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Viudos y viudas

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Hombres viudos

Eileen, de 68 años, cuenta agradecida: Tarde o temprano, muchos viudos quieren hablar sobre su cónyuge. Durante los primeros días conviene estar atento a las necesidades particulares de la persona.

A lo largo de todo el proceso, también hay que esforzarse por comprender sus sentimientos. Helen, de 49 años, señala: Pero después de pasar la tarde con buenos amigos, ves las cosas de otra manera. Te das cuenta de que hay gente a la que le importas, y eso reconforta. Helen lo explica así: Eileen, citada anteriormente, cuenta lo que hace su hijo para evitar que se sienta sola en su aniversario de bodas: Por ejemplo, la Biblia habla de dos viudas que se apoyaron la una a la otra: Para volver a tomar las riendas de su vida, la persona debe aprender a vivir el presente sin por ello sentirse obligada a olvidar su pasado.

Paul explica con un ejemplo por qué cuesta tanto mirar hacia delante: Cuando uno murió y fue talado, el otro citas para viudas y viudos como si estuviera deformado.

Así me sentía yo: Otros se niegan a salir o a conocer gente, pues cualquier diversión los hace sentir culpables.

SOLTEROS VIUDOS Y DIVORCIADOS

Un primer paso sería animar a la persona a dejar salir lo que siente. Herbert, viudo desde hace seis años, dice: Para adaptarse a su nueva situación, es bueno que la persona exprese los sentimientos negativos que tenga, como remordimiento, ira o culpabilidad.

Ese fue el caso del rey David. Por muy difícil que le resulte al principio, es necesario que la persona vuelva poco a poco a tener una rutina. Así evitaremos que se aísle.

Creo que un tratamiento psicológico próximo a la viudedad, igual que cuando se rompe una relación de pareja, sería muy necesario, para abrir las puertas a algunas personas que por sí solas no ven la salida.

Como siempre, gracias por dejarme colaborar Patricia.
Malenachill.

Gracias a ti Malenachill, pones sobre la mesa un tema, que puede hacer que la vida de la persona que se queda, evolucione del sufrimiento hacia la aceptación con dolor.

En esta ocasión, a partir de esta exposición, me gustaría plantear algunas preguntas que viudos y viudas me han trasladado en mi consulta:

  • ¿Podré enamorarme de nuevo tras enviudar?
  • ¿Cuánto tiempo debe pasar para volver a tener una relación sin sentirme mal?
  • ¿No estoy traicionando su recuerdo, de alguna manera, si vuelvo a tener pareja?
  • ¿No boicoteará mi tristeza cualquier intento de emparejarme otra vez?

Una de las experiencias más estresantes y traumáticas que una persona puede vivir es la muerte de la pareja, porque su pérdida se lleva, en muchos casos, no solo al compañero de vida y apoyo principal, sino una forma de vivir que le daba bienestar y estabilidad mucho tiempo atrás.

La sensación de vacío es indescriptible, y el proceso de duelo conlleva su tiempo, pues la persona ha de adaptarse a la nueva situación, reestructurar sus rutinas, y volver a darle un sentido a sus días.

Si eres viudo, todo esto, lo harás gradualmente. Nadie va a sustituir a quien fue tu pareja. Tan solo se trata de que te permitas, poco a poco, poder vivir otras experiencias sociales, culturales, familiares, etc.

Es decir, volverás a viajar, volverás a disfrutar de un espectáculo, de una charla, y entre otras cosas, podrás también tener otras relaciones sociales que vengan a sumar a tu vida.

Y si una de éstas, es de nuevo el amor, no te boicotees a ti mismo, date la oportunidad de integrarlo como una experiencia más que te ofrece la vida, algo para estar agradecido.

El amor que sientes por tu pareja ya vive en ti, aunque no esté. La soledad autoimpuesta no va a hacer ese amor más grande o eterno, porque desde la tristeza y la soledad eternas, su recuerdo será sufrimiento.

Permítete seguir viviendo, y esto incluye estar abierto a nuevas experiencias, cuando te vayas sintiendo preparado.

Para finalizar, me gustaría rescatar el siguiente décalogo que propone el escritor italiano Arnaldo Pangrazzi, en su libro “La pérdida de un ser querido”, para que los viudos y las viudas puedan ser felices de nuevo:

Primero: Aquel a quien has perdido sigue viviendo dentro de ti. Descúbrelo, descúbrela.

Segundo: El viudo y la viuda deben comunicarse, deben desahogarse, deben abrirse a la amistad y a la familia.

Tercero: El pasado no se puede cambiar. El viudo y la viuda deben tomar decisiones, asumir la nueva vida que les queda por delante. La toma de decisiones es un estímulo para mirar al futuro y no sentirse presos del ya inevitable ayer.

Cuarto: El viudo y la viuda deben ser muy pacientes consigo mismos. Es preciso dar tiempo al tiempo.

Quinto: Aprende a perdonar y a perdonarte. No te tortures por los errores cometidos ni por las responsabilidades del pasado.

Sexto: Recurre a la fe. Es preciso desahogarse en Dios y confiar que no hay prueba que El permita que no podamos superar. Esta fe y esta confianza se han de nutrir de la oración.

Séptimo: Cree en ti mismo, en ti misma. Siéntete útil. El sufrimiento estimula la creatividad.

Octavo: Entabla nuevas relaciones. No está en juego tu fidelidad al ser querido que ya murió. Estas nuevas relaciones alegrarán tu corazón e incrementarán tu amor por el que marchó.

Noveno: Vuelve a sonreír. La sonrisa te ayudará a superar el dolor y a descubrir espacios de alegría, de esperanza y de optimismo cotidianos. Una sonrisa no cuesta nada y produce mucho.

Y décimo: Comienza dar, a darte. El modo más eficaz de vencer la propia soledad y de superar el dolor es implicarse en la soledad y el dolor de los demás.

¿Qué piensas tú?

¿Crees que es posible volver a enamorarse siendo viudo?

Los viudos pueden hallar la felicidad en el amor después de la muerte de su cónyuge

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La muerte de un cónyuge constituye el peor estrés que puede sufrir una persona, superado únicamente por buscar trabajo y mudarse, según Widow’s Hope, una organización de recursos para viudos.

Pero esa muerte deja a las personas solas, lo cual puede resultar fatal. Quienes sienten que están sistemáticamente solos tienen un 14 por ciento más de probabilidades de sufrir una muerte temprana, según el informe.

Para evitar la muerte y la soledad, algunos viudos buscan un nuevo amor, pero no siempre es fácil. Los viudos tienen dificultades para aceptar un nuevo amor en su vida porque creen que amaron tanto a su primera pareja que nunca podrían volver a amar, según Aaron Ben-Zeev, doctor en filosofía, que escribió para Psychology Today.

“En la mayoría de los casos, la viudez, si existía una actitud positiva hacia el cónyuge durante su vida, se refuerza”, escribió Ben-Zeev. “Esto se debe por un lado a la tendencia a idealizar el pasado y por otro, a nuestro sentido de decoro de no hablar mal de los muertos. Si bien un cónyuge muerto está físicamente ausente, el amor del o la viuda puede permanecer y hasta crecer”.

Por eso muchos han decidido quedarse solos, según datos federales. Las segundas nupcias entre divorciados y viudos cayeron casi 40 por ciento en los últimos 30 años.

No obstante, hay quienes aconsejan a los viudos seguir adelante después de la muerte de su pareja. Carole Brody Fleet, escritora premiada, escribió en The Huffington Post que los viudos pueden amar a alguien que no sea su primer cónyuge aunque la adoración por su primera pareja nunca desaparezca realmente. Y al no dar cabida a más amor, los viudos activan la posibilidad de sufrir para siempre, escribió Fleet.

“No estamos destinados a vivir en duelo para siempre… no estamos aquí para eso”, escribió Fleet. “Aproveche y lleve adelante los legados que le hayan sido confiados por su amado o amada difuntos. Y si decide hacerlo, vivir una nueva vida puede incluir compañía… y amor”.

Elizabeth Bernstein señaló en The Wall Street Journal que no hay un momento indicado para buscar un nuevo cónyuge cuando el que amábamos ha muerto y que los viudos que se proponen volver a salir deben unirse a grupos de apoyo y hablar con otros sobre sus sentimientos para poder enfrentar la pérdida. Esto ayudará a los viudos a tener más esperanza y optimismo sobre su futuro respecto de las salidas románticas, informó el WSJ.

Los expertos también dijeron que quienes vuelven a tener citas deben sentirse confiados. Y deben entender que salir con otra persona no significa mancillar los recuerdos de la pareja anterior.

“No abandone los sentimientos positivos respecto de su cónyuge y su matrimonio”, informó Bernstein. “Usted no está tratando de reemplazar a esa persona. Su cónyuge era un ser único. Si da eso por sentado, podrá salir adelante”.

El nuevo documental “The Age of Love” pone en evidencia que los estadounidenses de más edad se sienten confiados a la hora de seguir adelante incorporando las citas románticas a sus vidas.

Los estadounidenses salen a buscar pareja, según Ina Jaffe de NPR. Estos hombres y mujeres de más edad eran viudos, estaban solos o divorciados, pero todos buscaban algún tipo de amor al final de su vida.

Y estos estadounidenses de más edad que buscan intimidad saben lo que quieren en su próxima pareja –y se esforzarán considerablemente por encontrar su verdadero amor.

“Quiero al tipo que –cuando estoy lavando los platos- se acerca por detrás y me acaricia el cuello y me abraza”, dijo a NPR Donna Capuano, una de las mujeres que aparecen en la película. “Quiero al tipo que levanta el teléfono y me llama durante el día simplemente porque pensó en mí. Yo soy así”. Herb Scribner is a writer for Deseret News National. Send him an email at [email protected] or follow him on Twitter @herbscribner.

V-2: el enganche de los viudos en Donostia

La Asociación de Viudos y Viudas de Gipuzkoa invita a las personas de estas características a asociarse y a disfrutar de la sociedad gastronómica-cultural que poseen en el Antiguo

ALETXU PEÑA| SAN SEBASTIAN. Miércoles, 25 febrero 2009, 02:37Los directivos Antonio Soto, Antonio González, José Luis de la Serna y Antonio Bozal, en una zona de la Asociación. /A. PEÑA

DV. La Asociación de Viudos y Viudas de Gipuzkoa quiere darse a conocer, un poco más, en este entorno social de personas que han perdido a su pareja, con la finalidad de que sepan que existe en Donostia un lugar de encuentro, con el mismo sistema de funcionamiento de una sociedad gastronómico-cultural, donde se ofrece ayuda y amistad a los viudos.

Esta asociación, que se conoce popularmente con el nombre de V-2, se creó en 1977 por un pequeño grupo de personas con la finalidad de reunirse en torno a una mesa para compartir sus problemas y también sus alegrías. En un principio se ubicaron en un local cedido en Egia por los Padres Franciscanos. Sin embargo, en vista de que el grupo fue creciendo -llegaron a ser 400 socios-, los por aquel entonces asociados decidieron comprar un local en el Antiguo y crear una sociedad gastronómica al uso, pero de socios exclusivamente viudos.

Adquirieron la bajera de un edificio en la calle Palacio, 4, a escasos 400 metros de la playa de Ondarreta. El local cuenta con 200 metros cuadrado con dos zonas de comedor, una amplia cocina bien equipada, almacén, vestíbulo, oficina, vestíbulo, terraza y guardarropía. En el Antiguo, los socios iniciales llegaron a 130 y desde entonces han funcionado como una sociedad, por un lado gastronómica, en la que cada socio tiene llave de acceso y se puede preparar sus comidas y cenas, a las que pueden invitar a familiares o amigos, y por otro cultural, con la programación de reuniones, charlas, excursiones, actividades de ocio, etcétera.

Además, la Asociación presta a los socios un asesoramiento, mediante una asesoría privada, visitas, ayudas, atenciones a viudos que solicitan información de temas específicos, que presta un grupo de voluntarios de la Asociación, que a su vez dominan determinados temas que afectan al colectivo de viudos.

Antonio Bozal, presidente de la Asociación de Viudos y Viudas de Gipuzkoa, invita al colectivo de viudos que desconozca la existencia de la Asociación a visitar las instalaciones y si tras un periodo de asistencia les gusta el ambiente, que pasen a ser socios.

Los socios pagan una cuota de 15 euros al mes, y aunque la Asociación es propietaria del local, la Junta directiva agradece la ayuda que cada año ofrece el Ayuntamiento y la Diputación para que «este pequeño club de viudos y viudas pueda seguir existiendo».

«Esta Asociación, -recalca Antonio Bozal-, está abierta a todas las personas que sean viudas, y a todo el que venga le acogemos, le asesoramos y si hace falta se le da el amparo que podamos ofrecerle. Y una vez que se incorpore va a tener ayuda y amistad de toda la gran familia que pertenece a esta Asociación. Sabemos que hay mucha gente viuda que se ha quedado sola y queremos que sepa que tiene aquí las puertas abiertas».

Al local social acuden frecuentemente socios que llevan a sus amigos y familiares a comer o a cenar, «ya que esto funciona como una sociedad gastronómica, en la que cada uno se prepara la comida, tiene acceso a la bodega y al final paga lo que ha consumido», indica Bozal.

Las personas interesadas en contactar con la Asociación lo pueden hacer llamando al 943 215487, los jueves por la tarde, o los sábados, o enviar una carta al correo electrónico [email protected]

«Necesitamos gente joven, viudos o viudas, para que se incorporen al club y con sus conocimientos vayan ocupando los cargos y desarrollando actividades que hacen socios ya mayores. Hace falta savia nueva y con conocimientos de informática, por ejemplo, para rejuvenecer la Asociación, termina diciendo Antonio Bozal.

Sesenta amigos, el mejor apoyo

SE comprenden con la mirada, se entienden sin palabras y, en cantidad de ocasiones, llegan a completarse las frases que quedan suspendidas en el aire. Van a cumplir 25 años y se encuentran mejor que el primer día. La asociación de viudos y viudas de Navarra, que cuenta con 61 miembros, custodia mucho más que una entidad dentro de su sede.

La mayoría de los socios que a día de hoy siguen dándose cita prácticamente a diario en el local que les acoge (Azpilagaña) se conocieron en circunstancias «duras y dolorosas». Con edades relativamente tempranas se vieron solos, sin su marido o mujer. «Un día te levantas y tienes la vida resuelta. Tienes un marido, una familia… y, repente, todo se esfuma, como en un mal sueño», afirma Milagros Espinal, presidenta de la asociación.

Sus palabras apenas son matizadas por sus compañeras. «A nadie nos gusta sentirnos débiles y, mucho menos, tener que pedir ayuda», mantiene Charo Iriarte, la vicepresidenta. Sin embargo y a pesar de que la mayoría reconoce que a todos les cuesta dar el primer paso, también insiste en que unirse a la asociación fue «una de las mejores decisiones» que han tomado.

Además de sus reuniones semanales, en las que comparten experiencias, dudas o charlan sobre el tiempo y el coste de la vida, los socios realizan cantidad de actividades. «Lo más importante es hacernos compañía, pasar tiempo juntos», sostienen.

Llaves para todos

Por eso, y aunque buena parte de los miembros que componen la asociación son mujeres (unas 40), también los hombres colaboran en las «tareas de mantenimiento» de la sede. «Funcionamos como si fuéramos una sociedad, en la que cada uno tiene su propia llave para poder venir a cenar, jugar a cartas, o a lo que le apetezca, solo o con su familia», explica Nuria Oroz, una de las vocales.

Para su buena marcha, existen unas pautas de comportamiento para que todo quede listo para que cualquier socio pueda hacer uso del local a posterori. «No tenemos horarios, cada uno puede venir y quedarse tanto tiempo como quiera. Los sábados, que solemos juntarnos a cenar cerca de cuarenta personas, nos quedamos incluso hasta las dos de la madrugada», asegura Solano, una afirmación que sus compañeras respaldan con un movimiento cómplice de cabeza.

No obstante, más allá de las actividades lúdicas, desde la asociación también promueven otras alternativas. «Tenemos un taller de risoterapia los martes, que nos ayuda bastante, además de diversas excursiones que organizamos a lo largo del año; y nuestra habitual semana cultural, con visitas variadas por Pamplona y comarca», matiza Oroz.

Asimismo, las fechas más familiares, como Nochebuena, Nochevieja o Reyes, también están marcadas en rojo en la asociación, donde promueven comidas o cenas. «Nos parecen días especiales como para pasarlos solos», valoran. Pero independientemente de las celebraciones, los miembros son, por encima de todo, amigos. «Hemos pasado de conocidos a compañeros, y eso es especial. Quedamos fuera, nos llamamos, nos echamos de menos si no nos vemos, y lo más importante, ya no estamos solos».

«Nos gustaría que la gente joven no se echara atrás sólo por nuestra edad»

Parece que la diferencia de edad sigue siendo un obstáculo para algunas de las personas que tratan de informarse sobre las alternativas que ofrece la asociación de viudos y viudas de Navarra. Según insisten desde la Junta, son muchas las llamadas que reciben para preguntar sobre qué tipo de gente conforma la entidad. «Al enterarse de que rondamos los 55-80 años, se arrepienten», indica Milagros Espinal, su presidenta.

Por ello, los socios hacen especial hincapié en que ser joven o viejo no es el factor más importante. «Todos sabemos cuál es el verdadero problema. Nos hemos quedado solos y nos cuesta pedir ayuda, y es una pena que no den el paso porque nosotros hemos pasado por lo mismo que ellos y sabemos qué sienten y cómo se encuentran», dice Geno Solano, la tesorera. «Además, nosotras también ingresamos jóvenes», añade con una sonrisa en los labios.

En este sentido y para facilitar a los futuros socios la entrada, los miembros permiten que personas «ajenas» a la asociación asistan junto a los recién llegados. «No pueden ser socios porque no cumplen los requisitos, por así decirlo, pero sí pueden unirse a cualquier actividad o comida que realicemos», explican. «Ayuda mucho dar el paso si tienes a alguien cerca. En mi caso, la primera vez que me sumé a las reuniones vine con Margarita», recuerda Charo Iriarte, la actual vicepresidenta.

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No, las viudas del siglo XXI ya no visten de negro

Raquel Sánchez Silva, viuda de Mario Biondo (1977-2013). Foto: Gtresonline Actualizado 13/12/201508:53

Dos de luto y seis meses de alivio -tiempo durante el que se deja progresivamente el negro- por la muerte del marido o del hijo. Un año de luto y seis meses de alivio por la muerte del padre o la madre. Seis meses de luto por abuelos o hermanos, y tres por tíos o primos hermanos. Así de negro -en términos de vestimenta- lo tenían las mujeres que enviudaban en España hasta los años 60 o 70, un código no escrito que se transmitía de generación en generación. Durante este tiempo el día a día de las españolas se volvía igual de oscuro, ya que se les prohibía salir o hacer vida social. Después, lo más habitual era que nunca más volvieran a tener compañero sentimental. Pero hoy «ya nadie espera que una mujer joven que pierde a su marido se quede en casa y se vista de negro, aunque aún haya pueblos en Extremadura donde se hace», explica Rosario Vicente, presidenta de la Confederación Española de Federaciones de Viudas Hispania (CONFAV). Enviudó hace décadas, con solo 32 años, no se ha vuelto a casar y aplaude los avances. «La primera asociación de viudas de España se fundó en el 59, imagínate. Antes estaba todo mal visto, una mujer no podía entrar sola en un bar. Pero ahora ¡las viudas somos libres y no tenemos que dar cuentas a nadie!», sentencia. Actualmente existen en España cerca de tres millones de viudos según cifras del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, de los cuales casi el 75% son mujeres.

«Hoy, al cabo de un promedio de dos años aproximadamente, las mujeres que enviudan jóvenes en España ya han rehecho su vida. Comienzan a salir por la noche, aunque al principio lo hagan con cierto sentimiento de culpa, y viven acorde a su edad», explica la psicóloga Noelia Sancho. «La mayoría de ellas, a los tres o cuatro años, como media, ya han conocido a alguien. Esto no quita para que pasen duelos muy complicados, con más dolor incluso, dado que enviudar con menos de 50 años es algo inesperado, anacrónico, que te deja con muchos deseos incumplidos», detalla. A menudo son las propias familias las que animan a que lo hagan, mientras que solo 20 años atrás «estaba peor visto, decidían que ya no iban a conocer a nadie más, y así era», añade la psicoterapeuta. «Enviudé con 47 años. Ahora, después de lo que me ha tocado pasar, intento vivir con la mayor alegría posible. Me costó salir del hoyo, durante un año no escuchaba música, me regodeaba en mi dolor, me preguntaba por qué la gente reía e iba vestida de gris, ¡con lo que soy yo!», explica Carmen Lomana. «Ser feliz es cuestión de voluntad, hay que vivir con pasión. Existe un fondo de tristeza, por qué negarlo, me han pasado muchas cosas. Fui una viuda doliente, pero un día decidí que tenía que comenzar una nueva etapa. Por suerte las cosas han cambiado en España», dice.

Juan López Doblas, profesor de sociología en la Universidad de Granada y estudioso del tema en España, lo constata: «Apenas hay estadísticas sobre el tema, pero en estos campos las tendencias tienen tanto o más valor. Y estas nos dicen que la viudedad ha cambiado muchísimo, y actualmente la mujer tiene más recursos personales, está preparada profesionalmente y, aunque guarde respeto al fallecido toda la vida, puede rehacer la suya, especialmente en relación a la familia; antes quien enviudaba con 30 o 40 años no lo hacía, ni a nivel económico ni sentimental. Además, en ocasiones, casi siempre en los pueblos, se iban a vivir con la familia de él, lo cual no facilitaba las cosas». Ana, que tenía 32 años cuando su marido falleció en 2003, recuerda que si sus amigos, para apoyarla, le decían que ya encontraría a alguien, le sonaba a insulto. «Te parece una traición y piensas que estarás sola toda la vida», cuenta, «pero hoy tengo pareja y puedo decir que soy feliz», añade. «Es como si vivieras dos vidas, una que no has elegido, pero descubres los recursos que posees dentro de ti y sales adelante», afirma. Entornos como Meetic, que gozan de gran aceptación entre personas a partir de los 30 años, no son los más utilizados por ellas: «Hemos comprobado que hay una gran afluencia de divorciados y separados, pero no tenemos constancia ni estudios que reflejen la de viudos», explica Lara San Gil, directora de márketing y relaciones públicas de la mencionada web de contactos. Según un informe realizado por el Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona en 2007, a más edad, menores son las probabilidades de segundas nupcias, regla que, por su puesto, tiene su -aristocrática- excepción: la difunta duquesa de Alba contrajo terceras nupcias en 2011, a los 85 años, y 10 después de enviudar de su segundo marido, Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate. Con él se había casado en 1978, seis años después de morir su primer esposo, Luis Martínez de Irujo y Artázcoz.

El mencionado documento refleja que las viudas españolas prefieren relaciones sin oficializar, y se lo piensan a la hora de volver a casarse: el ratio de segundas nupcias era con fecha del estudio de solo un 0,6% entre mujeres de 30 a 44 años, frente a un 2% de hombres. Firmado por Jeroen Spijker, el documento da pistas sobre las razones que pueden llevar a ello: «La emancipación sexual ha favorecido sobre todo a las mujeres. Las viudas ahora no solamente pueden tener nuevas relaciones, sino también ser más abiertas a un modelo de convivencia flexible, lo que permite continuar la vida como siempre y optimizar la integración familiar y las redes sociales mejor que cuando se comparte el hogar 24 horas al día». Pero también abundan los casos de mujeres que no desean perder la pensión de viudedad, algo que, establece la Seguridad Social, sucedería si vuelven a contraer matrimonio o forman una pareja de hecho, salvo excepciones. Pilar, de 78 años muy bien llevados, manchega de nacimiento y barcelonesa de adopción, comparte desde hace 14 vida sin papeles con Juan: «Con la pensión que me queda, un 52% del sueldo mi marido, y lo que cobra Juan de jubilación, a duras penas llegamos a fin de mes. Si nos casamos me la quitarían, y no podemos permitírnoslo». Hoy en día ocho de cada 10 beneficiarios de una pensión de viudedad son mujeres, no solo porque tienden a sobrevivir a su pareja, sino porque ellos han cotizado y trabajado más tiempo. Los Presupuestos Generales del Estado establecen un máximo de 733,80 euros mensuales, que reciben aquellos viudos con cargas familiares, y un mínimo de 480,30 euros, que cobran los menores de 60 años.

Si una viuda trabaja, la pensión tributa cual salario. Intentar que no sea así es una de las actuales reivindicaciones de CONFAV, que llevan a radio, televisión, y donde haga falta. Es posible que lo consigan. Tesón no les falta, y son uno de los colectivos más ‘guerreros’ de España. De 1990 a 2011 han logrado varias subidas de las pensiones de viudedad y cuando hablan, el Gobierno les escucha. «Es la agrupación más grande de España de estas características, con 20.000 socias y 300 asociaciones y grupos adheridos», explica Rosario García, presidenta de la federación madrileña. «Uno de nuestros asesores suele decir que cuando llegaba a las primeras reuniones, en los años 70, solo veía cabezas con el pelo negro, y ahora somos todas rubias», explica entre risas. «Muchas rehacen su vida, claro que sí, aunque dependiendo de cómo haya sido su matrimonio anterior, puede que no les queden ganas, ¡claro!», exclama Rosario Vicente.

1 Timoteo 5:3-16 PDT

Sean solidarios con las viudas que realmente estén desamparadas. Si una viuda tiene hijos o nietos, primero ellos deben aprender a honrar a Dios manteniendo a su propia familia. Así estarán correspondiendo a los cuidados que les dieron sus padres y abuelos, porque eso agrada a Dios. Si una viuda está sola y no tiene a nadie que la mantenga, ella pone su esperanza en Dios orando día y noche y pidiéndole su ayuda. Pero la viuda que se dedica al placer es como si estuviera muerta en vida. Diles a todos que hagan esto para que nadie los culpe de descuidar a su familia. Si alguno no mantiene a su familia, particularmente a los de su propio hogar, niega la fe y es peor que el que no cree en Dios. La lista de viudas debe incluir sólo a aquellas que tengan estas cualidades: tener por lo menos sesenta años de edad y haberle sido fiel a su esposo. Debe ser conocida por hacer el bien; por ejemplo, cuidar bien a sus hijos, recibir a otros en su casa, servir a los creyentes necesitados, ayudar a los que están atravesando dificultades y dedicarse a las buenas obras. Las viudas jóvenes no deben estar en esa lista porque sus pasiones las alejan de su compromiso con Cristo y querrán casarse otra vez. Serán juzgadas por no cumplir con lo que habían prometido primero. Además caen en el hábito de la pereza y de andar de casa en casa. No solamente son perezosas sino también chismosas y entrometidas, hablando de lo que no les interesa. Por lo tanto, quiero que las viudas jóvenes se casen, tengan hijos y cuiden de su hogar. Así nuestro enemigo no podrá criticarlas. Digo esto porque algunas viudas se alejan de Dios y se dedican a Satanás. Puede darse el caso de que una creyente tenga viudas en su familia. Entonces ella misma debe mantenerlas. Así la iglesia no tendrá que hacerse cargo de ellas y podrá ayudar a las viudas que realmente lo necesitan.

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