuente colapso de los músculos de la faringe pueden provocar reducciones parciales o totales de la respiración, eventos que reciben, respectivamente, los nombres de hipopnea y apnea. Los episodios de obstrucción respiratoria generalmente duran entre 10 y 30 segundos, pero algunos pueden durar más de un minuto, causando una reducción significativa en la saturación de oxígeno en la sangre.

La caída abrupta en la tasa de oxigenación de la sangre alerta el cerebro, que responde provocando una súbita interrupción del sueño para que el individuo pueda volver a respirar. Este patrón de obstrucción de las vías aéreas, seguida de interrupción del sueño, puede ocurrir centenares de veces en una noche.

El paciente puede despertarse de pronto, con la sensación de asfixia o ahogo; sin embargo, en casos menos severos, la superficialidad del sueño puede ser tan efímera que el individuo vuelve a dormir inmediatamente y no se recuerda de tener despertado.

El resultado de la apnea del sueño es un patrón de sueño fragmentado, no restaurador, que frecuentemente resulta en un nivel excesivo de somnolencia durante el día, y lo más curioso es que muchos pacientes todavía no sospechan que la causa del sueño excesivo es el hecho de estar durmiendo mal, ya que no recuerdan de despertar varias veces durante la noche.

Fatores de riesgo

El síndrome de apnea obstructiva del sueño es un trastorno muy común. Se estima que aproximadamente un 20 a 30% de la población masculina adulta y un 10 a 15% de la población femenina adulta sufren de este mal. Sin embargo, solamente una minoría de estas personas tiene el diagnóstico establecido adecuadamente por un médico.

La relajación de los músculos respiratorios es común durante el sueño y en la mayoría de la gente no es lo suficientemente intensa para causar obstrucción al flujo de aire. Para que ocurra el síndrome de apnea obstructiva del sueño algunos otros factores necesitan estar presentes. La obesidad, la edad avanzada, el tabaquismo, la historia familiar y los cambios de la anatomía de las vías respiratorias suelen ser los más importantes factores de riesgo. Pero no son los únicos.

A continuación, vamos a describir los más comunes factores de riesgo para el SAOS.

  • Edad: la apnea del sueño es rara en niños y se vuelve más común a medida que envejecemos. A partir de 50 años, se convierte en muy frecuente.
  • Obesidad: probablemente lo más importante factor de riesgo es el exceso de peso. Solamente el 10% de los hombres con IMC normal tiene SAOS, mientras que entre los hombres con un IMC superior a 30 kg/m ² esta tasa es más del 60% (Lee: CÓMO CALCULAR EL IMC – ÍNDICE DE MASA CORPORAL).
  • Género: el SAOS es 2 a 3 veces más común en hombres. No obstante, a partir de la menopausia, esta diferencia se reduce bastante.
  • Anomalías anatómicas: cambios en los huesos del cráneo, principalmente en la mandíbula o en el maxilar, hipertrofia de las amígdalas, hipertrofia de adenoides, desviación de tabique, pólipos nasales o tener un cuello pequeño y ancho, son factores que favorecen la aparición de la apnea obstructiva del sueño.
  • Congestión nasal: individuos con rinitis frecuentes también presentan mayor riesgo.
  • Cigarrillo: el SAOS es 3 veces más común en fumadores que en no fumadores.
  • Alcohol: el consumo de alcohol aumenta la relajación de la musculatura de la faringe durante el sueño, favoreciendo la aparición de la obstrucción de las vías aéreas.
  • Dormir boca arriba: la posición que más favorece la obstrucción de las vías respiratorias es la posición supina, que es la posición abdomen hacia arriba. De esta manera, además del colapso de los músculos de la faringe, también existe un gran riesgo de caída de la lengua hacia la garganta.

Síntomas

La somnolencia diurna es uno de los síntomas más comunes del SAOS, siendo frecuentemente uno de los motivos que llevan el paciente a buscar ayuda médica. Es importante saber distinguir la somnolencia de la fatiga (cansancio). La primera es una incapacidad de permanecer totalmente despierto o alerta durante el día, mientras que la fatiga es una queja subjetiva de falta de energía física o mental.

Inicialmente, la somnolencia durante el día puede pasar desapercibida o ser subestimada, porque el cuadro generalmente se desarrolla lentamente durante meses o años. El paciente puede describir el síntoma como somnolencia, usando otros términos, tales como fatiga, cansancio, desánimo o falta de energía. Sin embargo, si el paciente es interrogado cuidadosamente, generalmente revela un patrón de somnolencia excesiva, con adormecimientos frecuentes durante situaciones pasivas o aburridas, como lecturas, clases, misas, ver televisión, ir al cine o inclusive mientras conduce un coche. El consumo excesivo de café durante el día también puede ser un signo de la somnolencia diurna excesiva.

Algunos pacientes se quejan más de insomnio que somnolencia diurna. Esto ocurre, generalmente, en individuos con episodios repetidos de apnea durante el sueño, lo que impide la entrada del paciente en la etapa de sueño profundo. Este tipo de queja es más común en las mujeres.

El ronquido durante el sueño es otra característica típica de apnea obstructiva del sueño. Cabe aquí una aclaración: no todos los pacientes que roncan tiene SAOS, pero más del 90% de los pacientes con SAOS roncan. Así, dicho de otra manera, la existencia de ronquidos no es suficiente para cerrar el diagnóstico de apnea del sueño, pero su ausencia hace el SAOS una posibilidad poco probable.

El síndrome de apnea obstructiva del sueño no debe ser la primera hipótesis diagnóstica en individuos flacos con ronquido ligero, pero es un escenario probable en el caso de personas con sobrepeso y ronquido fuerte.

La presencia de la pareja o de cualquier familiar que duerma en la misma casa suele ser importante durante la cita con el médico ya que, habitualmente, tienen un conocimiento sobre el patrón del sueño mejor que el propio paciente. Eventos asociados al sueño, tales como ronquidos, periodos de interrupción de la respiración, agitación nocturna, ahogos o episodios súbitos de despertar sobresaltado son más fácilmente constatados por quien está al lado.

Además de la somnolencia diurna y del ronquido, hay otros signos y síntomas frecuentemente asociados con el síndrome de apnea obstructiva del sueño. Son ellos:

  • Despertar repentinamente con una sensación de asfixia, ahogamiento o atraganto.
  • Despertar frecuentemente con boca seca o dolor de garganta
  • Períodos de interrupción de la respiración durante el sueño durante por lo menos 10 segundos de duración.
  • Mal humor o irritabilidad frecuentes.
  • Falta de concentración.
  • Lapsos de memoria.
  • Dolor de cabeza matinal.
  • Disminución de la libido o impotencia (lee: IMPOTENCIA SEXUAL MASCULINA – Disfunción Eréctil).
  • Despertar con dolor en el pecho (lee: DOLOR EN EL PECHO – Causas y Signos de Gravedad)
  • Pesadillas frecuentes.
  • Necesidad frecuente de orinar durante la madrugada.
  • Síntomas de fibromialgia.

Complicaciones

Los pacientes con apnea obstructiva del sueño tienen un mayor riesgo de accidentes o de desarrollar enfermedades clínicas.

Accidentes

Los accidentes de tránsito son dos a tres veces más comunes entre pacientes con SAOS que en la población general. Individuos con apnea del sueño no deben conducir vehículos, operar maquinaria pesada ni recibir responsabilidades que requieren supervisión cuidadosa.

Enfermedades cardiovasculares

Pacientes con SAOS, especialmente en casos moderados a severos, están bajo mayor riesgo de desarrollar una amplia gama de complicaciones cardiovasculares, incluyendo hipertensión, hipertensión pulmonar, enfermedad cardíaca, arritmias cardiacas, insuficiencia cardíaca y accidente cerebrovascular.

Diabetes y síndrome metabólico

Pacientes con apnea obstructiva del sueño presentan una mayor prevalencia de prediabetes, diabetes y síndrome metabólico. Aunque estas enfermedades se relacionen claramente con la obesidad, la existencia del SAOS es un factor de riesgo adicional.

Depresión

Varios estudios han demostrado que los pacientes con SAOS presentan una incidencia de aproximadamente el doble de depresión que el resto de la población.

Complicaciones operatorias

Pacientes con apnea obstructiva del sueño, que necesitan ser operados por cualquier razón, están bajo un mayor riesgo de complicaciones quirúrgicas, como insuficiencia respiratoria aguda, eventos cardiacos en el postoperatorio o necesidad de conducción del postoperatorio en unidades de cuidados intensivos.

Mortalidad

Los pacientes con SAOS severa y no tratada tiene dos a tres veces mayor riesgo de mortalidad, por alguna razón, en comparación con personas sin este trastorno.

Diagnóstico

Pacientes con una historia clínica que plantee la sospecha de apnea del sueño deben ser evaluados con una prueba de polisomnografía, que generalmente es realizada en centros especializados en el tratamiento de trastornos del sueño.

La polisomnografía es un examen no invasivo, en el cual el paciente duerme mientras el médico hace un registro completo de la actividad del cuerpo, incluyendo la actividad eléctrica del cerebro, corazón y frecuencia respiratoria, tono muscular, movimientos oculares y tasa de oxigenación de la sangre.

En los adultos, generalmente se confirma el diagnóstico de SAOS si al menos una de las dos siguientes situaciones existir durante la polisomnografía:

1- Cinco o más eventos respiratorios obstructores, como apneas, hipopnea o despertar repentino con dificultad respiratoria, cada hora de sueño, asociados con, por lo menos, un síntoma típico del SAOS descrito en el tópico anterior

2- Quince o más eventos respiratorios obstructivos por hora de sueño, independientemente de la presencia de otros síntomas del SAOS.

Severidad

Los pacientes que cumplen los criterios para el diagnóstico de SAOS se clasifican, tradicionalmente, como portadores de enfermedad leve, moderada o grave, basada en los síntomas y en los resultados de la polisomnografía

Apnea obstructiva del sueño leve – pacientes con 5 a 15 eventos respiratorios por hora de sueño. Estos pacientes suelen tener pocos síntomas y la somnolencia durante el día es suave, no pudiendo afectar a la calidad de vida. Complicaciones cardiovasculares generalmente no ocurren.

Apnea obstructiva del sueño moderada – pacientes con 15 a 30 eventos respiratorios por hora de sueño. Estos pacientes generalmente se dan cuenta de relevante somnolencia diurna, que es capaz de interferir con las actividades diarias. En este grupo hay una mayor incidencia de accidentes automovilísticos, y complicaciones, como la hipertensión arterial, ya pueden existir.

Apnea obstructiva del sueño severa – pacientes con más de 30 eventos respiratorios por hora de sueño o que presentan en la polisomnografía caídas importantes en el índice de saturación de oxígeno de la sangre (oximetría por debajo de un 90%) en por lo menos 1/5 del tiempo del examen. Estos pacientes tienen gran somnolencia durante el día y tienden a dormir muchas veces durante el día, inclusive sentados. Pacientes con SAOS severa tienen un mayor riesgo de mortalidad en virtud de complicaciones cardiovasculares o accidentes.

Tratamiento

El tratamiento del SAOS tiene como objetivo poner fin o mejorar los episodios de apnea o hipopnea y mejorar la saturación de oxígeno en la sangre durante el sueño. En los casos leves, simples medidas pueden ser eficaces. En las formas más severas, pueden ser necesarios equipos respiratorios.

Cambios en el estilo de vida

Lo más importante es bajar de peso si el paciente tiene un IMC por encima de 25 kg/m². La práctica de ejercicios físicos regulares también ayuda. Disminuir el consumo de bebidas alcohólicas y suspender el cigarrillo es esencial.

Evitar dormir boca arriba puede ayudar a reducir el número de eventos respiratorios durante el sueño.

Medicamentos para dormir, tales como los medicamentos ansiolíticos, no pueden ser tomados sin orientación médica, ya que pueden aumentar el riesgo de apnea del sueño.

CPAP

El CPAP es una sigla que significa Continuous Positive Airway Pressure (presión positiva continua en las vías respiratorias). Es un método muy eficaz para las formas moderadas y severas de la apnea del sueño.

El CPAP es un tratamiento que involucra el uso de una máquina respiratoria que suministra aire a presión a través de una mascarilla que debe adjuntarse al paciente antes de dormir. El CPAP reduce el número de eventos respiratorios en la noche, reduce la somnolencia durante el día y mejora la calidad de vida del paciente.

Aunque el CPAP es el método más exitoso y más comúnmente utilizado para el tratamiento de la apnea obstructiva del sueño, algunas personas creen que la mascarilla es incómoda o la máquina ruidosa. Las últimas máquinas, sin embargo, son más pequeñas y producen menos ruido que las máquinas más antiguas.

Aparatos orales

Para los pacientes con SAOS leve o moderado que no toleran o no quieren tratamiento con CPAP, un aparato bucal que acierta el posicionamiento de la mandíbula y de la lengua es una alternativa posible. La presión positiva vía aérea es, generalmente, más eficaz, pero la mayoría de los pacientes termina adaptándose mejor al aparato oral. Como la adherencia al tratamiento es un aspecto esencial del éxito, el uso de aparatos orales es una alternativa aceptable.

En los casos de SAOS severo, sin embargo, solamente el CPAP es una opción eficaz.

Cirugía

Si ninguno de los tratamientos funcionar, una cirugía para corregir los cambios anatómicos puede ser la solución. La cirugía, no obstante, se reserva para casos concretos y solamente es indicada después de una evaluación médica cuidadosa.

Referencias

  • Clinical presentation and diagnosis of obstructive sleep apnea in adults – UpToDate.
  • Overview of obstructive sleep apnea in adults – UpToDate.
  • Management of obstructive sleep apnea in adults – UpToDate
  • Obstructive Sleep Apnea (OSA) – Medscape.
  • Adult Obstructive Sleep Apnea – Pathophysiology and Diagnosis – Chest.
  • Sleep Apnea – National heart lung and blood institute.
  • Sleep apnea and sleep disorders. In: Cummings Otolaryngology: Head & Neck Surgery. 6th ed. Philadelphia, Pa.: Saunders Elsevier; 2015

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