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Tartamudeo 2 años

Tartamudez

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¿Qué es la tartamudez?

Muchos niños pequeños pasan por una etapa, comprendida entre los 2 y los 5 años de edad, donde tartamudean. La tartamudez les puede hacer:

  • repetir ciertas sílabas, palabras o frases
  • prolongarlas en el tiempo
  • detenerse, no emitiendo sonido alguno para determinados sonidos y sílabas

La tartamudez es una forma de disfluencia, una interrupción del flujo del habla.

En muchos casos, la tartamudez remite por sí sola en torno a los 5 años de edad. En algunos niños, la tartamudez persiste durante más tiempo. Existen tratamientos eficaces para ayudar a su hijo a superar la tartamudez.

Causas de la tartamudez

Los médicos y los científicos no están completamente seguros de por qué tartamudean algunos niños. La mayoría de los expertos creen que hay varias cosas que contribuyen a la tartamudez, como un problema en la forma en que los mensajes del cerebro interactúan con los músculos y las partes del cuerpo que se utilizan para hablar.

Muchos de ellos creen que la tartamudez puede tener un origen genético. Los niños con tartamudez tienen el triple de probabilidades de tener un pariente cercano que tartamudea o que tartamudeaba.

¿Cuáles son los signos de la tartamudez?

Los primeros signos de la tartamudez tienden a aparecer cuando el niño tiene en torno a 18-24 meses de edad. A esta edad, tiene lugar un aumento del vocabulario y los niños empiezan a unir las palabras para formar frases. Para los padres, la tartamudez puede ser molesta y frustrante, pero es natural que los niños tartamudeen algo durante esta etapa. Tenga la mayor paciencia posible con su hijo.

Un niño puede tartamudear durante varias semanas o varios meses, y la tartamudez puede ir y venir. La mayoría de los niños que empiezan a tartamudear antes de los 5 años dejan de hacerlo sin necesitar ningún tipo de ayuda, como la logopedia.

Pero, si su hijo tartamudea mucho, su tartamudez empeora o va acompañada de movimientos faciales o corporales, es una buena idea consultar a un logopeda cuando su hijo tenga unos 3 años.

La tartamudez se reduce cuando los niños inician la enseñanza primaria y empiezan a mejorar sus habilidades comunicativas. Lo más probable es que un niño en edad escolar que continúe tartamudeando sea consciente de su problema y se avergüence de él. Sus amigos y sus compañeros de clase pueden llamarle la atención por tartamudear e, incluso, burlarse de él.

Si le ocurre esto con su hijo, hable con su maestro, que puede abordar el tema en clase con los niños. Además, el maestro también puede reducir las situaciones estresantes en que su hijo tenga que hablar hasta que inicie las sesiones de logopedia.

Cuándo pedir ayuda

Si su hijo tiene 5 años y sigue tartamudeando, hable con su médico o con un logopeda (patólogo del habla y del lenguaje). Consulte a un patólogo del habla y del lenguaje si su hijo:

  • intenta evitar situaciones que requieren que hable
  • cambia palabras por miedo a tartamudear
  • presenta movimientos faciales o corporales junto con el tartamudeo
  • repite palabras completas y frases a menudo y de forma consistente
  • repite sonidos y sílabas con mayor frecuencia
  • su habla suena forzada

Hable también con el terapeuta si:

  • percibe una mayor tensión facial u opresión en los músculos que utiliza al hablar
  • percibe una tensión vocal que genera un habla más aguda o de mayor volumen
  • tiene otras preocupaciones relacionadas con el habla de su hijo

La mayoría de las escuelas ofrecen pruebas y un tratamiento adecuado si la tartamudez dura 6 meses o más.

¿Cómo pueden ayudar los padres?

Intente seguir estos pasos para ayudar a su hijo:

  • No exija a su hijo que hable con precisión o correctamente todo el tiempo. Deje que hablar sea algo divertido y con lo que su hijo pueda disfrutar.
  • Aproveche las comidas familiares para conversar. Evite las distracciones, como la radio o la televisión.
  • Evite correcciones o críticas, como «habla más lento», «tómate tu tiempo» o «respira hondo». Este tipo de comentarios, aunque se hagan con buena intención, solo lograrán que su hijo se sienta más inseguro y/o acomplejado.
  • Evite que su hijo hable o lea en voz alta cuando se sienta incómodo o cuando aumente su tartamudez. Contrariamente, motívelo en esos momentos a participar en actividades en las que no tenga que hablar mucho.
  • No interrumpa a su hijo ni le diga que vuelva a empezar.
  • No le diga tampoco que piense antes de hablar.
  • Trate de que haya una atmósfera tranquila en su casa. Intente hacer más lento el ritmo de la vida familiar.
  • Hable de forma lenta y clara cuando converse con su hijo o con otras personas en su presencia.
  • Mantenga el contacto visual con su hijo. Trate de no mirar hacia otro lado ni de mostrar signos de impaciencia cuando escuche a su hijo.
  • Deje que su hijo hable por sí mismo, que acabe de expresar sus pensamientos y que termine sus frases. Haga una pausa antes de responder a los comentarios o las preguntas de su hijo.
  • Hable lentamente con su hijo. ¡Esto requiere práctica! El hecho de usar una velocidad lenta al hablar servirá de modelo para su hijo y lo ayudará a tener una mayor fluidez verbal.

Revisado por: Julia K. Hartnett, MS, CCC-SLP Fecha de revisión: junio de 2019

¿Qué síntomas pueden aparecer?

• Repeticiones, bloqueos, y prolongaciones de sonidos, palabras, sílabas, etc.
• Alteración en la respiración.
• Alteración en el tono de la voz.
• Sentimientos de ansiedad, frustración, vergüenza, al hablar.
• Temblores.
• Aumento del ritmo cardíaco.
• Aumento de la tensión muscular debido al esfuerzo para concluir lo que se quiere decir.
• Movimiento asociado como muecas en la cara, movimientos de la cabeza, encogimiento de los hombros, etc.

¿Qué podemos hacer en casa para favorecer su desaparición?

  • Establecer una rutina diaria para dedicar todos los días 15 o 20 minutos a hablar con el niño, a modo de juego, nunca exigiéndole. Esta actividad se puede realizar jugando a cosas que le gusten, leyendo un cuento, etc. Es importante que durante la actividad se dé importancia a lo que se habla no a cómo se habla.
  • Escuchar lo que el niño nos quiere decir sin interrumpirle, evitando cualquier conducta verbal (tranquilo, más despacio…) como no verbal (gestos que podemos realizar con la cara, manos…).
  • No exigirle más de lo que evolutivamente puede dar, a nivel de frases, actividades, etc.
  • Es importante realizar refuerzos positivos: ¡¡Muy bien!!, ¡¡Buena idea!, así como gestos corporales de aprobación, sonrisas… cuando habla correctamente.
  • Hablar del tartamudeo abiertamente, no realizar una evitación, hablando tranquilamente y con un lenguaje que se ajuste al nivel evolutivo del niño.
  • Proporcionar al niño un modelo adecuado hablando despacio, sin intentar complicar mucho las frases que se le piden.
  • Como padres, también se debe reducir el número de preguntas que realizamos así como la velocidad con la que las hacemos, utilizando un lenguaje sencillo, estableciendo turnos, hablando sobre cosas o situaciones presentes.
  • Es de suma importancia mostrar interés hacia lo que el niño nos quiere contar.

¿Qué debemos evitar?

  • No debemos interrumpir al niño cuando habla.
  • No decirle “tranquilo”, “más despacio”, “piensa lo que quieres decir”, “arranca”…
  • No reírse de él.
  • No completarle las frases.
  • No etiquetarle como “tartamudo”.

En general, el 80% de los casos de niños que tartamudean en edad preescolar desaparece en los meses posteriores, pero, para una evolución positiva, es muy importante en los inicios la actuación de la familia y su entorno más cercano.

Disfluencia o Tartamudez

La disfluencia normal

Entre los 18 meses y los siete años de edad, muchos niños atraviesan períodos de disfluencia del lenguaje vinculada a sus esfuerzos por aprender a hablar. Los niños de entre 18 meses y tres años de edad con disfluencia normal suelen repetir los sonidos, las sílabas y las palabras, casi siempre al iniciar una oración. Por lo general, esto ocurre en una de cada diez oraciones.

Después de los tres años de edad, el niño con disfluencia normal no suele repetir sonidos o sílabas sino palabras («No-no-no puedo.») y frases completas («No puedo-no puedo-no puedo ir».) También es común que usen «expresiones de relleno» como «eh» y «um», que cambien de tema en medio de una oración, que se corrijan y que dejen oraciones sin terminar. Los niños normales pueden manifestar disfluencia en cualquier momento, pero ésta tiende a aumentar cuando están cansados, entusiasmados, agitados, o se les está apurando para que hablen. También pueden perder fluidez cuando hacen o contestan preguntas.

La falta de fluidez de estos niños puede hacerse más frecuente por varios días o semanas o casi desaparecer por semanas o meses y después reaparecer.

En general, los niños con disfluencia normal parecen no estar conscientes de ella y no muestran sorpresa o frustración ante sus errores. Las reacciones de los padres suelen ser más diversas. La mayoría de los padres o no notan estas faltas de fluidez en sus hijos o las consideran normales.

Algunos padres, sin embargo, pueden mostrar extrema sensibilidad al desarrollo del lenguaje de sus hijos y preocuparse innecesariamente por lo que es un comportamiento normal. Estos padres, los preocupados en exceso, sacarían provecho de acudir a un foniatra – logopeda o terapeuta del habla – para que evalúe al niño y los asesore.

Cuadro comparativo

La tartamudez leve

Al igual que la disfluencia normal, la tartamudez leve puede hacerse más evidente cuando el niño comienza a formular frases de dos palabras. Los niños con tartamudez leve pueden demostrar las mismas repeticiones de sonidos, sílabas y palabras que los niños con disfluencia normal, pero suelen repetirlos más a menudo en general y más veces en cada ocasión que lo hacen.

Por ejemplo, en lugar de repetir una o dos veces una sílaba, la repiten cuatro o cinco veces: «¿Me-me-me-me lo puedes alcanzar?».

También puede que alarguen los sonidos de vez en cuando, diciendo, por ejemplo, «Mmmmmmami, mmmmme duele». Los niños con tartamudez leve suelen, además, reaccionar ante su disfluencia.

Pueden, por ejemplo, parpadear o cerrar los ojos, mirar hacia un costado o tensar la boca al tartamudear. Otro signo de tartamudez leve es la persistencia cada vez mayor de las trabas normales. Como se dijo anteriormente, las faltas de fluidez normales suelen surgir por unos días para después desaparecer.

La tartamudez leve, en cambio, se manifiesta con mayor regularidad. Puede que ocurra sólo en situaciones específicas, pero es más probable que se repita en estas mismas situaciones, día tras día. Un tercer indicio de tartamudez leve es que el niño se muestre, quizás no profundamente preocupado por su problema, pero sí momentáneamente avergonzado o frustrado. En esta etapa del trastorno, el niño puede incluso preguntar a los padres por qué le cuesta tanto hablar.

La reacción de los padres a la tartamudez leve varía. En su mayoría, se sentirán al menos un poco preocupados y se preguntarán qué deben hacer y si ellos son los culpables. Unos pocos ni se darán cuenta de que existe un problema. Otros podrán sentirse muy preocupados pero negarlo en un principio.

Cuadro comparativo

La tartamudez grave

Los niños con tartamudez grave dan muestras de gran tensión, esfuerzo físico y lucha por esconder su tartamudez y pueden incluso evitar hablar. Aunque la tartamudez grave es más común entre los niños mayores, puede surgir en cualquier momento entre el año y medio y los siete años de edad. En algunos casos, aparece después de un período de tartamudez leve de meses o hasta años de duración. En otros casos, surge de repente, sin que la preceda un período de tartamudez leve.

La tartamudez grave se caracteriza por la disfluencia de lenguaje en casi todas las expresiones verbales del niño. El tartamudeo suele durar un segundo o más. El alargamiento de los sonidos y los bloqueos verbales ocurren a menudo. El niño que padece de tartamudez grave puede, al igual que el niño con tartamudez leve, manifestar actitudes relacionadas con la tartamudez, tales como cerrar los ojos, parpadear, apartar la vista o tensar los músculos de la boca y otras partes de la cara. Mucho de su tensión se puede advertir por la manera en que la voz se le atipla o agudiza al repetir o alargar los sonidos. También es posible que anteponga sonidos como «um», «eh» y «bueno» a las palabras con las cuales espera trabarse.

La tartamudez grave es más probable que persista, especialmente en aquellos niños que han tartamudeado por 18 meses o más, aunque algunos se recuperarán de manera espontánea. La frustración y la vergüenza que genera esta dificultad pueden infundir en el niño el miedo a hablar. El niño con tartamudez grave suele mostrarse nervioso o defensivo en situaciones donde espera que le pidan que hable. Aunque es probable que tartamudee todos los días, se le notará más algunos días que otros.

Los padres de niños con tartamudez grave inevitablemente se preocupan de si el niño tartamudeará siempre y se preguntan qué podrían hacer para ayudarlo. Muchos también creen, erróneamente, que algo que ellos hicieron ha causado la tartamudez.

En casi todos los casos, los padres no han hecho nada que cause la tartamudez. Han tratado al niño que la padece igual que a sus otros hijos, pero no obstante siguen sintiéndose responsables del problema.

Es importante que estos padres sepan que la tartamudez de su hijo es el resultado de múltiples factores y no simplemente de algo que ellos hicieron o dejaron de hacer.

Las diferencias entre la disfluencia normal, la tartamudez leve y la tartamudez grave se resumen en la Tabla 1: Diferencias a considerar, diseñada con el propósito de ayudar al médico a determinar la necesidad de recomendar a su paciente a un foniatra. (logopeda, terapeuta del habla).

Cuadro comparativo

  1. El tartamudeo es muy excesivo o constante, con repeticiones muy largas.
  2. Si el tartamudeo se hace cada vez más frecuente y aparece en cualquier situación de la vida diaria del niño.
  3. También en caso de que los bloqueos, de los que te he hablado anteriormente, sean frecuentes.
  4. Cuando el niño haga sustituciones «raras» de palabras.
  5. Al niño le cuesta mucho esfuerzo hablar o nota tensión muscular.
  6. Al niño le afecta mucho la situación e intenta evitar situaciones en las que tenga que hablar.
  7. Si hay movimientos de la cara o el cuerpo anormales junto con el tartamudeo.
  8. Mucho más si además hay algo más anormal en la forma de hablar de tu hijo.

Si en el cole ven cualquiera de estas cosas o el tartamudeo se prolonga, seguro que ellos mismos hablarán con vosotros para que el logopeda le ayude.

Si no hay ninguno de los puntos anteriores, yo intento tranquilizar a las familias cuando me preguntan. Pero si la preocupación es muy importante o está influyendo en el niño desde el punto de vista emocional, sería bueno una valoración logopédica.

¿Quieres una consejillos para ayudar a vuestro hijo en esta etapa?

  1. Sé que no es fácil, pero desdramatiza. No le des importancia, así evitarás que tu hijo tampoco se la dé.
  2. No lo corrijas. Dale tiempo para que las palabras salgan tranquilamente por su boca, sin decirle nada. Las frases tipo «respira profundo», «tómate tu tiempo» o «piensa antes de hablar» no ayudan. Él/ella piensa bien, el problema es que las palabras no le salen de manera fluida.
  3. No lo interrumpas ni le digas que comience de nuevo. Déjale que termine las palabras o frases a su ritmo.
  4. Intenta que cuando tenga que hablar el ambiente sea tranquilo, tanto en casa como en el cole. Nada de prisas. Habla con su maestra, comenta su problema para que lo tenga en cuenta.
  5. Si tartamudea, no hagas gestos de desaprobación. Evita ponerlo más nervioso.
  6. Hablamos todos por turnos, respetando el turno de palabra de los demás.
  7. Entrena el lenguaje en momentos distendidos. ¿Qué tal si a la hora de comer hablamos de qué tal ha ido el día y comemos sin pantallas? ¿Qué tal leer juntos un cuento en voz alta antes de irnos a dormir?
  8. Háblale lento a tu [email protected] y que os oiga hablar despacio con los demás. Si todo va más lento, saldrá más fluido.
  9. En clase seguro que su [email protected] le apoyará y evitará que tenga que salir a hablar en público cuando se sienta nervioso. Si tartamudea teniendo que exponer algo en público sería una situación desagradable para él/ella.
  10. Los niños son niños. Es muy importante hablar con ellos para que no se metan con ningún compañero que tengan en clase con tartamudeo.

¿Tu hijo tartamudea? ¿Cuál es vuestra experiencia? Coméntalo, puede ser de utilidad para otras familias. Si te ha parecido interesante y útil, comparte.

Hasta la próxima,

Dra. Matilde Zornoza Moreno (Pediatra2punto0).

PD: ¿Quieres más información? Aquí tienes una guía de la tartamudez para padres muy interesante.

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La tartamudez es un trastorno del ritmo del habla que se caracteriza por frecuentes repeticiones o prolongaciones de sonidos, sílabas y palabras. El individuo sabe lo que quiere decir, pero el discurso queda interrumpido de manera involuntaria, lo que puede generar: estrés, inseguridades o baja autoestima. El tartamudeo tiene un componente neurológico y puede haber una predisposición genética. Pero, el desarrollo de esta alteración del habla no depende de factores psicológicos o externos, como las experiencias vitales o el entorno familiar. «Hasta un 50% de los niños que desarrollan disfemia o tartamudez tienen antecedentes familiares de primer, segundo y tercer grado, por lo que el riesgo de ser un tartamudeo persistente aumenta si el niño/a tiene predisposición genética. Se ha demostrado que en estos pacientes se produce un funcionamiento deficiente de los centros del habla del hemisferio izquierdo, que se intenta compensar con un mecanismo propio del hemisferio derecho”, explica Cristina Cordero Castro, Médico adjunto de Neuropediatría en el Hospital Universitario Rey Juan Carlos.

Las niñas tienen mayor posibilidad de remisión de la tartamudez que los niños. En la edad adulta, hay 4 hombres por una mujer con este trastorno del ritmo del habla. No obstante, “a partir de los 12 años, es muy poco probable que se manifieste la tartamudez. La detección temprana de la tartamudez infantil es fundamental para ofrecer cuanto antes al niño/a herramientas para desenvolverse con las menores dificultades posibles en su entorno y que se sienta arropado y acompañado”, recomienda Abel Domínguez, psicólogo infantil. El trabajo conjunto de logopedas, psicopedagogos o psicólogos es importante para ayudar al niño/a con tartamudez, pero también lo es el esfuerzo conjunto y coordinado del entorno familiar, social y escolar del pequeño/a.

Mitos y verdades sobre la tartamudez

Los mitos y el contexto peyorativo que han rodeado a las personas con tartamudez contribuyen a la desinformación sobre cómo tratarles. Por ello, conviene saber que:

  1. No hay dos formas de tartamudez iguales.
  2. El tartamudeo no es constante. Es variable, porque hay momentos en lo que no se manifiesta.
  3. No se produce por la ansiedad. Puede ser una consecuencia, pero nunca una causa de la tartamudez.
  4. Comentarios como: cálmate, respira antes de hablar contribuyen a que los niño/as con tartamudez se bloqueen, porque se sienten cuestionados y presionados.
  5. La tartamudez no es una enfermedad, sino una alteración del habla.
  6. Cuando se detecta tartamudez en el niño, sobre todo si va acompañado de señales físicas, como tensión en la mandíbula y el cuerpo, conviene intervenir cuanto antes para evitar que aparezcan conductas como la ansiedad o la evitación de situaciones en las que haya que hablar en público.
  7. El niño/a no tartamudea para llamar la atención, nunca. Tampoco lo desarrolla por imitación.
  8. Unos padres exigentes no provocan la tartamudez en sus hijos. No obstante, los progenitores influyen de manera positiva si interactúan de manera adecuada con ellos.

Forma adecuada de actuar con los niños con tartamudez

La manera de comportarse desde casa con los niños que presentan tartamudez es extrapolable a todos los contextos en los que se tenga que utilizar el lenguaje oral. Estas pautas consisten en:

  • Ser generosos con el tiempo que necesitan los niños con tartamudez para expresarse.
  • Tener paciencia, escuchar y no interrumpirles ni acabar sus frases cuando se presentan bloqueos con las palabras.
  • Dar importancia a lo que dice y no a cómo lo dice, con frases como: Qué interesante lo que cuentas.
  • Cero burlas. La tartamudez ha sido tratada de manera peyorativa en la sociedad, lo que no contribuye al bienestar y autoestima de estas personas.

La música y el teatro como inhibidores de la tartamudez

El canto y el teatro, actúan como facilitadores de la comunicación en los niño/as con tartamudez. “Está comprobado que la persona que canta no tartamudea, como en el caso de los conocidos cantantes Ed Sheeran y Marc Anthony. Se debe a que cuando se canta, interviene el hemisferio derecho del cerebro, mientras que las alteraciones del habla se producen en el hemisferio izquierdo. Aunque no de manera tan generalizada, cuando se actúa en una obra de teatro, el tartamudeo puede remitir, ya que al interpretar un papel realizamos un habla aprendida, ficticia y deja de ser espontánea”, explica la vicepresidenta de la Asociación Española de la Tartamudez (TTM), Yolanda Sala Pastor.

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Tartamudeo en niños y otras cuestiones sobre la tartamudez

Consultas sobre tartamudeo

Luis planteó el siguiente problema:

Mi hijo tiene problemas de tartamudeo desde la edad de 3 años. En la actualidad tiene 8 años. Le pido información sobre el mejor manejo que le puedo dar a esta situación. Mil gracias

No se conocen las posibles causas del tartamudeo. Sin embargo, se sabe que la ansiedad influye y que cuando el tartamudo está nervioso habla mucho peor. De hecho mucha gente de habla normal tartamudea en circunstancias de ansiedad. El sistema motor fino, que utilizamos para hablar, se descontrola fácilmente bajo circunstancias de estrés. En esos momentos nos tiemblan las manos y cuando estamos nerviosos es difícil enhebrar una aguja y nuestra laringe y lengua fallan en la pronunciación.

El tartamudo pronuncia las palabras unas veces bien y otras mal. Depende, entre otras cosas, del nivel de excitación que tenga, que puede ser debido a la ansiedad, u otra causa. Puede dar la impresión de que tartamudea porque quiere; pero en realidad lo hace porque está nervioso. Por eso si se le pide que hable bien, cuando lo está haciendo mal, en lugar de ayudarle estamos incrementando su ansiedad y haciendo que empeore su habla.

El problema se complica cuando el propio tartamudeo se convierte en fuente de ansiedad, ya sea porque los compañeros se ríen o porque los padres regañan o simplemente porque se tiene la sensación de haber perdido el control de los propios actos, y a la vista de todos. Entonces se entra en un círculo vicioso en el que se tartamudea porque se está nervioso y se está nervioso porque se tartamudea.

La predicción del tartamudo de cómo va a hablar es determinante de su fallo. Si se chequea y no ve indicios de que vaya a tartamudear, se relaja y habla con seguridad con lo que la probabilidad de tartamudear disminuye y se siente más seguro con lo que hablará mejor, entra entonces en un periodo de habla buena. Si considera que los signos corporales le avisan de que va a hablar mal, se pone nervioso y su predicción se cumple. Entra entonces en una espiral hacia abajo que le lleva a una época de tartamudeo y sufrimiento.

Tratamiento en los niños

Es difícil como padres aceptar los problemas de nuestros hijos, los queremos perfectos y felices; verlos sufrir y limitados causa frustración; pero esta es una de las labores de los padres: aceptar a nuestros hijos como son y no intentar que sean como nos gustan.

Por eso es conveniente no corregirle ni obligarle a hablar bien. Es recomendable ignorar su tartamudeo y por contra charlar con él cuando se le ve hablando con normalidad. Es importante no exigirle lo que está por encima de sus posibilidades.

Los niños suelen recuperarse del tartamudeo sin mayores esfuerzos. Mientras que la tartamudez es corriente entre los más pequeños se hace más rara con la edad.

Cuando se convierte en un problema hay que acudir a un profesional que lo trate. Se puede consultar a un logopeda, le ayudará a pronunciar las letras y las palabras en las que tiene mayor dificultad lo que puede darle confianza para sentir el control de su aparato fonador y le resolverá el problema. Si no te da resultado acude a un psicólogo, dará un tratamiento más global a las complicaciones de ansiedad, y las personales y familiares que se hayan articulado alrededor del tartamudeo.

Tratamiento psicológico del tartamudeo

El origen el tartamudeo puede ser un problema de tipo fisiológico en el aparato fonador y que su causa no sea psicológica; pero en su origen puede haber un proceso psicológico y lo que es indudable es que la ansiedad puede ser un factor que agrave de forma muy notable su problema.

Por otro lado las dificultades en el habla pueden dar lugar a problemas psicológicos. El tartamudo puede inhibir su actividad social, puede tener miedo a relacionarse con personas de otro sexo, puede sentirse inferior por tener un problema que los demás no tienen, puede dejar de afrontar metas que si no tartamudearan tratarían de alcanzar, pueden desarrollar un autoconcepto de tartamudo como persona limitada, etc.

Cuando existen alteraciones psicológicas, ganar control sobre el habla, realizando ejercicios puede que no sea suficiente. Si la ansiedad es grande cualquier intervención sobre el habla puede incrementarla y hacer que se hable peor, por lo que los ejercicios que tienen por objeto el entrenamiento en hablar bien fracasan y es preciso un tratamiento psicológico especializado.

Consulta el nuevo libro: «Deja de sufrir por la tartamudez». En él se plantean una serie de ejercicios para superar los límites psicológicos que impone la tartamudez. Se hace con detalle, de manera práctica y asequible para quien desee vivir una vida en la que su tartamudez deje de tener importancia. Puedes acceder a una amplia información sobre este libro pinchando aquí.

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