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Sensacion de falta de aire suspiros

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La salud es una de las cuestiones que más preocupa a los padres con respecto a sus hijos. Por eso, con cierta periodicidad, nos gusta darles a conocer a los adultos enfermedades, trastornos o patologías que pueden sufrir los más pequeños de la casa. De ahí que ahora queramos que descubran qué es la disnea, qué síntomas tiene o cómo se puede tratar. Con toda esa información, si alguno de sus niños la llega a sufrir sabrán cómo actuar.

¿Qué es la disnea?

La disnea es la dificultad palpable para poder respirar con absoluta normalidad. Más en concreto se establece que es la sensación de falta de aire que tiene el niño, que se ve en la necesidad incluso de dejar de hablar para poder tomar aire.

Causas de su aparición

Muchas y variadas son las causas que pueden llevar a que el menor se encuentre en esa situación. No obstante, entre las más frecuentes podemos subrayar algunas como la laringitis, el asma, la bronquitis, las vegetaciones, un golpe en la zona del tórax, un atragantamiento…Todas esas sin olvidar que el origen de la disnea puede estar en una circunstancia que no sea de tipo físico. Sí, puede surgir como consecuencia de un cuadro de ansiedad, por ejemplo.

Síntomas de disnea en niños

Como hemos mencionado, la incapacidad para poder respirar con normalidad por parte del niño o el que se detenga cuando está hablando para tomar aire son los dos síntomas más frecuentes. Sin embargo, no son los únicos.

Así, nos topamos con el hecho de que también pueden contribuir a dar cuenta de la disnea desde que el menor tenga sensación de mareo hasta que náuseas o incluso que se ponga excesivamente nervioso.

Diagnóstico de la disnea en niños

En el momento que los padres perciban que su pequeño tiene esa dificultad para respirar, lo recomendable es que acudan de manera inmediata al hospital más cercano. Una vez allí el pediatra optará por auscultarle, por examinar su tórax e incluso por realizar otra serie de pruebas que le permitan realizar el diagnóstico más certero. Nos estamos refiriendo tanto a un análisis de sangre como a una gasometría e incluso a electrocardiograma, si lo considera oportuno.

Por supuesto, cabe la posibilidad de que esos exámenes no le permitan salir de dudas por completo. En ese caso, optaría por solicitar otros como una tomografía, una broncoscopia o una prueba de alergia.

Tratamiento

El doctor fijará el tratamiento adecuado

El tratamiento que se le pondrá al niño en cuestión en base a la disnea será uno u otro en función de cuál sea la causa de la misma. Así, si tiene un origen físico, en una patología concreta, optará por establecer la medicación más adecuada, como pueden ser antibióticos, antiinflamatorios, dilatadores…

En el caso de que fueran causas de tipo psicológico, habría que confiar en la profesionalidad de sanitarios especializados en dicha área.

Más datos de interés

Además de todo lo indicado, no podemos pasar por alto otra serie importante de aspectos en relación a la disnea en niños. En concreto, entre los más significativos están los siguientes:

  • Es necesario que los menores no estén expuestos ni al humo del tabaco ni a ambientes especialmente “cargados”.
  • Habrá que acudir al médico en el momento que se perciba la dificultad para respirar del niño en cuestión. No obstante, también se requerirá ir al hospital cuando, a pesar del diagnóstico y el tratamiento, el menor no mejore.
  • Los lavados nasales también son una de las medidas más habituales que se recomienda a los padres que lleven a cabo, en pro de poder ayudar a su hijo a respirar como es debido.
  • El oxígeno será una de las herramientas que los doctores utilizarán en un primer momento, casi con toda probabilidad, para conseguir que el paciente pueda superar esa sensación que está viviendo.
  • Los antibióticos y otros fármacos, sin embargo, no se encontrarán entre las opciones a utilizar por los médicos si el niño es muy pequeño.
  • Entre los tratamientos naturales más frecuentes que se considera que son útiles para poder hacerle frente a la disnea están el zumo de granada o el ajo. Eso sí, hay que tener en cuenta la edad del menor y las recomendaciones del doctor sobre si es o no aconsejable el empleo de los mismos.

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¿Bostezás mucho? Puede ser por alguna de estas 4 razones

Un par cuando tenés sueño están bien, pero hacerlo muy seguido puede significar otras cosas Crédito: Mariana Israel SEGUIR Comentar (0) Me gusta Compartir E-mail Twitter Facebook WhatsApp Guardar 13 de julio de 2018 • 17:18

El bostezo , algo tan común y cotidiano, sigue siendo uno de los comportamientos de los vertebrados que los científicos menos comprenden.

Es que no se sabe exactamente por qué ocurre. Suele producirse por sueño o fatiga: investigaciones han demostrado que la mayor cantidad de bostezos suceden en las horas previas a acostarse y al recién levantarse.

Pero también lo hacemos por aburrimiento, y nos «contagiamos» al escuchar hablar del bostezo o al ver a alguien bostezar. De hecho, muchos científicos han empezado a considerar las funciones comunicativas o sociológicas de este comportamiento.

Por otro lado, el bostezo se relacionaría con el estrés y el peligro, y también con algunas enfermedades.

En exceso, ¿qué puede significar?

El bostezo excesivo es aquel que se repite más de una vez por minuto, y «puede ser síntoma de un problema médico», define el neurólogo del Hospital Alemán, Alejandro Caride. Por ejemplo:

  • Reacción vasovagal (estimulación del nervio vago), causada por ataque cardíaco o disección de aorta, es decir, un desgarro en la capa interna de la principal arteria del cuerpo. Una reacción vasovagal es un proceso del cuerpo que puede hacernos bostezar.
  • Problemas cerebrales, como un tumor, un accidente cerebrovascular, epilepsia o esclerosis múltiple.
  • Problemas con el control de la temperatura corporal.

Ciertos medicamentos también podrían producir el bostezo excesivo, agrega Caride.

También bostezamos al estar nerviosos

Reptiles, aves, mamíferos y peces suelen bostezar ante la presencia de un depredador. En las personas pasaría algo similar en situaciones de tensión. ¿Por qué?

Como la fiebre, el bostezo sería un intento del cuerpo de «defenderse», explica el Dr. Harry Campos Cervera, psiquiatra miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina. «Bostezamos para tener una mejor respuesta al estrés. Al bostezar, aumenta en el cuerpo el nivel de cortisol, la hormona del estrés, para hacer frente a la situación de tensión», añade. En otras palabras, nos preparamos para luchar o para huir.

Otra teoría es que bostezar ayudaría al cerebro a mantener una temperatura óptima de 98.6°F (37°C), según Andrew Gallup, profesor asistente de psicología en la Universidad Estatal de Nueva York.

Gallup sostiene que esto es clave, porque una cabeza «caliente» puede conducir a reacciones lentas o peor memoria, recopila la revista Wired. Entonces, sería importante mantener al cerebro «frío» ante una situación de potencial peligro.

¿Cómo darse cuenta si el bostezo se debe a una situación de estrés? Si este fuera el disparador, debería desaparecer al recuperar la calma. De lo contrario, si se sigue bostezando en exceso, convendría consultar a un médico.

Por: Mariana Israel ADEMÁS ¿Te gustó esta nota?

Leer sobre el bostezo hace que la gente bostece: tal vez estés bostezando en este momento.

Sin embargo, el propósito fisiológico del bostezo sigue siendo un misterio. “Hasta ahora, la respuesta más sincera es que no sabemos por qué bostezamos”, dijo Guggisberg. “Hasta la fecha no se ha observado ningún efecto fisiológico del bostezo, y por esta razón especulamos. Es posible que el bostezo no tenga un efecto fisiológico real”.

Hasta hace unos treinta años, los científicos explicaban el bostezo como una reacción ante la privación de oxígeno, con la cual podíamos meter una gran cantidad de aire al cuerpo para aumentar los niveles de oxígeno en la sangre. Sin embargo, la hipótesis de la oxigenación fue descartada después de una serie de experimentos publicados en 1987 que la refutaron.

Una teoría actual es que el bostezo es un mecanismo de enfriamiento del cerebro “que funciona para promover un estado de vigilancia o alerta”, de acuerdo con Andrew Gallup, profesor adjunto de Psicología del Instituto Politécnico de la Universidad Estatal de Nueva York y quien ha publicado estudios sobre el tema.

Bostezar consiste en una inhalación profunda de aire acompañada de un poderoso estiramiento de la mandíbula, a la cual le sigue una expiración más corta de aire y un cierre veloz de la mandíbula.

“En conjunto, estos patrones aumentan el flujo sanguíneo que va en dirección al cráneo, lo cual puede tener una serie de efectos y uno de ellos es el enfriamiento cerebral”, explicó Gallup. “Cuando nuestra temperatura corporal es más alta, nos sentimos cansados y somnolientos, y podría ser que los bostezos nocturnos se activen para poner resistencia ante la sensación inicial de sueño, así que bostezamos de noche con el objetivo de mantener algún tipo de estado de alerta o vigilancia”.

Bostezar ha sido siempre considerado un hábito descortés que las personas intentan a toda costa evitar. Según la sabiduría popular, el bostezo implica, principalmente, aburrimiento. Bostezamos cuando nos aburre la presencia de una personas o su conversación. Es por ello que muchas veces, cuando estamos rodeados de gente, solemos echarnos a un lado para no ser vistos. Si nos remontamos a la antigua Grecia, el significado cambia radicalmente. Los griegos creían que el alma intentaba dejar el cuerpo durante el bostezo, pero 2.500 años atrás, el famoso médico Hipócrates se dedicó a investigar el fenómeno, convencido de que la acción estaba más relacionada con cuestiones médicas. Según él, se trata de un sistema para expulsar el «mal aire» de los pulmones o para regar el cerebro.

Lo que sí se ha descubierto en los últimos años es que, a diferencia de lo que piensa la gente, los bostezos no comienzan tras el nacimiento. Las últimas tecnologías nos han permitido averiguar el momento exacto y no es otro que durante la gestación. Bostezamos, concretamente, a partir de los últimos cinco meses de la concepción. Aunque la función y la importancia real del bostezo se desconoce, el estudio de un equipo de investigadores de las universidades de Durham y Lancaster (Reino Unido) publicado en PLoS Medicine, indica que este simple gesto podría estar relacionado con el desarrollo del feto y como tal podría ser una indicación más para el médico sobre la salud del bebé.

Han sido muchas las investigaciones que se han llevado a cabo acerca del porqué del bostezo y de su utilidad, pero no se ha alcanzado todavía una solución definitiva. No obstante encontramos siete motivos:

– Por ansiedad: este ha sido el resultado de la última investigación sobre el tema. Ha sido llevada a cabo por la italiana Elisabetta Palagi y se ha centrado en el comportamiento de los lemures para averiguarlo. Según explica la experta, estos pequeños animales salvajes abren la boca cuando se sienten en peligro porque eleva los niveles de cortisol en nuestro organismo. Se trata de una de las hormonas que se liberan cuando se alcanzan altos niveles de estrés, lo que puede ayudar a que el animal esté más alerta y en mejores condiciones para escapar de sus depredadores.

-Refrigera el cerebro: según esta hipótesis, el bostezo se asemeja al sistema de ventilación de nuestro procesador central. Nuestro cerebro consume hasta una tercera parte de las calorías que ingerimos, y ello se traduce en un incremento sustancial de la temperatura del propio órgano. Científicos de la Universidad de Albany consideran que bostezar sirve precisamente para refrigerar el cerebro y conseguir, de esta forma, mantener el estado de alerta y un funcionamiento óptimo.

-Oxigena el cerebro: algunos investigadores como Mark A.W. Andrews de la facultad de medicina de Erie, en Pensylvania, sugiere que en ocasiones bostezamos cuando nuestro cerebro no detecta buenos niveles de oxígeno en nuestra sangre. Con este gesto se inhala más aire, restableciendo los niveles normales de oxigenación.

-Función sexual: un médico francés publicó, Oliver Walusinski, publicó lo que algunos han proclamado como el libro de texto sobre la materia, The Mystery of Yawning in Physiology and Disease. Según el investigador, el bostezo tiene mucho que ver con el sexo. En los macacos, el macho bosteza antes y después de aparearse y esto esta condicionado por la testosterona. En otros muchas especies, bostezar precede al apareamiento. Parece que el cerebro libera los mismos químicos en la producción de un bostezo que en la de una erección.

La explicación es sencilla: el bostezo es un indicador de cambios de estado. Es decir, bostezamos, por ejemplo, cuando pasamos de estar dormidos a estar despiertos. En el terreno sexual ocurre lo mismo: bostezamos cuando pasamos de no tener ganas a estar excitados sexualmente. Hay una corriente que incluso habla de la posibilidad de saber cuánto sexo practica una persona en función de lo que bosteza. Pocos bostezos, poco sexo; de vez en cuando, mantiene relaciones pero con poca frecuencia; no para de bostezar, es una persona sexualmente activa.

– Refuerza la empatía: un estudio publicado en la revista científica PLOS ONE, asegura que la frecuencia del contagio del bostezo es mayor entre familiares, en segundo lugar entre amigos y por últimos con conocidos y desconocidos. Esto se debe a que los bostezos son considerados un signo de solidaridad con la persona que experimenta una sensación, que en este caso, se suele relacionar con estrés, ansiedad, aburrimiento o fatiga. No obstante, otros científicos apuntan a la importancia de las neuronas espejo en este hecho, que no son más que una cierta clase de neuronas que se activan cuando un animal o persona desarrolla la misma actividad que está observando.

-Recuerdo de nuestra etapa intrauterina: el investigador Richard Roberts, del Genetics and Prenatal Diagnostic Center en Signal Mountain en Tennessee, plantea la teoría de que el bostezo es un recuerdo de cuando aún no habíamos nacido. Los fetos bostezan a partir de las 11 semanas de edad. Con este acto, además de ser un signo de madurez, al parecer el embrión expulsan parte del líquido amniótico que entra en sus pulmones.

-Mide la inteligencia: un estudio del Departamento de Psicología de la Universidad Estatal de Nueva York, publicado en la revista Biology Letters, considera que existe un vínculo entre la duración del bostezo y la inteligencia de distintas especies. Según el mismo, cuantos más segundos dure el bostezo, mayor número de neuronas y complejidad cerebral tendrá una persona.

Dificultad para respirar

Si el paciente tiene dificultad para respirar, podría ser que el organismo no esté recibiendo suficiente oxígeno; ya sea que los pulmones no pueden recibir suficiente aire o que el cuerpo no puede obtener suficiente oxígeno a través del torrente sanguíneo. Un número de problemas distintos puede ser la causa de esto, tal como trastornos de los pulmones, obstrucción de las vías respiratorias, neumonía (infección pulmonar), debilidad de los músculos respiratorios u obesidad. También puede ser a causa de dolor, inmovilidad, deficiencias nutricionales, estrés o ansiedad, reacciones alérgicas, cirugía, anemia, efectos secundarios de la quimioterapia o radioterapia, tumores, fluidos en los pulmones o insuficiencia cardiaca, entre otros problemas.

Qué señales debe observar

  • Falta de aliento o dificultad para respirar cuando descansa, come o habla, o haciendo cualquier ejercicio.
  • Dolor en el pecho.
  • Respiración acelerada.
  • Latidos rápidos del corazón.
  • Piel y base de las uñas de color pálido o azulado
  • La piel puede sentirse fría y húmeda.
  • Fosas nasales ensanchadas al inhalar.
  • Respiración sibilante

Lo que el paciente puede hacer

  • Mantenga la calma.
  • Siéntese elevando la parte superior del cuerpo a un ángulo de 45° alzando la cama o usando almohadas.
  • Tome los medicamentos o el tratamiento indicado que haya sido recetado para la respiración (como el uso de oxígeno, medicamentos para el alivio de la respiración sibilante, inhaladores o nebulizadores).
  • Si no tiene mucha dificultad para respirar, tómese la temperatura y el pulso.
  • Inhale profundamente por la nariz y exhale por la boca con los labios fruncidos por el doble de tiempo que duró la inhalación (esto se conoce como respiración con labios fruncidos).
  • Si al cabo de cinco minutos aún no respira con más facilidad, siéntese en el borde de la cama con los pies sobre un banco, con los brazos descansando en una mesita para poner sobre o al lado de la cama, con almohadas encima y la cabeza inclinada ligeramente hacia adelante.
  • Si está tosiendo y escupiendo, observe la cantidad de esputo o saliva que produce, y cómo luce y huele.
  • Hable con el equipo que atiende el cáncer sobre cómo le afectan sus problemas respiratorios, especialmente si tiene que dejar de hacer algunas de su actividades cotidianas para evitar quedarse sin aliento.
  • Pruebe relajar los músculos para reducir la ansiedad. La ansiedad empeora los problemas respiratorios. (Refiérase a la sección de “ Ansiedad, miedo y desgaste emocional”).
  • Si continúa teniendo dificultades para respirar, pregunte sobre medicamentos que puedan ser útiles.
  • Si de repente se da una nueva dificultad para respirar o si no mejora, su piel, boca o base de las uñas luce pálida o azulada, o si tiene malestar en el pecho, problema para hablar, mareos o debilidad, llame al 911.

Lo que puede hacer el cuidador del paciente

  • Mientras revisa el pulso del paciente con una mano, utilice un reloj en la segunda mano para contar el número de latidos por minuto. (Si también cuenta el número de respiraciones por minuto, hágalo sin decírselo al paciente. Si el paciente lo sabe, éste tenderá a acelerar o frenar el ritmo respiratorio sin estar consciente de ello).
  • Revise la temperatura del paciente para ver si tiene fiebre.
  • Cuando el paciente experimenta falta de aliento, quite o afloje las prendas de vestir ajustadas.
  • Coloque al paciente sentado en una postura de descanso que le resulte cómoda.
  • Recuérdele que respire lenta y profundamente, y que al exhalar lo haga lentamente.
  • Retire al paciente de lugares con temperaturas extremas, especialmente calurosas, las cuales dificultan la respiración.
  • Note en qué momento el paciente se queda sin aire. (¿Durante una actividad normal, mientras habla, o cuando está en reposo)? También note si sucede cuando está de pie, sentado o acostado.
  • Colocar al paciente frente a una ventana abierta o frente al ventilador para que sople un viento ligero sobre su rostro puede ayudar a ciertas personas.
  • Ofrezca el medicamento o inhalador que haya sido recetado para aliviar la dificultad respiratoria.
  • Si se receta oxígeno para administrarse en casa, asegúrese de que sabe cómo administrarlo, usarlo en forma segura y a qué tasa de flujo (no cambie la tasa de flujo sin consultar al equipo que atiende el cáncer).

Llame al equipo que atiende el cáncer si el paciente:

  • Presenta dificultad para respirar o dolor en el pecho.
  • Tiene esputo espeso, amarillo, verde o con sangre.
  • Tiene la piel, base de las uñas y boca de color pálido o azulada, o se siente fría y húmeda.
  • Tiene fiebre de 100.5°F (38°C) de temperatura oral.
  • Fosas nasales ensanchadas al respirar.
  • Presenta confusión o se siente inquieto.
  • Tiene problemas para hablar.
  • Tiene mareo o debilidad.
  • Tiene inflamación del rostro, cuello o brazos.
  • Comienza a presentar respiración sibilante.

Incertidumbre. Temor. Incomprensión. Esas son las tres sensaciones que más afectan a quienes padecen ansiedad pero aún no tienen un diagnóstico definitivo. A diferencia de las enfermedades físicas, no siempre es sencillo explicar cómo se siente la ansiedad, un trastorno donde confluyen síntomas físicos, emocionales y cognitivos que pueden convertirse en un auténtico calvario. De hecho, para muchas personas el diagnóstico incluso llega a ser liberador pues finalmente encuentran una explicación a lo que les ocurre y, por supuesto, pueden buscar una solución.

La ansiedad no es una entidad monolítica, lo cual significa que puede presentarse de diferentes maneras. Habrá quienes padezcan más sus efectos psicológicos y habrá quienes la somatizan. En cualquier caso, conocer los primeros síntomas de la ansiedad te ayudará a detectarla rápidamente y detener su avance.

Los primeros síntomas de la ansiedad que suelen pasar desapercibidos

  1. Pies fríos. Sí, los pies fríos no solo son incómodos, también pueden ser uno de los primeros síntomas de la ansiedad. Cuando estás ansioso, tu cerebro asume que te encuentras en peligro y, por ende, redirige el flujo sanguíneo hacia los órganos más importantes del organismo que se encuentran en tu torso. Como resultado, llega menos sangre a las extremidades. Esta respuesta de lucha-huída ancestral está diseñada para garantizar tu supervivencia. Por desgracia, ese mecanismo se activa indistintamente, ya estés en verdadero peligro a punto de que un oso pardo te ataque o si te sientes ansioso porque vas a llegar tarde a la reunión.
  2. Bostezos frecuentes. Los bostezos no solo son un indicador de sueño o aburrimiento, también pueden convertirse en uno de los primeros síntomas de ansiedad. De hecho, en los últimos años ha tomado forma una teoría según la cual, los bostezos sirven para expandir y contraer las paredes del seno maxilar con el objetivo de bombear aire al cerebro y disminuir su temperatura. También se ha apreciado que las personas nerviosas y aquellas que sufren ansiedad generalizada o ataques de pánico suelen bostezar más. De hecho, una investigación realizada en la Bournemouth Universitydesveló una conexión entre la frecuencia de los bostezos y el aumento de cortisol en sangre, la hormona del estrés. Lo curioso es que el cortisol también aumenta la temperatura corporal y del cerebro. Y esa es la razón que te llevaría a bostezar más cuando te sientes ansioso.
  3. Pesadillas recurrentes. Si tienes pesadillas recurrentes, que se repiten con frecuencia, es probable que se trate de una expresión de ansiedad, frustración y/o preocupaciones. Esa fue la conclusión a la que llegó un grupo de psicólogos de la Universidad de Cardiff, quienes explican que las pesadillas ocasionales son un intento de darle sentido a las experiencias diurnas pero las pesadillas recurrentes son el resultado de emociones negativas derivadas de una profunda sensación de falta de control sobre nuestras vidas y la idea de que somos incapaces de lidiar con los problemas.
  4. Niebla mental. Si últimamente estás teniendo dificultades para concentrarte, quizá se deba a la ansiedad. No se trata únicamente de que las preocupaciones constantes te impiden enfocar la atención debido a que tu mente está sumida en un torbellino de ideas, sino que puedes experimentar una especie de “niebla mental”, también conocida como fibroniebla. Puedes percibirlo como una incapacidad para aferrar la realidad y pensar con claridad. Como resultado, es probable que comiences a tener problemas de memoria. Te resultará difícil recordar incluso lo que acabas de leer.
  5. Sabor metálico en la boca. La ansiedad suele causar un sabor metálico en la boca, que puede llegar a ser bastante desagradable. Existen diferentes explicaciones. La más probable es que el estrés esté causando una reacción de las bacterias dentro de la boca que hace sangrar sus encías. La sangre tiene un sabor metálico, y eso es lo que notas, aunque la cantidad es tan pequeña que no puedes verla. A esto se le suma que durante los períodos de ansiedad, te vuelves más sensible a determinados sabores. De hecho, un experimento realizado en la Universidad de Bristol comprobó que la ansiedad potencia la percepción de los sabores amargos y salados.

Ataca la ansiedad antes que te venza

Es importante buscar ayuda cuanto antes si padeces ansiedad. Diferentes estudios han demostrado que cuanto antes se solicite ayuda, más rápido se podrá vencer la ansiedad y, sobre todo, más duraderos serán esos resultados en el tiempo.

Cuanto antes se rompa el círculo vicioso que genera la ansiedad, mejor. Con el paso del tiempo tu cerebro va memorizando la respuesta ansiógena, de manera que será más difícil romper ese patrón y combatir la ansiedad.

Es importante saber que la ansiedad puede volverse resistente. Una investigación realizada en la UCLA desveló que aproximadamente el 60% de los pacientes no responden bien al tratamiento convencional de la ansiedad y siguen teniendo síntomas molestos que afectan su calidad de vida. Estas personas desarrollan lo que se conoce como ansiedad resistente, la cual se debe, entre otros factores, a que han esperado demasiado tiempo para buscar ayuda.

Este libro sobre la ansiedad no solo te permitirá comprender sus mecanismos sino también apropiarte de técnicas prácticas que te ayudarán a relajarte para mantener a raya la ansiedad.

La razón por la que bostezamos no es la falta de sueño como todos creíamos

De solo pensar en bostezar te entran ganas de hacerlo. Ves a algún compañero de la oficina bostezando y aunque intentes con todas tus fuerzas no seguir su ejemplo es imposible no caer en la tentación. ¿Por qué nos pasa siempre lo mismo? Si hemos dormido bien, no tenemos sueño, ¿por qué bostezamos?

Pues porque resulta que la razón por la que bostezamos (algunos más y otros menos) puede estar más relacionada con la temperatura de nuestro cerebro que con lo cansados que estemos. Esa es una de las teorías recogidas en un estudio realizado por Universidad de Nueva York tras analizar a varias decenas de sujetos a distintas temperaturas. A un grupo se le pidió que sujetara una bolsa caliente sobre la frente y a otro una bolsa fría. De estos últimos solo una persona bostezó mientras se le mostraba un vídeo de gente en distintas situaciones (entre ellas bostezando por supuesto) frente a un 36% del primer grupo.

Esta subida de temperatura se daría normalmente cuando estamos aburridos, fatigados, ansiosos o por supuesto cuando hace demasiado calor y funcionaría también como un despertador por si nos entra sueño.

Además de todo esto, los científicos también comprobaron que la manera en la que respiramos puede hacer que tengamos una mayor o menor tendencia a bostezar. Por ejemplo, a un grupo se le pidió que respiraran únicamente por la nariz mientras que otro tendría que hacerlo por la boca. Del primero nadie bostezó durante el vídeo mientras que del segundo más de la mitad lo hicieron.

Igualmente detectaron que el bostezo funciona como calmante en casos de ansiedad ya que este acto reflejo hace que liberemos endorfinas y que nos tranquilicemos. Y por si esto fuera poco, los expertos concluyen que a diferencia de lo que creíamos hasta ahora, el bostezo no debería asociarse siempre con estar dormidos (razón por la que siempre se ha visto como algo negativo en clases y charlas), sino que debería entenderse como un signo de que estamos alerta. Así que la próxima vez que estés en una reunión y bosteces delante de tu jefe, dile que es porque estás pendiente de sus palabras. A lo mejor cuela.

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