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Suegras y nietos

Nueve de cada diez mujeres consultadas para este artículo lo confirman: desde que son madres la relación con las suegras está en caída libre. Así que si estás embarazada, créetelo: no vas a soportar a tu suegra. Y ella tampoco a ti.

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Casi nunca hay una declaración de guerra formal. Lo habitual es más bien una situación de tensión absoluta que, en función de la paciencia que se tenga, se sobrelleva mejor o peor. Quizá nada más parir, tu suegra te siga pareciendo esa mujer maja (incluso moderna) que siempre te ha parecido. Date un tiempo y verás. O quizá la cruzada comience el primer día, justo cuando tengas al bebé en brazos en la cama del hospital y ella se acerque y con una sonrisa condescendiente te diga: “uy, no lo acostumbres tanto a los bracitos”. No hay vuelta atrás. El combate ha comenzado. Respira, que va para largo.

«¿Estás segura de que el niño no se ahoga ahí dentro?», te preguntará la buena de tu suegra cuando optes por llevar al crío en un pañuelo o en una mochila portabebé. «Sí. Por eso lo hago, para que se ahogue», te darán ganas de contestar. Lo que para ti es una manera práctica de pasear con tu hijo y una manera de sentirte unida a su cuerpo para ella no deja de ser una majadería del siglo XXI. Como el colecho. «Me han comentado mis amigas que cada día llegan al hospital niños que han muerto asfixiados por sus padres en la cama». Es mentira. Una mentira peligrosa y despiadada. Pero la suegra que la soltó se debió quedar bien a gusto.

«Mi leche era nata»

Otro tema que provoca fuego es la lactancia. Si el bebé va justito de peso y está lejos de ser un ser rollizo y gigante de los que gustan tanto a las abuelas, prepárate para escuchar una frase deleznable, torpe, machista y, básicamente, absurda: «Quizá tu leche no sea buena. ¿Te la ha mirado el médico?» No vomites. No digas nada. No merece la pena. Aguanta estoicamente cuando tu suegra empiece a rememorar su propia lactancia y te diga cómo su (abundante) leche era «nata pura, con su buena capa de grasa».

Tu bebé crecerá y empezará a comer ‘sólido’ pero a lo mejor tú sigues apostando, además, por darle teta. Porque sí. Porque te da la gana. Porque es tu opción. Porque te gusta. Porque le gusta. Porque disfrutas. Y porque disfruta. No hay cosa que más pavor le dé a una suegra que ver a un niño de dos o tres años agarrado a la teta de su madre. «Cariño, dile a mamá que no te dé más pecho, que tienes edad de comer filetes», le susurrará a tu hijo. El botón nuclear se ha activado. Tu suegra te parece una cretina. Y tú a ella, lo mismo.

Ropa heredada, el horror

No nos olvidemos de la ropa. Pronto descubrirás que un trozo de tela es fuente de tensión de alto voltaje. Tu suegra, que en su día crió a su hijo entre zapatitos de charol y faldones, sufrirá urticaria cuando vea que su nieto luce ropa comprada en almacenes baratos o, peor aún, heredada de otros niños. «Te tengo que confesar que me da vergüenza ajena verle así vestido». Es otra frase textual de suegra, ese ser que antes de parir te parecía hasta entrañable. Desengáñate.

Desengáñate porque tu suegra se ha convertido en un ser abominable que cada día pregunta si el niño duerme del tirón toda la noche. «Ya debería hacerlo, ¿no? A lo mejor le estás acostumbrando mal», te soltará cuando tu bebé tenga dos o tres meses. Y así hasta que cumpla los dos años. O los tres.

Que no se te ocurra nunca, por cierto, gritar a tu peque delante de tu suegra. Puede que lo hayas hecho solo una vez (o dos o tres) pero para ella te has convertido en una madre mandona, alterada, histérica y superada así que prepárate porque te hará leer artículos sobre ‘Cómo educar sin gritar’. «A lo mejor te resultan interesantes», te sugerirá mientras tú te quedas con las ganas de decirle que se los meta donde le quepan.

No le cuentes nunca a tu suegra lo difícil que te resulta criar a tu hijo. En su opinión, las madres de ahora son una panda de blandas que se ahogan en un vaso de agua. Que conste que es lo mismo que piensa tu madre. La diferencia es que a tu madre la puedes mandar a la mierda y quedáis tan amigas. A tu suegra no. Qué lástima.

Este es el problema que surge cuando tienes hijos, y es inevitable

08/08/2017 05:00 – Actualizado: 08/08/2017 11:56

Reconozcámoslo, todos hemos odiado a nuestro suegro o suegra en algún momento. Es inevitable, ley de vida. Les queremos y tal, aceptamos sus cosas buenas y malas, pero hay instantes en los que desearíamos que estuvieran muy (MUY) lejos. Este sentimiento poco religioso aumenta considerablemente cuando nos convertimos en padres. Los hijos traen consigo debates y conversaciones interminables sobre su educación, y es aquí donde empiezan los problemas de verdad. No lo decimos nosotros (aunque lo pensemos), son las conclusiones de una investigación de la Universidad de Turku, en Finlandia.

Tras entrevistar a más de 1.200 parejas, los expertos descubrieron que antes de tener descendencia, las parejas tenían encontronazos con miembros de su propia familia, pero que después de tener hijos, las desavenencias se producían con, efectivamente, los suegros. Y todo por la sencilla razón de que los padres de la pareja de pronto se vuelven miembros de la familia, y comienzan a interferir más en el desarrollo del día a día.

Si no soportas a tus suegros, no tienes por qué sentirte mal. Los odias por puro instinto, para defender tu territorio. Lo dice una investigación

Los resultados, publicados en la revista ‘Evolutionary Psychological Science’ y recogidos por ‘PsychCentral’, sugieren que tanto el conflicto con nuestros padres como con nuestros suegros está producido por el instinto. La investigación se apoya en que el hombre de las cavernas competía por los recursos del entorno para proporcionar alimento a sus críos, por ello, y no porque les odiemos, solemos tener esa desavenencia para con nuestros suegros y padres.

Por esta misma razón, las mujeres se vuelven hostiles con sus suegras, ya que las ven como una especie de amenaza para su ‘tribu’. Las conclusiones también sugieren que las féminas pueden ser más propensas a crear conflictos porque son el «guardián» de que protege y controla el acceso de otras personas a su hijo.

El estudio afirma: «El interés reproductivo compartido que se crea entre los linajes familiares con la llegada de un nieto, brinda nuevas razone spara que los abuelos influyan e interfieran en la vida de otros miembros de la familia. En nuestros hallazgos, los conflictos eran directamente proporcionales a la frecuencia en el contacto, lo que sugiere, como era de esperar, que la llegada de un nieto incrementa la interacción con los parientes políticos». Y, ya se sabe, no hay nada como no ver a la familia para no disctutir.

Las suegras, las más complicadas

Los suegros suelen ser más pasotas, en cambio las suegras pueden convertirse en un gran problema en la relación. De hecho, una de cada cuatro nueras desprecian a la suya y la encuentran demasiado controladora. Es lo que se extrajo de un sondeo llevado a cabo por el sitio web ‘Netmums’. Las 2.000 mujeres entrevistadas consideraban que la madre de su pareja se inmiscuía como autoridad en asuntos referidos a la educación de los hijos o en cómo debían actuar como padres. Otras quejas aludían a que la suegra expresa que la mujer no es lo suficientemente buena para su hijo o que era borde.

En opinión de la sexóloga y profesora Yvonne K. Fulbright, en la relación suegra-nuera es esta última quien juega con desventaja. La experta ofrece una serie consejos para controlar las emociones.

  • Piensa en frío: como en cualquier situación de estrés, no te precipites. Busca un lugar tranquilo para pensar qué cosas te molestan, escribirlas en una lista si lo ves necesario, ordenar tus sentimientos y tus opiniones. La cautela y la reflexión te ayudarán a obtener resultados beneficiosos.

Un sondeo realizado con 2.000 mujeres reveló que una de cada cuatro nueras desprecian a su suegra y la encuentran demasiado controladora

  • Ponte en su lugar: sea más o menos de tu agrado, considera cuáles son las circunstancias vitales de tu suegra y por qué se comporta así. Es muy probable, según Fulbright, que su comportamiento derive de la relación que tiene con su hijo, no contigo. En muchas ocasiones su actitud hostil hacia ti es simplemente un acto de frustración al sentirse desconectada de su hijo. En tal caso, sería el marido quien debería tratar de mejorar la relación con su madre.
  • Reflexiona acerca de tu papel: en algunas de estas situaciones la nuera en cuestión no ha hecho nada para que la relación con la suegra se tense. Pero otras veces la nuera hace o deja de hacer cosas que llevan a la suegra a tratarla de un modo u otro (sea o no merecido). Piensa, pues, si puede haber algo que la esté molestando.
  • No busques su aprobación: no te vuelvas loca intentando complacerla, simplemente admite y respeta que podéis tener distintas visiones del mundo.
  • No te tomes las críticas de manera personal: probablemente tu suegra actuaría así con cualquiera que estuviera en tu lugar. Además, no debes olvidar que lo importante es que tu marido te quiera y te admire, que lo haga ella es secundario. Por lo tanto, no te tomes a la tremenda sus críticas. Pueden cansarte, pero no deben minarte.
  • Limita la actuación de la familia política en tu vida: tienes derecho a disfrutar de una existencia tranquila, y nadie debe irrumpido tu círculo sano de seres queridos. Si realmente te están faltando al respeto, pon unos límites tajantes.

Qué hacer con las abuelas que se creen mamás

A la llegada de los nietos, la mayoría de las abuelas está dispuesta a cambiar horarios y fórmulas de vida para adecuarse a lo que necesite el nuevo miembro de la familia. Y, sobre todo, para ayudar al papá y la mamá que, en muchos casos, trabajan fuera de casa.

Ante esta situación tan frecuente en la actualidad, es habitual que los papás pidan a sus respectivos padres que les echen una mano. Con ellos hablan entonces de cuadrar horarios, de organizar el día a día, los fines de semana, de quién cuidará al bebé antes de ir a la guardería o, después, de quién le va a recoger al colegio.

Así, lo habitual es que la abuela (las abuelas materna y paterna) entienda como un felicísimo acontecimiento la llegada de un nieto. Para ella supone volver a volcar su experiencia como madre en actos tan cotidianos como cambiar pañales o preparar la leche si es el caso.

Los cuidados del bebé (o del pequeño) son esenciales, pero ¡ay de la abuela que piense que ella debe ir por delante porque la mamá es novata o porque lo que ella opina es mejor que lo que ha dicho la mamá!

Por su parte, la abuela ha de tener en cuenta tres ideas importantes para que todo funcione sobre ruedas:

  1. Ella ya no es la mamá sino la abuela y, por lo tanto, quien en última instancia toma las decisiones son los papás de la criatura. Así es el ciclo de la vida.
  2. Han transcurrido unos años (15 al menos) desde que ella fue mamá y, por lo tanto, hay que estar dispuesta a aceptar que “las cosas han cambiado”. Quiere decir eso que, en lo mecánico y lo material sobre todo, puede que haya habido evolución desde que ella fue mamá: en productos, en servicios, en conocimientos sobre Pediatría…
  3. No hay una fórmula única de crianza de un bebé y educación de los hijos. Hay tantas fórmulas como personas. Hay que respetar la libertad de los padres por encima de todo.

Algunas abuelas pueden encontrarse entonces con que chocan con la hija (o la nuera) por la forma de afrontar las distintas vicisitudes que comporta el nacimiento del bebé.

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También puede ocurrir que, aunque la mamá sea experta, ellas decidan que las horas que pasan con el bebé son dueñas de hacer lo que quieran con él. Como si el bebé fuera de su propiedad: “Deja, que ya sé yo cómo hay que hacer esto”, “cuando lo tenga yo, voy a arreglar las cosas a mi manera”… Acecha el peligro.

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Si se presenta el caso y vemos que la abuela es intrusiva, se excede en las decisiones que toma e invade lo que debería ser una cuestión de papá y mamá, hay que actuar con delicadeza pero con fortaleza, o sea, hablando con ella con claridad y sin herir.

  1. Ante todo, es importante agradecerle su gran ayuda. La abuela que entrega sus fuerzas, su cariño y su tiempo a los niños. Recordemos su edad y valoremos si aquello que le pedimos puede superarle.
  2. Los padres deben establecer mecanismos de diálogo. No solo el hijo o hija sino ambos, porque la abuela debe someterse a ambos (no solo ha de dar cuentas a su hijo o hija).
  3. Hay que comprobar que lo que hace la abuela es perjudicial para papá y mamá, pero en vez de “castigarla” verbalmente, hay que presentarle los hechos y preguntarle con qué intención lo hace. Por ejemplo: “Vemos que siempre llegas más tarde de la hora a la que hemos quedado que traerás los niños a casa, ¿acaso no puedes ser puntual?”. Nos daremos cuenta de que las abuelas a veces hacen cosas no por fastidiar o ser intrusivas sino sencillamente porque su perspectiva es otra y no se daban cuenta del daño que podían hacer: “Lo siento -tal vez te responda-, solo quería estar al máximo con la nieta y no pensé en vuestra hora de la cena”.
  4. Hay que conocer las circunstancias de la abuela. Tened en cuenta que una temporada puede estar más cansada o más sensible.
  5. Hay que intentar que el papel de la abuela quede establecido antes de que las circunstancias nos devoren. Planificad con tiempo su colaboración y así correrás menos riesgos de encontrar que la abuela ha invadido un territorio que no le correspondía.
  6. Hay que educar afectivamente a los abuelos como tales. Los papás no nacen con un libro de instrucciones sobre cómo serlo, y los abuelos tampoco. Sí nacen con muchos talentos, así que hay que saber orientarlos bien.

Tres recomendaciones

Para que esto no ocurra, hay que buscar modos de hacer crecer en la familia a una abuela con tres características primordiales:

  1. Una abuela sabia es la que verdaderamente sabe estar en su lugar. Es prudente: pregunta, busca consejo (sí, aunque haya hecho esto antes mil veces), lee, se informa y, sobre todo, actúa según el criterio de los papás.
  2. Una abuela competente es la que considera que no lo sabe todo. Quiere formarse como abuela: saber cuál es ese papel que ayuda tanto a los papás, que es importante en la crianza y la educación de los nietos, y al mismo tiempo es secundario con respecto a los padres.
  3. Una abuela inolvidable es la que refuerza al papá y la mamá en todos los campos: habla bien de ellos delante de los nietos, facilita la tarea de padres a los padres, refuerza los lazos de unión de la familia y concretamente de la pareja… y se permite ciertos “extras” como abuela siempre y cuando no interfieren en los valores que los padres tratan de inculcar en los menores.

Por encima de todo, y aunque pueda haber en algún momento una situación de abuela intrusiva que hay que rectificar, no olvides que los abuelos son un tesoro en la familia y que la aportación que pueden hacer a la educación de los hijos es infinita. Deja que tus hijos se empapen del saber y del cariño de quien los quiere.

Ser intrusivo no pertenece al ADN de la abuela. Por lo tanto, siempre se podrá cambiar (si vosotros queréis y ella quiere). Paciencia, cariño y palabras de lealtad.

Suegras tóxicas

Hay mucho de mito en eso de que las suegras son entrometidas, chismosas, controladoras, matriarcas (sobre todo la madre del marido). Pero también es cierto que existen algunas que realmente son de temer. Pero el problema no es de las madres, de esas suegras tóxicas, sino de los hijos que no saben poner freno a su intromisión, algo que termina generando bastantes conflictos.

En realidad, el gran inconveniente no es cuando la suegra tira la primera piedra, sino cuando el hijo no defiende a su esposa. Atención, que también puede suceder a la inversa con la madre de la mujer o hasta con los padres, aunque es cierto que en este último caso se da con menor frecuencia.

Sin embargo, como se decía anteriormente,una persona hará lo que se le permita hacer.Ocurre a cualquier edad. Si desde el primer episodio se le dice, amablemente, que no se entrometa en asuntos que no le incumben, hay más posibilidades de que eso quede solo como una anécdota.

“Si quieres ser buena suegra y por tu nuera alabada, ten la bolsa abierta y la boca bien cerrada”.

-Refrán popular-

¿Cómo actúan las suegras tóxicas?

Cuando en una relación entran terceras personas sin que haya un consenso al respecto, el conflicto estará a la orden del día.Puede que haya una parte de celos en la esposa, o de la suegra, una disputa por el amor del hombre, pero en definitiva, los que se terminan peleándose son los esposos. Por ello es importante saber distribuir el tiempo y dejar algunas cosas claras cuando surgen los conflictos. Una relación es de dos. Los demás pueden opinar, sin embargo, entre la opinión y la intromisión hay una fina línea que lo separa. Así pues, ¿hasta dónde debemos dejar que las suegras opinen?

Una de las claves es dejar que se expresen sin que por ello llegue a condicionar la relación. De esta forma, ellas podrán decir lo que quieran, pero el hijo o la hija podrá tener más o menos en cuenta sus palabras. Si nuestra relación está bien afianzada y el amor es sano y genuino, lo que digan las suegras nos será más indiferente. En ocasiones, incluso, si la intromisión es demasiado evidente, una conversación con estará de más. Pero, ¿qué ocurre si no ponemos freno y dejamos que influyan en la relación?

Situaciones desagradables

Las estadísticas indican que así es en la mayoría de los casos. Llevar esa carga familiar puede dar lugar a otras situaciones y hasta puede demostrar la falta de madurez de los hijos para no enfrentarse a sus padres, en especial a esas suegras tóxicas. Es por esto tan importante tener una charla cuando la opinión de la suegra se convierte en intromisión impertinente.

Desde llevarle su comida preferida a indicar cómo criar a los hijos (o sea sus nietos), pasando por querer cambiar cosas de la nuera a intentar vivir en la casa de la pareja (o pasar muchas horas allí), todo es posible. Es entonces cuando el matrimonio ha de demostrar lo fuerte y maduro que es y, sobre todo, que no se deja influir por lo que dicen los “terceros”.

Esto no significa que la suegra sea un demonio por querer ayudar a su hijo y a su nuera, porque todo depende de cuánto permiso se le otorga o hasta qué punto puede opinar o meterse en la vida ajena. El problema real comienza cuando el hijo no es capaz de reconocer la intromisión, el recelo o el rechazo hacia la esposa. En muchos casos, culpa a su pareja de ciertos comentarios, no sabe defender a su compañera, no se enfrenta a su madre, etc.

«No existe la madre perfecta, pero hay un millón de maneras de ser una buena madre».

-Jill Churchill-

Reaccionar ante las suegras tóxicas

Pongamos un ejemplo. Llega a la casa de la pareja la madre de él, abre la nevera y se fija que haya todo lo que a su hijo le gusta, indica que esa comida no es saludable para él o que le va a preparar su plato preferido. La esposa le comenta la situación a su pareja. Pero, en lugar de hablar con su madre, el hombre dice que está exagerando, que “solo quiere ayudar”, que deje que opine sobre el tema de la comida, que no lo hace para molestar, que no está mal.

Hasta allí podría ser una situación normal en una pareja. Ahora bien, siguiendo con ese ejemplo, la misma suegra llega a la casa y le dice al hijo que su esposa es una desordenada, que no sabe cocinar, que no lo “atiende” como corresponde.

¿Cuál es la actitud que debería (idílicamente) tomar? De defensa de su pareja, de pedir a su madre que no se entrometa, que ya es mayor como para cuidarse solo. ¿Y si no lo hace? Entonces algo está fallando. La excusa de no herir los sentimientos no cuenta, es vital hacerse cargo de su dependencia. Son situaciones complejas. El hecho de que la esposa sea de una forma que no agrade a la suegra no es motivo para entrometerse en la relación. Si su hijo es feliz, es lo importante.

«Porque nadie puede saber por ti. Nadie puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti y nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer. La existencia no admite representantes».

-Jorge Bucay-

Hablando se entiende la gente

Si deseas mantener a tu pareja fuera de este problema, lo ideal es hablar sin la presencia de la suegra. Deja en claro que hay un precedente y que esto puede ir más lejos. Analiza la reacción de tu esposo para saber a qué atenerte y cómo reaccionar si la intromisión aumenta. Pero bajo ningún punto de vista, hacer que la relación madre-hijo se rompa, mucho menos delante de ella. Porque ahí sí que puede desatarse una guerra.

Lo ideal sería adquirir un equilibro en la relación de ese triángulo hijo-pareja-suegra. Saber delimitar el papel de cada uno y lo que puede ser una opinión constructiva no se convierta en una crítica malsana. Muchas madres pueden sentir celos de las nueras, y muchas nueras celos de las madres. En ese caso es fundamental hacer ve que tanto una madre como la nuera forman parte de la vida de la pareja y son amores importante, diferentes, pero amores.

Acabo de tener un hijo con mi pareja y han empezado los problemas con la familia de ella. Su madre quiere estar presente en todo y no consigo que mi mujer entienda mi postura. No tenemos intimidad, y parece que sea ella la que educa a nuestro hijo y la que lo sabe todo. Estoy bastante saturado.

Los enfrentamientos son más habituales cuando se modifica la relación por el nacimiento de un hijo o un cambio de casa (JackF / Getty Images/iStockphoto)

La mayoría de los conflictos entre las parejas y la familia se producen con los suegros. Estos conflictos causan grandes heridas en los componentes de la pareja al producirse una oposición entre la familia de origen y la nueva familia.

Sobre todo, los enfrentamientos con la familia política tienen lugar en el momento de crecimiento o modificación de la relación de pareja, por ejemplo, tras el nacimiento de un hijo, al casarse, con los cambios de residencia, etcétera.

Estos conflictos son más habituales e intensos en nuestro país en comparación con otros países europeos o los Estados Unidos debido a que en España tenemos un tejido familiar muy sólido y enriquecedor.

¿Cuáles son las principales causas?

En general, la mayoría de conflictos relacionados con la familia política tienen que ver con la intrusión e intromisión. Y estas obedecen a dos razones fundamentales.

La primera, la excesiva tendencia por parte de los familiares, especialmente de los progenitores, de meterse en los asuntos privados de la pareja, de “sus hijos”. La segunda, la incapacidad de los miembros de la pareja de emanciparse completamente de sus respectivos padres.

Dentro de estos dos motivos encajan muchos casos concretos: la suegra que quiere decidir cómo educamos a su nieto; unos padres que no aceptan a la pareja de su hija porque creen que no es “suficiente para ella”; el hijo que depende demasiado de su madre y le permite tener un papel excesivamente protagonista… Y otros muchos.

A veces los miembros de la pareja no terminan de emanciparse completamente de sus padres (Zinkevych / Getty Images/iStockphoto)

¿Cómo evitamos los conflictos o conseguimos que no crezcan?

El primer paso, y aunque parezca obvio, es tener presente y reconocer que, aunque formemos una pareja, somos personas diferentes y que, por lo tanto, nuestras respectivas familias también lo son.

En segundo lugar, y muy importante, debemos dar prioridad absoluta a nuestro nuevo núcleo familiar ante el de origen o de sangre. Somos nosotros dos quien hemos decidido crear un proyecto común, y este es el núcleo más importante a defender (hay que evitar la triangulación).

Esto nos lleva al tercer punto: debemos intentar tomar decisiones de forma conjunta, procurando llegar a acuerdos satisfactorios para ambos. Para hacer el vínculo más firme, puede ser interesante crear actividades y objetivos de pareja que contribuyan a fortalecer nuestro núcleo.

Debemos dar prioridad absoluta a nuestro proyecto común sobre la familia de origen y poner límites

También tenemos que poner límites, y no acumular malentendidos o situaciones que nos hayan molestado. Por tanto, cuando una pareja se encuentra enfrentada con la familia, lo más recomendable es no dar nunca una opinión negativa. No se debe criticar a los suegros, ya que una cosa es que tú critiques a tu madre y otra cosa es que lo haga tu pareja.

Por último, es importante respetar las costumbres, la educación y el estilo de vida de la familia política. Ya sabemos que supone un esfuerzo que puede chocar con nuestra manera de ser, pero tenemos que evitar comparar a las dos familias. El objetivo que nos debemos marcar es intentar conseguir una relación fluida y natural, a partir de una actitud abierta y flexible y de no responder a las provocaciones.

Es recomendable no expresar opiniones negativas de los suegros; una cosa es criticar a tu madre y otra que la critique tu pareja (monkeybusinessimages)

Si todos estos puntos se hacen y sigue habiendo conflictos, significa que el problema ya está muy enquistado. En esos casos recomiendo dar el paso de consultar un profesional, un terapeuta de pareja, que pueda ayudar a redirigir la situación.

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Suegros tóxicos, el artículo que tu familia política no quiere que leas

“Tóxico” es una palabra que ha marcado este 2018. “Contiene veneno o produce envenenamiento“, es la acertada manera en la que la Real Academia Española define un concepto que hemos podido asociar a las relaciones de pareja.

GTRES

Se ha popularizado tanto de un tiempo a esta parte gracias a artículos, libros, debates o campañas por las redes sociales que sabemos, a estas alturas, si la persona con la que nos encontramos reúne ese tipo de características.

Pero, ¿qué pasa cuando no es tu pareja con quien mantienes un lazo envenenado sino con alguien cercano a ella o a él? Hoy quiero hablaros de los suegros tóxicos, una clase de personas con las que, o tienes cuidado o, más que seguramente, tu relación terminará al borde del abismo (eso si con suerte consigues evitarlo).

Aunque hablo en plural, no significa que ambos compartan la personalidad tóxica, puede ser que tu suegra sea una santa llevándole la contraria a los tópicos y a los chistes casposos y por tanto tu suegro, el que te ponga la cruz.

¿Cómo saber entonces si la conexión está empezando a ser nociva? La psicología nos da la respuesta.

En primer lugar, no respetan vuestro espacio. Esto puede manifestarse de muchas maneras. ¿Te agobia la cantidad de mensajes que te escribe al día? ¿Lleva una vigilancia constante de tus redes por lo que dejan ver sus likes y comentarios?

¿Interrumpe en las conversaciones que mantienes con otras personas para contarte otras cosas que no tienen nada que ver solo para que dejes de hablar con otros? ¿Se inmiscuye constantemente en tus planes o incluso en tu casa? Es probable que sea uno de los primeros síntomas en aparecer.

El suegro o la suegra tóxica te hace sentir mal a propósito. Todos sabemos que, como humanos, puede que en algún momento hagamos daño sin quererlo, pero en este caso es totalmente buscado. Lo notarás en comentarios que llegarán sin que los veas venir.

No solo en incomodar o dañar se queda el asunto. Llega un momento en el que el chantaje emocional se convierte en el denominador común de vuestra relación. “Qué solos estamos” o “Ya no nos queréis” son quizás dos de los ejemplos más típicos que puedes haber identificado, aunque son solo la punta de un iceberg de manipulaciones en las que, el único resultado, es que terminas sintiéndote mal y en la obligación de hacer ciertas cosas.

Otra manera de envenenar es meterse constantemente en las decisiones que se deberían tomar como pareja. Cuestiones que pueden ir desde la decisión de avanzar en la relación hasta algo tan simple como comprar un cuadro para decorar el salón.

Es propio de este tipo de familiares políticos hablar mal de ti a tus espaldas cuando por delante todo son sonrisas y emoticonos de corazones. Son capaces de desarrollar una doble cara de la que puede que estés años sin darte cuenta de que existe.

Los suegros tóxicos no respetan las emociones ajenas. Puede que tú seas la persona más cuidadosa en tratar ciertos temas cuando te encuentras con la familia de la pareja, pero no encontrarás lo mismo por su parte. Ante situaciones que enfrentes de dolor, enfado o felicidad notarás pequeños desprecios que solo tienen cabida en este tipo de relaciones envenenadas.

Otro rasgo característico que cumplen este tipo de personas es que logran ponerte en contra de la gente. Sobre todo contra tu pareja o contra otros miembros de la familia, miembros sobre los que pueden ejercer el control.

Tener el control es uno de los principales objetivos de los suegros tóxicos, una meta que puede desencadenar otra serie de reacciones, con tal de seguir manteniéndolo, que encajan en el patrón de comportamiento venenoso.

¿Te suena encontrar a tu suegro vociferando por una nimiedad o a tu suegra fingiendo un desmayo o un ataque? Las reacciones de este tipo de personas, cuando ven que pierden el mando, es la de llevar la situación al extremo para volver a recuperarlo actuando de manera desmesurada.

Los ataques contra ti o el hecho de meter a segundas personas, que nada tienen que ver con el conflicto inicial, son otros recursos que pueden llegar a utilizar en cualquier tipo de situación.

Y ahora, cuéntame. ¿Te suenan estos rasgos? ¿Has vivido algún caso de suegros venenosos? Recuerda que estaré encantada de leer tu experiencia en los comentarios.

Duquesa Doslabios.

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