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Superar muerte padre

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5 consejos para superar la muerte de los padres, el luto más complicado

La vida nos cambia cuando alguno de nuestros padres dejar de respirar. Su voz, su sonrisa, sus gritos, sus momentos de cólera o risa exagera, esos pequeños momentos que no volverán a pasar, pero que se almacenan en nuestro corazón e incluso cuando lo recordamos, es como si volvieran a pasar. Sin duda, uno de los lutos más difíciles de enfrentar.

Es cierto que superar el dolor depende de muchos factores, hoy lo analizaremos y a partir de ello te daremos 5 consejos para poder asimilar su partida y continuar con nuestra vida, que casi siempre se queda estancada en el adiós a mamá o papá.

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Lo primero que debes saber es que, aunque la pérdida es la misma, el dolor se lleva distinto dependiendo las causas y el tiempo. No es lo mismo que uno de nuestros padres haya muerto por muerte natural, que por un suicidio o asesinato. Mucha gente no entiende esto. Por más que sepamos que nuestros padres algún día debían de irse, no concebimos que sea una persona quien se haya encargado de apresurar este momento.

Así mismo, el luto varía según el tiempo de pérdida. Si ambas padres fallecieron, el dolor es indescriptible, la ausencia de vacío y desgano de vivir se apoderan del hijo o hijos. En cambio cuando existe un lapso de tiempo entre la pérdida de uno y otro progenitor, el luto es más soportable, porque en cierta forma estamos más preparados.

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Además de todo ello, hay otro factor a considerar: la cantidad de hijos. No es lo mismo aceptar la pérdida de una madre cuando eres hijo(a) único(a) que cuando tienes hermanos. Tratemos de entender el dolor que significa perder más del 30 % de tu vida, porque en una familia con un solo hijo(a), cada miembro ocupa el 33,333 % de su alma, cuerpo y ser.

Ahora que sabemos las diversas circunstancias de este dolor, te presentamos 5 consejos para superar este terrible momento.

#1 ACEPTAR QUE YA SUCEDIÓ

Nuestro mayor temor se cumplió y no podemos retroceder el tiempo. Ya no estará a nuestro lado, es real y debes aceptarlo como es. No pienses que se fue a un viaje largo o que está en un profundo sueño, porque sin querer alimentas la esperanza de que volverá. Ella o él te dedicaron lo mejor que pudieron, es hora de rendir frutos y las lágrimas no pueden ser eternas, empañan tus ojos y no te dejan ver que al frente hay mucho por lo que luchar.

#2 NO FUE TU CULPA

Es el primer pensamiento y tienes que entender que tú no eres Dios o el controlador de la vida. Sí, tal vez no fuiste el hijo o hija ejemplar, pero eso no significa que tu padre o madre no tuvo el hijo que se merecía. Recuerda que eres lo más hermoso que le pasó en la vida y pese a todo, te amó tanto que te dio la liberta de elegir cómo llevar tu vida. Si le gritaste, contestaste, desobedeciste, todo fue parte del aprendizaje. Nadie le enseñó a ser madre o padre, nadie te iba a enseñar cómo ser un buen hijo. Lo aprendes solo a partir del ejemplo, reflexiona en ello y agradece la lección que te está dando a pesar su partida. Eres más valiente de lo que imaginas, en el cielo lo saben.

#3 NO TE AFERRES A UN RECUERDO

Nadie quiere olvidar a un padre o una madre, pero si crees que poniéndote su ropa o adaptando sus costumbres ‘honrarás’ su memoria, estás en un error, solo aumentas el dolor de su partida. Tus padres siempre quisieron lo mejor para ti, incluso que fueras mejor que ellos. Si te limitas a imitarlos no crecerás. Recoge todas sus enseñanzas, recuerda sus consejos y sé mejor cada día, es la mejor forma de honrar de quien eres hijo.

#4 NO TE AÍSLES O TE ABANDONES

Sí, es muy difícil. No tienes ganas de salir de tu cama ni ver la luz del sol. Es normal los primeros días, los dos o tres primeros meses, pero todo tiene un límite. ¿Crees que tu madre o padre te hubiesen dejado deprimirte por tanto tiempo? Para empezar a recuperar el sentido a la vida tienes que recordar que hay personas a tu alrededor, vivas, llenas de energía y amor, que te necesitan, que necesitan tu talento, te necesitan a ti. Además debes apoyar a tu otro progenitor. No eres el único con ese dolor, pero depende de ti empezar a superarlo. ¡Tú puedes!

#5 DISFRUTA LA VIDA

Nadie dice que debe demorarte un día o un año para superar este dolor. Lo mejor es seguir adelante y cuando menos te des cuenta, ya estarás sonriendo otra vez. Tú sigues vivo y es hora de encontrar un nuevo sentido para vivir: algún amor, el trabajo, terminar la universidad o ser el mejor amigo del mundo. Báñate, cámbiate de ropa, alista un poco de dinero y ve a comprar algo que te guste. En el camino verás que hay muchas personas luchando por salir adelante. ¡No te quedes atrás! Y si tienes a uno de tus padres vivos, no esperes lamentaciones y disfruta de su cálida compañía. Mereces volver a sonreír.

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Posted by Aweita on Jueves, 4 de febrero de 2016

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Posted by Aweita on Miércoles, 23 de marzo de 2016

Cómo cambia la vida tras la muerte de los padres

Después de la muerte de los padres, la vida cambia mucho.O quizás, muchísimo. Enfrentar la orfandad, incluso para personas adultas, es una experiencia sobrecogedora. En el fondo de todas las personas siempre sigue viviendo ese niño que siempre puede acudir a la madre o al padre para sentirse protegido. Pero cuando se van, esa opción desaparece para siempre.

Vas a dejar de verlos, no una semana, ni un mes, sino el resto de la vida. Los padres fueron las personas que nos trajeron al mundo y con quienes se compartiste lo más íntimo y frágil. Ya no estarán aquellos seres por los que, en gran medida, llegamos a ser lo que somos.

“Cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre”

-Gabriel García Márquez-

La muerte: de hablar de ella a vivirla, un gran abismo…

Nunca estamos del todo preparados para enfrentar la muerte, más aún si se trata de la de uno de nuestros padres. Es una gran adversidad que difícilmente se llega a superar totalmente. Normalmente lo máximo que se consigue es a asumirla y a convivir con ella. Para superarla, al menos en teoría, tendríamos que entenderla y la muerte, en sentido estricto, es del todo incomprensible. Es uno de los grandes misterios de la existencia: quizás el más grande.

Obviamente, el modo en el que integremos las pérdidas va a tener mucho que ver con la manera en la que se hayan producido. Una muerte de las llamadas “por causas naturales” es dolorosa, pero lo es más un accidente o un asesinato. Si la muerte fue precedida por una larga enfermedad, la situación es muy distinta a cuando se produjo de manera súbita.

También incide la diferencia en tiempo entre la muerte del uno y el otro: si media poco tiempo, el duelo será más complejo. Si, en cambio, el lapso es más extenso, seguramente estaremos un poco mejor preparados para aceptarlo

Realmente no solo se va un cuerpo, sino todo un universo. Un mundo hecho de palabras, de caricias, de gestos. Inclusive, de reiterativos consejos que a veces hartaban un poco y de“manías” que nos hacían sonreír o frotarnos la cabeza porque les reconocemos en ellas. Ahora comienzan a extrañarse de un modo inverosímil.

La muerte no avisa. Puede presumirse, pero nunca anuncia exactamente cuándo va a llegar.Todo se sintetiza en un instante y ese instante es categórico y determinante: irreversible. Tantas experiencias vividas al lado de ellos, buenas y malas, se estremecen de repente y quedan sumidas en recuerdos. El ciclo se cumplió y es momento de decir adiós.

«Lo que está, sin estar…»

Pensamos, por lo general, que nunca va a llegar ese día, hasta que llega y se hace real.Nos quedamos en shock y solamente vemos una caja, con un cuerpo rígido y quieto, que no habla ni se mueve. Que está ahí, sin estar ahí…

Porque con la muerte comienzan a entenderse muchos aspectos de las vidas de las personas fallecidas. Aparece una comprensión más profunda. Quizás, el hecho de no tener presente a las personas queridas suscita en nosotros el entendimiento sobre el porqué de muchas actitudes hasta entonces incomprensibles, contradictorias o incluso repulsivas.

Por eso, la muerte puede traer consigo un sentimiento de culpa frente a quien murió. Es necesario luchar contra ese sentimiento, ya que no aporta nada, sino hundirte más en la tristeza, sin poder remediar nada ¿Para qué culparse si uno cometió errores? Somos seres humanos y acompañando a esa despedida tiene que existir un perdón: del que se va hacia el que se queda o del que se queda hacia el que se marcha.

Disfrútalos mientras puedas: no van a estar para siempre…

Cuando mueren los padres, con independencia de la edad, las personas suelen experimentar un sentimiento de abandono.Es una muerte diferente a las demás. A su vez, algunas personas se niegan a darle la importancia que el hecho se merece, como mecanismo de defensa, en forma de una negación encubierta. Pero esos duelos no resueltos retornan en forma de enfermedad, de fatiga, de irritabilidad o síntomas de depresión.

Los padres son el primer amor

No importa cuántos conflictos o diferencias se haya tenido con ellos: son seres únicos e irreemplazables en el mundo emocional. Aunque seamos autónomos e independientes, aunque nuestra relación con ellos haya sido tortuosa. Cuando ya no están, se experimenta su falta como un “nunca más” para una forma de protección y de apoyo que, de uno u otro modo, siempre estuvo ahí.

De hecho, quienes no conocieron a sus padres, o se alejaron de ellos a temprana edad, suelen cargar toda su vida con esas ausencias como un lastre. Una ausencia que es presencia: queda en el corazón un lugar que siempre los reclama.

De cualquier modo, una de las grandes pérdidas en la vida es la de los padres. Puede ser difícil de superar si hubo injusticia o negligencia en el trato hacia ellos. Por eso, mientras estén vivos, es importante hacer conciencia de que los padres no van a estar ahí para siempre. De que son, genética y psicológicamente, la realidad que nos dio origen. Que son únicos y que la vida cambiará para siempre cuando se vayan.

Si el hijo tiene más edad, y es capaz de entender la naturaleza de lo acontecido, la reacción más natural, es que se acerque emocionalmente más hacia el padre superviviente, tratando de compensar de esta forma, la pérdida del fallecido.

No podemos afirmar categóricamente que este excesivo acercamiento hacia el padre vivo sea perjudicial para los hijos, siempre y cuando no se caiga en una excesiva sobreprotección. Pero es especialmente deseable, en estas situaciones, que el niño pueda desarrollar algún tipo de vínculo o relación estrecha con un adulto del mismo sexo que el fallecido. Esta relación favorece el equilibrio sexual necesario para el normal desarrollo del niño, que se ha visto truncado con la muerte de uno de los progenitores.

Explicaciones a hijos mayores

Cuando los hijos tienen una edad en el rango entre nueve y dieciséis años, sienten de forma desgarradora el cataclismo familiar, pues es justamente la edad más difícil para ellos, el paso para convertirse en adultos, y el momento donde necesitan más ayuda.

En esta época la muerte del padre del mismo sexo, suele ser un auténtico shock, pues son sus modelos a seguir para moldear su virilidad o femineidad respectivamente. La muerte del padre afectará más al hijo, mientras que la hija se verá más afectada si es la madre la que ha fallecido. Los adolescentes que tienen que vivir este periodo sin esa figura de referencia de su mismo sexo, pueden sufrir fuertes tensiones emocionales, que les afecten en sus estudios, en el ámbito social con los amigos y en el personal: alteraciones del desarrollo psicosexual y emocional.

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El hijo único

Un caso especialmente delicado aparece, cuando el niño que pierde a su padre no tiene hermanos y es hijo único. Está demostrado que los hermanos que han sufrido la muerte de un padre son capaces de compartir su pena y su dolor hablando entre ellos. Esto les fortalece como grupo, pero también, les da mayor seguridad a cada uno por separado. El dolor les agrupa y les hace más fuertes.

El hijo único vive el fallecimiento paterno o materno con especial intensidad. No tiene hermanos con los que consolarse. Se encuentra solo y aislado. En la mayoría de los casos si no recibe un apoyo psicológico suplementario, quedará marcado emocionalmente.

Un futuro feliz

Existe la arraigada opinión general, de que un niño que ha perdido a uno de sus padres en su infancia, queda marcado de por vida con un estigma emocional indeleble, que le impedirá ser feliz en su vida adulta e incapaz de mantener relaciones emocionales estables.

Es evidente, que no lo va a tener más fácil que los niños que disfrutan de la compañía de sus dos padres, pero esta ausencia de una figura paterna/materna no necesariamente va a condicionar su existencia futura. Solamente es necesario, que en su niñez, tras la trágica pérdida, se pueda restablecer una atmósfera de seguridad en el hogar y un ambiente de felicidad en la familia. Por supuesto no será una tarea fácil, pero si todos aportan su granito de arena se puede conseguir y esto le dará la oportunidad de llevar como adulto, una vida normal y feliz.

La muerte del padre, supone en la mayoría de los casos una merma importante en la seguridad afectiva. El niño sufrió en su niñez un fuerte traumatismo emocional con la pérdida de uno de sus vínculos afectivos más fuerte. No tiene nada de particular, que en su vida adulta, cuando trate de establecer una relación afectiva duradera, esa inseguridad sobrevuele por su cabeza y le haga sentirse más vulnerable y temeroso de sufrir una nueva y dolorosa pérdida.

La parte buena de esta inseguridad, es que una vez que ha dado el paso y ha aceptado el compromiso, será una persona mucho más proclive a volcarse y entregarse emocionalmente con su pareja.

La huella del resentimiento

No es una tarea fácil, restablecer un cálido ambiente familiar tras la muerte de uno de los padres. En muchas ocasiones la estructura del hogar queda dañada. Ni la madre ni los hijos son capaces de afrontar de una forma eficaz la situación. Esto puede ser terrible para el niño, sobre todo en los casos en que se cría con un solo padre o es internado en una institución estatal por haberse quedado sin ambos padres.

Una situación de este tipo deja en el niño un profundo resentimiento. “¿Por qué a mí?” se preguntará una y otra vez. Y no encontrará respuesta, sólo dolor. Si esta situación se cronifica, puede dejar huellas para toda la vida y condicionará con toda seguridad sus relaciones adultas afectivas.

Tratar de explicar lo ocurrido

En el momento de la muerte, los hijos se sentirán desorientados y perdidos. No entienden lo sucedido. Además, el padre superviviente suele estar tan afectado que es incapaz de articular una explicación para ellos. Sin embargo, el padre o la madre vivo, debe hacer un esfuerzo suplementario y tratar de hacer entender a los niños lo sucedido.

Si los hijos son muy pequeños y no pueden entender el concepto de la muerte, puede resultar de utilidad dar una explicación sencilla. Frases como “papá está de viaje” o “mamá se ha marchado de casa” pueden servir.

A partir de los siete años de edad el niño es capaz de asimilar lo que significa la muerte. Puede que ya haya vivido la muerte de uno de sus abuelos. O tal vez haya perdido a su mascota favorita. A partir de alguna de esas experiencias previas se puede articular una explicación satisfactoria. A veces no hay que complicarse en exceso y el niño se conforma con una simple explicación. Con el tiempo, es posible que vaya madurando esa idea en su interior y empiece a formular más preguntas o insista en conocer más detalles.

Ocultando el dolor

Una de las actitudes de un padre que ha perdido a su acompañante, es tratar de disimular sus sentimientos. Procurará ocultar su dolor. “Bastante tienen ya mis hijos con haber perdido a su padre. Lo último que necesitan es verme a mí, llorando por los rincones”. Esta actitud, tan frecuente como comprensible que buscar ahorrar sufrimiento a los hijos es un error.

Es mucho mejor no ocultar las lágrimas, hablar con los hijos y expresar los sentimientos propios. “Me encuentro apenada y triste, porque papá ya no está con nosotros. Le echo mucho de menos”. Esto los hijos lo pueden entender con facilidad, pues ellos están viviendo algo parecido. Esta declaración del dolor abre la puerta al consuelo y al apoyo mutuo.

Así mismo es poco útil, engañar a los hijos, para evitarles el dolor o evitar que pregunten demasiado. Respuestas como “papá volverá pronto a casa”, son una fuente de frustración”.

Los hijos adolescentes

Cuando los hijos son adolescentes, es necesario tratarles como personas adultas y no ocultarles nada de información. Es preciso que conozcan todos los detalles sobre la muerte del padre o de la madre. También es importante escuchar su opinión y dejarles que se expresen con libertad. Es bueno que opinen en los temas de conversación que afectan al futuro de la familia.

Muchos padres, se llevan una grata sorpresa, al descubrir en su hijo adolescente, una actitud positiva. Encuentran en él una madurez que desconocían. Su hijo les aporta un consuelo inesperado. Al mismo tiempo el hijo adolescente se siente más fuerte viendo como su opinión es importante. Todo esto consolida más su relación con el padre vivo.

El entorno familiar

En el futuro desarrollo del niño y en su estabilidad afectiva, no influye solamente el padre o la madre. También es muy importante el entorno familiar. Si tras el fallecimiento del padre, el niño se siente alejado de su ambiente reaccionará con conductas extrañas y anormales. No se le debe separar de sus amigos ni de su hogar. No es una buena idea viajar a casa de los abuelos. Tampoco irse vacaciones para olvidar lo ocurrido. No se deben cambiar las costumbres familiares habituales.

Tiempo y afecto

Es bastante habitual que los padres traten de aminorar el dolor de sus hijos siendo complacientes en exceso. Les permiten todo o les compran todos los caprichos. El niño que ha perdido a su padre necesita sobre todo sentirse querido. Por eso, lo más importante para él, es que su padre o su madre, le demuestre su afecto. Todo el tiempo que pase con él será el mejor obsequio.

Una nueva relación de pareja

Los padres viudos suelen ser poco propenso a tratar de iniciar una nueva relación sentimental. Suelen pensar que esa actitud dolería profundamente a sus hijos. Para los hijos, no es un agradable, ver desfilar por su casa una colección interminable de amantes. Esto dañaría la autoestima de los hijos y les haría sentirse desplazados.

Sin embargo, una relación estable, una vez ha pasado un tiempo prudencial, suele ser muy beneficiosa. Encontrar una persona comprensiva y cariñosa, puede ser una gran ayuda para toda la familia. Se necesitará mucho tacto, al principio de la relación. Los hijos deben ir aceptando a esa persona y no pensar que están traicionando al fallecido.

Una pareja estable proporciona una serie de ventajas: ayudará a soportar el peso de la familia al viudo/a. Dará a los hijos mayor seguridad y podrá ofrecerles un modelo de comportamiento. Restablecerá el necesario equilibrio en los roles masculino y femenino. Será para los hijos el ejemplo de una relación adulta afectiva y satisfactoria.

Cuando un Progenitor Muere: Lidiando con la Pérdida de su Madre o Padre

Por David Kessler

Cuando el padre o madre de un adulto muere, hay una expectativa tácita de que a uno no le afectará. Se espera que un adulto acepte la muerte como parte de la vida, que maneje todas las pérdidas repentinas de una manera adulta apropiada. Pero realmente, ¿qué significa eso? ¿Que no debería estar triste? ¿Que debería estar tan agradecido de que no murieron cuando era pequeño y que no necesita llorar a sus padres? Las consideraciones anteriores demuestran una subestimación del duelo.
El duelo es el reflejo de la conexión que se ha perdido. Esa pérdida no disminuye porque es un adulto o porque su madre o padre vivió una larga vida. Nuestra sociedad ejerce una enorme presión sobre nosotros para superar la pérdida, para superar el duelo. Pero, ¿cuánto tiempo llora por el hombre que fue su padre durante 30 años? ¿Llora menos por su madre de 50 años? La pérdida ocurre en un momento, pero sus consecuencias duran toda la vida. El duelo es real porque la pérdida es real. Cada pérdida tiene su propia huella, tan distintiva y única como la persona que perdimos. No importa la edad que tengamos.

Cuando perdemos a un padre anciano, muchas veces los amigos bien intencionados intentan ofrecerle sus condolencias, tales como: «Tuvo una vida larga, debes estar contento con eso», o «Eres tan afortunada de que haya muerto tan rápido». Sin embargo, estas palabras a menudo no resuenan cuando sufrimos la pérdida de un padre o una madre que estuvieron a nuestro lado toda nuestra vida. Nunca tendremos otro padre. Nunca tendremos otra madre.

La conexión parental

A veces olvidamos la profundidad de la conexión que tenemos con nuestros padres. A menudo son nuestra principal conexión en el mundo y con el mundo. Incluso si tenemos un cónyuge cariñoso, hijos y muchos amigos cercanos, la muerte de un padre o madre significa la pérdida de una de nuestras primeras y más importantes conexiones. La idea errónea de que un adulto maduro y capaz no tendrá que llorar a sus padres puede hacer que las personas en duelo se sientan aún más solos, ya que su duelo no se reconoce.

Reflexión

Después de que nuestros padres mueren, los vemos. Nos damos cuenta, quizás por primera vez, de todo lo que hicieron por nosotros cuando éramos niños. Para algunos de nosotros, cuando nos convertimos en padres o madres, apreciamos los retos que nuestros propios padres y madres deben haber pasado. Obtenemos una nueva perspectiva de sus vidas. Si idealizamos a nuestros padres y madres cuando éramos niños, ahora también vemos sus defectos e imperfecciones. En el caso de perder a uno de los padres, por ejemplo, a su madre, hay una gran oportunidad de conocer más sobre ella desde la perspectiva y las experiencias de su padre sobreviviente.

En nuestra edad adulta, nuestra relación con nuestros padres cambia y continúa. Antes de que un padre o madre se vaya, entendemos intelectualmente que morirán algún día. Pero comprender y anticiparnos no nos prepara para el dolor que sentimos cuando, como adultos, perdemos a un padre o madre. Al reflexionar sobre la memoria de su ser querido, ya sea que esté solo o atravesándolo con un padre o madre superviviente como se mencionó anteriormente, está comenzando el viaje a través de las ya conocidas etapas del duelo.

Las 5 etapas del duelo

En “On Grief and Grieving” («Sobre el Dolor y el Duelo»), un libro que escribí en colaboración con Elisabeth Kübler-Ross, MD, hablamos sobre cómo han evolucionado estas etapas desde su introducción y cómo han sido mal interpretadas en las últimas décadas. Las personas creen erróneamente que están destinadas a meter las emociones desordenadas en paquetes limpios. Pero las emociones del duelo reflejan sentimientos y están más allá de la organización. Son respuestas orgánicas a la pérdida, y así como no hay pérdidas típicas, no hay respuestas típicas a la pérdida. La verdad es que nuestro duelo es tan individual como nuestra vida.
Las 5 etapas del duelo—negación, ira, negociación, depresión y aceptación—son parte del marco que conforma nuestro aprendizaje de vivir con lo que perdimos. Son herramientas para ayudarnos a enmarcar e identificar lo que podemos estar sintiendo; pero no para organizarlo. No son estaciones en una línea de tiempo de duelo lineal. No todos pasan por todos ellas, y no hay un orden prescrito. Estas etapas son las siguientes:

1. Negación

La negación en el duelo ha sido malinterpretada a lo largo de los años. Cuando Kübler-Ross introdujo por primera vez la etapa de negación, se centró en la persona que estaba muriendo. En el duelo después de la pérdida, la negación es más simbólica que literal.

¿Qué sucede durante la etapa de negación?

  • La negación y el shock nos ayudan a sobrellevar y hacer posible la supervivencia.
  • La negación nos ayuda a controlar nuestros sentimientos de duelo.
  • Hay una bendición en la negación. Es la forma de la naturaleza dejar entrar solo lo que podamos manejar.

¿Cómo se ve la negación?

  • La negación es no creer que su padre o madre nunca va a volver a llamar o que su padre o madre ya no está solo a un vuelo de distancia.
  • No puede comprender que nunca volverá a cruzar su puerta.
  • Al principio, podríamos estar paralizados por el shock.
  • En lugar de negar la muerte real cuando alguien dice: «No puedo creer que haya muerto», en realidad la persona está comunicando que esta muerte es demasiado para su psique.
  • Comienza a cuestionar cómo y por qué. Puede preguntar al revisar las circunstancias, ¿cómo sucedió esto?
  • Ya no está en un modo externo de contar historias. Ahora se vuelve hacia adentro mientras comienza la búsqueda de comprensión.
  • Usted explora las circunstancias que rodearon la pérdida. ¿Tuvo que suceder? ¿Tuvo que suceder de esa manera? ¿Hubo algo que lo pudo haber evitado?

La finalidad de la pérdida comienza a hacer efecto gradualmente. Ella no regresará. Esta vez no lo logró. Con cada entendimiento de la verdad, comienza a escalar la montaña de darse cuenta de que realmente se han ido. A medida que acepta la realidad de la pérdida y comienza a hacerse preguntas, sin saberlo comienza el proceso de sanación. Se estará fortaleciendo mientras la negación comienza a desvanecerse. Pero a medida que avanza, todos los sentimientos que estaba negando comienzan a emerger.

2. Enojo

El enojo es una etapa necesaria del proceso de sanación. Esté dispuesto a sentir su enojo. Cuanto más lo sienta realmente, más comenzará a disiparse y más rápido sanará. Hay muchas emociones bajo el enojo. Llegará a ellos a tiempo, pero el enojo es la emoción que estamos más acostumbrados a manejar. Lo elegimos, a menudo para evitar los sentimientos subyacentes, hasta que estemos preparados para enfrentarlos. Puede parecer engorroso, pero mientras el enojo no lo consuma durante un largo período de tiempo, es una parte legítima de su manejo emocional interno.

El enojo no tiene que ser lógico o válido. Es importante sentir el enojo sin juzgarlo, sin intentar encontrarle sentido. La vida es injusta. La muerte es injusta. El enojo es una reacción natural a la injusticia de la pérdida. Si pudiera cambiar las cosas, lo haría, pero no puede y no tiene la culpa.

Las personas pueden pedirle que se mueva rápidamente a través de su enojo, pero es importante recordar que esto es parte del proceso de duelo. Las personas también pueden sentir que su enojo está fuera de lugar, es inapropiado o desproporcionado. Algunas personas pueden sentir que su enojo es demasiado duro o excesivo. No permita que nadie disminuya la importancia de sentir su enojo completamente. Y no deje que nadie critique su enojo —ni siquiera usted. No podemos cambiar las reacciones de otros a nuestro enojo. Todo lo que podemos hacer es cuidarnos a nosotros mismos.

¿Qué sucede durante la etapa del enojo?

  • El enojo a menudo enmascara nuestro dolor, dando tiempo a que los sentimientos intensos salgan a la superficie—sentimientos que pueden ser demasiado para manejar en este momento.
  • El enojo significa que está progresando a través de su duelo.
  • El enojo afirma que puede sentir, que ama y que ha perdido.
  • Desafortunadamente, el enojo puede aislarlo de sus amigos y familiares en el momento preciso en que más los necesite.

¿Cómo se ve el enojo?

  • Enojo con su padre o madre porque no se cuidó mejor.
  • O enojo porque usted no lo cuidó mejor.
  • Puede estar enojado porque no lo vio venir y cuando lo hizo, nada pudo detenerlo.
  • O puede estar enojado con los médicos por no poder salvar a alguien tan querido para usted.
  • Su enojo puede tomar la forma de enfrentar el hecho de que le pueden pasar cosas malas a alguien que significó mucho para usted.
  • Enojo con el sistema de salud, con la vida o con su padre o madre por morir.
  • Enojo junto con culpa y resentimiento.
  • También puede tener sentimientos de culpa, que es enojo vuelto hacia dentro de usted.

De luto por un padre o madre por quien se tienen sentimientos negativos

Las personas a menudo tienen conflictos sobre la pérdida de un padre o madre con quien tuvieron sentimientos negativos. El duelo confuso que sigue es que los hijos adultos no pueden entender sentirse tristes y enojados con alguien que realmente no les agradaba. Lloramos por aquellos que nos cuidaron de la manera que se debería. También lloramos por aquellos que no nos dieron el amor que merecíamos.

Puede estar en duelo por personas que fueron terribles para usted. Y si necesita llorar por ellos, debe hacerlo. Debemos tomarnos el tiempo para llorar y experimentar el tipo de padres que teníamos y el tipo que nunca tuvimos, y reconocer la realidad de que esas pérdidas no pueden ser dejadas de lado, incluso si pensamos que la persona no merecía nuestro amor.

3. Negociación

Antes de una pérdida, parece que haría cualquier cosa si solo pudiera salvar a su ser querido. Después de una pérdida, la negociación puede tomar la forma de una tregua temporal. Nos perdemos en un laberinto de declaraciones «Si tan solo …» o «Qué pasa si…». Queremos que la vida vuelva a ser lo que era. Queremos que nuestro padre o madre regrese. … si solo, si solo, si solo.

¿Qué sucede durante la etapa de negociación?

  • La negociación puede ayudar a nuestra mente a pasar de un estado de pérdida a otro.
  • Puede ser una estación de paso que da a nuestro psique el tiempo que necesita para adaptarse.
  • La negociación puede llenar los vacíos que generalmente dominan nuestras emociones fuertes a medida que sigue sufriendo a distancia.
  • Nos permite creer que podemos restaurar el orden en el caos que se ha originado.

¿Cómo se ve la negociación?

  • «Por favor, Dios», usted negocia, «nunca más me enojaré con mi madre si la dejas vivir».
  • «¿Qué pasa si dedico el resto de mi vida a ayudar a otros? Entonces, ¿puedo despertar y darme cuenta de que todo esto ha sido un mal sueño?
  • «Si hubiéramos encontrado el tumor antes y hubiéramos reconocido la enfermedad más rápido».
  • «¿Y si pudimos haber detenido el accidente?»
  • Después de una muerte, la negociación a menudo se mueve del pasado al futuro.
    • Podemos negociar que volveremos a ver a nuestros padres en el cielo.
    • Podemos negociar y pedir un respiro de enfermedades en nuestra familia, o que ninguna otra tragedia visite a nuestros seres queridos.

A medida que avanzamos en el proceso de negociación, la mente altera los eventos pasados mientras explora todas las afirmaciones «qué pasaría si» y «solo si». Tristemente, como adultos, llegamos a la conclusión inevitable … la realidad es que el padre o madre realmente se ha ido.

4. Depresión

Después de la negociación, nuestra atención se mueve hacia el presente. Los sentimientos vacíos emergen, y el duelo entra a nuestras vidas en un nivel más profundo, más profundo de lo que jamás imaginamos. Esta etapa depresiva se siente como si durara para siempre. Es importante entender que esta depresión no es un signo de enfermedad mental. Es la respuesta adecuada a la pérdida de un padre o una madre.

La depresión es una respuesta apropiada

La depresión después de una pérdida a menudo se critica como antinatural: un estado que se debe arreglar, algo de lo que debe salir. La primera pregunta que debe hacerse es si la situación en la que se encuentra es realmente deprimente o no. La pérdida de uno de los padres es una situación muy deprimente, y la depresión es una respuesta normal y apropiada. Cuando una pérdida se asienta por completo en su alma, la comprensión de que su padre o madre no mejoró esta vez y que no regresará es comprensiblemente deprimente.

La depresión es un paso hacia la sanación

Si vemos el duelo como un proceso de sanación, entonces la depresión es uno de los muchos pasos necesarios en el camino. Si tiene la conciencia para reconocer que está en depresión o que le han dicho muchos amigos que está deprimido, su primera respuesta puede ser resistir y encontrar una salida. Encontrar una forma de salir de la depresión es como entrar en un laberinto, temeroso de que no haya salida.

Cómo lidiar con la depresión

Tan difícil como es, la depresión se puede tratar de una manera paradójica. Véalo como un visitante, tal vez no bienvenido, pero que está de visita, le guste o no. Haga un lugar para su invitado. Invite a su depresión a acercar una silla al fuego y siéntese con ella, sin buscar una forma de escapar.

Permita que la tristeza y el vacío lo limpien y lo ayuden a explorar su pérdida en su totalidad. Cuando se permita experimentar la depresión, generalmente se irá tan pronto como haya cumplido su propósito en su pérdida. A medida que se fortalece, puede regresar de vez en cuando, pero así es como funciona el duelo.

¿Qué pasa durante la etapa de depresión?

Aunque es difícil de soportar, la depresión tiene elementos que pueden ser útiles en el duelo.

  • Nos ralenta y nos permite hacer un balance real de la pérdida.
  • Nos hace reconstruirnos desde cero.
  • Despeja el espacio para crecer.
  • Nos lleva a un lugar más profundo en nuestra alma que normalmente no exploraríamos.

5. Aceptación

Esta etapa consiste en aceptar la realidad de que nuestro ser querido se ha ido físicamente y que esta nueva realidad es permanente. Nunca nos gustará esta realidad ni estará bien, pero finalmente la aceptaremos. Aquí es donde nuestra sanación y ajuste final pueden mantenerse firmes, a pesar del hecho de que la sanación a menudo se ve y se siente como un estado inalcanzable.

¿Qué sucede durante la etapa de aceptación?

  • Nosotros, los sobrevivientes, comenzamos tristemente a darnos cuenta de que era el tiempo de nuestro ser querido para morir.

Por supuesto, era demasiado pronto para nosotros, y probablemente demasiado pronto para él o para ella también. Quizás era muy viejo o vieja o estaba lleno de dolor y enfermedad. Tal vez su cuerpo estaba agotado y estaba lista o listo para que su vida terminara. Pero nuestra vida aún continúa. Todavía no es hora de que muramos. De hecho, es hora de que sanemos.

  • A menudo aceptamos nuestra propia mortalidad.
  • Aprendemos a vivir con la muerte y comenzamos a vivir dentro de la nueva norma.

¿Cómo son la aceptación y la sanación?

  • Recordando, recolectando y reorganizando.
  • Podemos dejar de estar enojados con Dios; podemos tomar conciencia de las razones de sentido común de nuestra pérdida, incluso si nunca entendemos realmente las razones.
  • Reorganizar los roles, reasignándolos a otros o asumiéndolos nosotros mismos.

Ahora tratamos de vivir en un mundo en el que falta nuestro padre o madre. Al resistir esta nueva norma, al principio muchas personas quieren mantener la vida como era antes de que un ser querido muriera. Con el tiempo, a través de fragmentos de aceptación, vemos que no podemos mantener el pasado intacto. Ha sido cambiado para siempre y debemos reajustarnos.

Obligaciones prácticas

En nuestro duelo, mientras las emociones pesadas fluyen dentro de nosotros, todavía estamos llamados a completar las obligaciones prácticas de atar los cabos sueltos del mundo de nuestros padres. Una de las tareas que tenemos ante nosotros en nuestro duelo es ocuparnos de las posesiones de nuestros padres. Cualesquiera que sean sus posesiones, ya sean los artículos más valiosos o las cosas pequeñas y de bajo costo que recogieron a lo largo de los años, todas son simbólicas. Representan cosas que significaron lo suficiente para que nuestros padres decidieran conservarlas. La gente a menudo considera que esta es una tarea abrumadora.

Encargándose de las posesiones de su padre o madre

  • Considere invitar a un amigo para que lo ayude.
  • Use esto como un viaje de descubrimiento para revelar recuerdos que olvidó hace mucho tiempo.
  • También puede usar este proceso difícil para aprender cosas nuevas sobre sus padres.
  • Puede sentir que está invadiendo su privacidad, pero recuerde: ¿a quién más querrían para hacer esto además de usted? ¿Quién protegería su privacidad y su dignidad mejor que usted?
  • Tenga una cámara consigo. Los elementos que desea recordar pero que nunca volverá a utilizar pueden recordarse con una imagen y entregarse a alguien que pueda usarlos.

Dejar ir los artículos

Puede ser difícil dejar de lado ciertas cosas que representan a sus padres para usted. Otros artículos quizás desee conservar para sus amigos, familiares o quizás para sus hijos. Mantenga algunos de ellos y dé el resto a una organización benéfica de su elección. Este puede ser el regalo final de sus padres para el mundo. Imagine cómo estas cosas podrían ayudar a alguien más que no tiene el dinero o los recursos para comprar todo lo que necesita. Ahora, alguien más puede obtener placer y encontrar utilidad para algunas de las posesiones más preciadas de sus padres.

Cuando tiene un padre o madre sobreviviente

Algunos de ustedes pueden empacar las pertenencias de un padre o madre fallecido con el padre o madre superviviente. Usted puede ser el que suavemente los ayude a superar esta tarea. Sea paciente, sea amable y tome tiempo para hablar sobre los recuerdos.

Diferencias de duelo

A medida que trabajamos para equilibrar nuestros mundos interno y externo, podemos sorprendernos al descubrir que cada uno de nosotros sufre de manera diferente, incluso entre los hermanos, uno puede llorar con muchas lágrimas y el otro sin nada. Uno puede sentirse apoyado en un grupo, el otro puede anhelar tiempo a solas con su duelo.

Sin ser conscientes de ello, algunos de nosotros tendemos a sentir que nuestra forma de duelo es la correcta. Creemos que los demás deberían llorar como nosotros. Independientemente del dolor que sentimos, generalmente caemos hacia un extremo del péndulo o el otro. O estamos «en duelo de la manera correcta (a nuestro modo)» o juzgándonos a nosotros mismos que estamos en duelo de «la manera equivocada».

Al final, necesitamos compasión por nosotros mismos y por quienes nos rodean. Hemos sufrido una gran pérdida en nuestra vida, una que nos ha conmocionado hasta el corazón, y más aún si somos de los muchos que perdieron a un padre tras el otro, dejándonos sintiendo aún más desconectados del mundo.

La vida sin Mamá o Papá en el mundo

Ya sea que nuestros padres vivan cerca o lejos, sean emocionalmente cercanos o lejanos, nos mueven en el mundo. A menudo no pensamos en ellos como un ancla invisible, pero en verdad, tienen un lugar en nuestra línea de tiempo generacional. Han estado allí desde el momento en que nacimos y aunque, intelectualmente, sabemos que morirán algún día, ¿cómo nos imaginamos algo que siempre ha estado allí, de repente desaparecido? ¿Puede imaginar un mundo sin cielo? Por supuesto que no. Siempre ha estado ahí.

La muerte de uno de los padres nos lleva a un mundo en el que hemos pensado pero para el que no nos podíamos preparar por completo. De repente exploramos un nuevo terreno, nos sentimos desarraigados o como si el suelo se hubiera desprendido debajo de nosotros. Y de una manera simbólica, realmente lo ha sido.

Una nueva relación

Al sanar, aprendemos quiénes somos y quiénes fueron nuestros padres en la vida. De una manera extraña, a medida que avanzamos en el dolor, la sanación nos acerca a la persona que amamos. Una nueva relación comienza. Aprendemos a vivir con el padre o madre que perdimos.

Ahora que llega al final de una vida, esa misma vida que le dio la vida, el recuerdo está enterrado en lo profundo de su corazón y mora en lo profundo de su alma. Una nueva relación continuará con ese padre o madre, no una relación física, sino una en la que el padre o la madre vive en su corazón. Continuará recordándolos, pensando en ellos y amándolos, por el resto de su vida hasta que se reúnan.

Poco a poco, retiramos nuestra energía de la pérdida y comenzamos a invertirla nuevamente en la vida. Ponemos la pérdida en perspectiva, aprendiendo a recordar a nuestros seres queridos y conmemorando la pérdida. En los días venideros, a medida que pasa el tiempo, aún puede doler, pero con el tiempo duele con menos frecuencia. Todo lo que fue su padre o madre, todo el amor que compartió y la relación que tenía no morirá. Esa profundidad de amor, esa profundidad de cuidado, es eterna. Nunca podemos reemplazar a nuestros padres, pero podemos fortalecer nuestras conexiones familiares a medida que encontramos un significado nuevo y más profundo en nuestras relaciones existentes. Comenzamos a vivir de nuevo, pero no podemos hacerlo hasta que no le hayamos dado tiempo al duelo.

Sobre el Autor

David Kessler es uno de los expertos más conocidos en el duelo y la pérdida hoy en día, llegando a las personas a través de sus libros, incluyendo “On Grief and Grieving: Finding the Meaning of Grief through the Five Stages of Loss” («Sobre el Duelo y el Dolor: Encontrar el Significado del Duelo a través de las Cinco Etapas de la Pérdida»), coautor de la legendaria Elisabeth Kübler-Ross. También fueron coautores de, “Life Lessons: Two Experts on Death and Dying Teach us about the Mysteries of Life and Living” («Lecciones de Vida: Dos Expertos sobre la Muerte y Morir nos Enseñan sobre los Misterios de la Vida y Vivir»). Su primer libro, “The Needs of the Dying: A Guide for Bringing Hope, Comfort and Love to Life’s Final Chapter” («Las Necesidades de las Personas que Están Muriendo: Una Guía para Llevar la Esperanza, la Comodidad y el Amor al Capítulo Final de la Vida»), recibió elogios de la Madre Teresa.
Su trabajo ha sido discutido en LA Times, NY Times y ha aparecido en CNN, NBC, MSNBC, PBS, «Entertainment Tonight» y «Oprah’s Friends» (“Los Amigos de Oprah”). Ha escrito para el Boston Globe, el LA Times y el SF Chronicle.

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A todos nosotros, tarde o temprano en la vida, nos llega el momento de nuestro fallecimiento, y lo cierto es que lo tenemos más que asumido, o al menos deberíamos. Lo que parece que no tenemos tan asumido es el fallecimiento de nuestro padre, puesto que, junto a nuestra madre, es la persona que nos ha dado la vida, y con la que más tiempo hemos pasado a lo largo de nuestros días.
No hay duda de que el fallecimiento de un padre es un momento muy doloroso, que en función de cada persona variará su intensidad, y que obviamente, no desaparece de la noche a la mañana. De hecho, es muy probable que no consigas deshacerte de ese dolor durante el resto de tu vida.

Pero esto, lejos de ser un problema, debe ser un motivo para quedarte con los buenos recuerdos y tirar hacia adelante con más fuerza que nunca. Debes ser consciente de que vas a estar triste, de que vas a pasar por momentos complicados, y de que habrá días en los que no podrás evitar que te caigan las lágrimas, pero cuanto antes asumas esta pérdida y aprendas a vivir sin la persona fallecida, será mucho mejor.

En cualquier caso, a la hora de superar el fallecimiento de un padre, las prisas no son buenas compañeras, y son diferentes los estudios que han demostrado que, de media, el fallecimiento de una persona tan significativa comienza a superarse a partir del segundo año.

Y aunque no existen fórmulas matemáticas que ayuden a superar la pérdida, a continuación queremos compartir contigo una serie de consejos que te serán de gran ayuda, o al menos eso esperamos.

Tómate el tiempo que necesites

Como ya hemos comentado, las prisas no son buenas compañeras a la hora de superar el fallecimiento de un padre, por ello es importante que te tomes el tiempo necesario para ello.

Es importante que no trates de acelerar las etapas de duelo, y mucho menos que hagas como si no hubiera ocurrido, porque obviamente no es así.

Deberás mantenerlo en el recuerdo, quedarte con los buenos momentos, y mirar siempre hacia adelante. No olvides que aunque tu padre ya no esté, la vida continúa.

Comparte tus sentimientos

Los expertos aseguran que reprimir los sentimientos y actuar como si ya estuvieras recuperado, o como si la pérdida no te hubiera afectado, es una de las peores cosas que se pueden hacer. Especialmente cuando se trata del fallecimiento de una persona tan cercana como un padre.

Ahora más que nunca es cuando debes apoyarte en tus seres queridos, compartir con ellos tus sentimientos y dejarte ayudar. Uno de los mejores remedios es ser escuchado y desahogarte. Y si lo crees necesario, no dudes en recurrir a ayuda profesional.

Si tienes la necesidad de hablar del tema, busca esa persona que esté dispuesta a ayudarte y exprésale como te sientes. No hay nada como la ayuda de un ser querido para recuperarte de estos momentos tan dolorosos.

Preserva su recuerdo

Que tu padre se haya ido no significa que tengas que olvidarle, sino todo lo contrario. Es importante que preserves su recuerdo y que te quedes con lo bueno que habéis vivido juntos.

Aquí queremos destacar los colgantes para cenizas, que se han convertido en una alternativa muy recomendable para superar la pérdida de un ser querido. Te ofrecen la oportunidad de recordar a tu padre a diario, llevándolo siempre contigo, y permitiéndote expresar el amor que sientes por él en todo momento.

Te recomendamos que eches un vistazo al catálogo de la empresa PorSiempre de colgantes para guardar las cenizas de un ser querido. Se trata de una empresa catalana de Vilanova i la Geltrú, que cuenta con una amplia variedad de joyas de todo tipo para guardar las cenizas de un ser querido (colgantes, pulseras, diamantes, etc.), que presumen de una excelente calidad. Desde aquí hemos tenido la oportunidad de tratar con ellos, y el servicio y la experiencia ha sido impecable.

Haz aquello que no pudiste realizar con él

Si tu padre tenía el sueño de hacer algo contigo que no tuvo la oportunidad de cumplir, como viajar a algún destino concreto, realizar una maratón, acudir a un concierto de vuestro grupo de música favorito, hacer el Camino de Santiago o cualquier otra actividad, quizá sea el momento de que lo hagas.

Será una excelente ocasión para reflexionar, para recordar algunos de los mejores momentos que vivierais juntos y también para llorar. Porque llorar, a veces es la mejor medicina.

De modo que ya lo sabes, si tu padre ha fallecido, va a ser un momento doloroso, muy doloroso, pero con una buena actitud, conseguirás superarlo, manteniéndolo siempre contigo. Esperamos que estos consejos te hayan sido de gran ayuda.

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El duelo: Cómo sobrellevar la muerte de un ser querido

Sobrellevar con la pérdida de un amigo cercano o un familiar podría ser uno de los mayores retos que podemos enfrentar. La muerte de la pareja, un hermano o un padre puede causar un dolor especialmente profundo. Podemos ver la pérdida como una parte natural de la vida, pero aún así nos pueden embargar el golpe y la confusión, lo que puede dar lugar a largos períodos de tristeza y depresión.

Todos reaccionamos de forma diferente a la muerte y echamos mano de nuestros propios mecanismos para sobrellevar con el dolor que ésta conlleva. Las investigaciones indican que el paso del tiempo les permite a la mayoría de las personas recuperarse de la pérdida si pueda contar con apoyo de su entorno social y mantenga hábitos saludables. Aceptar la muerte de alguien cercano puede tomar desde meses hasta un año. No hay una duración “normal” de duelo. Usted tampoco debe anticipar que va a pasar por “fases de duelo” – investigaciones recientes han surgido que la mayoría de las personas no pasan por estas fases de forma progresiva.

Si usted ha tenido una relación difícil con la persona fallecida, esto puede añadir otra dimensión al proceso de duelo. Podría necesitar reflexionar por algún tiempo antes de lograr mirar la relación con nuevos ojos y acostumbrarse a la pérdida.

Si tomamos en cuenta que la mayoría de nosotros puede superar la pérdida y continuar con nuestras vidas, nos damos cuenta de que los seres humanos, por naturaleza, tenemos una gran capacidad de resiliencia. Pero algunas personas lidian con el duelo por más tiempo y se sienten incapaces de llevar a cabo sus actividades cotidianas. Estas personas podrían pasar por lo que se conoce como duelo complicado y les podría beneficiar la ayuda de un profesional de salud mental calificado como un psicólogo que se especialice en el duelo.

Cómo continuar con la vida

Superar la pérdida de un amigo cercano o algún familiar toma tiempo, pero las investigaciones nos sugieren que esto puede ayudar a alcanzar un renovado sentido de propósito y dirección en la vida.

A las personas que están pasando por el duelo podrían resultarles útiles algunas de estas estrategias para lidiar con su pérdida:

  • Hable sobre la muerte de su ser querido con amigos y colegas para poder comprender qué ha sucedido y recordar a su amigo o familiar. Negarse que ocurrió la muerte lleva al aislamiento fácilmente y puede a la vez frustrar a las personas que forman su red de apoyo.
  • Acepte sus sentimientos. Después de la muerte de alguien cercano, se puede experimentar todo tipo de emociones. Es normal sentir tristeza, rabia, frustración y hasta agotamiento.
  • Cuídese a usted y a su familia. Comer bien, hacer ejercicio y descansarse le ayudará a superar cada día y a seguir adelante.
  • Ayude a otras personas que también lidian con la pérdida. Al ayudar a los demás, se sentirá mejor usted también. Compartir anécdotas sobre los difuntos puede ayudar a todos a lidiar con la pérdida.
  • Rememore y celebre la vida de su ser querido. Usted puede hacer un donativo a la entidad benéfica predilecta del difunto, enmarcar fotos de momentos felices que vivieron juntos, ponerle su nombre a un nuevo bebé o plantar un jardín en su memoria. La elección es suya — sólo usted sabe cuál es la forma más significativa a su mismo de honrar esa relación única.

Si siente que sus emociones le abruman o que no puede superarlas, quizás hablar con un profesional de salud mental calificado como un psicólogo le podría ayudar a lidiar con sus sentimientos y recuperar el rumbo para salir adelante.

Cómo pueden ayudarle los psicólogos

Los psicólogos reciben una formación que les permite ayudar a las personas a manejar de forma más productiva el temor, el sentimiento de culpa o la ansiedad que puede venir como resultado de la muerte de algún ser querido. Si usted necesita ayuda para lidiar con su pena o manejar la pérdida de alguien cercano, consulte con un psicólogo u otro profesional de salud mental calificado.

El apoyo de un psicólogo le podría ayudar a desarrollar resiliencia y a buscar estrategias para superar la tristeza. Los psicólogos usan una variedad de tratamientos con base empírica — comúnmente la psicoterapia — para ayudar a las personas a mejorar sus vidas. Éstos poseen grados doctorales y se encuentran entre los profesionales de la salud con mayor preparación académica.

Use este directoriosssqwvqwceeyfvvacrwqfuvfezrxuedzbearsx para identificar un psicólogo en su área.

5 ideas para superar la muerte de un ser querido

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Todos enfrentamos en algún momento un duelo. El tiempo sana las heridas, pero puede ser útil reconocer el dolor que sientes y tomar medidas para recuperarte. A continuación, encontrarás cinco ideas que pueden ayudarte a afrontar la muerte de un ser querido:

  1. Participa de los rituales. Los memoriales, funerales y otras tradiciones ayudan a las personas a reunirse durante los primeros días para honrar a la persona que falleció. La simple presencia de otras personas que apreciaban a tu ser querido puede ser reconfortante.
  2. Expresa y libera tus emociones. No contengas el llanto si sientes que estás a punto de llorar. No te preocupes si escuchar determinadas canciones o hacer determinadas cosas es doloroso porque te trae recuerdos de la persona que perdiste. Es normal que sientas eso. Después de un tiempo, será menos doloroso. Debes saber que, con el tiempo, puedes sentirte mejor (y lo lograrás).
  3. Habla sobre el tema cuando puedas. A algunas personas les hace bien contar la historia de su pérdida o hablar acerca de sus sentimientos. Pero a veces, una persona no tiene ganas de hablar sobre la pérdida de un ser querido y eso también es completamente normal. Nadie debe sentirse presionado a hablar.
    Aun cuando no tengas ganas de hablar, busca maneras de expresar tus emociones y pensamientos. Comienza a escribir en un diario los recuerdos que tienes de la persona que perdiste y cómo te sientes desde su partida. O escribe una canción, un poema o un tributo a esa persona amada. Puedes hacerlo en privado o compartirlo con otros.
  4. Preserva los recuerdos. Crea un memorial o un tributo a la persona que falleció plantando un árbol o preparando un jardín, o ríndele honor a esa persona de una manera que consideres adecuada, como participar en una caminata o una carrera con fines de caridad.
    Prepara una caja o una carpeta de recuerdos con cosas de la persona que falleció. Incluye recuerdos, fotos, frases o lo que quieras. Si lo deseas, escríbele una carta a esa persona. En ella, podrías incluir tus sentimientos, cosas que quieres decir o agradecerle por haber formado parte de tu vida.
  5. Únete a un grupo de apoyo. Si crees que podría interesarte ir a un grupo de duelo, pregúntale a uno de tus padres, a un consejero escolar o a un líder religioso cómo hacer para encontrar uno. No tienes por qué hacer frente solo a tus sentimientos y tu dolor.

Revisado por: D’Arcy Lyness, PhD Fecha de revisión: abril de 2016

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